Posts Tagged ‘impunidad de los poderosos’

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Paro: archipiélago gulag

20 febrero 2012

To my children, George, Sophia, Nicholas and Andreas, with the wish that they contribute to the building of a rational social order

Andreas Papandreu

Fina ironía tiene la Historia. ¿Qué ha quedado del deseo del padre de Papandreu en la dedicatoria de su libro Paternalistic Capitalism? El total desmantelamiento de la democracia griega por obra de su hijo.

En El mundo de ayer, Zweig evocaba el pasado previo a la Primera Guerra Mundial, esa época dorada de paz y prosperidad que se perdió para siempre y, en 1919, en el esfuerzo de volver a ese pasado, se terminó desencadenando la Segunda. En 1919, el Tratado de Versalles imponía medidas draconianas a los países perdedores que los sumieron en deudas imposibles de pagar, que, junto a la inestabilidad del patrón oro, iniciaron el efecto dominó que culminó en el Crac del 1929 y la Gran Depresión. ¿Les suena? Sí, es exactamente lo que está pasando hoy mismo, pero cambien Alemania por Grecia y patrón oro por euro. Once again, el viejo dilema de nacionalismo versus internacionalismo, donde los nacionalistas aducen que “los griegos tienen que pagar sus deudas” mientras que los segundos, más agudamente -igual que en 1914-, hablan del rescate de los bancos (alemanes, pero como si fueran zulúes) por los trabajadores griegos.

Once again, ya no podemos volver a un mundo ya perdido: el Occidente socialdemócrata de 1945-1973, próspero, con respeto por los derechos y libertades individuales y con una fuerte redistribución de riqueza a través de impuestos, la utópica “democracia de clases medias”. Ya no hay vuelta atrás: no sé hasta qué punto somos conscientes de esto, cuando elegimos un domingo para manifestarnos “por nuestros derechos” y no un día laboral o cuando las medidas que propone cierta izquierda tradicional pasan por un gobierno mundial (Vicenç Navarro) o un capitalismo regulado con un Estado del bienestar fuerte (Josep Fontana). Son propuestas totalmente naïf porque no van al corazón del problema – siguen operando con los esquemas mentales del mundo de ayer. Por ejemplo, que vivimos en una democracia y la Constitución es un papel que siempre se cumple. Ya, como el artículo 47, el derecho a una vivienda digna, en pleno diluvio de desahucios.

La historia se repite y, esta vez, como farsa; porque el diagnóstico, irónicamente, ya hace años que está escrito. En 1971, tenemos el shock de Nixon, la aniquilación de Bretton Woods, el memorándum de Lewis Powell, etcétera, es el inicio de la Gran Divergencia, el péndulo de la historia cambia de dirección, con un doble movimiento: a nivel político, se desmantelan los sindicatos y se desregula el sector financiero (por eso Clinton se apoyó en los segundos y no en los primeros para poder ganar las elecciones). A nivel económico, empieza la globalización y la entrada de una gran masa de trabajadores en el mercado mundial. El equilibrio entre capital y trabajo en el que se fundaron los treinta años gloriosos se rompe por la mitad. Para Juan Rosell, un trabajador español que te produce lo mismo que un chino y además cobrando varias veces más y que además se ha olvidado de hacer revoluciones a lo soviético ya no es tan necesario ni peligroso como antes. Ya no hace falta pagarle ningún Estado del bienestar para que le puedas seguir extrayendo la plusvalía sin que se queje. Ahora se puede quejar y Rosell tan tranquilo.

En el periodo 1976-2007, los salarios reales americanos bajaron un 7%, como también bajaron los españoles entre 1994 y 2007, con boom económico o sin él. Toda la riqueza que se creó se fue para arriba, para un sector muy concreto de la sociedad, y si nosotros vimos un aumento del nivel de vida fue a base de endeudarnos. El tecnicismo económico se llama brecha entre productividad y salarios, que se disparó a partir de 1971, y su causa no es otra que los beneficios del trabajo -la plusvalía- se los queda el empresario y no el trabajador, porque el trabajador no posee los medios de producción, a diferencia de una cooperativa, donde participa triplemente: propiedad, resultados y gestión.

Todo el liberalismo, por lo tanto, se sustenta en una mentira: que democracia y trabajar por cuenta ajena son compatibles. “Primero se crea la riqueza y, después, automáticamente, se redistribuye”. En una situación de libre competencia perfecta, dice, los oligopolios se crearán y destruirán dinámicamente, lo que Schumpeter llamó destrucción creativa. Pero lo que pasa en realidad es, número 1, que política y economía no están separadas y a la mínima el oligopolio capturará el poder político para preservar sus privilegios. El libre mercado se sustenta fundamentalmente en un equilibrio inestable y siempre tenderá a desviarse, brecha de productividad y salarios mediante, al oligopolio y la captura del poder político: siempre habrá transición de democracia liberal a dictadura de los mercados. Número 2, el libre mercado es intrínsecamente ineficiente -la famosa mano invisible no existe al nivel macro (Stiglitz)-, porque siempre hay externalidades.

Número 3, estas “externalidades” es el nombre que los premios Nobel de economía dan a los daños colaterales de la destrucción creativa: los trabajadores de baja productividad, el español de a pie. Para el liberal, el sufrimiento de estos trabajadores obsoletos es el precio a pagar para la prosperidad del sistema y, con esa pirueta dialéctica, su justificación moral es idéntica a la de los estalinistas con el gulag y los nazis con Auschwitz. Libremercado no es humanismo, es totalitarismo, porque va en contra de la dignidad humana.

—¿Rebelarse? Habría preferido no oírte pronunciar esa palabra. ¿Acaso se puede vivir en rebeldía? Y yo quiero vivir. Respóndeme con franqueza. Si los destinos de la humanidad estuviesen en tus manos, y para hacer definitivamente feliz al hombre, para procurarle al fin la paz y la tranquilidad, fuese necesario torturar a un ser, a uno solo, a esa niña que se golpeaba el pecho con el puñito, a fin de fundar sobre sus lágrimas la felicidad futura, ¿te prestarías a ello? Responde sinceramente.

—No, no me prestaría.

—Eso significa que no admites que los hombres acepten la felicidad pagada con la sangre de un pequeño mártir.

Dostojevski, Los hermanos Karamazov

No, no lo admito!: toca rebelarse contra el archipiélago gulag del paro. Podemos aceptar un trabajo, un salario y dar las gracias al empresario de turno como antes el jornalero daba gracias al señorito, olvidándonos momentáneamente del estado real de las cosas, quedándonos tan sólo con las migajas del crecimiento económico, siempre con el miedo en el cuerpo de que nos despidan –el miedo, materia prima de las dictaduras. Pero la tendencia económica es inexorable y la dictadura de los mercados pasa de un eufemismo a la realidad, institucionalizando la precariedad laboral como forma de vida.

La ley de las Diez Horas de 1847, que Karl Marx consideró la primera victoria del socialismo, fue el trabajo de reaccionarios ilustrados.

Karl Polanyi, La gran transformación, biblia de Toxo y Méndez y otros socialistas reaccionarios

No se trata de frenar los impulsos del libre mercado, como diría Karl Polanyi. No se trata de resistir pasivamente. Se trata de rebelarse. De Karl Marx a Polanyi, el socialismo pasó de querer transformar la sociedad a querer dejarla como estaba, de ser progresista a un engendro reaccionario, pero en un mundo dinámico contentarse con lo que hay, el paternalistic capitalism de Papandreu, equivale a perderlo. Toca descolonizar nuestras mentes -por ejemplo, ver a la policía como partidarios del régimen y no como servidores del orden público-, sacudirse el miedo de encima, decir No al paternalismo, colectivizar los servicios públicos y las empresas, convertirnos en emprendedores y meter nuestro dinero en iniciativas como Kiva para que abran el grifo del crédito sin pasar por arriba. Ya que banqueros y políticos van a la suya, nosotros también. España no es sólo el país reaccionario de Fernando VII, el deseado, sino también el que en los años treinta se sublevó y luchó por sus derechos. Toca honrar a nuestros abuelos.

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Occupy Wall Street: toma de contacto

16 noviembre 2011

Sé que llamar OWS: toma de contacto a la primera crónica de una serie el día después de su desalojo desacreditaría a cualquier vago intento de llamar periodismo a esta cosa, pero es lo que tiene sufrir de productividad española enfrente a la vertiginosa sucesión de hechos que cualquier movimiento indignado desencadena. Como corresponsal Pobrelberg en Nueva York, me han preguntado varias veces por una crónica sobre OWS. Uno compara, uno contrasta, todo para poder decir qué es lo que caracteriza #OWS a diferencia del resto, pero le resulta que tanto #OWS como el #15M son movimientos esencialmente idénticos, tanto en la forma como el contenido, y siguen procesos esencialmente paralelos. La misma dinámica de cooperación y autogestión, el mismo carácter pacífico de las protestas, la misma brutalidad policial de un sistema que teóricamente acredita la libertad de expresión, las mismas justificaciones por salubridad e higiene, los mismos intentos de ridiculizarlos y desprestigiarlos, las mismas etiquetas ideológicas de tiempos pasados.

En todas partes el establishment politicomediático se pregunta, confusobut what do they want? Intenta clasificarnos en el tradicional eje izquierda-derecha, pero en vano: #OWS lo supera ampliamente. El presidente del país habla de simpatía con el movimiento, al mismo tiempo que aplica claras políticas en contra de él: ¿es que es idiota? Quizá. ¿es que acaso tiene las manos atadas y no puede hacer nada al respecto? También. Zapatero, Obama, Soros o Botín ven con buenos ojos un movimiento que irónicamente les señala a ellos mismos como culpables. Pero ellos no son malvados uruk-hai de Mórdor, sino es el sistema que intrínsecamente nos enfrenta a nosotros contra ellos. Es la misma estructura que, contra su voluntad, nos los presenta como enemigos. Y ellos, los que teóricamente tienen la sartén por el mango, no tienen ni idea de cómo cambiar algo que ya intuyen que no funciona. La verdad es que están igual de atrapados que nosotros, o más.

Pero para estar atrapados, viven muy bien los jodidos. Su problema es que tienen mucho que perder.

They tell you we are dreamers. The true dreamers are those who think things can go on indefinitely the way they are. (…) We are not destroying anything. We are only witnessing how the system is destroying itself. Slavoj Zizek

Si Occupy Wall Street tiene alguna particularidad, es su privilegiadísima posición des de la cual presencia el mismo colapso del sistema: Zuccotti Park es el mismo núcleo del reactor en plena fusión, el epicentro del terremoto del turbocapital, la zona cero del modelo anglosajón de neoliberalismo. Es en Wall Street donde se ordenó el desguace de la Glass-Steagall Act bajo la Administración Clinton que desató esta crisis. Es en Wall Street donde delincuentes multireincidentes con un alto plus de peligrosidad social conviven alegremente con los mismos a las que las víctimas de los primeros pagan para protegerse. Es en Wall Street donde los mafiosos culminan el sueño de Tony Montana, top of the world, entre cocaína, prostitutas de lujo y todos tus ahorros. Es en Wall Street donde están los pérfidos especuladores que juegan con la deuda soberana de Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España: es ahí dónde se aprieta el botón que desencadena una larguísima cadena de decisiones que termina con la muerte de pacientes catalanes que merodean por los hospitales buscando quién les asista. Si “los mercados” a los que Zapatero intenta calmar con sus millones de medidas antisociales tienen un hábitat natural, ése es Wall Street.

They also carry out these ugly activities with almost complete impunity — not only too big to fail, but also “too big to jail.” Noam Chomsky

Hay motivo. En OWS se tiene la seguridad de estar en lo cierto: we are the 99%, en un país donde el 10% de la población tiene el 71% de la riqueza: la gente está en la calle indignada por la absoluta impunidad de los que generaron esta crisis, que son el 1%. Sólo Madoff está en la cárcel y porque defraudó a los de su misma especie. No es un problema en absoluto coyuntural, como algunos quieren hacer ver. El sistema entero se halla fundado sobre un principio teórico que la misma historia ha desmentido empíricamente: el mercado podía ser un mecanismo de redistribución de riqueza. Si Estados Unidos es el modelo neoliberal por antonomasia, es algo muy chungo; sus fundamentos van siendo gradualmente minados por sus propias contradicciones: tiene, con diferencia, el porcentaje de PIB en gasto en sanidad más alto de la OCDE (casi el triple que España), pero ofrece un servicio social pésimo. Otro disparo en el pie, consecuencia de la misma lógica: la burbuja de los student loans está produciendo una generación de profesionales hipercualificados pero con nula capacidad emprendedora debido a su enorme endeudamiento. Otro disparo en el pie: El índice de desigualdad económica coloca al país a niveles africanos (entre Camerún y Jamaica). El país ya no es una democracia, sino una plutocracia: sólo los ricos pueden permitirse costearse una campaña electoral, con los resultados que tiene. Otro disparo en el pie: el grueso de los impuestos va a financiar el complejo militar del imperio, con Irak y Afganistán como si fueran “la AIG bélica”. Puro keynesiasismo militarista, la deuda del cual se financia… en Wall Street.

Por OWS han pasado para instalarse desde intelectuales de primer orden (Slavoj Zizek, Noam Chomsky, Flores d’Arcais, Judith Butler…) hasta cubanas octogenarias –la inigualdad nos enferma (sic)-, miembras del movimiento transversal Occupy the Hood/Occupy el Barrio, que aspira a integrar (con éxito) los no-blancos en el movimiento, los grandes perjudicados por el racismo inherente del sistema. Igual que el #15M, el movimiento empezó con unas pocas tiendas en una plaza y ahora se extiende, confiado de tener razón, por todo el país y por cada rincón de las ciudades. También aquí hay iniciativas de guerrilla gardening

Zuccotti Park (propiedad de una empresa: privatización del espacio público), rebautizado con su nombre original, Liberty Plaza, representa la misma praxis de la Primera Enmienda: la libertad de expresión, algo que la policía demuestra día sí día también que le cuesta tolerar, continuamente vallando las protestas, democráticamente exigiendo permiso para reuniones de más de veinte personas, confiscando los equipos electrógenos argumentando que podían causar fuego (!) y prohibiendo los mecanismos de amplificación de sonido, a lo que los manifestantes han respondido adoptando el sencillo método del human mic, ir repitiendo las palabras del orador, que siempre empieza con un melódico y positivo I propose, a modo de eco en una, dos, tres, hasta cuatro oleadas, algo que quizá sólo la esquemática gramática del inglés puede permitir. Ante el libre ejercicio de la Primera Enmienda, hoy una juez ha permitido una versión descafeinada y tutelada del derecho de manifestación – qué gran generosidad la del sistema de ofrecernos estos enclaustrados métodos de protesta! Por si lo olvidaban, el derecho a llevar armas (Segunda Enmienda) no fue obra de los locos de la Asociación del Rifle, sino de los líderes revolucionarios que reconocieron al pueblo el legítimo derecho a rebelarse contra un gobierno injusto. Ésta es la semilla de libertad en OWS tan intolerable para los poderes y que quieren restringir a toda costa.

La primera señal de fuerza fue en Times Square, donde decenas de miles se congregaron en la catedral del consumismo, para decir basta a ese gigante bukkake publicitario que es la apoteosis del turbocapitalismo. Gritos que sonaban: This is what democracy looks like! o No more war, por favor! Tan sólo por existir, el movimiento es especialmente molesto para los de arriba, porque con su natural espíritu cooperativo se pone en duda el acérrimo individualismo punto de partida de todo; en las plazas ocupadas éste se suspende momentáneamente y se readmite el trueque, la reciprocidad y el altruismo como formas básicas de relación económica. Es especialmente molesto, porque con su natural espíritu de auto-gestión lanza un directo mensaje al poder: no os necesitamosEn ese sentido, al igual que todas las protestas de indignados, el movimiento representa en sí una toma de conciencia de un nuevo espíritu, el germen de una sociedad más libre y justa: una semilla que está siendo plantada.

Próximas entregas: la rebelión de las cuentas bancarias; entrevista a un activista de OWS; entrevistas a profesores de Columbia.

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Personalmente, me da igual

27 septiembre 2011

Marx señalaba que la principal función del Estado es como preservador de los privilegios de una minoría. Sólo en casos particulares donde hay un equilibrio entre dos clases -el periodo de prosperidad occidental 1945-1975, por ejemplo, con su delicado equilibrio entre trabajo y capital- el Estado se convierte en mediador en estas tensiones. Por eso se sostenía antes el Estado de bienestar. Por otro lado, tenemos a Grecia, España, Nueva York, donde la policía se dedica a reprimir al personal que protesta por un orden flagrantemente injusto de las cosas. Hay fases en las estructuras políticas en las que éstas coordinan la acción colectiva y amplifican los beneficios de su cooperación mientras que hay otras en las que éstas se convierten en la estructura que Marx denunciaba como de privilegio y represión. Lo hemos visto muchas veces – casi podríamos decir que es su dinámica natural. Y ahora nos encontramos con esto: la sociedad del turbocapital como estafa colectiva a gran escala en las que unos siempre ganan y los otros siempre pringan. Lo que era una simbiosis ha pasado a ser parasitismo.

Personalmente, he estado soñando con este momento desde hace tres años. Tengo que confesarlo, yo me voy a la cama cada noche soñando con una recesión, soñando con un momento como éste.

Alessio Rastani

Pero lo más sorprendente no es esto: es el hecho de que quiénes se benefician a espuertas de este particular orden de las cosas no creen absolutamente en él ni en su supervivencia. Les da igual. A Esperanza Aguirre, a Artur Mas o a Alessio Rastani. Por ellos, se podría ir al garete, pero sus beneficios seguirían intactos. El Estado ya no es lo que era: una estructura de represión destinada a transferir el dinero de los productores a unos pretendidos gestores. Ahora, los que teóricamente eran gestores según la narrativa oficial se dedican a desmantelar la res pública y a beneficiarse de este asesinato premeditado. Casi mejor que se queden el invento y busquemos por nuestra cuenta fórmulas económicas alternativas.

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¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

8 septiembre 2011

Me siento como si me hubieran entrado a robar en casa.

Marta Ferrusola, mujer de Jordi Pujol, después del cambio de gobierno (2003)

En su particular y oligofrénica visión de la política de un país, la derecha nacionalista (PP, CiU) concibe el poder como su patrimonio personal y privado, como algo legítimamente propio que les pertenece y del que pueden disponer tranquilamente sin rendir cuentas a nadie. Por eso no aceptan la normal alternancia democrática en el poder y los cambios de gobierno cuando se van ellos siempre son “un robo” y “una estafa”.

Por eso, cuando las urnas les echan, se histerizan hasta el punto de necesitar de pasar una temporada por un psiquiátrico y empiezan a delirar poetizando -”Catalunya se desnaturaliza” (como si fuera una proteína), “Catalunya se está deconstruyendo” (como si fuera una tortilla de patatas en el Bulli), decía Mas- o a dibujar conspiraciones en el aire donde los servicios secretos marroquíes, el PSOE, la policía nacional y ETA colaboran conjuntamente en un atentado en Madrid que mata a cien personas. En esa línea, no contentos con eso, en su reacción histérica se dedican a boicotear el gobierno elegido por las urnas con duras estrategias de acoso y derribo, filibusterismo parlamentario, continuas referencias al apocalipsis y manipuladora propaganda de los periódicos a su servicio (El Mundo, La Vanguardia).Particular concepción de amor por un país: “te pego porque te quiero”.

El equilibrio del orden cósmico, siempre tan delicado, cómo se va a sustentar sobre el nirvana del Buda, sino sobre el mero hecho de que ellos estén en el poder, en su querido sillón. Por algo van a ser los herederos políticos de los monarcas absolutos, que gobernaban por derecho divino. Al igual que ellos, PP y CiU “defienden el país”. Al igual que ellos, eran unos corruptos patológicos. Curioso. En el gobierno, se dedican a establecer tupidas redes clientelares que, dado el carácter servil y poco meritocrático del ibérico, tardarán décadas en desaparecer y con las que cimentan su poder megalítico y monolítico in saecula saeculorum. Ya lo decía el Bigotes, que estaban jodidos porque “ahora estaba el PSOE en Hacienda”. ¿A qué se refería con eso? A la connivencia de la derecha con el fraude fiscal a cambio de votos y apoyo político –vótame que haré la vista gorda con tu declaración a Hacienda y te licitaré obras. Por eso el PP arrasa en Valencia.

Curiosa concepción de amor por un país: tanto PP como CiU tienen a sus tesoreros acusados de corrupción, eso es, de vaciar las arcas públicas con criterios dudosos. Es que es algo patológico en ellos, pobres yonkis del poder y la pasta. El PP, con la mitad de los vocales del CGPJ, del Supremo y el Constitucional en su talonario, obliga al archivo de la causa contra Bárcenas y CiU ofrece subidas en el escalafón al juez del Palau, mientras obliga a desviar la vista hacia Fèlix Millet, tan sólo un mero intermediario de los sobornos de Ferrovial a la conselleria de Obres Públiques, gobernada entonces por -¡sí, el mismo!- la apoteosis del nacionalismo te pego porque te quiero, Felip Puig, este delincuente amoral que ordena masacres y palizas a los ciudadanos que le pagan el sueldo mientras cobra suculentas comisiones para obras de dudosa necesidad.

“Estamos viviendo un tira y afloja para ver con cuánto es capaz de conformarse la gente, hasta qué punto acepta una reducción de su nivel de vida para que las élites puedan mantener el suyo”.

Erick McCormack, economista británico

Ahora bien, después de 23 años de gobierno convergente, Catalunya tenía el privilegio de ser la región europea con menor gasto de PIB en educación. Es que son un peligro total en el ministerio de Economía – sólo hay que ver a Osborne en el UKObsesionados con una pretendida austeridad (cuando antes corrían a encargar superfluas obras públicas monumentales a sus amigos del alma), se dedican ahora a perder el dinero ahorrado con los recortes sociales reduciendo los impuestos a las clases altas. El dinero ahorrado por los recortes a las universidades catalanas es igual al perdido por la abolición del impuesto de sucesiones. El dinero ahorrado por el despido del 12% de los profesores madrileños es igual al perdido por las deducciones por escolaridad a los colegios privados. Al mismo tiempo, Castilla está envejeciendo a ritmos espectaculares debido a la artificial política de infraestructuras de meter dinero a Madrid a espuertas, ignorando cualquier criterio de rentabilidad económica o cohesión territorial que no sea el de cebar a la ciudad para construir la megalópolis del sur de Europa.

Entonces, visto todo el cotarro, a uno le entran ganas de abordar a estos cleptómanos mentirosos que cansinamente no se cansan de hablar de un supuesto gran amor por el país y preguntarles de una vez: “por qué le llamáis amor, cuando sólo queréis decir sexo?”

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Una buena noticia

21 julio 2011

No mucha gente, aunque sea reciamente española, va a votar a un corrupto juzgado y declarado culpable, de modo que al fin y al cabo cualquier dimisión de un cargo público se puede considerar motivada por mero cálculo electoralista, pero para ahorrarnos las dudas Paco Camps ya se ha ocupado de explicitarlo: me sacrifico para que Rajoy pueda ganar las próximas elecciones generales. Todo un caballero. Nada de para preservar la honorabilidad de la institución a la que represento, ni la de los valencianos. Sólo para que el PP no pueda bajar en votos desgastado por la imagen de un presidente autonómico en el banquillo. Sí que era molt honorable el tío. Declarándose inocente contra toda evidencia en el sumario, negándolo todo, sin importarle la terrible mancha al prestigio de la institución y al suyo propio que conlleva esta “mínima” sospecha -aunque llamarla sospecha es quedarse bastante corto- de corrupción. Haber sido sobornado a cambio de adjudicarles obras públicas.

En todo caso, es una muy buena noticia que al fin un cargo público tenga que rendir cuentas y dimitir – un paso más para alejarnos de Libia y acercarnos a Suecia: esto es la auténtica esencia de la democracia, el control de la política por los ciudadanos. Ahora sólo faltan, por citar dos casos que ahora me vienen a la cabeza, las dimisiones de Felip Puig (conseller de Obres Públiques cuando el 3% de Ferrovial a través del Palau de la Música de Millet, además de un brutal salvaje sin aprecio por la vida humana y un incompetente, como ha demostrado hace poco) y Artur Mas (beneficiario de una cuenta bancaria destinada a la evasión fiscal). A ver si aprenden de sus íntimos compañeros en el Parlament de Catalunya, los mismos del Estatut al Constitucional, los mismos que les están ayudando a desmantelar a Catalunya, en su peculiar concepción de lo que es “su defensa” con la que tanto se llenan la boca.

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Los recortes sociales son de izquierdas

18 julio 2011

La crisis empezó en Wall Street, está claro. Pero una vez los bancos cierran el grifo del crédito y van a las inversiones más seguras (que los bancos tuvieran estas funciones era parte intrínseca del sistema que mucha gente -no todos- aceptaba, beneficiándose también), las más arriesgadas se resienten y esto se convierte en una crisis de deuda: una inversión poco segura son los bonos de los países del sur (Grecia, Portugal, España, Italia) más Irlanda, los PIIGS. Por un lado, Irlanda tuvo que ser rescatada por las pérdidas de sus bancos, pero los países del sur comparten las mismas características: una (in)disciplina presupuestaria muy pero que muy chunga, gastar mucho más de lo que uno ingresa, ya que, claro, por algo tenemos los fondos de cohesión europeos y tanta inversión extranjera.

Y, sobre todo lo demás, [Italia] es un país con una economía extraña, casi incomprensible, un caso casi único de burocracia y derroche, desempleo bajo y ocupación todavía más baja (el 50% de las mujeres no trabajan), deuda pública estratosférica (1,89 billones, el 120% del PIB) y crecimiento casi nulo (un 0,2% acumulado desde 2001 hasta ahora, solo mejor que Haití y Zimbabue), déficit moderado (4,6%) y actividad sumergida a espuertas. Como en España, o más.

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales, según las estimaciones de diversas asociaciones de comerciantes y de la patronal, Confindustria. La corrupción cuesta cada año, según el Tribunal de Cuentas, 70.000 millones de euros. Y la evasión fiscal, según ha declarado Tremonti hace unos días al Financial Times, se eleva a 150.000 millones. “Increíble”, apostillaba Tremonti, como si las tres amnistías fiscales que su Gobierno ha aprobado en nueve años no las hubiera hecho él.

Compartimos un fraude fiscal espectacular (un 23% del PIB en el caso español, diez puntos por encima de la media europea) que lastra los ingresos del Estado y un gasto que va entre el derroche en obras faraónicas (AVEs lo contrario de rentables, Ciudades de las Artes y las Ciencias, Madrid olímpica, etcétera) y un Estado de bienestar infradesarrollado (nada de inversión en I+D, universidades endeudadas, sanidad paralizada). Con estas cuentas, no me extraña que nadie quiera invertir ahora en España.

Cuando uno tiene pérdidas, para equilibrar el presupuesto o bien subes los ingresos o bien bajas el gasto: lo primero se consigue o bien aumentando los impuestos (justo lo opuesto de lo hecho por el Zapatero de “lo que hay es una pequeña desaceleración económica, no crisis”) o bien endeudándose con la emisión de bonos (lo que crea inflación -de momento muy controlada- y, claro está, uno contrae deudas con los buitres mafiosos de Wall Street, que no es tan divertido el keynesianismo de a la larga estaremos todos muertos y podemos aumentar el déficit tanto como queramos) o bien vendiendo activos (es decir, privatizando). La otra opción es reducir gastos: menos universidades, menos hospitales, menos pensiones, y no mola nada.

Pero también menos Ejército (9000 millones al año) o menos Iglesia Católica (6000 millones al año): el primero constituye un 4% del PIB y vender toda la maquinaria bélica (¡privatizarla!) a los chinos daría un respiro a las cuentas. Igualmente, lo ahorrado por los recortes a universidades catalanas equivale a lo perdido por la supresión del impuesto de sucesiones, unos 400 millones que se imponían a pocas familias. Según su peculiar idea de lo que es “defender a Catalunya”, CiU, cuando toca recortar, quita ingresos -impuestos- y se ceba con los servicios sociales, olvidándose oportunamente de las generosísimas inyecciones de dinero público a constructoras y bancos. Y es que cuando toca equilibrar presupuesto, mucho mejor si lo hace alguien con sensibilidad de izquierdas (y no me refiero a la centroderecha con un tarro de vaselina retórico al lado) que de derechas (tradicionalmente derrochadoras, sólo hay que ver el déficit causado por Berlusconi, Reagan o Bush y el superávit de Solbes, Prodi y Clinton). No sólo toca tener una presión fiscal de características europeas para poder ofrecer unos servicios europeos -recuperación del impuesto de patrimonio, de sucesiones, sociedades y el tipo máximo del IRPF-, sino también imponer una racionalización de la Administración: menos y más eficiente.

Cuando el PSOE ha tenido que equilibrar presupuesto, ha ido a lo fácil, es decir, al pequeño y débil: más impuestos regresivos (IVA…) y menos servicios sociales. Lo que haría cualquier partido de derechas. Pero la crisis reclama una revisión de las prioridades, preguntarse si este modelo productivo tiene sentido en el contexto de la globalización, y acometer reformas no sólo al nivel más bajo, sino también al nivel más alto, que es lo difícil, lo valiente -el problema que hemos llamado de Indiana Jones. ¿De qué sirve un Parlamento con 350 diputados con sus dietas y beneficios si al final todos votan al unísono de lo que les manda el portavoz de su partido? La “racionalización de la Administración” no es un eufemismo, y conlleva cambios importantes y extensivos a todos los niveles: el gobernante izquierdoso redistribuirá de un modo mucho más justo el esfuerzo con el que todos pagamos la crisis; hará recortes, sí, pero también en la construcción del AVE a Albacete, del que sólo se beneficia el constructor Florentino Pérez.

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El problema ‘Indiana Jones’

8 julio 2011

Un 15M rompiéndose la cabeza: ¿qué reformas hay que hacer en este país?

Lo podemos llamar el problema Indiana Jones: la necesidad de cambiar algo tan esencialmente fundamental del sistema que es necesario encontrarle un sustituto con el que reemplazarle rápidamente, con tal de evitar el colapso del sistema que se pretende salvar. Si imaginamos la red de relaciones de poder como scale-free (abajo), los bancos (punto rojo) o constructoras (punto azul) han acumulado tanto poder (se han situado en los sitios más hiperconectados de la red) que se han constituido en garantes de la cohesión del sistema. Si caen ellos, caemos todos y así se puede establecer el chantaje con el que los oligopolios se dirigen a la sociedad para obtener carta blanca en sus actuaciones y ser lo más irresponsables que se pueda. ¡Total, son too big to fail y van a ser salvados igualmente! Es el modo más fácil de legalizar la privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas. Nos vemos obligados a costear entre todos el colchón de estos puntos hiperconectados, porque nos va también nuestra propia vida en ello.

Cuando las cosas van mal, en primer lugar, como en esta crisis, se opta por el recurso fácil: reforzar los cimientos del sistema para garantizarle la supervivencia, sin cambiar la estructura fundamental, tan sólo aligerando el peso de lo que se considera prescindible: esto son los recortes sociales al mismo tiempo que inyecciones de capital a saco a los bancos, que configuran el núcleo del sistema. Cuando se salva a Grecia a cambio de salvajes recortes sociales, en realidad lo que se está salvando son los bancos alemanes y franceses que les dieron crédito y ahora necesitan cobrar hasta el último céntimo de los intereses, pero es que desde un punto de vista sistémico, Grecia son “tan sólo” once millones de personas en apuros, pero la caída de los cuales puede generar un gigantesco efecto dominó que se lleve con ellos a alemanes, franceses, a toda Europa y hasta los USA: sumir a la civilización occidental en una depresión duradera sin ver la luz al final del túnel, acoplada al oil peak y con China, India y Brasil por ahí. Los bancos españoles falsean sus cuentas, España falsea sus cuentas, para aparentar que todo está saneado, todo el mundo lo sabe, pero que no se transmita la crisis de la periferia al núcleo, aunque las arcas estén vacías: se está esperando que lentamente se reactive la economía, que vuelva a circular el dinero, y así esa mentira flagrante sea tan sólo temporal.

Cuando están en bancarrota, las empresas pueden llegar a desaparecer. Los estados, no.

Iñigo Sáenz de Ugarte, La única vía de supervivencia para Grecia

¿Por qué no? ¿Acaso no han desaparecido muchísimos otros estados soberanos en la historia? ¿Por qué Grecia iba a ser una excepción? El hecho de que los Estados tengan una vida media considerablemente más larga que las empresas no quiere decir que no puedan caer, aunque a primera vista nos parezca constatar su robustez y estabilidad, que confundimos con eternidad desde una visión histórica un poco ciega. Comenta Sander van der Leeuw, ecólogo, antropólogo y experto en complejidad social, que las instituciones humanas son de hecho intangibles, amplios colectivos humanos poniéndose de acuerdo en peculiares convenciones lingüísticas, asumiendo unas normas comunes desde valores tan etéreos y poco materiales como la lealtad, el honor, la fe o la autoridad. Es, de hecho, un punto de vista tan bien explorado por la serie The Wire: cómo los seres humanos generamos las instituciones con nuestras propias actuaciones arbitrarias y cómo creemos e interactuamos con ellas.

Según van der Leeuw, las instituciones son patrones estructurales que se dan en las redes de relaciones de poder y que poseen una duración y estabilidad considerables: en el caso presente, los bancos son el fundamento del sistema actual, ubicados en el mismo centro de la tupida red de relaciones económicas, pero el manido recurso fácil de inyectarles dinero en detrimento de la estabilidad de países enteros amenaza de ser un sonoro fracaso, porque no solventa la cohesión del sistema. La solución inmediata de darle robustez a sus fundamentos pero insistiendo en las mismas estructuras y métodos se ha agotado. Entonces hay que buscar nuevas estructuras sociales más eficientes y equitativas que sustituyan los puntos rojos, azules y verdes de la red social. Pero este proceso de sustitución de un fundamento social por otro, de un mero punto por una trama más compleja pero estable  (no tan sólo cambiar un banco por otro banco) es extremadamente delicado y complicado: es el problema ‘Indiana Jones’.