Posts Tagged ‘efecto bola de nieve’

h1

Europa: una major transition in evolution

26 julio 2011

En el año 1995, el biólogo y teórico de juegos John Maynard Smith y el químico Szathmáry publicaron el libro “Major Transitions in Evolution“, donde daban cuenta de una transición arquetípica y ubicua en la historia evolutiva: el salto de entes que compiten entre sí a nivel individual a la integración de todos en un solo ente donde cooperan entre sí y la competición es suprimida de algún modo, porque se reproducen integralmente con el todo. Es decir, la serie -no consensuada- era –

  • moléculas replicantes > compartimentos de molécules replicantes [primera célula mínima]
  • replicadores independientes (probablemente de RNA) > cromosomas [hipótesis del RNA world]
  • RNA como gen y enzima > DNA como gen, proteínas como enzimas
  • células procariotas [sin orgánulos internos] > eucariotas [con núcleo y mitocondria y cloroplasto fruto de una endosimbiosis]
  • células asexuales > aparición del sexo
  • organismos unicelulares > organismos pluricelulares
  • individuos solitarios > colonias
  • sociedades de primates > sociedades humanas [con lenguaje; evolución sociocultural]
El tema es interesante de por sí, porque es difícil de explicar el salto de free-riding a cooperación cuando evolutivamente no es estable para el individuo, pero una vez integrado en un todo el fitness es mucho mayor, tanto individual como colectivo. Hay cierta coevolución entre el comportamiento individual de cada agente y la estructura que se forma con estos comportamientos, feedbacks dinámicos que se retroalimentan entre sí, porque, si bien la teoría dice que la estructura de las interacciones puede sostener la cooperación -la especialización del trabajo no es más que interacciones no arbitrarias entre los agentes que les hacen depender entre sí-, lo que la hace permanente es la evolución del comportamiento de los agentes a nivel individual. Dicho de otro modo: primero los organismos unicelulares compiten entre sí por los recursos, pero en compartir espacio interactúan y se dan actos fortuitos de cooperación. Entonces estos actos de cooperación se pueden volver más habituales o no en función de si los organismos han evolucionado comportamientos más altruistas; es más, comportamientos que se especializan en un rol consolidando las interdependencias de la red y así convirtiendo lo que era temporal en un organismo pluricelular.
La cuestión es que es habitual en la historia -biológica, socioeconómica- que se establezcan estas redes de interdependencias que mezclan competición con cooperación. Ahí se da un dilema evolutivo: en estado de shock, las redes de cooperación se consolidan como respuesta y se integran hasta el punto de construir un nuevo individuo pluricelular, mucho más estable, o bien se diluyen y caen otra vez en un estado de competición entre sí, donde cada uno va a su bola. Observamos, precisamente, los éxitos en estas transiciones y no los fracasos, que no son más que una vuelta a la casilla de salida.
Un caso clarísimo es, efectivamente, el de la Unión Europea. El proceso de la convergencia europea ha dado paso a la compleja red de intercambios económicos entre los países de la UE, pero con poca integración en lo social y político, que serían precisamente el modo de consolidar estas relaciones de cooperación vía comportamental. Hasta ha habido cierta especialización en la creación de dos Europas, la del sur y la del norte, la primera que recibía créditos y la segunda que los daba. Y, ahora, de repente, nos encontramos en estado de shock, procedente del otro lado del charco pero aquí muy presente: el dilema evolutivo es claro – la solución difícil, la innovadora, pasa por estabilizar una verdadera integración a todos los niveles, que en nuestro país consistiría en subir impuestos a las empresas y al sector financiero (porque la presión fiscal sobre los salarios es altísima y la de las empresas minimísima) y bajar gastos en infraestructuras monumentales y poco rentables, el Ejército y la Iglesia. Es decir, equilibrar el presupuesto según estándares europeos y no chorizocráticos en la línea CiUPP. Al mismo tiempo, es imperativo introducir una cierta reestructuración de la deuda para reactivar las economías del sur.
La alternativa es clara:  igual que pasó en la Gran Depresión, que cada país vaya a su bola, intentando arreglar sus propios problemas y compitiendo con el resto para salir a flote. Esto quiere decir hacer un default sistemático, no devolver la deuda los países del sur, romper el euro, devaluar la moneda, depresión, inflación y potencial corralito – una situación extrema que desembocaría en una recesión muy duradera a nivel europeo, quizá en un estancamiento definitivo en forma de nueva edad oscura. Un refrán plantea perfectamente este ubicuo dilema evolutivo: “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero, en este caso, vale la pena -urge- probar lo aún no conocido – unos Estados Unidos de Europa que nos salven del todos contra todos again?
Anuncios
h1

El problema ‘Indiana Jones’

8 julio 2011

Un 15M rompiéndose la cabeza: ¿qué reformas hay que hacer en este país?

Lo podemos llamar el problema Indiana Jones: la necesidad de cambiar algo tan esencialmente fundamental del sistema que es necesario encontrarle un sustituto con el que reemplazarle rápidamente, con tal de evitar el colapso del sistema que se pretende salvar. Si imaginamos la red de relaciones de poder como scale-free (abajo), los bancos (punto rojo) o constructoras (punto azul) han acumulado tanto poder (se han situado en los sitios más hiperconectados de la red) que se han constituido en garantes de la cohesión del sistema. Si caen ellos, caemos todos y así se puede establecer el chantaje con el que los oligopolios se dirigen a la sociedad para obtener carta blanca en sus actuaciones y ser lo más irresponsables que se pueda. ¡Total, son too big to fail y van a ser salvados igualmente! Es el modo más fácil de legalizar la privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas. Nos vemos obligados a costear entre todos el colchón de estos puntos hiperconectados, porque nos va también nuestra propia vida en ello.

Cuando las cosas van mal, en primer lugar, como en esta crisis, se opta por el recurso fácil: reforzar los cimientos del sistema para garantizarle la supervivencia, sin cambiar la estructura fundamental, tan sólo aligerando el peso de lo que se considera prescindible: esto son los recortes sociales al mismo tiempo que inyecciones de capital a saco a los bancos, que configuran el núcleo del sistema. Cuando se salva a Grecia a cambio de salvajes recortes sociales, en realidad lo que se está salvando son los bancos alemanes y franceses que les dieron crédito y ahora necesitan cobrar hasta el último céntimo de los intereses, pero es que desde un punto de vista sistémico, Grecia son “tan sólo” once millones de personas en apuros, pero la caída de los cuales puede generar un gigantesco efecto dominó que se lleve con ellos a alemanes, franceses, a toda Europa y hasta los USA: sumir a la civilización occidental en una depresión duradera sin ver la luz al final del túnel, acoplada al oil peak y con China, India y Brasil por ahí. Los bancos españoles falsean sus cuentas, España falsea sus cuentas, para aparentar que todo está saneado, todo el mundo lo sabe, pero que no se transmita la crisis de la periferia al núcleo, aunque las arcas estén vacías: se está esperando que lentamente se reactive la economía, que vuelva a circular el dinero, y así esa mentira flagrante sea tan sólo temporal.

Cuando están en bancarrota, las empresas pueden llegar a desaparecer. Los estados, no.

Iñigo Sáenz de Ugarte, La única vía de supervivencia para Grecia

¿Por qué no? ¿Acaso no han desaparecido muchísimos otros estados soberanos en la historia? ¿Por qué Grecia iba a ser una excepción? El hecho de que los Estados tengan una vida media considerablemente más larga que las empresas no quiere decir que no puedan caer, aunque a primera vista nos parezca constatar su robustez y estabilidad, que confundimos con eternidad desde una visión histórica un poco ciega. Comenta Sander van der Leeuw, ecólogo, antropólogo y experto en complejidad social, que las instituciones humanas son de hecho intangibles, amplios colectivos humanos poniéndose de acuerdo en peculiares convenciones lingüísticas, asumiendo unas normas comunes desde valores tan etéreos y poco materiales como la lealtad, el honor, la fe o la autoridad. Es, de hecho, un punto de vista tan bien explorado por la serie The Wire: cómo los seres humanos generamos las instituciones con nuestras propias actuaciones arbitrarias y cómo creemos e interactuamos con ellas.

Según van der Leeuw, las instituciones son patrones estructurales que se dan en las redes de relaciones de poder y que poseen una duración y estabilidad considerables: en el caso presente, los bancos son el fundamento del sistema actual, ubicados en el mismo centro de la tupida red de relaciones económicas, pero el manido recurso fácil de inyectarles dinero en detrimento de la estabilidad de países enteros amenaza de ser un sonoro fracaso, porque no solventa la cohesión del sistema. La solución inmediata de darle robustez a sus fundamentos pero insistiendo en las mismas estructuras y métodos se ha agotado. Entonces hay que buscar nuevas estructuras sociales más eficientes y equitativas que sustituyan los puntos rojos, azules y verdes de la red social. Pero este proceso de sustitución de un fundamento social por otro, de un mero punto por una trama más compleja pero estable  (no tan sólo cambiar un banco por otro banco) es extremadamente delicado y complicado: es el problema ‘Indiana Jones’.

h1

Para que nos entendamos

9 junio 2011

Podemos imaginar la sociedad como la red europea de aeropuertos, con vuelos que los interconectan, vaya, el gráfico de siempre que nos encontramos entre las páginas del magazine en el avión. Vemos que hay hubs, es decir, centros hiperconectados (Heathrow, deGaulle, Frankfurt) y nodos casi aislados (Ciudad Real, Castelló). Se dice que la estructura de la red es scale-free, una topología omnipresente en la naturaleza y la sociedad. La cuestión es que las relaciones económicas/de poder en una sociedad también pueden imaginarse de la misma manera, de modo que los bancos y otros sectores estratégicos (construcción, turismo, automóvil) están en los hubs. Esto les permite establecer el chantaje tradicional, tan chungo-chunguísimo, a la sociedad de “si caigo yo, caemos todos”, al igual que si cae Heathrow, toda la red de aeropuertos se va a la mierda.

Podría ser una red genética, pero es el organigrama de la Asamblea de Catalunya

Con esta amenaza, se cumple sistemáticamente esa gigantesca estafa de la “privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas“. El argumento es, la verdad, infalible -“es necesario sostener los oligopolios pese a su incompetencia manifiesta, porque si caen, caemos todos porque al fin y al cabo toda la sociedad depende de ellos”- pero, obviamente, tan sólo a corto plazo. Se termina produciendo una transferencia de poder a los hubs, cada vez acumulándolo más, en detrimento de los otros nodos, disminuyendo cada vez su necesidad de ser competitivos, vaya, de esforzarse. Otra estafa: seguro que tocará salvarlos otra vez. Qué esclavitud. Ciertamente en los bancos están los ahorros de los ciudadanos y, si quiebran, implica el corralito a la argentina. Por lo tanto, no deben quebrar. ¿Acaso esto justifica la alternativa de que tenemos que pagar entre todos los errores de unos pocos, simplemente porque ellos han sido tan listos de colocarse en los susodichos hubs? ¿Qué tipo de inversión es aquella que no admite posibilidad de pérdida? Una estafa, para el resto.

Es que esto no es ni capitalismo -es su degeneración perversa. Es lo contrario a democracia -sea económica, sea política, da igual: las Constituciones democráticas (¡liberales!) introducieron en las estructuras políticas un sistema de checks and balances, es decir, una tupida red de poderes opuestos entre sí, de balanzas de poder que se compensan, para así evitar la acumulación de poder por parte de uno de estos polos. Es, en el fondo, la aplicación sensata de la separación de poderes. Es, también, un principio opuesto diametralmente a la planificación centralizada, sea económica (plutocracia) o política (dictadura) -un gobierno de las élites, al fin y al cabo. ¿Qué tipo de checks and balances -de poderes opuestos- tienen los bancos o las constructoras? Ninguno, y por eso acumulan tanto poder, por eso siguen tranquilamente acomodados en los malditos hubs de la sociedad, parasitándola, vampirizándola, plácidamente durmiendo con el sueño que da tener a toda la sociedad cogida por los testículos, porque claro, si caemos, todos caen con nosotros. Para frenar tal estafa a nivel global, pasa por revisar las relaciones económicas con las que, tan sólo con el fin de estar conectados en la densa maraña social y beneficiarnos un granito de arena de la sociedad, ejercemos de aeropuerto de Ciudad Real y suplicamos que, por favor, Heathrow nos conecte con nosotros y, Heathrow, generosamente, nos conecta. ¡Hace falta golpear la mesa con el puño! y estar dispuestos a auto-organizarnos en nuestras propias estructuras, más justas, más libres -cortar con cordones umbilicales tóxicos con los que nos conformamos que nos den una pequeña fracción de lo que sería equitativo- pero para eso falta un espíritu valiente y emprendedor. ¿Lo tenemos? ¿Estamos dispuestos?

h1

Españistán: de la burbuja inmobiliaria a la crisis

26 mayo 2011


Por qué se ha liado tanto en España. Esclarecedor. ¡Lo importante que es diversificar la economía e invertir en I+D!

h1

Me he abierto una cuenta en Triodos Bank – un buen #consensodeminimos

25 mayo 2011

Quién me diría que terminaría haciendo publicidad para un banco. Pero es que en el ejercicio tan sano como obligatorio de reapropiarnos de nuestras vidas, tenemos que darnos cuenta de cuáles de nuestras relaciones económicas son chungas y qué otras deseables. Los grandes bancos reciben su gran poder no de un modo abstracto y etéreo, sino porque los de abajo nos hipotecamos/endeudamos en masa y a saco con ellos, de modo que es por aquí que se tiene que cortar el círculo vicioso y no por vagas exigencias a terceras personas, los políticos, con escaso poder fáctico en ese aspecto. Falsas (porque han sido desmentidas) propuestas como la de Democracia Real Ya de retirar 155 euros de tu cuenta a modo de protesta (que haré porque tampoco cuesta nada) no dejan de ser simbólicas: lo que se tiene que hacer es sencillamente cerrarla. A falta de poder tener el lujo de una cuenta ahorro (y así abrirla en bancos más locales y participativos como el proyecto FIARE o Coop57) me abrí una corriente en Triodos, con 0% de comisiones en transferencias a cuentas nacionales y europeas (en euros), 0% en comisiones en cualquier cajero servired, y que financia proyectos con cierto carácter social y de modo totalmente transparente. Una ganga, vaya. Y es que el cambio empieza en nuestro mismo día a día.

h1

¡Se siente!: hacer un default, crear la ruptura

1 abril 2011

Hoy los irlandeses se han levantado con la noticia de que sus bancos, que ya habían salvado pagando su gigantesco agujero, necesitan 24.000 millones de euros más. En total, 70.000 millones de euros. Noticia maravillosa para un país con una burbuja inmobiliaria ya deshinchándose, un 14,5% de paro y un déficit del 111%.

Dado todo esto, conviene volver al tema tabú. Default. Los economistas de la Universidad de Londres plantean la suspensión de pagos como una opción de política. Según el informe la deuda total -privada y publica- de España rebasa 5 billones de dólares, cinco veces más que el PIB español, frente a 780.000 millones en Portugal (479% del PIB) y 703.000 millones en Grecia (296% del PIB).

Andy Robinson, Default: una palabra tabú en Grecia pero no en Ecuador

Pues es que en el fondo, es extremadamente simple: en el momento en que los Estados deciden socializar las pérdidas de los bancos (clase alta) a costa de los contribuyentes (clase media), con la resignación a regañadientes de esos últimos y las sesiones de balneario y bonuses millonarios como “castigo” para los primeros, nosotros de hecho estamos aceptando la legitimidad de este sistema turbocapitalista, con un sector financiero ultrapoderoso y un nuevo colectivo de trabajadores precarios que lo sostienen -un neofeudalismo. Tanto Obama en su programa socialdemócrata de imprimir dinero y endeudarse, como Merkel en su programa neoliberal de recortes sociales a toda costa, intentan salvar al turbocapitalismo occidental de un colapso casi seguro, pero perpetuando la legitimidad de un sistema que ya se ha revelado enfermo.

“Somos claramente ganadores en la reciente crisis económica”

Emilio Botín, presidente del Santander

¿Qué hacer, entonces? Pues muy fácil: hacer un default. Simplemente, pasar de pagar, declarándose en suspensión de pagos. Los contribuyentes no tienen por qué asumir las deudas que contrajeron sus gobernantes [¡y banqueros!], cómplices como máximo, como mínimo instrumentos del capital financiero  (si ya lo dijo Marx…). España, Grecia, Portugal, Irlanda, para no cambiar el status quo, asumen su rol de víctimas pecadoras delante de sus acreedores (Alemania, Francia, UK, EUA), vocean el mantra ultra “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, lo sentimos, hemos pecado” (¿pero no eran los bancos los que habían vivido por encima de sus posibilidades?) y empiezan a desarrollar durísimos programas de recortes sociales. En cambio, lo que tendrían que hacer todos estos países es dejar de alinearse con sus acreedores (que sólo quieren cobrar a toda costa, es que se tiene que ser tonto), unirse (porque compartimos intereses) y hacer un default colectivo: negarse a pagar y volver a empezar, como hizo Ecuador en 2007.

Pero dos años después, el gobierno ecuatoriano consiguió negociar un acuerdo de recompra de bonos en el cual solo pagó 30 centavos por cada dólar de deuda. “Hicimos una recompra de deuda extraordinaria lo que significa que los que manejaban la deuda externa ya no reciben miles de millones de dólares en servicio de deuda”, dijo el economista y actual canciller Ricardo Patiño en una entrevista.

Aun más sorprendente: la moratoria no pareció empeorar la credibilidad del país. El día que se anunció el acuerdo, Standard & Poors subió la calificación de la deuda a CCC plus.

De lo que se trata, por lo tanto, es simplemente de mirarle a los ojos a Botín y, con voz irónicamente triste, decirle: ¡se siente!

h1

¡No hay alternativa! [Túnez: 23 días; Egipto: 18 días]

11 febrero 2011

Decía Thatcher allá en los ochentas. La reforma laboral, el pensionazo, los recortes sociales, la privatización de las cajas, la ley Sinde, etcétera, se dedican a institucionalizar un neofeudalismo de facto sin aparente alternativa posible, a cargo de una amorfa entente Estado-Mercado, representante de una privilegiada oligarquía que vive a costa de las fuerzas productivas de la sociedad, los trabajadores. Mientras los pueblos de los países árabes o China vislumbran la democratización, las sociedades europeas viven estancadas, descontentas y frustradas. Parece que cualquier copo de nieve que cae vaya a desencadenar, como en Túnez o Egipto, una avalancha de sucesos críticos, de protestas y rebeliones que hagan caer al régimen. Y el copo de nieve cae, pero no pasa nada, y todo sigue igual. Porque, como dijo Poch, las revoluciones no ocurren causadas por extrema miseria y frustración, sino por las expectativas de un futuro mejor. ¿Y qué futuro mejor se propone desde la otra orilla?

No hay alternativa, decía Ben Ali a los tunecinos. No hay alternativa, decía Mubarak a los egipcios. Pues bien, ¡jodeos! Los dictadores han caído y, aunque con casi tres décadas a sus espaldas cada uno, su caída ha durado poquísimo: 23 días en Túnez, 18 días en Egipto. Nos dicen a nosotros, también, que no existe alternativa. A lo que no hay alternativa es al cambio, dicen entonces los partidarios de un sistema más justo, eficiente y sostenible que el capitalismo occidental. ¿Pero qué tipo de cambio?

Para empezar, reformas tradicionales y auténticamente socialdemócratas, más ahorradoras que los salvajes recortes sociales decretados el 13 de mayo del 2010 (fuente: popota, LPD), a las que podemos añadir la reciente reforma laboral para poder despedir libremente, que sólo ha servido para aumentar paro y precariedad laboral. Cabe recordar que es en los países donde se destruye menos empleo son aquellos donde el trabajador está más protegido, no al revés…

  1. Recuperación del impuesto de patrimonio vigente durante el mandato de ese socialdemócrata llamado Ansar y eliminado por el PSOE, que podría aportar 1.800 millones de euros.
  2. Recuperación del tipo máximo del IRPF vigente durante el mandato del socialdemócrata Ansar y que al grito de “bajar los impuestos es de izquierdas” aprobó ZP, de lo cual se podrían obtener 2.300 millones de euros.
  3. Recuperación de la normativa de impuesto de sociedades vigente durante el mandato del socialdemócrata Ansar, y que fue sometida a una poda en la misma reforma fiscal mencionada en el apartado anterior que, según informe del propio gobierno, permitiría obtener 8.100 millones de euros. Sin contar, eso sí, las rebajas que ha ido introduciendo posteriormente el gobierno.
  4. Recorte a la mitad de los 6.000 millones de euros de dinero público que anualmente recibe la iglesia católica, apostólica y romana, aumentados después del último acuerdo con el PSOE.
  5. Cancelación de la cada vez más impopular Misión de de Paz en Afganistán, que supone un coste de 400 millones de euros según comentaba esta semana el diputado Joan Herrera.
  6. Recuperación del impuesto de sucesiones vigente durante el mandato del socialdemócrata Ansar, que en sus buenos tiempos suponía más de 4.000 millones de euros.

Pero estas reformas en ningún caso revierten el pervertido actual estado de las cosas, un auténtico antiguo Régimen que derribar. Las propuestas realmente radicales consisten en la constitución de una nueva economía basada en los principios democráticos y humanistas, fundamentada por lo tanto en la figura empresarial de la cooperativa, que por cierto es la que ha crecido más durante la crisis:

  1. Soberanía alimentaria: cooperativas de producción y consumo (productos locales y ecológicos, sector que estos tiempos experimenta ya un gran crecimiento, hasta  en Estados Unidos)
  2. Independencia energética: cooperativas de producción energética (solar y minieólica) para comunidades pequeñas, uso de transportes alternativos (bicicleta) y fomento del transporte público
  3. Democracia directa y participativa: asambleas populares en cada barrio para decidir la agenda política y el uso de los presupuestos municipales (ejemplo de Porto Alegre). Tomar el poder a nivel local (Ayuntamientos) y dar expresión política a los movimientos cooperativos, construyendo un sistema auténticamente desde abajo
  4. Vivienda digna: Plantillas urbanísticas destinadas a fortalecer el tejido social, basadas en un modelo de barrio. Vivienda barata y libre de hipotecas, basado en el modelo de Cooperativas de Uso
  5. Información y cultura libres, basadas en el libre intercambio. Abolición de los mass media. Neutralidad de Internety constitución de un “microperiodismo de blogs”. Mejor los directos que los enlatados.
  6. Banca ética, subordinada a los intereses de los ciudadanos y no al servicio de la oligarquía, como el Proyecto Fiare.

En suma, una nueva fase civilizatoria que supere el turbocapitalismo depredador. Como ya dijo Marx, el capitalismo es, tan sólo, una fase más en la historia humana, totalmente imprescindible para acometer una esencial modernización y democratización de nuestra sociedad, pero que debe ser superado: llega un momento (entre 10.000 y 13.000 dólares de renta) en qué riqueza y felicidad dejan de estar correlacionadas: ser más rico ya no nos hace más felices. El PIB americano se ha doblado desde los años cincuenta, pero la gente que se declara “feliz” siempre se mantiene en la misma proporción y la que se declara “muy feliz” incluso ha bajado”. Se tiene que cambiar, porque el sistema es insostenible y ya no genera más felicidad. No hay alternativa. En plan más filosófico, es imperativo superar la omnipresente sociedad de masas actual, recuperar los valores humanistas e ilustrados que ya habitaban en el centro de nuestra cultura e introducir el valor de la cooperación, de la armonía social y con la naturaleza.

Repito: Túnez, 23 días. Egipto, 18 días. El poder del pueblo sí existe. Ahora nos toca a nosotros poner el contador de aquí a cero.