Posts Tagged ‘espíritus libres’

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Occupy Wall Street: toma de contacto

16 noviembre 2011

Sé que llamar OWS: toma de contacto a la primera crónica de una serie el día después de su desalojo desacreditaría a cualquier vago intento de llamar periodismo a esta cosa, pero es lo que tiene sufrir de productividad española enfrente a la vertiginosa sucesión de hechos que cualquier movimiento indignado desencadena. Como corresponsal Pobrelberg en Nueva York, me han preguntado varias veces por una crónica sobre OWS. Uno compara, uno contrasta, todo para poder decir qué es lo que caracteriza #OWS a diferencia del resto, pero le resulta que tanto #OWS como el #15M son movimientos esencialmente idénticos, tanto en la forma como el contenido, y siguen procesos esencialmente paralelos. La misma dinámica de cooperación y autogestión, el mismo carácter pacífico de las protestas, la misma brutalidad policial de un sistema que teóricamente acredita la libertad de expresión, las mismas justificaciones por salubridad e higiene, los mismos intentos de ridiculizarlos y desprestigiarlos, las mismas etiquetas ideológicas de tiempos pasados.

En todas partes el establishment politicomediático se pregunta, confusobut what do they want? Intenta clasificarnos en el tradicional eje izquierda-derecha, pero en vano: #OWS lo supera ampliamente. El presidente del país habla de simpatía con el movimiento, al mismo tiempo que aplica claras políticas en contra de él: ¿es que es idiota? Quizá. ¿es que acaso tiene las manos atadas y no puede hacer nada al respecto? También. Zapatero, Obama, Soros o Botín ven con buenos ojos un movimiento que irónicamente les señala a ellos mismos como culpables. Pero ellos no son malvados uruk-hai de Mórdor, sino es el sistema que intrínsecamente nos enfrenta a nosotros contra ellos. Es la misma estructura que, contra su voluntad, nos los presenta como enemigos. Y ellos, los que teóricamente tienen la sartén por el mango, no tienen ni idea de cómo cambiar algo que ya intuyen que no funciona. La verdad es que están igual de atrapados que nosotros, o más.

Pero para estar atrapados, viven muy bien los jodidos. Su problema es que tienen mucho que perder.

They tell you we are dreamers. The true dreamers are those who think things can go on indefinitely the way they are. (…) We are not destroying anything. We are only witnessing how the system is destroying itself. Slavoj Zizek

Si Occupy Wall Street tiene alguna particularidad, es su privilegiadísima posición des de la cual presencia el mismo colapso del sistema: Zuccotti Park es el mismo núcleo del reactor en plena fusión, el epicentro del terremoto del turbocapital, la zona cero del modelo anglosajón de neoliberalismo. Es en Wall Street donde se ordenó el desguace de la Glass-Steagall Act bajo la Administración Clinton que desató esta crisis. Es en Wall Street donde delincuentes multireincidentes con un alto plus de peligrosidad social conviven alegremente con los mismos a las que las víctimas de los primeros pagan para protegerse. Es en Wall Street donde los mafiosos culminan el sueño de Tony Montana, top of the world, entre cocaína, prostitutas de lujo y todos tus ahorros. Es en Wall Street donde están los pérfidos especuladores que juegan con la deuda soberana de Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España: es ahí dónde se aprieta el botón que desencadena una larguísima cadena de decisiones que termina con la muerte de pacientes catalanes que merodean por los hospitales buscando quién les asista. Si «los mercados» a los que Zapatero intenta calmar con sus millones de medidas antisociales tienen un hábitat natural, ése es Wall Street.

They also carry out these ugly activities with almost complete impunity — not only too big to fail, but also “too big to jail.” Noam Chomsky

Hay motivo. En OWS se tiene la seguridad de estar en lo cierto: we are the 99%, en un país donde el 10% de la población tiene el 71% de la riqueza: la gente está en la calle indignada por la absoluta impunidad de los que generaron esta crisis, que son el 1%. Sólo Madoff está en la cárcel y porque defraudó a los de su misma especie. No es un problema en absoluto coyuntural, como algunos quieren hacer ver. El sistema entero se halla fundado sobre un principio teórico que la misma historia ha desmentido empíricamente: el mercado podía ser un mecanismo de redistribución de riqueza. Si Estados Unidos es el modelo neoliberal por antonomasia, es algo muy chungo; sus fundamentos van siendo gradualmente minados por sus propias contradicciones: tiene, con diferencia, el porcentaje de PIB en gasto en sanidad más alto de la OCDE (casi el triple que España), pero ofrece un servicio social pésimo. Otro disparo en el pie, consecuencia de la misma lógica: la burbuja de los student loans está produciendo una generación de profesionales hipercualificados pero con nula capacidad emprendedora debido a su enorme endeudamiento. Otro disparo en el pie: El índice de desigualdad económica coloca al país a niveles africanos (entre Camerún y Jamaica). El país ya no es una democracia, sino una plutocracia: sólo los ricos pueden permitirse costearse una campaña electoral, con los resultados que tiene. Otro disparo en el pie: el grueso de los impuestos va a financiar el complejo militar del imperio, con Irak y Afganistán como si fueran «la AIG bélica». Puro keynesiasismo militarista, la deuda del cual se financia… en Wall Street.

Por OWS han pasado para instalarse desde intelectuales de primer orden (Slavoj Zizek, Noam Chomsky, Flores d’Arcais, Judith Butler…) hasta cubanas octogenarias –la inigualdad nos enferma (sic)-, miembras del movimiento transversal Occupy the Hood/Occupy el Barrio, que aspira a integrar (con éxito) los no-blancos en el movimiento, los grandes perjudicados por el racismo inherente del sistema. Igual que el #15M, el movimiento empezó con unas pocas tiendas en una plaza y ahora se extiende, confiado de tener razón, por todo el país y por cada rincón de las ciudades. También aquí hay iniciativas de guerrilla gardening

Zuccotti Park (propiedad de una empresa: privatización del espacio público), rebautizado con su nombre original, Liberty Plaza, representa la misma praxis de la Primera Enmienda: la libertad de expresión, algo que la policía demuestra día sí día también que le cuesta tolerar, continuamente vallando las protestas, democráticamente exigiendo permiso para reuniones de más de veinte personas, confiscando los equipos electrógenos argumentando que podían causar fuego (!) y prohibiendo los mecanismos de amplificación de sonido, a lo que los manifestantes han respondido adoptando el sencillo método del human mic, ir repitiendo las palabras del orador, que siempre empieza con un melódico y positivo I propose, a modo de eco en una, dos, tres, hasta cuatro oleadas, algo que quizá sólo la esquemática gramática del inglés puede permitir. Ante el libre ejercicio de la Primera Enmienda, hoy una juez ha permitido una versión descafeinada y tutelada del derecho de manifestación – qué gran generosidad la del sistema de ofrecernos estos enclaustrados métodos de protesta! Por si lo olvidaban, el derecho a llevar armas (Segunda Enmienda) no fue obra de los locos de la Asociación del Rifle, sino de los líderes revolucionarios que reconocieron al pueblo el legítimo derecho a rebelarse contra un gobierno injusto. Ésta es la semilla de libertad en OWS tan intolerable para los poderes y que quieren restringir a toda costa.

La primera señal de fuerza fue en Times Square, donde decenas de miles se congregaron en la catedral del consumismo, para decir basta a ese gigante bukkake publicitario que es la apoteosis del turbocapitalismo. Gritos que sonaban: This is what democracy looks like! o No more war, por favor! Tan sólo por existir, el movimiento es especialmente molesto para los de arriba, porque con su natural espíritu cooperativo se pone en duda el acérrimo individualismo punto de partida de todo; en las plazas ocupadas éste se suspende momentáneamente y se readmite el trueque, la reciprocidad y el altruismo como formas básicas de relación económica. Es especialmente molesto, porque con su natural espíritu de auto-gestión lanza un directo mensaje al poder: no os necesitamosEn ese sentido, al igual que todas las protestas de indignados, el movimiento representa en sí una toma de conciencia de un nuevo espíritu, el germen de una sociedad más libre y justa: una semilla que está siendo plantada.

Próximas entregas: la rebelión de las cuentas bancarias; entrevista a un activista de OWS; entrevistas a profesores de Columbia.

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Del #15M a #OccupyWallStreet

2 octubre 2011

— ¡Valiente mito! — dijo Hussonnet — ¡He aquí al pueblo soberano!

Gustave Flaubert, La educación sentimental

En su obra maestra, Flaubert describe la multitud que irrumpe en las Tullerías en 1848 – no son idealizados revolucionarios que luchan por la libertad de su pueblo, sino borrachos, analfabetos, rudos y viciosos de la adrenalina. Quizá es un retrato demasiado realista, pero implícitamente es una bofetada a la cara de esta entidad abstracta del pueblo soberano, tan abusada como concepto teórico por liberales como socialistas. Por estadística, la nación, el proletariado, son prostitutas, camellos, hooligans del fútbol, defraudadores a Hacienda y espectadores del Sálvame, no honrados y trabajadores disciplinados santos.

Las protestas han pasado del Cairo y Alejandría a Los Angeles, Washington, Chicago y Nueva York, pero las críticas son las mismas, con ese saborcillo reformista socialdemócrata tan naif que las caracteriza. Desde su sillón, el sesudo intelectual juzgará las protestas del 15-M o ahora de Wall Street con un mensaje político poco definido y habitado por gente de poca cabeza y más adicta a las emociones que a los libros de filosofía política. Y por esta ingenua razón se abstendrá de tomar parte del proceso. Es que acaso los que tomaron la Bastilla en 1789 eran todos enciclopedistas, Diderots en potencia? Cuál era el porcentaje de alfabetismo de las masas en las revoluciones de 1848? En las protestas siempre convive una vaga combinación de ideología y descontento por la falta de oportunidades y cuando el segundo factor es flagrante, la indignación estalla. Como ahora.

Que echemos algo de menos en estas dinámicas sociales, sea coordinación, mensaje ideológico o elegancia en el vestir, es el primer indicador de que somos nosotros mismos que tenemos que aportarlo al colectivo – esperar pasivamente a que alguien lo haga por ti no es sólo ingenuo sino directamente estúpido. Qué es la cooperación si no eso? Qué manía con estas delicadas exigencias ad hoc. Aquí nadie te regala nada y pagas tu ignorancia sobre dónde metes los ahorros o a qué tipo de personaje le das tu voto con tus propios impuestos. La protesta no es un derecho ni un privilegio – es una necesidad. Si nos abstenemos, se nos comen. Si no nos informamos de quién manda en nuestra caja de ahorros, nos joden. Si no exigimos transparencia a los políticos de turno, nos joden.

Irónicamente, es precisamente un privilegio afirmar que la protesta es un privilegio de clases medias. Porque las clases bajas son desahuciadas cada día y lo único que les queda es la resistencia y el buscar alternativas al fracaso del sistema. Sólo a los privilegiados no les urge eso. «A la gente no le interesa eso, va a la suya, es individualista». Aparte de que nunca me hayan presentado a este ente abstracto que es la gente, a los que sí conozco son bellísimas personas, creativas y con inquietudes, muy dispuestos a realizar mínimos cambios en su vida para que las dinámicas generales también cambien, pero mentalmente secuestrados por este concepto tan general como antipático que es la gente. La verdad es que es más que suficiente que sólo la mitad de mis amigos hagan estos pequeños cambios y éstos también se lo pidan a los suyos. De ningún otro modo funcionan las dinámicas sociales. La semilla habrá sido plantada.

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Para que nos entendamos

9 junio 2011

Podemos imaginar la sociedad como la red europea de aeropuertos, con vuelos que los interconectan, vaya, el gráfico de siempre que nos encontramos entre las páginas del magazine en el avión. Vemos que hay hubs, es decir, centros hiperconectados (Heathrow, deGaulle, Frankfurt) y nodos casi aislados (Ciudad Real, Castelló). Se dice que la estructura de la red es scale-free, una topología omnipresente en la naturaleza y la sociedad. La cuestión es que las relaciones económicas/de poder en una sociedad también pueden imaginarse de la misma manera, de modo que los bancos y otros sectores estratégicos (construcción, turismo, automóvil) están en los hubs. Esto les permite establecer el chantaje tradicional, tan chungo-chunguísimo, a la sociedad de “si caigo yo, caemos todos”, al igual que si cae Heathrow, toda la red de aeropuertos se va a la mierda.

Podría ser una red genética, pero es el organigrama de la Asamblea de Catalunya

Con esta amenaza, se cumple sistemáticamente esa gigantesca estafa de la «privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas«. El argumento es, la verdad, infalible -«es necesario sostener los oligopolios pese a su incompetencia manifiesta, porque si caen, caemos todos porque al fin y al cabo toda la sociedad depende de ellos»- pero, obviamente, tan sólo a corto plazo. Se termina produciendo una transferencia de poder a los hubs, cada vez acumulándolo más, en detrimento de los otros nodos, disminuyendo cada vez su necesidad de ser competitivos, vaya, de esforzarse. Otra estafa: seguro que tocará salvarlos otra vez. Qué esclavitud. Ciertamente en los bancos están los ahorros de los ciudadanos y, si quiebran, implica el corralito a la argentina. Por lo tanto, no deben quebrar. ¿Acaso esto justifica la alternativa de que tenemos que pagar entre todos los errores de unos pocos, simplemente porque ellos han sido tan listos de colocarse en los susodichos hubs? ¿Qué tipo de inversión es aquella que no admite posibilidad de pérdida? Una estafa, para el resto.

Es que esto no es ni capitalismo -es su degeneración perversa. Es lo contrario a democracia -sea económica, sea política, da igual: las Constituciones democráticas (¡liberales!) introducieron en las estructuras políticas un sistema de checks and balances, es decir, una tupida red de poderes opuestos entre sí, de balanzas de poder que se compensan, para así evitar la acumulación de poder por parte de uno de estos polos. Es, en el fondo, la aplicación sensata de la separación de poderes. Es, también, un principio opuesto diametralmente a la planificación centralizada, sea económica (plutocracia) o política (dictadura) -un gobierno de las élites, al fin y al cabo. ¿Qué tipo de checks and balances -de poderes opuestos- tienen los bancos o las constructoras? Ninguno, y por eso acumulan tanto poder, por eso siguen tranquilamente acomodados en los malditos hubs de la sociedad, parasitándola, vampirizándola, plácidamente durmiendo con el sueño que da tener a toda la sociedad cogida por los testículos, porque claro, si caemos, todos caen con nosotros. Para frenar tal estafa a nivel global, pasa por revisar las relaciones económicas con las que, tan sólo con el fin de estar conectados en la densa maraña social y beneficiarnos un granito de arena de la sociedad, ejercemos de aeropuerto de Ciudad Real y suplicamos que, por favor, Heathrow nos conecte con nosotros y, Heathrow, generosamente, nos conecta. ¡Hace falta golpear la mesa con el puño! y estar dispuestos a auto-organizarnos en nuestras propias estructuras, más justas, más libres -cortar con cordones umbilicales tóxicos con los que nos conformamos que nos den una pequeña fracción de lo que sería equitativo- pero para eso falta un espíritu valiente y emprendedor. ¿Lo tenemos? ¿Estamos dispuestos?

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Actualización personal #15M

21 mayo 2011

En Barcelona hemos aprobado ya varias exigencias, abolición reforma pensiones, laboral, ley Extranjería, ley Sinde. Progresividad fiscal. Imprescriptibilidad corrupción. Ley de responsabilidad política. Fiscalizar transacciones financieras. Persecución fraude fiscal y abolición paraísos fiscales y SICAV. Fomento democracia participativa mediante el 2.0. Parar desahucios y devolución transparente del dinero público dado a los bancos. Referéndum sobre la monarquía. Etcétera.

Todo muy socialdemócrata vaya. Implementar todo esto, desde mi punto de vista, acarrea el desmoronamiento total del sistema tal como está montado, por el tema de la globalización, los capitales simplemente huirían y nos quedamos sin clase alta a la que joder/fiscalizar. Imperio Romano again.

Entonces, el cambio no comienza por arriba, sino que empieza en cada uno de nosotros, sacando la pasta de La Caixa, BBVA, Santander y metiéndola en banca ética (projecte FIARE y Tryodos), usar el transporte público y bicicleta, crear cooperativas de consumo alimentario en vez de consumir al Lidl o el Mercadona, comprar ropa en los pequeños negocios de jóvenes diseñadores y dejarnos de Zaras y H&Ms, que el trabajador abandone el rol pasivo de asalariado y se convierta en emprendedor y participe en las decisiones de la empresa (cooperativas de capital social, ni privado ni público), cooperativas de vivienda, asambleas de barrios que elijan los regidores de cada barrio y éstos al alcalde, fomentar uso energías microrenovables (solar y eólica), boicotear el periodismo acrítico, etcétera. Vaya, AUTOGESTIÓN Y LIBERTAD, creando un sistema alternativo que reemplace espontáneamente al antiguo y decadente. No los necesitamos. Ellos sí nos necesitan a nosotros.

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Parov Stelar – Paris Swing Box (EP)

5 mayo 2011

El nuevo EP de Parov Stelar (electroswing, nujazz), un discazo. Os lo podéis bajar aquí. Cómo mola.

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La socialdemocracia como despotismo ilustrado: papá Estado

8 abril 2011

Cuando hablamos de universidad pública (y de calidad, etcétera) como una meta a conseguir, eso implica que pretendemos que el Estado, o sea, el ministro de turno, muy probablemente del PPSOE, sí, el mismo PPSOE, sea el que decida cómo financiar la investigación y no alguien con visión preclara, ponderada y democrática. Es lo que tiene la realidad, que no es ideal. Cuando hablamos de medidas como la renta básica, damos por supuesto que será el Estado el que se encargará de esta redistribución de la renta, es decir, otra vez otro ministro del PPSOE. Pero resulta que a medida que ascendemos por los escalones del poder, los lobbies ganan influencia sobre los gobiernos y los ciudadanos de a pie, con menos capacidad de autoorganización, la pierden: la idea de un gobierno mundial unitario es tremendamente bonita, sí, pero un voto entre seis mil millones es una gota en el océano y General Motors o Shell un tsunami que se lo llevan todo. Sólo hay que ver quién es defendido por la UE. No sé hasta qué punto es inteligente es delegar nuestras responsabilidades al Estado cuando en el nivel más alto es tan fácilmente manipulable por las oligarquías. ¿Tiene sentido confiar en un papá Estado que continuamente decide prostituirse?

Dimos al Estado la función de velar por nuestros derechos y entonces el Mercado compró al Estado. La jugada fue perfecta. Un Estado que los socialdemócratas asumen deficitario per se (¡porque la sanidad, la educación, el transporte público no son un negocio!) pero entonces, en esta situación, hay que buscar ese dinero en algún sitio: mediante emisión de deuda (dando el poder incontestable que tienen los mercados financieros) o bien mediante impuestos a los más ricos (la solución tradicional de la izquierda, ¿pero ellos quieren? ¿es democrática tal imposición?). Pero los ricos intentan escaquearse, y con éxito: con Eisenhower de presidente americano, el tramo más alto del impuesto sobre la renda era del 93%. Entonces el dinero huyó hacia las rendas del capital, incontrolables y tan fluidas a nivel global que son imposibles de fiscalizar por los Estados nacionales (que tampoco quieren, porque comparten intereses), y el poder se concentró en los mercados financieros. Mientras que después de la Segunda Guerra Mundial, la recaudación de impuestos recaía principalmente sobre la clase alta y los trabajadores, demasiado pobres, no pagaban, ahora la recaudación viene mayoritariamente de la clase media, trabajadores que se han convertido en propietarios -aburguesándose-, pero aburguesarse no sólo quiere decir quedarse anestesiado en el sofá, sino también poseer lavadora, nevera e Internet, cosas teóricamente deseables porque aumentan el bienestar de la gente. Al mismo tiempo, se han ido eliminando gradualmente todos los impuestos sobre la clase alta, que de paso se ha refugiado en los mercados que ahora nos joden vivos.

La cuestión es clara: un Estado, sufragado por la clase media, pero que se vende a la mínima (porque necesita más dinero) a la clase alta mediante emisión de deuda, ¿tiene sentido? ¿Es inteligente? Una de las posibilidades es evitar la necesidad de prostituirse, sólo depender de nosotros mismos, pero esto equivale a recortar el déficit, con todo el pack incluido. Quizá se asumirían mucho mejor los recortes como un necesario modo de ganar en independencia si al mismo tiempo se desmantelaran todos los intereses oligárquicos que vampirizan este país, en forma de AVE, subidas de tarifas eléctricas del 10% (totalmente innecesarias sin oligarquías), medios de comunicación, bancarización de las cajas, etcétera. Pero cómo nos íbamos a creer a Artur Mastijeras, el partido del cual votó a favor de salvar con ingente dinero público a las concesionarias de autopistas de Madrid «porque no habían previsto tener esas pérdidas por la disminución del tráfico«, que equivale a los tremendos agujeros causados por la irresponsabilidad de los bancos y que hemos tenido que pagar entre todos. El peso de la oligarquía es tremendamente pesado.

Sería lo mismo que yo fuera a papá Estado y le dijera: «Estado, la he liado parda, el finde pasado salí de fiesta a muerte y se me fue totalmente de las manos. ¿Me regalas mil millones de euros?» Así de chulo. ¿Por qué a los bancos se les permite esta caradurez? Porque les dimos demasiado poder y muchos ahora se dan cuenta, pero es tarde. Con la connivencia socialdemócrata, nos metieron un doberman en casa, atado con una correa que los neoliberales exigían que cada vez fuera más delgada y frágil, hasta que llegó 2008 y el doberman se nos comió al niño. Pero fuimos nosotros quién dejamos entrar el doberman en casa. Al margen de asuntos económicos, la enfermedad de nuestro tiempo es la continua delegación de responsabilidades propias en otros. Es lo que en la antigua Grecia se llamaría ser un idiota, que sólo se preocupa por asuntos particulares: los sindicatos UGT y CCOO se convirtieron en verticales cuando los trabajadores delegaron en sus representantes sindicales el litigar sobre sus asuntos laborales. Las actitudes morales se diluyen cuando dejamos todas las decisiones de ese calado para el juez, que sólo decide sobre lo penal. No hay preocupación por educarse cuando esto se circunscribe en la escuela y sólo tiene que hacerlo el maestro. Los políticos devienen corruptos cuando nadie se preocupa por lo que hacen. ¿Hasta qué punto esto ha pasado por la sobreprotección de un Estado paternalista, que cumple responsabilidades por los ciudadanos, asumiéndolos irresponsables (tienen que ser educados para…) y al final practicando políticas que terminan sumiéndolos en este estado? Es lo bonito del libertarianismo, que asume implícita la autonomía de los individuos y obra en consecuencia: la emancipación en un mundo libertario es una necesidad, una condición, y no un fin ideal en la mente de un maestro socialdemócrata demasiado aficionado a la psicopedagogía.

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Las casualidades sí existen

10 marzo 2011

Si bien la «física cuántica», «la teoría del caos», el «efecto mariposa» y «la teoría de la sincronicidad» son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo.

Borja Vilaseca, Las casualidades no existen, las «comillas» son suyas

Leo en El País un «reportaje de psicología» de Borja Vilaseca donde se utilizan conceptos científicos para «probar» tesis entre lo teológico y lo directamente supersticioso. No hace falta tener una licenciatura en física para saber que la ecuación de Schrödinger (la análoga a la segunda ley de Newton como ecuación cuántica del movimiento) o el atractor de Lorenz, que él mismo se encargó de popularizar -erróneamente- con el concepto de efecto mariposa, que no es más que una visión poética y libre del determinismo caótico, sí fueron radicalmente nuevos y no tienen nada que ver con el karma budista. La sincronicidad de Jung, que la verdad desconozco si la hemos tratado en este blog pero es muy probable que hayamos tonteado con ella, no es un descubrimiento científico.

Es de hecho vergonzoso que haya gente que no dude en manipular conceptos científicos (que seguramente además desconoce) para forzar la validación de opiniones personales. Precisamente, la honestidad intelectual para uno mismo es esencial: deformar razonamientos para conseguir fines exógenos no es ni sano ni bueno. De hecho, es un tipo de maldad incipiente.

A mí no me molan demasiado los círculos escépticos de ateos y librepensadores que hablan de monstruos voladores de espaguetis, porque rechazan entrar en contacto e intentar explicar una realidad espiritual y mística que va más allá de los conceptos cotidianos de lo doméstico. Cuando leo sus textos sobre Dios, me viene a la cabeza alguien hablando del amor sin nunca haberse enamorado o del LSD sin nunca haberse tomado un ácido. Es triste ver a alguien hablando de una experiencia que no ha tenido, sobre todo si intenta rechazarla. Pero la alternativa no puede ser creer que la teoría del diseño inteligente es válida desde un punto de vista científico o utilizar a conceptos científicos para explicar teorías new age. Porque esta gente es alguien que, como Borja Vilaseca, habla de la física cuántica sin nunca haberse leído el Quantum Mechanics de Franz Mandl.

A lo que íbamos, ¿las casualidades, existen? Estrictamente, el Sol no sale todas las mañanas, porque cada salida ocurre en una posición y un instante totalmente específicos (además de condiciones de humedad, luz artificial, etcétera) y que mañana serán diferentes… Estrictamente, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río. Las leyes científicas, las regularidades de la realidad, ocurren porque decidimos simplificar, poner el zoom a un determinado nivel, y olvidarnos de una cantidad de detalles espectacular para hablar del mismo río o de la salida del Sol por la mañana. Le pasa lo mismo al azar: no es más que la imposibilidad humana práctica de encontrar relaciones de causa-efecto en problemas de inmensa complejidad. Una moneda se mueve de un modo totalmente determinista según las leyes clásicas del movimiento, está estudiadísimo: pero cuando la echamos a girar, hay tantas variables a tener en cuenta que decidimos hablar de azar, de la imposibilidad de determinar su resultado, y la utilizamos para echar a suertes quién empieza con la pelota en un partido de fútbol.

No nos engañemos; que la imposibilidad sea práctica no quiere decir que el azar no exista. Si es imposible experimentar algo, no existe (Berkeley). Si no podemos hablar de algo, mejor callarse (Wittgenstein). No hay una ley sencilla que prediga el resultado de un tiro de moneda, luego hablamos de azar. Las leyes científicas dependen, estrictamente, de la sagacidad de uno mismo para inventarlas, poniendo un determinado nivel de zoom sobre la realidad. Estrictamente, el hombre está desnudo delante de la inmensidad del cosmos: todo es enorme, milagrosamente detallado, maravillosamente único, habitando breves instantes eternos. Después utilizamos la imperfección del lenguaje verbal (demasiado ambiguo) y matemático (demasiado poco ambiguo) para describir y encontrar (mejor dicho, crear) patrones de regularidad en una realidad la belleza de la cual en el fondo nos supera.

En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano.
Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma.

Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero.

Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 67

¡Pero es que precisamente no hay nada a tolerar! El Sol sale cada día distinto si apreciamos lo particular de cada instante. Un físico no se asustaría si las duras constelaciones se dispersaran, simplemente indicaría que la ley de la gravitación universal tiene que ser cambiada. Hay, precisamente, un miedo a aceptar la grandeza de esta realidad en el fondo inabarcable y siempre misteriosa, que siempre nos puede sorprender. Hay miedo humano, tan humano, a que ésta nos sorprenda, a que el universo sea en efecto plástico y pueda cambiar (¡que lo hace siempre!). Hay gente que prefiere creer en un orden inteligente detrás de todo antes de aceptar lo absurda y maravillosamente azaroso que es todo. Entonces es cuando se mete en la Iglesia, elabora teorías de la conspiración o redacta «reportajes de psicología» donde manipula conceptos científicos para afirmar que las casualidades no existen.

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Carl Jung y por qué parece que no escucho cuando me habláis, justificación filosófica [Second round]

10 enero 2011

Podríamos ponernos intelectualoides, gafas de pasta mediante, adoptar un tono snob y analizar literatura en mano las consecuencias chungas de la adoración de la razón técnica (de Apolo en detrimento de Dioniso): los sueños de la razón producen monstruos, los hijos totalitarios de la razón ilustrada, escuela de Frankfurt, Dialéctica de la Ilustración (de Horkheimer y Adorno), las distintas versiones que cada cultura ofrece de la inteligencia como instrumento, allí más técnica, allí más dionisíaca, allí más estilizada, de la inteligencia técnica como formidable instrumento evolutivo y su consiguiente adoración, etcétera. Pero no es lo que haremos, porque consistiría en hablar sobre la necesidad del pensamiento simbólico con un lenguaje lógico… Así que hablaremos de Tarot y Astrología.

Leer el Horóscopo en plan quémevaapasarhoy sería cometer el error de aproximarse a un contexto simbólico desde una mentalidad lógica. Ahora bien, lo mítico no tiene pretensiones predictivas ni de completitud – es muy fácil también producir explicaciones a posteriori siempre consistentes con el paradigma, nunca contradiciéndole, igual de fácil que predecir el tiempo que hizo ayer, por lo tanto no es científico porque en su esencia no puede pasar tests de falsación. El lenguaje simbólico es capaz de ir modelando el paradigma de un modo a veces demasiado plástico, cambiando según las circunstancias, para adaptarse a la realidad que intenta explicar. Pueden pasar esas cosas como aquella anécdota donde unos investigadores colgaron en el periódico la carta astral de un asesino en serie y pidieron que la gente que se identificar con ella contactara con ellos, llegando a las mil cartas… O que el Sol ya no pasa por Escorpio con la diligencia que lo hacía hace 2500 años… Cosas de la mecánica celeste. En todo caso, la principal potencia de lo simbólico es que despliega toda una serie de conceptos a nuestra disposición para profundizar en el autoconocimiento psicológico, tanto de nuestro individuo como de nuestro colectivo.

Carl Jung modernizó los arcaicos conceptos de los cuatro elementos en los que se agrupaban los doce símbolos del Zodiaco convirtiéndolos en las cuatro actividades esenciales del espíritu, definidas en oposiciones:

  • pensar (aire): Géminis, Libra, Acuario – el intelecto, cerebro, Apolo/Mercurio, la luz
  • sentir (agua): Cáncer, Escorpio, Piscis – empatía, sentimiento, corazón, Venus, el amor
  • intuir (fuego): Aries, Leo, Sagitario – el impulso, la pasión, estómago, Marte/Dioniso, la guerra
  • percibir (tierra): Tauro, Virgo, Capricornio – lo práctico y pragmático, las manos, la Tierra, el sentido común

que se pueden colocar en un círculo de cuatro cuartos, con las oposiciones (pensar/sentir y percibir/intuir) en diagonal. Así, cada uno tiene estas actividades más o menos activadas (desarrolladas) o bloqueadas según su lucidez y las circunstancias del momento. La Astrología, griega, maya, hindú o la que sea, intenta relacionar estos aspectos con la fecha de nacimiento del individuo, es decir, con la situación específica de los astros en el firmamento. Es totalmente lógico que se intentara establecer una relación con esto, ya que la esfera celeste es de los primeros objetos de la naturaleza que se pueden observar que ofrecen regularidades cíclicas. En todo caso, mejor ignorar el aspecto más «científico» del tema y centrarse en la interpretación psicológica de los resultados de una carta astral: pensar e intuir pertenecen a elementos más ligeros y corresponden a actividades más espirituales, mientras que sentir y percibir, de elementos más pesantes, corresponden a la relación que podamos tener con lo material… En los que tienen el aire dominante, el cerebro ejerce de filtro de la realidad al individuo. Los dominados por el sentimiento se lamentan de la dureza, la frialdad y el color gris de la realidad, demasiado cruel. La gente de tierra es pragmática, saben disfrutar de los placeres de la vida, son unos gourmets, tocan de pies al suelo. Disfrutan tan sólo con ir desarrollando las posibilidades de una parcela de la realidad ya dada y cerrada. Saben centrarse en lo que hay dentro de cuatro paredes bien definidas. Pero temen lo abierto.

En El inconsciente y sus complejos, Jung describe la personalidad intuitiva, el fuego, como esencialmente patológica: como un hombre que va sembrando semillas en la tierra pero, impaciente como es, va saltando a otras partes, a otras posibilidades, para seguir sembrando, pero nunca recoge los frutos que le va ofreciendo la vida. Así me sentía yo, que precisamente soy Aries y mi ascendente es Leo, fuego-fuego: nunca conseguía dejar huella en la arena mojada de la playa, hundir las manos en la tierra fértil, mi impaciencia me comía por dentro y me alejaba de la realidad, confinándome en una burbuja de gruesas paredes de chicle rosa… Pero cuatro paredes siempre fueron una cárcel para mi espíritu, que se perdía en las marañas de lo intelectual, eso sí, un mundo sin límites… La combinación de fuego, original, y aire, por influencia paterna, me lanzaba dentro de la cáscara de nuez donde Hamlet es rey… prisionero pero feliz con sus juegos de humo, alejándome de lo terrenal como un globo aerostático. De algún modo, conseguí liberarme, pero ahora, jugando justo sobre el límite del abismo, vivo siempre en estado crítico y a la vez siempre feliz.

El fuego es salvaje y puro impulso y total intensidad y frenético y sin control. Mientras que el agua rodea las cosas y las abraza, el fuego vive de consumir pedazos de realidad para convertirlos en cenizas y después saltar al siguiente y al siguiente y al siguiente. Es consumir por consumir, para poder seguir viviendo, vivir por vivir, atenazado por el miedo increíble a que un día se termine la madera que quema, el terror a una realidad cerrada, conquistar por conquistar, pura dinámica de poder. Cuando está metido en algo, ya está pensando en lo siguiente que puede hacer. ¿Dónde apuntar? Ése es el pathos de la intuición – Prometeo con las entrañas devoradas por el buitre.

No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, sino apura el recurso hacedero. Píndaro

Camus pinta bien el retrato del espíritu de fuego, el hombre absurdo, en El mito de Sísifo: para él, no hay mañana. Todo es pasión. Vive con todas las consecuencias. Pero corre sobre el abismo sin nunca profundizar. Vivir en la superficie es su condena. Para escapar de eso, tiene que aprender a activar su parte de tierra.