Posts Tagged ‘antipropaganda’

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Esperanza Aguirre, la empanada del parásito

19 septiembre 2011

«Si la educación es obligatoria y gratuita en una fase, a lo mejor no tiene que ser obligatoria y gratuita en todas las demás fases» 

Esperanza Aguirre

Esperanza Aguirre es una gran estratega política, de ésas que te apuñalan por la espalda después de firmar un pacto de gran calado donde has bajado la guardia, al modo más romano o ya directamente visigótico. Pero esto no quita -en absoluto- que sea, como buena nacionalista de derechas, un auténtico parásito del Estado que ella misma quiere desmantelar: se ha pasado toda la vida cobrando del erario público, al igual que la mayoría de sus consejeros, para precisamente destruir lo que tenía que ser la res publica y ahora tan sólo es el zombie que sostiene artificialmente los monopolios que casualmente resultan ser propiedad de los amigos de Esperanza.

Pero es que la educación no es gratuita para nada. La pagamos entre todos con nuestros impuestos. Sólo es gratuita para quien defrauda: ¿cómo es que ella piensa exactamante esto?

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9/11: Blowback

12 septiembre 2011

The term «blowback», which officials of the Central Intelligence Agency first invented for their own internal use, is starting to circulate among students of international relations. It refers to the unintended consequences of policies that were kept secret from the American people. What the daily press reports as the malign acts of «terrorists» or «drug lords» or «illegal arms merchants» often turn out to be blowblack from earlier American operations.

Chalmers Johnson, Blowback

En el término blowback no hay nada justificatorio para los crímenes de terroristas, cárteles de la droga o mercaderes de armas ilegales. Obviamente, en el plano moral está bien claro quién tiene la culpa del 11-S, como quién tiene la culpa de ordenar la invasión de Irak o asesinar a bin Laden: es quién aprieta el gatillo y pilota el avión. Pero esto no quita -en absoluto- que la política internacional de Estados Unidos sea la responsable directa de crear un caldo de cultivo violento y radical, presto a la venganza contra los excesos del Imperio.

La principal narrativa imperial a la que se refiere Johnson es maniquea, falsa e hipócrita – esto es lo más ofensivo para los no-americanos. Está sustentada por una continua propaganda que lava el cerebro al americano medio, tradicionalmente obsesionado con el control del déficit público, para que éste pueda llegar a justificar su tremendo gasto militar y al mismo tiempo las continuas injerencias en la soberanía de Estados ajenos, lo que constituye un auténtico comportamiento imperialista de carácter neocolonial. Estados Unidos presenta a los regímenes no alineados con ellos como Estados canalla dirigidos por locos excéntricos -no es que esto tenga su parte de verdad- pero obvia totalmente, sin ir más lejos, que Irán o Corea del Norte ven continuamente amenazada su propia integridad territorial, cuando están a 10.000 kilómetros del país que los amenaza con bombardearlos -de modo bastante real y probado, viendo Irak, Afganistán y Libia.

Para Irán, la bomba atómica es un mecanismo de auto-defensa – sólo pueden atacarle ahora que no la tiene. Corea del Sur, una dictadura militar teledirigida por los Estados Unidos hasta el 1992, hospeda multitud de bases americanas y se dedica a maniobras militares de prácticas ostentosamente agresivas con Corea del Norte. También los serbios padecieron un exterminio étnico durante las guerras balcánicas, pero Milosevic era el malo y Tudjman -igual de criminal de guerra que el primero- y Thaçi -paramilitar traficante de órganos de prisioneros serbios y ahora primer ministro de Kosovo-, los buenos. El atentado de Lockerbie ordenado por Gadafi fue una respuesta al bombardeo de Libia por Reagan el 1986. No se trata de participar del discurso antiamericano enumerando la larga lista de dictaduras en Sudamérica, África y Asia patrocinadas por Estados Unidos, sino de señalar lo arbitrario, parcial y profundamente injusto del discurso del Imperio, del cual España también es mero satélite.

Using the low-end estimate of 110,000 dead civilians in Iraq war, Iraq has suffered a «9/11» once every 83 days since March ’03. Adjusted for population, the social impact is more like a 9/11 every 18 days.

Dan Murphy

Es aquí que las muestras de dolor por las víctimas del 11-S se vuelven, irónicamente, escatológicas y casi ofensivas, sobre todo cuando uno compara la respuesta americana al atentado (dos guerras, asesinato de los culpables) a la española (retirada, juicio de los culpables). ¿Es que acaso valen más los muertos estadounidenses que los irakíes, chilenos o nicaragüenses? Exigir nuestra empatía sólo puede pasar al mismo tiempo por la actitud coherente, legítima y valiente de reconocer al cien por cien el comportamiento bronco y matón del Imperio Americano. Es que fue precisamente este comportamiento que puso a las víctimas en el centro de la diana. Además, cabe preguntarse también lo útil que le es esta estrategia de policía del mundo al Imperio: no sólo le da impopularidad, sino también paro estructural – sin ir más lejos la mayor parte de la industria manufacturera se ha desplazado a Asia. Es lo que Paul Kennedy llama «imperial overstretch«, la forma definitiva de blowback.

El origen del paro y el déficit en EE UU se puede remontar a las guerras en Afganistán e Irak.

Joseph Stiglitz, El precio del 11 de septiembre

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Los recortes sociales son de izquierdas

18 julio 2011

La crisis empezó en Wall Street, está claro. Pero una vez los bancos cierran el grifo del crédito y van a las inversiones más seguras (que los bancos tuvieran estas funciones era parte intrínseca del sistema que mucha gente -no todos- aceptaba, beneficiándose también), las más arriesgadas se resienten y esto se convierte en una crisis de deuda: una inversión poco segura son los bonos de los países del sur (Grecia, Portugal, España, Italia) más Irlanda, los PIIGS. Por un lado, Irlanda tuvo que ser rescatada por las pérdidas de sus bancos, pero los países del sur comparten las mismas características: una (in)disciplina presupuestaria muy pero que muy chunga, gastar mucho más de lo que uno ingresa, ya que, claro, por algo tenemos los fondos de cohesión europeos y tanta inversión extranjera.

Y, sobre todo lo demás, [Italia] es un país con una economía extraña, casi incomprensible, un caso casi único de burocracia y derroche, desempleo bajo y ocupación todavía más baja (el 50% de las mujeres no trabajan), deuda pública estratosférica (1,89 billones, el 120% del PIB) y crecimiento casi nulo (un 0,2% acumulado desde 2001 hasta ahora, solo mejor que Haití y Zimbabue), déficit moderado (4,6%) y actividad sumergida a espuertas. Como en España, o más.

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales, según las estimaciones de diversas asociaciones de comerciantes y de la patronal, Confindustria. La corrupción cuesta cada año, según el Tribunal de Cuentas, 70.000 millones de euros. Y la evasión fiscal, según ha declarado Tremonti hace unos días al Financial Times, se eleva a 150.000 millones. «Increíble», apostillaba Tremonti, como si las tres amnistías fiscales que su Gobierno ha aprobado en nueve años no las hubiera hecho él.

Compartimos un fraude fiscal espectacular (un 23% del PIB en el caso español, diez puntos por encima de la media europea) que lastra los ingresos del Estado y un gasto que va entre el derroche en obras faraónicas (AVEs lo contrario de rentables, Ciudades de las Artes y las Ciencias, Madrid olímpica, etcétera) y un Estado de bienestar infradesarrollado (nada de inversión en I+D, universidades endeudadas, sanidad paralizada). Con estas cuentas, no me extraña que nadie quiera invertir ahora en España.

Cuando uno tiene pérdidas, para equilibrar el presupuesto o bien subes los ingresos o bien bajas el gasto: lo primero se consigue o bien aumentando los impuestos (justo lo opuesto de lo hecho por el Zapatero de «lo que hay es una pequeña desaceleración económica, no crisis») o bien endeudándose con la emisión de bonos (lo que crea inflación -de momento muy controlada- y, claro está, uno contrae deudas con los buitres mafiosos de Wall Street, que no es tan divertido el keynesianismo de a la larga estaremos todos muertos y podemos aumentar el déficit tanto como queramos) o bien vendiendo activos (es decir, privatizando). La otra opción es reducir gastos: menos universidades, menos hospitales, menos pensiones, y no mola nada.

Pero también menos Ejército (9000 millones al año) o menos Iglesia Católica (6000 millones al año): el primero constituye un 4% del PIB y vender toda la maquinaria bélica (¡privatizarla!) a los chinos daría un respiro a las cuentas. Igualmente, lo ahorrado por los recortes a universidades catalanas equivale a lo perdido por la supresión del impuesto de sucesiones, unos 400 millones que se imponían a pocas familias. Según su peculiar idea de lo que es «defender a Catalunya», CiU, cuando toca recortar, quita ingresos -impuestos- y se ceba con los servicios sociales, olvidándose oportunamente de las generosísimas inyecciones de dinero público a constructoras y bancos. Y es que cuando toca equilibrar presupuesto, mucho mejor si lo hace alguien con sensibilidad de izquierdas (y no me refiero a la centroderecha con un tarro de vaselina retórico al lado) que de derechas (tradicionalmente derrochadoras, sólo hay que ver el déficit causado por Berlusconi, Reagan o Bush y el superávit de Solbes, Prodi y Clinton). No sólo toca tener una presión fiscal de características europeas para poder ofrecer unos servicios europeos -recuperación del impuesto de patrimonio, de sucesiones, sociedades y el tipo máximo del IRPF-, sino también imponer una racionalización de la Administración: menos y más eficiente.

Cuando el PSOE ha tenido que equilibrar presupuesto, ha ido a lo fácil, es decir, al pequeño y débil: más impuestos regresivos (IVA…) y menos servicios sociales. Lo que haría cualquier partido de derechas. Pero la crisis reclama una revisión de las prioridades, preguntarse si este modelo productivo tiene sentido en el contexto de la globalización, y acometer reformas no sólo al nivel más bajo, sino también al nivel más alto, que es lo difícil, lo valiente -el problema que hemos llamado de Indiana Jones. ¿De qué sirve un Parlamento con 350 diputados con sus dietas y beneficios si al final todos votan al unísono de lo que les manda el portavoz de su partido? La «racionalización de la Administración» no es un eufemismo, y conlleva cambios importantes y extensivos a todos los niveles: el gobernante izquierdoso redistribuirá de un modo mucho más justo el esfuerzo con el que todos pagamos la crisis; hará recortes, sí, pero también en la construcción del AVE a Albacete, del que sólo se beneficia el constructor Florentino Pérez.

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Crónicas de un enfermo

26 junio 2011

Las cosas terrenales que le rompen a uno la periodicidad en el blog, primero el sónar y después la resaca más larga y dura de mi vida, tanto que casi me recordaba a otra cosa. En todo caso, en la enfermedad gastroenterítica -mi cuerpo sólo pide una cosa y no es zumo de naranja- a uno le golpean severos momentos de agrietada lucidez, y es que la semana ha dado de sí. Aquí unos apuntes.

Primero, que el descerebrado de Puig, el ahora claro fabricador de la supuesta violencia de indignados contra políticos (porque las pruebas en el otro sentido casi sobran) sigue sin dimitir, humillando la institución de Claris, Macià, Companys, Maragall y mía y tuya. Que el gobierno de CiU, debidamente masajeado por la muy crítica (risas enlatadas) prensa del régimen (que le pone un seis a un gobierno fascistoide y corrupto), y del brazo armado del FMI –oséase, el PSOE- siguen aplicando a rajatabla las recetas económicas de un acusado de violación e insigne socialisto, es decir, recortar, recortar y recortar hasta que del jardín epicureísta del placer que antes confundíamos con Estado del bienestar sólo quede un mísero bonsai raquítico en rigurosa aplicación de los preceptos de Friedman, escuela de Chicago (donde también se formó el recién preso gángster «Whitey» Bulger, por cierto). Los preceptos de Friedman son claramente y honesta anti-inflacionistas y para eso apoya una política monetaria conservadora, que no tire del déficit presupuestario alegremente que a la larga esto no se ajusta solo. Cuando haya crisis, recortar de lo habitualmente poco competitivo (sector público), poca fiscalidad y que el esfuerzo de los emprendedores haga girar de nuevo la rueda de la fortuna.

Comenzamos la semana con la intolerable insubordinación de esa agencia de rating llamada S&P al advertir sobre la posibilidad de arrebatarle la triple A al Gobierno estadounidense: ya saben, una parte del oligopolio privado de las agencias de calificación amenazando a quien ha creado y sustenta ese oligopolio privado. Enternecedor.

Juan Ramón Rallo, jefe de Opinión de Libertad Digital

El problema de fondo es que las medidas no van dirigidas a estos propósitos.

Las prioridades son otras: una y principal, el dedicar recursos al pago de la deuda (o más bien de sus intereses). Los grandes bancos europeos – alemanes, franceses, holandeses, hasta españoles- constituyen los acreedores principales de estos países periféricos y quieren cobrar sus préstamos y a ell se subordinan las otras finalidades posibles y deseables.

Miren Etxezarreta, No puede ser de otra manera. ¿Economistas de sesgos opuestos de acuerdo? ¿En qué mundo vivimos?

No estamos delante de «preceptos neoliberales de la escuela de Chicago» que consisten en dolorosos recortes que se tienen que aplicar por una supuesta responsabilidad política. No nos engañemos: es la ley al servicio del privilegio. Al mismo tiempo, Zapatero y Mas han reducido ingresos a las arcas del Estado mediante la supresión de impuestos (sucesiones, sociedades, patrimonio, etcétera) y han hecho caso omiso de los diez puntos que le sacamos a la media europea en fraude fiscal. Han situado a España en el segundo puesto de presión fiscal sobre los salarios. A nivel psicológico, para ellos, estas medidas -que unos dirán draconianas y obligadas y yo llamo a secas estafa monumental- son la única opción viable, consistentes a nivel ideológico y debidamente indicadas por los lobbies de turno. Son los de arriba contra los de abajo, pura lucha de clases.

Los griegos, que salían de décadas de pobreza, se lanzaron encantados a la fiesta y compraron coches y electrodomésticos alemanes con créditos alemanes. Y a los franceses les compraron, entre otros muchos juguetes militares, submarinos carísimos. Y todo ese cambalache fue engrasado con abundantes comisiones para los partidos.

Costa-Gavras, lúcido: Ha habido griegos corruptos y alemanes corruptores. Sustituya griego por español a ver qué pasa.

La cuestión es que estamos repitiendo de modo horrible el escenario que dio paso a la Gran Depresión en Europa: todo el mundo quiere cobrar hasta el último céntimo de sus deudas – ¿acaso romperá la avaricia el saco? Los bancos, origen de la crisis, quieren cobrar la deuda sí o sí, ni oír hablar de reestructuración, como indican los economistas sensatos; Obama, Sarkozy y Merkel les cubren, porque los bancos habitan en el mismo núcleo del sistema económico del país -son sus hiperhubs y  el mismo petróleo del sistema. Pero en esta avariciosa insistencia, se insiste en la paradoja que señala Etxezarreta: se coloca a los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España) al borde de la estancación económica total (paro, miseria, pesimismo) con el único fin de que devuelvan los intereses de la deuda y cuadren las cuentas a los bancos americanos, franceses y alemanes. Ésa es la vía para sanear el sistema que han encontrado las luminarias de Princeton y la London School of Economics.

P: ¿Se le ocurre cómo pasará Zapatero a la historia? ¿Como Alexander Dubcek, el soñador de la Primavera de Praga, o como Juan Negrín, odiado incluso dentro de su partido?

R. Será recordado como Gorbachov, rechazado en su país y admirado fuera. Yo suscribo toda su primera legislatura, en materia de avances sociales y libertades personales. En la segunda no dio pie con bola.

Joaquín Sabina, visionario si uno sabe bien lo que hizo Gorbachov con la URSS

Con la venia de las oligarquías locales, claro está, porque ya van a sacarle el jugo. ¿De qué cojones sirve una reforma laboral, señor Zapatero, tan necesaria que hizo aumentar el paro? ¡El País Vasco, con la misma legislación laboral, tenía el paro en la media europea! Quizá valdrán soluciones más o menos coyunturales como la del muy radical (risas enlatadas) Arcadi Oliveres -reducir la jornada laboral- que ya ha apadrinado el degano del Colegio de Economistas de Catalunya (redujo en dos millones los parados franceses en el año que se aplicó). Pero si uno tiene cabeza, la ley importa poco, porque es papel: al final lo que importa es lo que hay, que es el tejido productivo: una economía basada en el conocimiento y la participación democrática, puros generadores de valor añadido, valorará a sus asalariados, dará crédito a los emprendedores, y no dedicará a empobrecerlos como se explica tan bien aquí, siguiendo un modelo bastante perspicaz basado en turismo -sin valor añadido- y ladrillo -corruptor.

Pero es que nosotros seguimos aquí, con unos medios de comunicación entregados a las élites de este país, que no dudan en decir Diego donde dijeron digo en espectaculares mourinhismos discursivos de carácter tribal –yo soy de KAS naranja y tú de KAS limón, y tan cómodamente están en su sillón que no dudan en calumniar y ridiculizar los pocos soplos de aire fresco que brotan en este país (quedando ellos como soberanos gilipollas, dicho de paso), sí, amigos, el 15-M, cuna de la creatividad y la iniciativa política del ecuador de este año.

Entre los tres días de sónar y los seis de resaca pude asistir a la muy masiva manifestación de Barcelona del 19 de junio, declarando con mi presencia (y sin voz) que ya no quiero que me traten como el idiota que La Vanguardia insiste que soy, que no aprueben reformas de instituciones anticuadas como es el matrimonio en Nueva York mientras la deuda pública americana se amontona, gigante, que el debate no sea si unos estúpidos diez kilómetros por hora mientras legalizan la mayor estafa jamás montada: idiota, etimológicamente, es aquel ciudadano que ignora su responsabilidad cívica, que decide no meterse en el ágora y debatir los asuntos públicos, aquél que delega su deber político en otros. El 15-M, apoyado por la mayoría social, es la respuesta espontánea del que se sacude la etiqueta de idiota, del que se reapropía de la política, contra la pérdida de legitimidad de la democracia capitalista, un sistema obsoleto basado en instituciones del siglo XIX, dedicadas ahora como antes en la Revolución Francesa a consagrar privilegios de castas que no se lo merecen.

[…] (es) la crisis de un modelo socioeconómico agotado. El que combinaba liberalismo económico con una democracia de ambiciones igualitarias. […] Hoy tenemos suficientes indicios para afirmar que el capitalismo financiero globalizado en sus mercados es incompatible con el grado de democracia política y de bienestar social que habían tolerado hasta ahora. Esto obliga a optar: menos democracia para asegurar la continuidad de este modelo económico o corregir el modelo económico para preservar el máximo de democracia y de justicia social.

Josep Maria Vallès, catedrático de Políticas, ex conseller y muchas cosas más: Por qué voy a la manifestación

¿En qué lado estás tú, en esta crónica de un -sistema- enfermo?

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Ya está: ya tienen lo que querían

15 junio 2011

Cuando tenía dieciséis años, fui a una pacífica manifestación de carácter lúdico-festivo, en Barcelona, contra las políticas neoliberales del Banco Mundial, en el 2001. Se leyó un manifiesto en plaza Catalunya y, acto seguido, la policía -siempre con una actitud claramente intimidatoria- cargó contra los manifestantes. Detuvieron a curas, abuelas con sus nietos, mujeres embarazadas – el típico perfil del violento antisistema. Y toda esta carga, enésimo ejemplo de brutalidad policial, porque -lo recuerdo perfectamente- había unos veinte energúmenos encapuchados al inicio de Passeig de Gràcia, claramente separados de los manifestantes, rompiendo escaparates. ¿Por qué fue la policía tan enormemente incompetente para no detener a esa veintena de descerebrados y dejar discurrir la manifestación pacíficamente? ¿Es que no les enseñan métodos para hacerlo? ¿Para eso les pagamos? Muy fácil: porque en este grupo había policías infiltrados con la única función de reventar la manifestación. La verdad es que era tan evidente como fue insultante después de ver las declaraciones de los políticos de turno condenando la violencia y tal: hombres saliendo directamente de los furgones policiales con indumentaria antisistema, con bates, barras de metal y otras armas no reglamentarias, destrozando aparadores y justo después deteniendo a quién los fotografiaba (y, claro está, rompiéndoles la cámara en el proceso).

«Son sólo unos cuantos los que la están liando. Son los de siempre, no creo que el movimiento del 15-M tenga que estar representado por este tipo de gente». Albert Rivera, Ciutadans

La verdad es muy clara: sea la Ochrana zarista, los grises de Franco o los mossos de Puig, desde siempre que la policía se ha infiltrado en manifestaciones, para información y para reventarlas -donde reventar significa ser violento e incitar a la violencia los que te rodean, envalentonados (porque obviamente no todos los violentos son policía). Desde el punto de vista pro-sistema, sería preocupante si no lo hicieran, de hecho. El desalojo encubierto de plaza Catalunya del 27-M fue planificado; se sabe –las cargas fueron una hora después de que los coches de limpieza abandonaran la plaza– con el único fin de incitar a la violencia de los manifestantes y poder sacar en todos los medios de comunicación una foto de algún camión quemándose y tal, y así desacreditar el movimiento. Siempre ha sido así. Pero todas las Asambleas, las de barrios, Sol, Catalunya, Valencia, ésa en la que he asistido hoy en Ciutadella, han sido muy tajantes en eso: no a la violencia. Se han citado los métodos pacíficos de Gandhi varias veces -hasta se ha mencionado su doctrina: la satyagraha. El 15-M ha tardado poquísimo en desmarcarse de estos actos violentos, con los que los medios ya intentarán etiquetarnos siempre. La protesta de hoy ha sido desorganizada y por lo tanto vulnerable a las acciones de descerebrados e infiltrados – esto tiene que cambiar, seguro, si nos dejan, porque si no la legitimidad de las reivindicaciones -hasta ahora indiscutible- se pone en duda.

“(Les agressions) han estat de grups de persones que eren aquí. Però nosaltres ens organitzem col·lectivament i qui surt de les consignes, actua individualment”. Pau Simarro, indignat

Pero es que ahora, hasta con estas explicaciones, estas disculpas, esta apología de la no-violencia, -necesarias, eso sí- estamos desviando el tema: ¿dónde estaban el 27 de mayo los que ahora se llenan la boca con vagas defensas de la democracia y rechazos a la violencia? Sí, ésos mismos que ahora ejecutan las órdenes del poder financiero, rechazando que la devolución de la vivienda salde la hipoteca (la famosa dación en pago, que de hecho tendría que ser uno de los puntales de las exigencias del 15M) o la publicación de listas de defraudadores de Hacienda. ¿Es que las porras de los mossos, los continuos desahucios, los trabajos precarios, los brutales recortes sociales, las disminuciones de salario a los que operan nuestros padres y educan a nuestros hermanos, no son acaso violencia? ¿A qué lado estabas entonces, Atur Mas? ¿A qué lado estabas cuando Felip Puig no dimitía por ordenar palizas a los que le pagan el sueldo? ¿A qué lado estabas cuando tu partido aprobaba cuantiosas ayudas de dinero público a bancos quebrados, a constructoras mediante licitación de infraestructuras nada rentables, a concesionarias de autopistas, a cada uno de estos oligopolios que los ciudadanos tenemos que sostener con nuestro propio dinero… ¿a cambio de qué? De un trabajo precario, sin futuro, sin oportunidades en un sistema que no nos escucha y si gritamos, nos insulta. Cada vez más queda en evidencia que los canales institucionales, los tradicionales, están totalmente agotados, delante de una transición a un sistema, ese neofeudalismo del turbocapital, que consiste en un conjunto de oligopolios sostenidos por el poder político – una gigantesca estafa de la cual nosotros somos su base y apoyo, pero involuntario. La consolidación de esta estafa a gran escala era lo que se debatía en el Parlament hoy.

Todo, al fin y al cabo, depende de la narrativa de quién tiene la legitimidad y quién se la cree. El Parlamento es el reflejo de la soberanía popular y las fuerzas de seguridad son sus ejecutoras y etcétera. El poder del monarca absoluto emana de Dios. Senatus Populusque Romanus: el Senado y el Pueblo Romano (SPQR). ¡Todo el poder para los soviets! En definitiva, la sociedad es tan sólo una correlación de fuerzas  entre varios colectivos de personas -una lucha de clases- y hay algunos que ejercen el poder desde una narrativa que les confiere una legitimidad porque hay gente que se la cree. No deja de ser curioso, de hecho, lo frágiles que son las instituciones humanas y lo duraderas que pueden llegar a ser. Pero siempre ha sido así: en la República romana también se votaba a los políticos y también había Senado, ¿era entonces una democracia? La Constitución de la URSS era federal, ¿también en la práctica? La gente se lo creía, ¿entonces sí? Hemos mejorado claramente, pero no cambiado tanto: se trata, simplemente, de que no haya excesiva acumulación de poder ni económico ni político – poner en práctica el sistema de checks and balances, la esencia multipolar de lo federal.

Ahora estamos con un Parlamento dominado por un partido con un 16% de apoyo entre la población (problema para la legitimidad 1) y con la voluntad de desmantelar un Estado de bienestar que emana de un pacto constitucional (problema para la legitimidad 2), es decir, de un consenso básico de las distintas fuerzas sociales y todo esto en un contexto económico de falta de oportunidades que estas reformas amenazan de consagrar (problema para la legitimidad 3). En esta situación, ¿de qué van, con esta chulería que les da tener el monopolio de la violencia, pero cada vez menos legítimo?

«Se han traspasado las líneas rojas» Atur Mas, «pecident del govern dels millets»

Celebro que Mas entre en razón, que vea que los poderes fácticos, la élite politico-financiera, están cruzando todas las líneas rojas. Están derrocando el Estado de bienestar porque pueden y los ciudadanos nos descubrimos impotentes y expropiados delante este chantaje. Celebro, además, que Mas defienda la democracia y se postule en contra de la violencia, alineándose así con el movimiento 15M. Supongo que el próximo paso será aprobar la nueva ley electoral, más participativa, que ellos bloquearon en su momento, meter a Felip Puig en el trullo y cambiar hacia políticas más transparentes y no las habituales de la sociovergencia y etcétera. ¿Ah no, que era al revés? Puro lenguaje orwelliano, entonces. Las actuaciones de la policía contra sectores más amplios de la sociedad, la demolición del actual sistema social, la ley siempre al servicio del oligopolio; cada uno de estos hechos deslegitima el sistema a ojos del ciudadano de a pie, lo sitúa al límite de la indignación, viendo cómo las instituciones, que tendrían que amplificar y canalizar la acción colectiva, se consagran como meros parásitos de las fuerzas productivas. Esto no es un problema ideológico: si neoliberalismo o capitalismo o tal. Es lo que hay y hay que decir basta ya. Son ellos los que nos necesitan a nosotros. Basta de suplicar que paren los recortes y que nos dejen participar en la vida política.

Se tapan la cara para tapar el pinganillo. ¿No queríais democracia?


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Un discurso de fondo: la globalización lo jodió todo

7 junio 2011

Discúlpanme si hago de abogado del diablo, pero es que muchas de las propuestas (impuesto de patrimonio, sucesiones, tipo máximo IRPF) que suenan en plaza Catalunya para un documento de mínimos, aunque loables, me suenan a mojadas cartas a los Reyes Magos. Nacionalizar los bancos conlleva hacerse cargo de su agujero y de sus tóxicos. Que devuelvan el dinero público implica su quiebra y corralito a la argentina. Dación en pago o poner las viviendas al mercado también implica quiebra de los bancos. Tasar las transacciones financieras o progresividad fiscal implica fuga de capitales. Reestructurar la deuda externa española –default- implica volver a la peseta y dejar la economía europea muy maltrecha como poco.

No es una cuestión de que falte el dinero para sanidad o educación. Es que no hay mecanismos efectivos para que los que sí lo tienen lo suelten. La socialdemocracia como modelo económico fue posible en unas circunstancias históricas muy específicas, eso es, sustentándose en un delicado equilibrio entre capital y trabajo a nivel nacional tal como se dio en los países occidentales al término de la Gran Guerra. Allí las presiones de los sindicatos tenían sentido y eran efectivas, porque había pocos trabajadores y la amenaza bolchevique era muy presente: para contrarrestar, los partidos burgueses tuvieron que ofrecer un gran poder político a partidos socialdemócratas y sindicatos – la consecuencia económica es la transición del liberalismo al keynesianismo, que con tal de evitar depresiones defiende la progresividad fiscal y la intervención estatal de la economía, es decir, el modelo socialdemócrata. Pero un Estado deficitario implica un Estado que ha contraído deuda -que está en deuda- con precisamente aquellos que tiene que fiscalizar. La otra opción es estabilidad presupuestaria: ¡recortes!

En función de la ideología, se dirá que fueron las conquistas de las luchas trabajadoras o el crecimiento del mercado lo que generó un espectacular aumento del bienestar general. Da igual; el hecho es que se terminó por generar una amplia clase media a partir de una sociedad muy polarizada en dos clases. En cierto modo, era el triunfo de la socialdemocracia: una sociedad con una clase media fuerte es lo más parecido a una sociedad de una sola clase (el comunismo) que podrá haber. Pero su misma victoria fue el inicio de su derrota – la caída del telón de acero lo jodió todo: ahora resulta que el capital es muy fluido y tremendamente difícil de fiscalizar -aumenta el tributo de las SICAV en País Vasco y se te van todas a Madrid-, al mismo tiempo que la demanda de trabajo se ha incrementado hasta el punto de que comprar derechos laborales le sale al empresario global a precio de saldo -un informático indio te hace lo mismo por una quinta parte de sueldo español-, la deslocalización como amenaza siempre a mano.

El equilibrio de fuerzas se ha decantado con ganas hacia el capital y así la socialdemocracia se cae inexorablemente a trozos, mientras los trabajadores son espectadores ingratos de cómo las conquistas de sus abuelos son liquidadas una a una «porque así lo manda el mercado» y los derechos fundamentales son puestos en duda por monos con bates de béisbol. La progresividad fiscal, antaño tan fácilmente realizable a nivel nacional, ahora sólo tiene sentido si es llevada a cabo a nivel internacional, como reconoce el cripto-keynesiano que tenemos de conseller de Economía, el señor Mas-Colell: hace falta un poder político global que haga frente a un poder económico global, como piden muchos. Internacionalización, exigen. Pero recordemos que el experimento de institución política supranacional más cercano que tenemos -la Unión Europea- es un ente opaco y poco democrático con el que nos han colado medidas como Bolonia o las directivas de la vergüenza y de las 65 horas. Los partidarios de la internacionalización del poder político como método democrático tendrían que tener en cuenta esta verdad de la buena: a medida que ascendemos niveles de decisión, los ciudadanos de a pie perdemos poder de influencia y lo ganan los lobbies.

En realidad, las peticiones de los internacionalistas irían en la tónica general: nos encontramos delante de una transición de un Estado de bienestar de capital nacional y público a uno de capital internacional y privado, con sus Zaras, H&Ms, Ryanairs, IKEAs, Endesas y etcétera, donde se funde lo público con lo privado y resulta que DSK, violador y director del FMI, es socialista, y los reguladores del mercado financiero (y tantos otros: energético, alimentario) son escogidos entre los mismos regulados, como nos recuerda Inside Job. La tendencia es hacia un empobrecimiento generalizado de la clase media -causa real de la indignación #15M– y la imposición de un neofeudalismo del turbocapital: élite político-económica versus una masa de trabajadores precarios con derechos low-cost. La dicotomía entre privado y público del siglo XX ha dado paso a la dicotomía entre global y local. 

Es preciso, por lo tanto, insistir en la necesidad de localizar en detrimento de globalizar y llevar el debate en el terreno donde el ciudadano medio tiene poder efectivo de decisión. La sociedad es una correlación de fuerzas y tenemos que ser conscientes de dónde cae el alcance de la nuestra, cómo efectuamos pequeñas cesiones de poder en lo cotidiano:  con una cuenta de crédito o una hipoteca en un macrobanco o comprando en un hipermercado o en una gran superficie nos colocamos en la base de la pirámide, sosteniéndola, en la punta de la cual están los peces gordos/mafiosos calabreses a los que ahora exigimos –mejor dicho, suplicamos– que paren sus recortes. Para poder negociar y exigir, hace falta una posición de fuerza, que no se consigue con manifestaciones o huelgas en tiempos de crisis, sino tomando conciencia de nuestras relaciones económicas diarias y cambiándolas: banca ética, cooperativas de consumo alimentario, cooperativas energéticas, modelos de cooperativas de uso para vivienda ética más colectivizar los servicios públicos, con tal de dejar de depender de las élites, y así pasar de suplicar a exigir.

En este nuevo contexto, asalariados, autónomos y pequeños y medianos empresarios estamos en el mismo barco: en el discurso de fondo hace falta transversalidad en lugar de un social-estatismo que lo único que hace al final es proteger a las oligarquías. Eso conlleva la superación a nivel moral de la figura laboral del asalariado (alguien que al fin y al cabo no concibe el producto de su trabajo como propio) y del empresario (que lo expropia), para apostar por un libremercado de cooperativas (también en servicios básicos), conjugando libertad económica con valores comunitarios –democracia económica-, y un modelo político de carácter asambleario-federal desde abajo hacia arriba, que bien puede fundamentarse en las actuales dinámicas del movimiento #15M, que ya se extiende a los barrios de cada ciudad. Este modelo, de carácter esencialmente libertario, es ciertamente difícil de llevar a cabo, pero ya es radicalmente distinto de las medidas socialdemócratas -que son directamente imposibles, porque no hay fuerza efectiva para llevarlas a cabo. También nos hubiéramos podido reunir en 1939 y exigir sentados que Hitler parara voluntariamente la guerra ya me imagino el resultado. Sin ir más lejos, la reforma de la ley electoral no deja de ser totalmente circunstancial: en Catalunya tenemos seis partidos con la misma ley; lo sensible son las estructuras de los partidos; los problemas son realmente de fondo.

Nos empobrecen, nos quitan derechos y además dicen que es inevitable. Se trata de cambiar el imaginario, romper con la esclavitud mental de quién se cree a las élites – y eso pasa por renunciar a priorizar la seguridad de la vivienda comprada, tan importante en sociedades tradicionalmente pobres y conservadoras como la española – porque esencialmente es entrar en deuda con mafiosos calabreses que reconocen abiertamente que son avariciosos y van a por la rodilla. ¿Por qué pagar impuestos si van a la Iglesia Católica, a televisiones infumables, a concesionarias de autopistas que han calculado mal sus ingresos, a AVEs sin rentabilidad, ayudas a las eléctricas y un largo etcétera? Somos nosotros quiénes sostenemos esa gigantesca pirámide de estafa social – son las élites las que nos necesitan a nosotros, auténtica fuerza productiva, y no al revés, tal como dice su narrativa sistémica. Pero para emanciparse de estos esquemas mentales neofeudalistas, hace falta iniciativa, autogestión, auto-organización – espíritu libertario.

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Mubarak, Gadafi, Artur Mas

27 mayo 2011

Los tres disuelven violentamente manifestaciones en su contra, porque no les interesa tolerar el derecho a reunión, número 20 de la declaración universal de los derechos humanos, imprescindible en cualquier sistema que se quiera llamar democrático. Ni el 21 de la Constitución Española a la manifestación. Son, por lo tanto, gobiernos ilegítimos que tienen que ser derrocados.

Democracia no es sólo votar cada cuatro años. Es que esto es lo de menos – era justo contra lo que nos manifestábamos: es mucho más que eso. Si no hay debate ciudadano, si no hay intercambio constructivo de propuestas al pie de la calle, no hay democracia. Si no hay un control ciudadano de los temas de la agenda política, no hay democracia. Si no hay transparencia en la información como ahora no pasa con TV3, no hay democracia. Son estos criterios lo que diferencian lo que nos están intentando colar a golpe de porra -un mercado político de masas en plena crisis económica sistémica– de una verdadera democracia, a nivel tanto político como económico.

«La violencia es el miedo a los ideales de los demás.» Mahatma Gandhi

Lo que consiguen es partir la sociedad en dos: los que simpatizan con el diálogo de los manifestantes y los que simpatizan con el monólogo de las porras. Cada vez menos, los segundos pueden aducir, de un modo totalmente despectivo y denigrante (para ellos mismos), que los manifestantes son cuatro perroflautas sin objetivos. En plaça Catalunya, vi al quinto académico de ciencias sociales más citado del mundo, Manuel Castells, a un doctor en economía y activista por la paz como Arcadi Oliveres, al conocidísimo antropólogo urbano Manuel Delgado, a expertos en democracia económica como Toni Comín o en renda básica como David Casassas. No sólo esto: un amplísimo colectivo de ciudadanos debatiendo, argumentando, escuchando, es decir, pasando por la sana experiencia política de la democracia. Al otro lado, justificando los prontos dictatoriales mubarakianos del president del tres per cent, tenemos a conocidos intelectuales como Pilar Rahola o Josep Cuní. Qué combate tan igualado, digo, porque de un lado está el miedo. El miedo tan humano al cambio, que provoca actitudes reaccionarias con un tono entre escéptico y de burla, es el sustento básico de las dictaduras. Sea en Egipto o sea en Catalunya. Franco también decía que lo suyo era democracia orgánica.

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Me he abierto una cuenta en Triodos Bank – un buen #consensodeminimos

25 mayo 2011

Quién me diría que terminaría haciendo publicidad para un banco. Pero es que en el ejercicio tan sano como obligatorio de reapropiarnos de nuestras vidas, tenemos que darnos cuenta de cuáles de nuestras relaciones económicas son chungas y qué otras deseables. Los grandes bancos reciben su gran poder no de un modo abstracto y etéreo, sino porque los de abajo nos hipotecamos/endeudamos en masa y a saco con ellos, de modo que es por aquí que se tiene que cortar el círculo vicioso y no por vagas exigencias a terceras personas, los políticos, con escaso poder fáctico en ese aspecto. Falsas (porque han sido desmentidas) propuestas como la de Democracia Real Ya de retirar 155 euros de tu cuenta a modo de protesta (que haré porque tampoco cuesta nada) no dejan de ser simbólicas: lo que se tiene que hacer es sencillamente cerrarla. A falta de poder tener el lujo de una cuenta ahorro (y así abrirla en bancos más locales y participativos como el proyecto FIARE o Coop57) me abrí una corriente en Triodos, con 0% de comisiones en transferencias a cuentas nacionales y europeas (en euros), 0% en comisiones en cualquier cajero servired, y que financia proyectos con cierto carácter social y de modo totalmente transparente. Una ganga, vaya. Y es que el cambio empieza en nuestro mismo día a día.