Posts Tagged ‘democracia en peligro’

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El Solidarnosc americano contra el síndrome de Estocolmo

20 noviembre 2011

Why is it called “class warfare” to advocate raising taxes on the rich, but not when it comes to cutting benefits to the poor? David Shayer, desmantelando el relato.

Una imagen: un tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, porra en mano apaleando a gente sentada, vestida de casual, que no se defiende. Al lado, otro tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, dispara una bala de goma a bocajarro a un joven, la bala rebota, y le da al oído de otro. Otra imagen: un chico yace en el suelo, inconsciente, con el cráneo fracturado por un disparo a bocajarro, en medio de gas lacrimógeno lanzado por tíos vestidos de azul, cascos y bien tapados. Gente corre a socorrerle, delante de una línea de hombres de azul. Uno de ellos tira una granada flash al grupo que rodea al chico, que tiene que dispersarse. Otra imagen: una chica sale de su coche y observa lo que pasa en la calle, pacíficamente. Un hombre armado le dispara en el pecho. Muere minutos más tarde.

Túnez, Egipto, Libia, Bahrein, Yemen, Siria, Palestina, Grecia, España, Italia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos; el espectro de la indignación recorre el mundoNo sólo a nivel espacial, sino también temporal: 1830, 1848, 1918, 1945, 1968, 1989; 2011. La comparación es justa.

"The True Administration of Justice is the Firmest Pillar of Good Government". Pues vaya.

Ayer se cumplían dos meses del inicio de Occupy Wall Street y se declaró National Action Day. A las 7 de la mañana, los manifestantes tejieron cadenas humanas para bloquear los accesos a la bolsa de Wall Street, con éxito parcial: la campana sonó como siempre, más 175 detenidos, pero algo había cambiado. ¿Les suena la historia? 15 de junio, Barcelona, puertas del Parlament. En ambos casos, la narrativa oficial -el maldito relato– establece al Parlament como depositario de la soberanía nacional –o ya ni eso– o la bolsa como el espacio dónde nuestros ahorros se invierten y generan rentabilidad dentro de una natural dinámica financiera que de vez en cuando genera crisis: crisis que ha hecho caer el velo ideológico y el relato ha saltado en mil pedazos. Por sus acciones, Wall Street o el Parlament han pasado a visualizarse como enemigos del pueblo y la lucha de clases se ha manifestado evidente: ya no constan como delito el intento de bloqueo de esas instituciones, ni manifestarse en el día de reflexión, ni obstruir el puente de Brooklyn, sino cada desahucio, cada décima de punto a los intereses de deuda odiosa, cada dólar de bonus al stock broker de turno, cada ley pasada por el Congreso para desregular la banca. Cosas que antes eran legales ahora no lo son, y viceversa. Le han dado la vuelta al relato: los americanos están despertando de su propio sueño, el sueño americano de que esto podía funcionar indefinidamente.

Whereas by consensus we view that for the first time in American history, current generations will not be as prosperous as preceding generations. This denial of the American Dream is at the heart of Occupy Movement. Occupy Dallas, en su llamamiento a la huelga general

Una cuestión central en teoría arqueológica es por qué maldita razón el grueso del personal podía llegar a aceptar su explotación -su subordinación política y económica- por parte de unos pocos. Mirando al presente, yo también me lo pregunto. Hay muchas respuestas: una, la flower power, es que la existencia de élites permitiría una gestión más eficiente de la economía y por lo tanto una mejor redistribución de los recursos entre todos. Pero ha sido continuamente desmentida empíricamente; como mucho, para compensar su propio parasitismo y en función del poder de contestación de los de abajo, las élites ofrecerían unas migajas a cambio para evitar rebeliones. En 1945, debido a la correlación de fuerzas, las migajas fueron considerables y se llamaron Estado de bienestar. Ahora son mínimas. Hay rebeliones. 

Until now there was one good argument for capitalism: sooner or later it brought a demand for democracy… (…) – but now, the marriage between capitalism and democracy is over. Slavoj Zizek

Algo que me ha sorprendido durante estos meses es la total despreocupación de las élites por la preservación del relato. A la mínima que se ha protestado, la policía ha reaccionado con brutalidad inusitada, con blásters de sonido LRAD, bombas de gases lacrimógenos, arrestando a todo el mundo, golpeando las porras a saco, tirándoles espray de pimienta en la cara. En Oakland, California, la policía atacó al movimiento con una violencia más propia de Bashar el Assad, gases lacrimógenos y demás y con un veterano de 24 años con el cráneo fracturado y en estado crítico, pero los manifestantes terminaron volviendo a la plaza. En Seattle, una activista de 84 años, un sacerdote  y una adolescente embarazada fueron esprayados en la cara. En Nueva York, la policía esprayó a unas pacíficas chicas que había previamente acorralado con una red (youtube, chungo). Un chico fue detenido por escribir LOVE en la acera. En Oakland, uno fue detenido mientras estaba meditando. La biblioteca del pueblo de Zuccotti Park, con más de 5.500 libros donados, fue requisada en el desalojo y la mayor parte de los libros, fruto de la generosidad ciudadana, aún no han sido devueltos. A la policía sólo le faltaba quemarlos. El material informático, bicicletas, tiendas, no ha sido devuelto (les suena?), después del desalojo por salubridad (les suena?) en una ciudad donde las basuras literalmente se acumulan en las aceras (no hay contenedores), hasta en masas de diez metros por dos. El puente de Brooklyn fue bloqueado por activistas que pedían más democracia: 700 detenidos. Días después, el puente y todo el tráfico de la zona es paralizado porque están rodando Batman: “son grandes beneficios para la ciudad”. Todo bajo la dirección expresa del Felip Puig americano, el alcalde Bloomberg, ese subnormal histórico en palabras de Olbermann (youtube, recomendado), 12º persona más rica del país y primera autoridad de la policía, tan bien financiada por JP Morgan Chase. Para que después digan que eso no es una plutocracia. You cannot evict an idea whose time has come.

Nada parecido a “nuestra democracia tolera la defensa pacífica de cualquier idea” ni nada “sobre la inmensa generosidad de la Primera Enmienda”. Nada de eso: tan sólo un paisaje propio de un Estado policial, una ciudad militarizada, cuatro o más helicópteros sobrevolándonos, miles de policías, muchos de ellos ya con el disfraz antidisturbios y las manillas de plástico preparadas, todas las calles valladas dificultando el libre ejercicio del derecho a manifestación, desfilando líneas de autobuses llenos de manifestantes detenidos que iban siendo aplaudidos por los que aún estaban fuera. Que el derecho a la libre expresión era una mentira se manifiesta meridianamente como evidencia empírica: muchos carteles hablando de Estado policial. Uno, señalando lo obvio: “libertad es poder decir que no al poder“, que es lo que ahora se pone en duda. A la hora de la verdad, a todo sistema político le llega el momento en qué sus propias contradicciones se ponen de manifiesto: 1989, para la URSS. 2011, para Occidente. Todo es relato: desde Occidente, cada acto de represión popular del poder soviético, cada vulneración de los derechos civiles, se presentaba como una pieza más de un engranaje sistemático de terror y coerción, pero Guantánamo, Abu Ghraib o la brutalidad policial de estos días se presentan casos aislados de jóvenes poco disciplinados o policías un poco pasados de rosca, y circulen que aquí no ha pasado nada. Pero las cosas no son tan simples. Democracia no es un sistema, sino un conjunto de valores que un determinado país puede respetar más o menos en una escala continua. Y preocupantemente Occidente está pasando del más al menos.

The system has lost its self-evidence, its automatic legitimacy, and now the field is open. Slavoj Zizek

 Whose street? Our Street! Por eso el movimiento Occupy debería ser visualizado como el Solidarnosc americano y ejercer como tal. En la plaza de la Libertad se han visto los habituales grupos de trabajo de las asambleas, inyecciones contra la gripe gratis por parte de Physicians for a National Health Program, hasta una boda entre activistas que se habían conocido ahí. También los Yes Men, disfrazados de hombres de negocios con carteles: “Brokers and Police FOR the Occupation“. Y muchos artistas, como Shephard Fairey (el del cartel de Obey… y el de Obama), Tim Robbins o Mark Ruffalo. Lost a job – found an occupation. También un capitán retirado de la policía de Filadelfia y totalmente solidarizado con OWS, y ayer pasado por encima por el inexorable rodillo del Estado de derecho.

All Day! All Week! Occupy Wall Street! En la manifestación de ayer por la tarde (30.000 personas), se vieron a bandas de gypsy jazz con algún que otro venerable barbudo judío, los raperos de Occupy the Hood, un par de profesoras de edad con un cartel con las palabras de Schopenhauer –All truth passes through three stages. First, it is ridiculed. Second, it is violently opposed. Third, it is accepted as being self-evident.- al lado de dos pre-adolescentes con carteles de We are the 99%, abogados de los colectivos que viven en vivienda pública, los chicos de Occupy Cinema con una proyección casera sobre una pancarta de la película La Revolution Cómmence de Pierre Clementi sobre el 1968 parisino, familias, hippies jóvenes y mayores, hasta propios concejales de la ciudad que habían marchado desde el barrio dominicano de Washington Heights, en uptown, para traer las minorías al movimiento (sobre los cuales también pasó el inexorable rodillo del Estado de derecho). Y un grupo de niños que muy sabiamente gritaron en los micrófonos: You can’t stop us… – because we are kids!

Pero hay muy pocos trabajadores.  El perfil medio del manifestante es joven, bien educado, blanco – sólo la mitad está empleada a jornada completa. Tahrir fue un símbolo de la protesta, también la intentaron desalojar -aquella vez sin éxito, a diferencia de Zuccotti Park-, pero lo que derribó la dictadura fue extensivas huelgas en transportes, el canal de Suez y petrolíferas, que habían paralizado la economía del país. La revolución que sólo sea tuiteada fracasará; como dijo la activista Salma Said, defendieron Tahrir con sus vidas, no con el facebook:

“La revolución fue no-violenta tan sólo después de quemar el 90% de las comisarías de policía, después actuamos como hippies”. Salma Said

Pero las nuevas tecnologías permiten divulgar rápidamente lo que realmente significa el inexorable rodillo del Estado de derecho. Es aquí donde el autoengaño del relato se concibe como síndrome de Estocolmo. Un 72% de los neoyorquinos apoyan a OWS -un 55% entre los republicanos- pero sólo un tercio de todos los americanos (debido al desconocimiento mutuo entre las diversas regiones del país, como pasó con la demonización de los hippies). En las imágenes con las que empezábamos, aún hay muchos que ven “fuerzas del orden restableciendo la normalidad”, donde tan sólo hay matones que pegan precisamente a la gente, pacífica, que les paga el sueldo. Aún hay muchos que se creen que no hay alternativa a los recortes sociales. Pero el relato se está cayendo a trozos. En nuestra analogía, la policía son los “partidarios de Mubarak” y los manifestantes de Occupy son los “detractores de Mubarak”. Cuando los primeros intentaron expulsar a los segundos de Tahrir, no hubo tan sólo una confrontación física, sino también de relatos: la desobediencia de los manifestantes minaba en sí el mismo fundamento de legitimidad del régimen. Por eso OWS debe volver a Zuccotti.

Ahora bien, a OWS, al 15M, les puede pasar lo mismo que al 1968 parisino, el autoengaño de creerse un gran movimiento, de carácter muy estudiantil, que iba a cambiar las cosas pero que se quedó en nada -como mucho, con una victoria aplastante de Charles de Gaulle en las elecciones (les suena?). No podemos simplemente decir que no a los recortes sociales y conformarnos con las migajas que nos van dando.

We don’t want just one cake,… We want the whole bakery.
Internet: qué fácil es desmantelar el relato.

La Fiesta de la Democracia, visión subjetiva

La primera nación del mundo libre, visión objetiva

La policía también es el 99%, visión subjetiva

El inexorable rodillo del Estado de derecho, visión objetiva

La generosidad de la Primera Enmienda, visión subjetiva

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Esperanza Aguirre, la empanada del parásito

19 septiembre 2011

“Si la educación es obligatoria y gratuita en una fase, a lo mejor no tiene que ser obligatoria y gratuita en todas las demás fases” 

Esperanza Aguirre

Esperanza Aguirre es una gran estratega política, de ésas que te apuñalan por la espalda después de firmar un pacto de gran calado donde has bajado la guardia, al modo más romano o ya directamente visigótico. Pero esto no quita -en absoluto- que sea, como buena nacionalista de derechas, un auténtico parásito del Estado que ella misma quiere desmantelar: se ha pasado toda la vida cobrando del erario público, al igual que la mayoría de sus consejeros, para precisamente destruir lo que tenía que ser la res publica y ahora tan sólo es el zombie que sostiene artificialmente los monopolios que casualmente resultan ser propiedad de los amigos de Esperanza.

Pero es que la educación no es gratuita para nada. La pagamos entre todos con nuestros impuestos. Sólo es gratuita para quien defrauda: ¿cómo es que ella piensa exactamante esto?

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¿El derrumbe de la civilización occidental?

19 julio 2011

Sí, al final parece que puede petar todo. La prima de riesgo española sobre los 300 puntos, Defcon 1, que implica riesgo inminente de quiebra. Nuestro amigo que trabaja en el sector público quizá no cobra el próximo mes. Portugal de bono basura, y un tercio de su deuda está en manos españolas. Prima de riesgo italiana en 337 puntos; las inversiones francesas en su deuda equivalen en un tercio de su PIB. Es decir: la economía europea es una complejísima red de interdependencias donde todo el mundo le debe a pasta a su vecino y los últimos vecinos tienen tremendos problemas para devolver las deudas a unos bancos franceses y alemanes con tremendos agujeros que tapar. Y al otro lado del charco, los republicanos se cierran en banda y no le dejan a Obama ni subir los impuestos (los recortes de impuestos de Bush han causado un déficit enorme en su economía -¿pero los recortes de impuestos no creaban riqueza, señor Friedman?-, junto con las guerras de Irak y Afganistán) ni endeudarse, lo que implicaría que el Imperio se declarara en suspensión de pagos y no pudiera pagar las nóminas de sus funcionarios para agosto. Las piezas de dominó van cayendo y el efecto extendiéndose – ¿estamos delante el fin de la Europa tal como la conocemos, sumida en una larguísima recesión como si fuera una nueva Edad Medieval, estancada en miedos ultraconservadores, paranoica a lo nuevo y extraño, sin savia fresca con la que bombear al tejido productivo?

Si el crecimiento europeo sigue así de retrasado respecto al de sus competidores, a mitad de siglo su economía podría tener la misma dimensión que la de África.

Gordon Brown, ¿Por qué se durmió Europa?

Quizá el tiempo de Europa ya ha pasado. Los Estados, como las especies, nacen, se desarrollan y terminan muriendo. Es ley de vida – política. Ciertamente el camino al siguiente nivel pasa por cambios extensivos en la economía que revisen los modos de producción para humanizarlos y hacerlos más ecológicos y democráticos; precisamente Europa es un óptimo campo de experimentación para ello (decrecimiento en Francia, Takis Fotopoulos, etcétera). Pero introducir novedades que permanezcan -innovar, vaya- es extremadamente difícil.

Es evidente que cada una de estas tres preocupaciones –déficits, inestabilidad bancaria y bajo crecimiento– está entrelazada con las otras dos de tal manera que las políticas que se centran en una sola de ellas son mucho menos eficaces que una estrategia global que intente resolver las tres de forma simultánea. Y la estrategia paneuropea es aún más necesaria porque el euro se creó sin ningún mecanismo para evitar ni resolver crisis y sin ningún acuerdo sobre quién tiene la resposabilidad suprema de financiar los costes de las crisis.

Gordon Brown

En esta crisis, hay dos salidas del túnel distintas: la fácil, porque no es innovadora, que consiste en ir cada uno a la suya, petar el euro, volver a la peseta, endeudarse devaluándola y con esto creando inflación, decir adiós al 10-15% del PIB español fruto de inversiones extranjeras y ponerse a trabajar duro-duro. Esto es retroceder décadas de integración y progreso económico. La otra opción es la chunga, porque significa entrar en un terreno nuevo: los Estados Unidos de Europa, frutos de una verdadera integración económica en materia presupuestaria (impuestos alemanes para servicios sociales alemanes también en España, y no impuestos africanos para servicios europeos) y así con el permiso para endeudarse con eurobonos pagados quizá tan sólo a un 0,25% más que los alemanes, porque la avalaría una disciplina en los ingresos y los gastos mucho más responsable que dedicarse a montar juegos olímpicos en Atenas con un fraude fiscal generalizado.

Porque aquí está la clave: para una verdadera estrategia paneuropea, hace falta una revolución en la cultura cívica de los países del sur. Evadiendo nuestros impuestos a pequeña escala justificamos los desmanes más grandes de Botín y compañía, un modo bastante tonto de dispararse en el pie, porque resulta más económico pagar la porción de impuestos que toca que tolerar ese fraude fiscal a grande escala no habiendo pagado. En Gran Bretaña, el abuso de los gastos parlamentarios -las MP’s expenses– no era en absoluto ilegal, pero sí poco ético. Hubo dimisiones. En el caso Murdoch, ya han dimitido la número 3 del imperio mediático, el jefe y subjefe de Scotland Yard, el jefe del gabinete de comunicación del primer ministro y otros ¡sin que tan siquiera haya juicios!, no sólo en el sector público, sino también privado, porque allí al norte existe la idea de rendición de cuentas de los poderosos – la sociedad civil tiene conciencia de su poder cuando se indigna, un poder siempre tan necesario.

Éstas son las cosas maravillosas que hemos podido ver este año: la sociedad egipcia echando a Mubarak y con ello poniendo en jaque a todo el imperio americano, la sociedad británica rebelándose contra Murdoch, son casos de muchos David haciendo frente a Goliat. Es la afirmación de un poder muy real que olvidamos demasiadas veces, y que aquí brotó en forma de 15-M, y todavía permanece vivo. Si nos olvidamos de este poder, que conlleva una gran responsabilidad, pasa lo que pasa: aquí un presidente de comunidad autónoma será juzgado por sobornos y tenemos que tolerarlo porque lo han votado 1.200.000 valencianos. En Italia tienen a Berlusconi. No hase falta decir nada más. La integración europea, única solución de facto, pasa por una mayor cultura cívica, que eche a este tipo de políticos a la calle.

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El problema ‘Indiana Jones’

8 julio 2011

Un 15M rompiéndose la cabeza: ¿qué reformas hay que hacer en este país?

Lo podemos llamar el problema Indiana Jones: la necesidad de cambiar algo tan esencialmente fundamental del sistema que es necesario encontrarle un sustituto con el que reemplazarle rápidamente, con tal de evitar el colapso del sistema que se pretende salvar. Si imaginamos la red de relaciones de poder como scale-free (abajo), los bancos (punto rojo) o constructoras (punto azul) han acumulado tanto poder (se han situado en los sitios más hiperconectados de la red) que se han constituido en garantes de la cohesión del sistema. Si caen ellos, caemos todos y así se puede establecer el chantaje con el que los oligopolios se dirigen a la sociedad para obtener carta blanca en sus actuaciones y ser lo más irresponsables que se pueda. ¡Total, son too big to fail y van a ser salvados igualmente! Es el modo más fácil de legalizar la privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas. Nos vemos obligados a costear entre todos el colchón de estos puntos hiperconectados, porque nos va también nuestra propia vida en ello.

Cuando las cosas van mal, en primer lugar, como en esta crisis, se opta por el recurso fácil: reforzar los cimientos del sistema para garantizarle la supervivencia, sin cambiar la estructura fundamental, tan sólo aligerando el peso de lo que se considera prescindible: esto son los recortes sociales al mismo tiempo que inyecciones de capital a saco a los bancos, que configuran el núcleo del sistema. Cuando se salva a Grecia a cambio de salvajes recortes sociales, en realidad lo que se está salvando son los bancos alemanes y franceses que les dieron crédito y ahora necesitan cobrar hasta el último céntimo de los intereses, pero es que desde un punto de vista sistémico, Grecia son “tan sólo” once millones de personas en apuros, pero la caída de los cuales puede generar un gigantesco efecto dominó que se lleve con ellos a alemanes, franceses, a toda Europa y hasta los USA: sumir a la civilización occidental en una depresión duradera sin ver la luz al final del túnel, acoplada al oil peak y con China, India y Brasil por ahí. Los bancos españoles falsean sus cuentas, España falsea sus cuentas, para aparentar que todo está saneado, todo el mundo lo sabe, pero que no se transmita la crisis de la periferia al núcleo, aunque las arcas estén vacías: se está esperando que lentamente se reactive la economía, que vuelva a circular el dinero, y así esa mentira flagrante sea tan sólo temporal.

Cuando están en bancarrota, las empresas pueden llegar a desaparecer. Los estados, no.

Iñigo Sáenz de Ugarte, La única vía de supervivencia para Grecia

¿Por qué no? ¿Acaso no han desaparecido muchísimos otros estados soberanos en la historia? ¿Por qué Grecia iba a ser una excepción? El hecho de que los Estados tengan una vida media considerablemente más larga que las empresas no quiere decir que no puedan caer, aunque a primera vista nos parezca constatar su robustez y estabilidad, que confundimos con eternidad desde una visión histórica un poco ciega. Comenta Sander van der Leeuw, ecólogo, antropólogo y experto en complejidad social, que las instituciones humanas son de hecho intangibles, amplios colectivos humanos poniéndose de acuerdo en peculiares convenciones lingüísticas, asumiendo unas normas comunes desde valores tan etéreos y poco materiales como la lealtad, el honor, la fe o la autoridad. Es, de hecho, un punto de vista tan bien explorado por la serie The Wire: cómo los seres humanos generamos las instituciones con nuestras propias actuaciones arbitrarias y cómo creemos e interactuamos con ellas.

Según van der Leeuw, las instituciones son patrones estructurales que se dan en las redes de relaciones de poder y que poseen una duración y estabilidad considerables: en el caso presente, los bancos son el fundamento del sistema actual, ubicados en el mismo centro de la tupida red de relaciones económicas, pero el manido recurso fácil de inyectarles dinero en detrimento de la estabilidad de países enteros amenaza de ser un sonoro fracaso, porque no solventa la cohesión del sistema. La solución inmediata de darle robustez a sus fundamentos pero insistiendo en las mismas estructuras y métodos se ha agotado. Entonces hay que buscar nuevas estructuras sociales más eficientes y equitativas que sustituyan los puntos rojos, azules y verdes de la red social. Pero este proceso de sustitución de un fundamento social por otro, de un mero punto por una trama más compleja pero estable  (no tan sólo cambiar un banco por otro banco) es extremadamente delicado y complicado: es el problema ‘Indiana Jones’.

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Curiosos resortes mentales en la acampada

31 mayo 2011

Ladrillo. Desde que Felip Puig es conseller de Interior que la inseguridad en nuestras ciudades ha aumentado muchísimo y de modo preocupante. Vivo aterrorizado. Uno ya no puede andar solo por la calle a plena luz del día sin el miedo del cuerpo de que de repente se te crucen trabajadores de BCNeta acompañados por siniestros individuos de armadura azul sin ningún tipo de identificación y te den una paliza sin venir a cuento, aduciendo cínicamente de que “están limpiando la zona”, mientras uno yace inconsciente con el oído chorreando sangre o con el pulmón reventado.

Bromas aparte, es terrorífica la total impunidad con la que se violan flagrantemente derechos que ya en 1789 se consideraron fundamentales y considerados como tales en la Constitución Española: el derecho a la reunión pacífica y sin armas, que la policía no puede regular de ningún modo, sino sólo el TC. Precisamente estos derechos se documentaron para delimitar bien claras las fronteras a las que puede llegar un gobierno y, entre otras cosas, es precisamente el respeto a estos derechos fundamentales lo que distingue una democracia de una dictadura. Aquí no hay blanco y negro, una separación meridiana entre los dos modelos políticos, sino una línea continua que va de la Alemania nazi a la Islandia moderna con múltiples escalones, en función de los diversos grados en transparencia de la administración, la participación ciudadana en la agenda política, elecciones libres con ley electoral justa y basada en el sufragio universal, el respeto a a los derechos fundamentales, la libertad de información, etcétera. Por ejemplo, en Italia hay poca libertad de información. En España hay una ley electoral no muy justa que fomenta la estabilidad en detrimento del progreso. En cambio en Islandia sí hay mucha participación ciudadana y transparencia. Estas cosas ya las sabemos. Pero es que el viernes retrocedimos a niveles de dictadura africana. ¿Cuándo nos creímos de que esta cosa era el sistema donde el pueblo era soberano sólo porque votábamos cada cuatro años?

Tenemos que ser contundentes con esto, porque una ciudadanía vigilante es clave contra la impunidad del gobierno, siempre tentado de abusar de su poder. Esto ya lo conocían perfectamente los pensadores liberales desde Locke y Montesquieu. ¿Es que por qué uno cree que se inventó la separación de poderes, las declaraciones de derechos fundamentales, los Tribunales Constitucionales? Precisamente, los manifestantes reclamaban pacíficamente democracia real y el viernes estas reivindicaciones se revelaron más necesarias que nunca, delante de las órdenes de un psicópata descerebrado como es el futuro ex conseller de Interior (cada día que sigue en el cargo, es una vergüenza total para un país que se enorgullecía hasta hace poco de su tradición política pactista y de su carácter europeísta), que recordemos fue conseller de Obres Públiques cuando el cobro de comisiones de Ferrovial por parte de CiU a través del Palau más otras corruptelas, autor del hit “el concierto fiscal no es viable” tan sólo dos días dos después de ganar las elecciones con esta zanahoria y derogador del probadamente necesario Código Ético de los Mossos. Un personaje indigno de una sociedad democrática, que ordena dar palizas a los mismos ciudadanos que le pagan el sueldo.

Hay quiénes aducen que los acampados no se pueden quedar para siempre en la plaza. Lo bueno es que según la CE sí pueden; es más, están protestando con unos objetivos concretos, así que es fácil darse cuenta de que la protesta durará hasta cuándo éstos se cumplan y no más; es más, la función de ágora ciudadana, abierta y participativa, le va perfecta a plaza Catalunya, hasta ahora hábitat de guiris y ratas con alas, así que como ciudadano pido que siga la cosa, por favor. Dicen que se han apropiado del espacio público, cuando lo que se ha hecho ha sido construir un espacio donde cualquier opinión es bienvenida. La ley del Suelo de 1998 sí era apropiación privada del espacio público, no jodamos.

Un conocido de BCNeta que participó en el desalojo-limpieza de plaza Catalunya comentó que fueron engañados para ir allí, al igual que la Guardia Urbana. Sólo se les dijo que tocaría pasar escoba y manguera (a lo que se va con un tipo específico de camiones) y, de repente, aparecen cien mossos vestidos de Navy Seals, sin identificación y armados con pistolas de balas de goma y entonces se les ordena desmantelar la acampada delante de los ojos de sus jefes, vestidos de paisano, controlándolos y con los camiones cambiados. En esta captura de pantalla, al final un mosso declara que “falta poco para que todos vuelvan a casa”. No quiero ponerme conspiranoico, pero ¿no venían a limpiar? Estos comportamientos indican planificación de antemano de las cargas policiales, contradiciendo una vez más (“lapsus linguae” incluidos) la endeble versión oficial. Así es probable de que se buscara provocar un incidente violento por parte de los manifestantes, un coche de la BCNeta quemándose por ejemplo, para que fuera portada de todos los periódicos y así poder desacreditar el movimiento. ¿Es ésa la respuesta del poder a un movimiento que siempre se ha caracterizado por su civismo y no-violencia que reclama más democracia? ¿Son los gases lacrimógenos y apagón informativo la única respuesta de Sarkozy a las reivindicaciones francesas? ¿Es que no ven que se están metiendo en el mismo saco que Mubarak o Bahrein? Salvando las distancias, el esquema mental es el mismo. Para terminar de certificar el enorme respeto de la autoridad al siempre tan sano ejercicio de derechos constitucionales, se tiene que presentar la factura de compra para recuperar los peligrosos portátiles requisados y guardados al aire libre en un vertedero. ¿Qué tipo de ciudadanía quieren? ¿Una bien dócil que les tolere sus prontos autoritarios con una policía antidisturbios que selecciona el personal entre maltratadores y psicópatas? ¿Una ciudadanía sumida en la ignorancia política, que no exija investigar sus múltiples corruptelas y abusos? Las manifestaciones se revelan más necesarias que nunca.

Intolerable la impunidad de la autoridad en la violación de derechos fundamentales. Pero lo que roza lo absurdo es el tema al que iba, el preocupante síndrome de Estocolmo desarrollado por gente, más bien de derechas, que delante de las imágenes del viernes de brutalidad policial (recordando otros casos históricos), se pone del mismo bando de los agresores, incapaces de salirse de limitados marcos mentales, sin ningún tipo de empatía por gente pacífica siendo agredida brutalmente. ¿Qué tipo de resortes mentales, de psicopatía mental, pueden llevar a uno a justificar la violencia gratuita y arbitraria no ya contra su misma especie, sino con gente de su misma ciudad? Hay vagas apelaciones al orden, al autoritarismo – habitualmente, su propio orden, su propia autoridad. Hay miedo, al más puro estilo más vale malo conocido que bien por conocer: una gran falta de espíritu pionero, casi cierta cobardía. Por eso habría también cierto complejo de inferioridad, desarrollado como resentimiento hacia gente que sí se arriesga a movilizarse por unos valores considerados socialmente como más elevados. Si no, no se entienden las habituales frases de la derecha como la pretendida superioridad moral de la izquierda, la aznarista sacarse los complejos de encima o el buenismo. Si no, no se entienden las habituales descalificaciones gratuitas de movimientos cívicos caracterizados por su buen hacer, cuando a un complejo fenómeno social, donde coinciden prestigiosos intelectuales con jóvenes estudiantes de primero de carrera, lo reducen a “cuatro perroflautas” o critican precisamente aquello de lo que habitualmente pecanpiensa el ladrón que todos son de su condición-, algo muy usual en los humanos (lo que nos molesta más de los demás son nuestros propios defectos proyectados en ellos) . ¿A qué viene ese rencor gratuito, que consiste en desacreditar un colectivo que plantea su mejor voluntad para reformar las cosas hacia mejor? ¿Qué curiosos resortes mentales alientan ese irredentismo cínico hacia gente (¡vecinos!) que trabaja de buena fe contra la que llegan a justificar violencia brutal y gratuita? Uno recuerda el movimiento en positivo al revés, cuando un chico de dieciséis años vecino del pueblo de Mauthausen, viendo la situación de los presos del campo de concentración, pensó que “aunque sean muy malas personas y peligrosos delincuentes, nadie se merece este trato inhumano” y decidió meterse en la resistencia. Al final, la ideología no es más que la prolongación de un perfil psicológico.

Visualizando el problema desde el marco de la tragedia de los comunes, las izquierdas serían más cooperadoras (valores sociales mejor considerados por el grupo) y las derechas, free-riders que van por libre. Los primeros serían más utópicos y entregados; los segundos, más realistas y conscientes de sus propios defectos. Los primeros desarrollarían incoherencias entre sus ideales, mucho más ambiciosos, y sus prácticas, que los segundos casi gozarían en señalar, cansados de las exigencias éticas del primer bando. Son curiosos estos resortes mentales, que se distribuyen de modo no arbitrario por toda una sociedad, al igual que el parroquialismo altruista (compartido por izquierda y derecha), ese espíritu tribal tan español, que fundamenta el nacionalismo, el fútbol y la política bipartidista del ytumasismo y si tú no fueras tan americano, yo no sería tan ruso. He aquí el hombre, dijo Poncio Pilato y, después, Nietzsche. Ecce homo – éste es el hombre; sólo profundizando en nuestro autoconocimiento podremos ganar en lucidez mental y honestidad espiritual, no sólo para con nosotros mismos sino con nuestros compañeros y teóricos rivales. Y es que estamos todos en el mismo barco.

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Mubarak, Gadafi, Artur Mas

27 mayo 2011

Los tres disuelven violentamente manifestaciones en su contra, porque no les interesa tolerar el derecho a reunión, número 20 de la declaración universal de los derechos humanos, imprescindible en cualquier sistema que se quiera llamar democrático. Ni el 21 de la Constitución Española a la manifestación. Son, por lo tanto, gobiernos ilegítimos que tienen que ser derrocados.

Democracia no es sólo votar cada cuatro años. Es que esto es lo de menos – era justo contra lo que nos manifestábamos: es mucho más que eso. Si no hay debate ciudadano, si no hay intercambio constructivo de propuestas al pie de la calle, no hay democracia. Si no hay un control ciudadano de los temas de la agenda política, no hay democracia. Si no hay transparencia en la información como ahora no pasa con TV3, no hay democracia. Son estos criterios lo que diferencian lo que nos están intentando colar a golpe de porra -un mercado político de masas en plena crisis económica sistémica– de una verdadera democracia, a nivel tanto político como económico.

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.” Mahatma Gandhi

Lo que consiguen es partir la sociedad en dos: los que simpatizan con el diálogo de los manifestantes y los que simpatizan con el monólogo de las porras. Cada vez menos, los segundos pueden aducir, de un modo totalmente despectivo y denigrante (para ellos mismos), que los manifestantes son cuatro perroflautas sin objetivos. En plaça Catalunya, vi al quinto académico de ciencias sociales más citado del mundo, Manuel Castells, a un doctor en economía y activista por la paz como Arcadi Oliveres, al conocidísimo antropólogo urbano Manuel Delgado, a expertos en democracia económica como Toni Comín o en renda básica como David Casassas. No sólo esto: un amplísimo colectivo de ciudadanos debatiendo, argumentando, escuchando, es decir, pasando por la sana experiencia política de la democracia. Al otro lado, justificando los prontos dictatoriales mubarakianos del president del tres per cent, tenemos a conocidos intelectuales como Pilar Rahola o Josep Cuní. Qué combate tan igualado, digo, porque de un lado está el miedo. El miedo tan humano al cambio, que provoca actitudes reaccionarias con un tono entre escéptico y de burla, es el sustento básico de las dictaduras. Sea en Egipto o sea en Catalunya. Franco también decía que lo suyo era democracia orgánica.

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Actualización personal #15M

21 mayo 2011

En Barcelona hemos aprobado ya varias exigencias, abolición reforma pensiones, laboral, ley Extranjería, ley Sinde. Progresividad fiscal. Imprescriptibilidad corrupción. Ley de responsabilidad política. Fiscalizar transacciones financieras. Persecución fraude fiscal y abolición paraísos fiscales y SICAV. Fomento democracia participativa mediante el 2.0. Parar desahucios y devolución transparente del dinero público dado a los bancos. Referéndum sobre la monarquía. Etcétera.

Todo muy socialdemócrata vaya. Implementar todo esto, desde mi punto de vista, acarrea el desmoronamiento total del sistema tal como está montado, por el tema de la globalización, los capitales simplemente huirían y nos quedamos sin clase alta a la que joder/fiscalizar. Imperio Romano again.

Entonces, el cambio no comienza por arriba, sino que empieza en cada uno de nosotros, sacando la pasta de La Caixa, BBVA, Santander y metiéndola en banca ética (projecte FIARE y Tryodos), usar el transporte público y bicicleta, crear cooperativas de consumo alimentario en vez de consumir al Lidl o el Mercadona, comprar ropa en los pequeños negocios de jóvenes diseñadores y dejarnos de Zaras y H&Ms, que el trabajador abandone el rol pasivo de asalariado y se convierta en emprendedor y participe en las decisiones de la empresa (cooperativas de capital social, ni privado ni público), cooperativas de vivienda, asambleas de barrios que elijan los regidores de cada barrio y éstos al alcalde, fomentar uso energías microrenovables (solar y eólica), boicotear el periodismo acrítico, etcétera. Vaya, AUTOGESTIÓN Y LIBERTAD, creando un sistema alternativo que reemplace espontáneamente al antiguo y decadente. No los necesitamos. Ellos sí nos necesitan a nosotros.