Posts Tagged ‘esto no es lo que parece’

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Paro: archipiélago gulag

20 febrero 2012

To my children, George, Sophia, Nicholas and Andreas, with the wish that they contribute to the building of a rational social order

Andreas Papandreu

Fina ironía tiene la Historia. ¿Qué ha quedado del deseo del padre de Papandreu en la dedicatoria de su libro Paternalistic Capitalism? El total desmantelamiento de la democracia griega por obra de su hijo.

En El mundo de ayer, Zweig evocaba el pasado previo a la Primera Guerra Mundial, esa época dorada de paz y prosperidad que se perdió para siempre y, en 1919, en el esfuerzo de volver a ese pasado, se terminó desencadenando la Segunda. En 1919, el Tratado de Versalles imponía medidas draconianas a los países perdedores que los sumieron en deudas imposibles de pagar, que, junto a la inestabilidad del patrón oro, iniciaron el efecto dominó que culminó en el Crac del 1929 y la Gran Depresión. ¿Les suena? Sí, es exactamente lo que está pasando hoy mismo, pero cambien Alemania por Grecia y patrón oro por euro. Once again, el viejo dilema de nacionalismo versus internacionalismo, donde los nacionalistas aducen que “los griegos tienen que pagar sus deudas” mientras que los segundos, más agudamente -igual que en 1914-, hablan del rescate de los bancos (alemanes, pero como si fueran zulúes) por los trabajadores griegos.

Once again, ya no podemos volver a un mundo ya perdido: el Occidente socialdemócrata de 1945-1973, próspero, con respeto por los derechos y libertades individuales y con una fuerte redistribución de riqueza a través de impuestos, la utópica “democracia de clases medias”. Ya no hay vuelta atrás: no sé hasta qué punto somos conscientes de esto, cuando elegimos un domingo para manifestarnos “por nuestros derechos” y no un día laboral o cuando las medidas que propone cierta izquierda tradicional pasan por un gobierno mundial (Vicenç Navarro) o un capitalismo regulado con un Estado del bienestar fuerte (Josep Fontana). Son propuestas totalmente naïf porque no van al corazón del problema – siguen operando con los esquemas mentales del mundo de ayer. Por ejemplo, que vivimos en una democracia y la Constitución es un papel que siempre se cumple. Ya, como el artículo 47, el derecho a una vivienda digna, en pleno diluvio de desahucios.

La historia se repite y, esta vez, como farsa; porque el diagnóstico, irónicamente, ya hace años que está escrito. En 1971, tenemos el shock de Nixon, la aniquilación de Bretton Woods, el memorándum de Lewis Powell, etcétera, es el inicio de la Gran Divergencia, el péndulo de la historia cambia de dirección, con un doble movimiento: a nivel político, se desmantelan los sindicatos y se desregula el sector financiero (por eso Clinton se apoyó en los segundos y no en los primeros para poder ganar las elecciones). A nivel económico, empieza la globalización y la entrada de una gran masa de trabajadores en el mercado mundial. El equilibrio entre capital y trabajo en el que se fundaron los treinta años gloriosos se rompe por la mitad. Para Juan Rosell, un trabajador español que te produce lo mismo que un chino y además cobrando varias veces más y que además se ha olvidado de hacer revoluciones a lo soviético ya no es tan necesario ni peligroso como antes. Ya no hace falta pagarle ningún Estado del bienestar para que le puedas seguir extrayendo la plusvalía sin que se queje. Ahora se puede quejar y Rosell tan tranquilo.

En el periodo 1976-2007, los salarios reales americanos bajaron un 7%, como también bajaron los españoles entre 1994 y 2007, con boom económico o sin él. Toda la riqueza que se creó se fue para arriba, para un sector muy concreto de la sociedad, y si nosotros vimos un aumento del nivel de vida fue a base de endeudarnos. El tecnicismo económico se llama brecha entre productividad y salarios, que se disparó a partir de 1971, y su causa no es otra que los beneficios del trabajo -la plusvalía- se los queda el empresario y no el trabajador, porque el trabajador no posee los medios de producción, a diferencia de una cooperativa, donde participa triplemente: propiedad, resultados y gestión.

Todo el liberalismo, por lo tanto, se sustenta en una mentira: que democracia y trabajar por cuenta ajena son compatibles. “Primero se crea la riqueza y, después, automáticamente, se redistribuye”. En una situación de libre competencia perfecta, dice, los oligopolios se crearán y destruirán dinámicamente, lo que Schumpeter llamó destrucción creativa. Pero lo que pasa en realidad es, número 1, que política y economía no están separadas y a la mínima el oligopolio capturará el poder político para preservar sus privilegios. El libre mercado se sustenta fundamentalmente en un equilibrio inestable y siempre tenderá a desviarse, brecha de productividad y salarios mediante, al oligopolio y la captura del poder político: siempre habrá transición de democracia liberal a dictadura de los mercados. Número 2, el libre mercado es intrínsecamente ineficiente -la famosa mano invisible no existe al nivel macro (Stiglitz)-, porque siempre hay externalidades.

Número 3, estas “externalidades” es el nombre que los premios Nobel de economía dan a los daños colaterales de la destrucción creativa: los trabajadores de baja productividad, el español de a pie. Para el liberal, el sufrimiento de estos trabajadores obsoletos es el precio a pagar para la prosperidad del sistema y, con esa pirueta dialéctica, su justificación moral es idéntica a la de los estalinistas con el gulag y los nazis con Auschwitz. Libremercado no es humanismo, es totalitarismo, porque va en contra de la dignidad humana.

—¿Rebelarse? Habría preferido no oírte pronunciar esa palabra. ¿Acaso se puede vivir en rebeldía? Y yo quiero vivir. Respóndeme con franqueza. Si los destinos de la humanidad estuviesen en tus manos, y para hacer definitivamente feliz al hombre, para procurarle al fin la paz y la tranquilidad, fuese necesario torturar a un ser, a uno solo, a esa niña que se golpeaba el pecho con el puñito, a fin de fundar sobre sus lágrimas la felicidad futura, ¿te prestarías a ello? Responde sinceramente.

—No, no me prestaría.

—Eso significa que no admites que los hombres acepten la felicidad pagada con la sangre de un pequeño mártir.

Dostojevski, Los hermanos Karamazov

No, no lo admito!: toca rebelarse contra el archipiélago gulag del paro. Podemos aceptar un trabajo, un salario y dar las gracias al empresario de turno como antes el jornalero daba gracias al señorito, olvidándonos momentáneamente del estado real de las cosas, quedándonos tan sólo con las migajas del crecimiento económico, siempre con el miedo en el cuerpo de que nos despidan –el miedo, materia prima de las dictaduras. Pero la tendencia económica es inexorable y la dictadura de los mercados pasa de un eufemismo a la realidad, institucionalizando la precariedad laboral como forma de vida.

La ley de las Diez Horas de 1847, que Karl Marx consideró la primera victoria del socialismo, fue el trabajo de reaccionarios ilustrados.

Karl Polanyi, La gran transformación, biblia de Toxo y Méndez y otros socialistas reaccionarios

No se trata de frenar los impulsos del libre mercado, como diría Karl Polanyi. No se trata de resistir pasivamente. Se trata de rebelarse. De Karl Marx a Polanyi, el socialismo pasó de querer transformar la sociedad a querer dejarla como estaba, de ser progresista a un engendro reaccionario, pero en un mundo dinámico contentarse con lo que hay, el paternalistic capitalism de Papandreu, equivale a perderlo. Toca descolonizar nuestras mentes -por ejemplo, ver a la policía como partidarios del régimen y no como servidores del orden público-, sacudirse el miedo de encima, decir No al paternalismo, colectivizar los servicios públicos y las empresas, convertirnos en emprendedores y meter nuestro dinero en iniciativas como Kiva para que abran el grifo del crédito sin pasar por arriba. Ya que banqueros y políticos van a la suya, nosotros también. España no es sólo el país reaccionario de Fernando VII, el deseado, sino también el que en los años treinta se sublevó y luchó por sus derechos. Toca honrar a nuestros abuelos.

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El Solidarnosc americano contra el síndrome de Estocolmo

20 noviembre 2011

Why is it called “class warfare” to advocate raising taxes on the rich, but not when it comes to cutting benefits to the poor? David Shayer, desmantelando el relato.

Una imagen: un tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, porra en mano apaleando a gente sentada, vestida de casual, que no se defiende. Al lado, otro tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, dispara una bala de goma a bocajarro a un joven, la bala rebota, y le da al oído de otro. Otra imagen: un chico yace en el suelo, inconsciente, con el cráneo fracturado por un disparo a bocajarro, en medio de gas lacrimógeno lanzado por tíos vestidos de azul, cascos y bien tapados. Gente corre a socorrerle, delante de una línea de hombres de azul. Uno de ellos tira una granada flash al grupo que rodea al chico, que tiene que dispersarse. Otra imagen: una chica sale de su coche y observa lo que pasa en la calle, pacíficamente. Un hombre armado le dispara en el pecho. Muere minutos más tarde.

Túnez, Egipto, Libia, Bahrein, Yemen, Siria, Palestina, Grecia, España, Italia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos; el espectro de la indignación recorre el mundoNo sólo a nivel espacial, sino también temporal: 1830, 1848, 1918, 1945, 1968, 1989; 2011. La comparación es justa.

"The True Administration of Justice is the Firmest Pillar of Good Government". Pues vaya.

Ayer se cumplían dos meses del inicio de Occupy Wall Street y se declaró National Action Day. A las 7 de la mañana, los manifestantes tejieron cadenas humanas para bloquear los accesos a la bolsa de Wall Street, con éxito parcial: la campana sonó como siempre, más 175 detenidos, pero algo había cambiado. ¿Les suena la historia? 15 de junio, Barcelona, puertas del Parlament. En ambos casos, la narrativa oficial -el maldito relato– establece al Parlament como depositario de la soberanía nacional –o ya ni eso– o la bolsa como el espacio dónde nuestros ahorros se invierten y generan rentabilidad dentro de una natural dinámica financiera que de vez en cuando genera crisis: crisis que ha hecho caer el velo ideológico y el relato ha saltado en mil pedazos. Por sus acciones, Wall Street o el Parlament han pasado a visualizarse como enemigos del pueblo y la lucha de clases se ha manifestado evidente: ya no constan como delito el intento de bloqueo de esas instituciones, ni manifestarse en el día de reflexión, ni obstruir el puente de Brooklyn, sino cada desahucio, cada décima de punto a los intereses de deuda odiosa, cada dólar de bonus al stock broker de turno, cada ley pasada por el Congreso para desregular la banca. Cosas que antes eran legales ahora no lo son, y viceversa. Le han dado la vuelta al relato: los americanos están despertando de su propio sueño, el sueño americano de que esto podía funcionar indefinidamente.

Whereas by consensus we view that for the first time in American history, current generations will not be as prosperous as preceding generations. This denial of the American Dream is at the heart of Occupy Movement. Occupy Dallas, en su llamamiento a la huelga general

Una cuestión central en teoría arqueológica es por qué maldita razón el grueso del personal podía llegar a aceptar su explotación -su subordinación política y económica- por parte de unos pocos. Mirando al presente, yo también me lo pregunto. Hay muchas respuestas: una, la flower power, es que la existencia de élites permitiría una gestión más eficiente de la economía y por lo tanto una mejor redistribución de los recursos entre todos. Pero ha sido continuamente desmentida empíricamente; como mucho, para compensar su propio parasitismo y en función del poder de contestación de los de abajo, las élites ofrecerían unas migajas a cambio para evitar rebeliones. En 1945, debido a la correlación de fuerzas, las migajas fueron considerables y se llamaron Estado de bienestar. Ahora son mínimas. Hay rebeliones. 

Until now there was one good argument for capitalism: sooner or later it brought a demand for democracy… (…) – but now, the marriage between capitalism and democracy is over. Slavoj Zizek

Algo que me ha sorprendido durante estos meses es la total despreocupación de las élites por la preservación del relato. A la mínima que se ha protestado, la policía ha reaccionado con brutalidad inusitada, con blásters de sonido LRAD, bombas de gases lacrimógenos, arrestando a todo el mundo, golpeando las porras a saco, tirándoles espray de pimienta en la cara. En Oakland, California, la policía atacó al movimiento con una violencia más propia de Bashar el Assad, gases lacrimógenos y demás y con un veterano de 24 años con el cráneo fracturado y en estado crítico, pero los manifestantes terminaron volviendo a la plaza. En Seattle, una activista de 84 años, un sacerdote  y una adolescente embarazada fueron esprayados en la cara. En Nueva York, la policía esprayó a unas pacíficas chicas que había previamente acorralado con una red (youtube, chungo). Un chico fue detenido por escribir LOVE en la acera. En Oakland, uno fue detenido mientras estaba meditando. La biblioteca del pueblo de Zuccotti Park, con más de 5.500 libros donados, fue requisada en el desalojo y la mayor parte de los libros, fruto de la generosidad ciudadana, aún no han sido devueltos. A la policía sólo le faltaba quemarlos. El material informático, bicicletas, tiendas, no ha sido devuelto (les suena?), después del desalojo por salubridad (les suena?) en una ciudad donde las basuras literalmente se acumulan en las aceras (no hay contenedores), hasta en masas de diez metros por dos. El puente de Brooklyn fue bloqueado por activistas que pedían más democracia: 700 detenidos. Días después, el puente y todo el tráfico de la zona es paralizado porque están rodando Batman: “son grandes beneficios para la ciudad”. Todo bajo la dirección expresa del Felip Puig americano, el alcalde Bloomberg, ese subnormal histórico en palabras de Olbermann (youtube, recomendado), 12º persona más rica del país y primera autoridad de la policía, tan bien financiada por JP Morgan Chase. Para que después digan que eso no es una plutocracia. You cannot evict an idea whose time has come.

Nada parecido a “nuestra democracia tolera la defensa pacífica de cualquier idea” ni nada “sobre la inmensa generosidad de la Primera Enmienda”. Nada de eso: tan sólo un paisaje propio de un Estado policial, una ciudad militarizada, cuatro o más helicópteros sobrevolándonos, miles de policías, muchos de ellos ya con el disfraz antidisturbios y las manillas de plástico preparadas, todas las calles valladas dificultando el libre ejercicio del derecho a manifestación, desfilando líneas de autobuses llenos de manifestantes detenidos que iban siendo aplaudidos por los que aún estaban fuera. Que el derecho a la libre expresión era una mentira se manifiesta meridianamente como evidencia empírica: muchos carteles hablando de Estado policial. Uno, señalando lo obvio: “libertad es poder decir que no al poder“, que es lo que ahora se pone en duda. A la hora de la verdad, a todo sistema político le llega el momento en qué sus propias contradicciones se ponen de manifiesto: 1989, para la URSS. 2011, para Occidente. Todo es relato: desde Occidente, cada acto de represión popular del poder soviético, cada vulneración de los derechos civiles, se presentaba como una pieza más de un engranaje sistemático de terror y coerción, pero Guantánamo, Abu Ghraib o la brutalidad policial de estos días se presentan casos aislados de jóvenes poco disciplinados o policías un poco pasados de rosca, y circulen que aquí no ha pasado nada. Pero las cosas no son tan simples. Democracia no es un sistema, sino un conjunto de valores que un determinado país puede respetar más o menos en una escala continua. Y preocupantemente Occidente está pasando del más al menos.

The system has lost its self-evidence, its automatic legitimacy, and now the field is open. Slavoj Zizek

 Whose street? Our Street! Por eso el movimiento Occupy debería ser visualizado como el Solidarnosc americano y ejercer como tal. En la plaza de la Libertad se han visto los habituales grupos de trabajo de las asambleas, inyecciones contra la gripe gratis por parte de Physicians for a National Health Program, hasta una boda entre activistas que se habían conocido ahí. También los Yes Men, disfrazados de hombres de negocios con carteles: “Brokers and Police FOR the Occupation“. Y muchos artistas, como Shephard Fairey (el del cartel de Obey… y el de Obama), Tim Robbins o Mark Ruffalo. Lost a job – found an occupation. También un capitán retirado de la policía de Filadelfia y totalmente solidarizado con OWS, y ayer pasado por encima por el inexorable rodillo del Estado de derecho.

All Day! All Week! Occupy Wall Street! En la manifestación de ayer por la tarde (30.000 personas), se vieron a bandas de gypsy jazz con algún que otro venerable barbudo judío, los raperos de Occupy the Hood, un par de profesoras de edad con un cartel con las palabras de Schopenhauer –All truth passes through three stages. First, it is ridiculed. Second, it is violently opposed. Third, it is accepted as being self-evident.- al lado de dos pre-adolescentes con carteles de We are the 99%, abogados de los colectivos que viven en vivienda pública, los chicos de Occupy Cinema con una proyección casera sobre una pancarta de la película La Revolution Cómmence de Pierre Clementi sobre el 1968 parisino, familias, hippies jóvenes y mayores, hasta propios concejales de la ciudad que habían marchado desde el barrio dominicano de Washington Heights, en uptown, para traer las minorías al movimiento (sobre los cuales también pasó el inexorable rodillo del Estado de derecho). Y un grupo de niños que muy sabiamente gritaron en los micrófonos: You can’t stop us… – because we are kids!

Pero hay muy pocos trabajadores.  El perfil medio del manifestante es joven, bien educado, blanco – sólo la mitad está empleada a jornada completa. Tahrir fue un símbolo de la protesta, también la intentaron desalojar -aquella vez sin éxito, a diferencia de Zuccotti Park-, pero lo que derribó la dictadura fue extensivas huelgas en transportes, el canal de Suez y petrolíferas, que habían paralizado la economía del país. La revolución que sólo sea tuiteada fracasará; como dijo la activista Salma Said, defendieron Tahrir con sus vidas, no con el facebook:

“La revolución fue no-violenta tan sólo después de quemar el 90% de las comisarías de policía, después actuamos como hippies”. Salma Said

Pero las nuevas tecnologías permiten divulgar rápidamente lo que realmente significa el inexorable rodillo del Estado de derecho. Es aquí donde el autoengaño del relato se concibe como síndrome de Estocolmo. Un 72% de los neoyorquinos apoyan a OWS -un 55% entre los republicanos- pero sólo un tercio de todos los americanos (debido al desconocimiento mutuo entre las diversas regiones del país, como pasó con la demonización de los hippies). En las imágenes con las que empezábamos, aún hay muchos que ven “fuerzas del orden restableciendo la normalidad”, donde tan sólo hay matones que pegan precisamente a la gente, pacífica, que les paga el sueldo. Aún hay muchos que se creen que no hay alternativa a los recortes sociales. Pero el relato se está cayendo a trozos. En nuestra analogía, la policía son los “partidarios de Mubarak” y los manifestantes de Occupy son los “detractores de Mubarak”. Cuando los primeros intentaron expulsar a los segundos de Tahrir, no hubo tan sólo una confrontación física, sino también de relatos: la desobediencia de los manifestantes minaba en sí el mismo fundamento de legitimidad del régimen. Por eso OWS debe volver a Zuccotti.

Ahora bien, a OWS, al 15M, les puede pasar lo mismo que al 1968 parisino, el autoengaño de creerse un gran movimiento, de carácter muy estudiantil, que iba a cambiar las cosas pero que se quedó en nada -como mucho, con una victoria aplastante de Charles de Gaulle en las elecciones (les suena?). No podemos simplemente decir que no a los recortes sociales y conformarnos con las migajas que nos van dando.

We don’t want just one cake,… We want the whole bakery.
Internet: qué fácil es desmantelar el relato.

La Fiesta de la Democracia, visión subjetiva

La primera nación del mundo libre, visión objetiva

La policía también es el 99%, visión subjetiva

El inexorable rodillo del Estado de derecho, visión objetiva

La generosidad de la Primera Enmienda, visión subjetiva

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Es Felip Puig ETA?

18 octubre 2011

Ayer vi el documental de Évole sobre ETA. Llamadme de piel fina, fina, que es trenqui, pero cada vez que uno del PP o del PSOE decían que los abertzales “tenían que condenar a la violencia”, así en genérico, se me ocurría automáticamente, “también deben entonces condenar a Felip Puig?” Es que las salvajes palizas de los mossos no son violencia? Pero ya hilando fino (más allá de que a Otegi le hayan caído doce años por dos cartas más las torturas que ve el TEDH en España), es que las cárceles no son secuestros legales, los impuestos extorsiones legales, la policía unos matones legales? El Estado es tan sólo Estado porque ostenta el monopolio de la violencia legítima (Weber) y la clave está en la legitimidad que la da la gente, porque precisamente les hace olvidarse que aquello también es violencia.

La legitimación viene por una mescolanza difusa entre ideología y utilidad, ésta a la vez, positiva (los beneficios de pertenecer a la estructura) y negativa (coerción y falta de alternativas a pertenecer a la estructura). Cuando se van a pedir favores a la mafia, cuando se acude a la policía a poner una denuncia, cuando se apoya a “la lucha armada”, se legitima la violencia que ellos ejercen, eso sí, de un modo coherente. Esta coherencia al fin y al cabo es la que da seguridad jurídica (porque uno sabe ya a qué atenerse). ETA y Felip Puig son, por lo tanto, dos caras de la misma moneda y dos absolutos mafiosos sin escrúpulos.

Claro que cada estructura política tiene un respeto mayor o menor por las garantías democráticas, los DDHH y las libertades individuales. Y también está muy claro con qué me quedo, yo, entre ETA, la mafia y el Estado. Me quedo con el Estado islandés, sin Ejército y que mete a los banqueros en la cárcel, porque del español nada, ya que gracias a la buena obra de Puig se ha dado un pasito más para ya no poder distinguir qué es la mafia y qué es España.

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El bumerán de la complacencia

7 octubre 2011

I tweeted that the protest reminded me a bit of Tahrir Square in Cairo, and that raised eyebrows. True, no bullets are whizzing around, and the movement won’t unseat any dictators. But there is the same cohort of alienated young people, and the same savvy use of Twitter and other social media to recruit more participants. Most of all, there’s a similar tide of youthful frustration with a political and economic system that protesters regard as broken, corrupt, unresponsive and unaccountable.

Nick Kristof

“Pero esto es una democracia, no una dictadura!” – levantan las cejas algunos. Efectivamente, en España hay democracia: por eso se impone la reforma laboral a golpe de decretazo, se aniquila el Estado de bienestar sin referéndum mediante, la sagradísima Constitución se reforma ipso facto en pleno mes de agosto y por imposición del Banco Central Europeo, se presta unilateralmente territorio propio para el ejército imperial bajo negociaciones secretas, tenemos a presos políticos en las cárceles, se impone la ley Sinde por injerencia externa y, claro, se reprime muy franquistamente a manifestantes pacíficos haciendo uso de su muy constitucional libertad de expresión.

La democracia no es un sistema político – es tan sólo un conjunto de valores morales a los que un determinado sistema puede aspirar. Es un espectro continuo – hay países que respetan más la representatividad del poder político, las garantías constitucionales y las libertades cívicas y hay países que menos. Es obvio que China, Egipto o Brasil son menos democráticos que Alemania, Grecia o España. Pero es que en aquellos países o bien la legislación laboral mejora ostensiblemente para el trabajador, o se echa al presidente del país (porque Mubarak no se llamaba a sí mismo dictador, que yo sepa), o la clase media ya supera el 50% de su población. Unos suben, otros bajan.

Con el argumento de que vivimos en una democracia, se impone el estancamiento social. Pero una democracia no es sólo votar cada cuatro años – también se votaba en la República Romana, ya puestos- es también que la ciudadanía elija los temas en la agenda política, libertad de información y de manifestación, representatividad política. Dónde se ha elegido que la legislación laboral sea prioridad política y no que el gasto español en educación sea de los más bajos de la UE? Dónde se ha visto que un hombre controle todos los medios de comunicación de un país como Italia? Dónde se tienen medios de comunicación totalmente sumisos al poder político? Dónde no se ha impuesto la dimisión de un político corrupto y fascista como Felip Puig? Dónde se interpretan decisiones judiciales como imposiciones a la mayoría social? Dónde se pone la policía al servicio del gran capital a reprimir ciudadanos de a pie? Dónde se persigue a profesores y médicos como si fueran delincuentes y a los delincuentes se les regala dinero público a espuertas?

Sí, amigos, en nuestra querida democracia perfecta.

Lo que estamos viendo ahora es, quizá, el final de la historia como tal: eso es, el punto final de la evolución ideológica del ser humano y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno humano.

Francis Fukuyama, tonto útil

Creer en la ilusión de un sistema político perfecto es terroríficamente complaciente y verduleramente contraproducente. Lo que tenemos aquí es tan sólo un mercado político de masas y la verdad es que cada vez vamos más hacia atrás en nuestro largo camino hacia la democracia. Sentarse en el cómodo sillón conceptual del final de la historia no es más que abdicar de nuestra responsabilidad cívica de exigir que se rindan cuentas: ser ciudadanos, no idiotas. Quizá nunca debimos delegar el monopolio de la violencia legítima a un Estado que a la mínima nos vende. Esta estúpida diferenciación entre China como dictadura y España como democracia es un terrible bumerán que, una vez lanzado, se nos devuelve a vertiginosa velocidad, nos golpea al estómago duramente y, sólo entonces, vomitamos un poco de bilis a ver si, horrorizados al verla, despertamos de una vez.

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Personalmente, me da igual

27 septiembre 2011

Marx señalaba que la principal función del Estado es como preservador de los privilegios de una minoría. Sólo en casos particulares donde hay un equilibrio entre dos clases -el periodo de prosperidad occidental 1945-1975, por ejemplo, con su delicado equilibrio entre trabajo y capital- el Estado se convierte en mediador en estas tensiones. Por eso se sostenía antes el Estado de bienestar. Por otro lado, tenemos a Grecia, España, Nueva York, donde la policía se dedica a reprimir al personal que protesta por un orden flagrantemente injusto de las cosas. Hay fases en las estructuras políticas en las que éstas coordinan la acción colectiva y amplifican los beneficios de su cooperación mientras que hay otras en las que éstas se convierten en la estructura que Marx denunciaba como de privilegio y represión. Lo hemos visto muchas veces – casi podríamos decir que es su dinámica natural. Y ahora nos encontramos con esto: la sociedad del turbocapital como estafa colectiva a gran escala en las que unos siempre ganan y los otros siempre pringan. Lo que era una simbiosis ha pasado a ser parasitismo.

Personalmente, he estado soñando con este momento desde hace tres años. Tengo que confesarlo, yo me voy a la cama cada noche soñando con una recesión, soñando con un momento como éste.

Alessio Rastani

Pero lo más sorprendente no es esto: es el hecho de que quiénes se benefician a espuertas de este particular orden de las cosas no creen absolutamente en él ni en su supervivencia. Les da igual. A Esperanza Aguirre, a Artur Mas o a Alessio Rastani. Por ellos, se podría ir al garete, pero sus beneficios seguirían intactos. El Estado ya no es lo que era: una estructura de represión destinada a transferir el dinero de los productores a unos pretendidos gestores. Ahora, los que teóricamente eran gestores según la narrativa oficial se dedican a desmantelar la res pública y a beneficiarse de este asesinato premeditado. Casi mejor que se queden el invento y busquemos por nuestra cuenta fórmulas económicas alternativas.

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Mubarak, Gadafi, Artur Mas

27 mayo 2011

Los tres disuelven violentamente manifestaciones en su contra, porque no les interesa tolerar el derecho a reunión, número 20 de la declaración universal de los derechos humanos, imprescindible en cualquier sistema que se quiera llamar democrático. Ni el 21 de la Constitución Española a la manifestación. Son, por lo tanto, gobiernos ilegítimos que tienen que ser derrocados.

Democracia no es sólo votar cada cuatro años. Es que esto es lo de menos – era justo contra lo que nos manifestábamos: es mucho más que eso. Si no hay debate ciudadano, si no hay intercambio constructivo de propuestas al pie de la calle, no hay democracia. Si no hay un control ciudadano de los temas de la agenda política, no hay democracia. Si no hay transparencia en la información como ahora no pasa con TV3, no hay democracia. Son estos criterios lo que diferencian lo que nos están intentando colar a golpe de porra -un mercado político de masas en plena crisis económica sistémica– de una verdadera democracia, a nivel tanto político como económico.

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.” Mahatma Gandhi

Lo que consiguen es partir la sociedad en dos: los que simpatizan con el diálogo de los manifestantes y los que simpatizan con el monólogo de las porras. Cada vez menos, los segundos pueden aducir, de un modo totalmente despectivo y denigrante (para ellos mismos), que los manifestantes son cuatro perroflautas sin objetivos. En plaça Catalunya, vi al quinto académico de ciencias sociales más citado del mundo, Manuel Castells, a un doctor en economía y activista por la paz como Arcadi Oliveres, al conocidísimo antropólogo urbano Manuel Delgado, a expertos en democracia económica como Toni Comín o en renda básica como David Casassas. No sólo esto: un amplísimo colectivo de ciudadanos debatiendo, argumentando, escuchando, es decir, pasando por la sana experiencia política de la democracia. Al otro lado, justificando los prontos dictatoriales mubarakianos del president del tres per cent, tenemos a conocidos intelectuales como Pilar Rahola o Josep Cuní. Qué combate tan igualado, digo, porque de un lado está el miedo. El miedo tan humano al cambio, que provoca actitudes reaccionarias con un tono entre escéptico y de burla, es el sustento básico de las dictaduras. Sea en Egipto o sea en Catalunya. Franco también decía que lo suyo era democracia orgánica.

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Ni putas ni sumisas ni racistas

10 mayo 2011

Viendo la propaganda electoral racista de la aún no ilegalizada (y podemos esperar) Plataforma per Catalunya, uno recuerda el movimiento feminista con origen en París que se rebeló tanto contra los orwellianos cánones de belleza occidentales –ni putas– como contra el sometimiento a las normas tradicionales islámicas –ni sumisas. Pero yendo más allá, cuando nos acordamos de que lo que decide si un inmigrante es regular o irregular no es ninguna esencia milenaria sino nada más que un convenio –la ley de Extranjería-, que resulta que con sus arbitrariedades contrarias a los derechos humanos crea una enorme bolsa de trabajo de trabajadores sin derechos laborales ni políticos listos para ser explotados en el 23% del PIB español, que es lo que representa la economía sumergida.

El PPSOE es delictivamente permisivo con la economía en negro, auténtica lacra de Europa del Sur (76000 millones de euros que dejamos de ingresar): el PPSOE no persigue el fraude fiscal y además crea la figura jurídica del inmigrante sin papeles ni derechos – la mano de obra que sustentó el boom inmobiliario español, el “ascenso de nuestra economía con los grandes de Europa” y la garantía de la sostenibilidad de las pensiones y el conjunto del Estado de Bienestar. Y etcétera. Los inmigrantes constituyen una de las bases fundamentales de la pirámide social española; el PPSOE esto lo sabe, pero insiste en un discurso xenófobo que no sólo es criminal, sino también groseramente cínico e irresponsable a nivel económico.

Pero son extremadamente efectivos cuando apelan a las emociones de los trabajadores de clases bajas, que se encuentran compitiendo por los mismos recursos que los inmigrantesno es una cuestión de racismo cultural o étnico (un factor secundario), sino el resultado de un conflicto social. Pero este conflicto social esconde una enorme falta de conciencia de clase: tanto autóctonos como inmigrantes comparten intereses económicos contra una élite que parasita su fuerza de trabajo, creando un sistema social injusto con los trabajadores -independientemente de su nacionalidad- dedicado a preservar los privilegios oligárquicos.

Si a uno le meten en una jaula con un león, obviamente el primer impulso será cagarse en el león, pero el responsable último del marrón es el diseñador de la jaula, que resulta que es el mismo que me ha metido dentro apuntándome con la pistola. En todo caso, podríamos hacer lo mismo con los propagandistas racistas del PPSOE que lo que hacía mi profesora de inglés cuando pedía un voluntario y algún listillo corría a señalar a un compañero, que le tocaba al listillo hacer de voluntario: expulsar del país a la gente que exija expulsar a otros.

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Oda a Mourinho

28 abril 2011

No deja de ser curioso que encontremos belleza en un trozo de lienzo, una pared pintada, una secuencia de sonidos, una lucha de gladiadores o en el fútbol. Es comprensible ver belleza en el cuerpo humano por razones psicobiológicas, pero ¿qué tiene que ver la Capilla Sixtina con la selección natural? ¿Por qué las pinturas de Michelangelo son capaces de desencadenar una tormenta de neurotransmisores de placer en nuestro cerebro? Quizá es porque, sumiéndonos en el estado anímico que nos dejan, aprendemos nuevas cosas, y así “mejoramos” y nos adaptamos mejor al medio en plan discípulos de Darwin. Ni idea, sólo una hipótesis, pero es que estrictamente un Rothko es tan sólo rectángulos de color y mira que es bonito.

En el fútbol sí se pueden establecer razonamientos más claros, porque las habilidades que se necesitan en el campo (agilidad, precisión en el lanzamiento a distancia, coordinación a nivel colectivo del grupo) son esencialmente las mismas que las empleadas cazando, principal actividad del macho durante el Paleolítico (un 95% de la historia humana, el periodo cuando se gestó nuestro cerebro). Uno vería belleza en el excelente empleo de estas habilidades. Vaya, el fútbol que practica el Barça, considerado unánimemente como “el mejor de la historia”. No sólo eso, sino que además el entrenador de la casa es todo un caballero, diplomático y respetuoso con los demás, autocrítico y obsesionado con el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la disciplina, vaya, todo un conjunto de valores que un honrado trabajador, hombre de bien y fiel votante de Convergència se enorgullecería de poder transmitir a su hijo.

Todo esto sería motivo de auténtica emoción y lágrimas si detrás no hubiera un descomunal circo mediático-económico que representa el principal sustento de los medios de comunicación (Prisa, Mediapro), que a su vez se dedican a adoctrinar a los consumidores-votantes de la empresa ideológica-partido de turno, fundados en estas estrechas relaciones de simbiosis tan hispánicas entre González y Prisa, Zapatero y Mediapro, Aznar y Unidad Editorial, donde las victorias electorales determinan el ascenso de determinados grupos mediáticos… Si a eso le sumamos el patrocinio de las cervezas (claro, lo que se consume mirando el partido), alcohol que es aletargador y depresor, pues obtenemos que el fútbol es el opio del pueblo y pan y fútbol y etcétera, toda una industria futbolística sustentada por los espectadores-consumidores y que crea puestos de trabajo (según el modélico mercado de trabajo español) para honrados trabajadores como Eduardo Inda, Roncero, Bañeres o Lluís Canut. Pura economía productiva basada en el conocimiento. Nada nuevo bajo el sol. Zapatero aprobó los recortes al Estado de Bienestar más salvajes en democracia el día del debut de España en el Mundial. No hase falta desi nada más.

Con el habitual gregarismo del ser humano, siempre necesitado de filiaciones grupales, se entiende la dialéctica bélica, gladiadora, nacionalista y tribal que se emplea, un modo de unir al grupo contra un enemigo común, puro parroquialismo altruista (el eterno rival, etcétera). De hecho, desde este punto de vista el deporte es una sana vía de escape de lo que antes se iba para guerras y batallas. Ahora bien, en este contexto económico de crisis uno sólo puede tomárselo en coña, porque ahora los bancos que no sueltan créditos para las pymes ni patrás le dan unos millonajos de nada a Florentino para que pueda construir un equipo para simular que la Liga Española aún es competitiva y así todos menos nosotros puedan seguir ganando dinero.

Pero no íbamos a hablar de la receta de las sopas de ajo. En un extremo está la virtuosidad de Guardiola, alabada por todos pero lámpara de neón que atrae fatalmente a los seguidores como mosquitos y uno se olvida de lo mal que está el mundo. En el otro, está Mourinho, este personaje victimista y teatrero que con sus planteamientos ultradefensivos y broncos consigue terminar siempre los partidos con diez. Pero Mourinho no es el antifútbol, como han dicho tantos; al contrario, es precisamente la mejor definición del fútbol: un sano deporte ahora convertido en industria turbocapitalista y, como tal, obsesionado con los beneficios a corto plazo y por lo tanto, resultadista al máximo, independientemente de los métodos usados. Con sus habituales exageraciones fuera de tono en las declaraciones de prensa está, en el fondo, desenmascarando lo ridículos que pueden llegar a ser los discursos (por pretenciosos) que habitan en esta industria que no produce nada más real que nuestra alienación personal. Nos está diciendo que el emperador va desnudo.

Sacando las cosas un poco de quicio, Mourinho es más Rem Koolhaas que Santiago Calatrava. Los dos arquitectos plantean proyectos muy poco funcionales y que terminan con gigantescos sobrecostes, sí, pero Calatrava construye obras faraónicas destinadas a satisfacer el ego de políticos con pretensiones de estadista mundial y llenar los bolsillos de los constructores (normalmente todos amigos entre ellos, claro está), aunque incurra demasiado habitualmente en formas espectaculares pero totalmente inútiles para el usuario, sin ir más lejos como la cubierta de losetas de vidrio del puente de Zubi Zuri en Bilbao (ocasionando resbalones y caídas cuando llueve…), etcétera. Al contrario, Koolhaas es un arquitecto esencialmente postmoderno que con sus planos se ríe sarcástica y continuamente del ego del que le paga, seguramente obsesionado con obtener estatus social contratando a un arquitecto de prestigio. Koolhaas, como Mourinho, se ríe en la cara del emperador, repitiéndole de modo siempre más explícito que va desnudo, jugando al límite para ver cuándo despertamos de una vez.

De este modo, a veces uno piensa si, en pleno arrebato poético, la persona que hay detrás de este artificial personaje que es José Mourinho no es más que un secreto justiciero quijotesco que, sacrificándose él mismo cayendo tremendamente antipático, busca destruir el fútbol, hacerlo mortalmente aburrido y así eliminar el circenses de la ecuación que entonces adormecía al pueblo del Imperio Romano, para que nos terminemos planteado si realmente pasarnos cuatro horas semanales delante del televisor vale la pena y si no sería mejor apagarlo, coger un buen libro o ponerse a pintar, en suma, construir un mundo más creativo y con más espíritu emprendedor. Matando al fútbol, Mourinho está determinado en conseguir una sociedad mejor. Lo hace por nosotros.