Archive for the ‘Art’ Category

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Parov Stelar – Paris Swing Box (EP)

5 mayo 2011

El nuevo EP de Parov Stelar (electroswing, nujazz), un discazo. Os lo podéis bajar aquí. Cómo mola.

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Oda a Mourinho

28 abril 2011

No deja de ser curioso que encontremos belleza en un trozo de lienzo, una pared pintada, una secuencia de sonidos, una lucha de gladiadores o en el fútbol. Es comprensible ver belleza en el cuerpo humano por razones psicobiológicas, pero ¿qué tiene que ver la Capilla Sixtina con la selección natural? ¿Por qué las pinturas de Michelangelo son capaces de desencadenar una tormenta de neurotransmisores de placer en nuestro cerebro? Quizá es porque, sumiéndonos en el estado anímico que nos dejan, aprendemos nuevas cosas, y así “mejoramos” y nos adaptamos mejor al medio en plan discípulos de Darwin. Ni idea, sólo una hipótesis, pero es que estrictamente un Rothko es tan sólo rectángulos de color y mira que es bonito.

En el fútbol sí se pueden establecer razonamientos más claros, porque las habilidades que se necesitan en el campo (agilidad, precisión en el lanzamiento a distancia, coordinación a nivel colectivo del grupo) son esencialmente las mismas que las empleadas cazando, principal actividad del macho durante el Paleolítico (un 95% de la historia humana, el periodo cuando se gestó nuestro cerebro). Uno vería belleza en el excelente empleo de estas habilidades. Vaya, el fútbol que practica el Barça, considerado unánimemente como “el mejor de la historia”. No sólo eso, sino que además el entrenador de la casa es todo un caballero, diplomático y respetuoso con los demás, autocrítico y obsesionado con el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la disciplina, vaya, todo un conjunto de valores que un honrado trabajador, hombre de bien y fiel votante de Convergència se enorgullecería de poder transmitir a su hijo.

Todo esto sería motivo de auténtica emoción y lágrimas si detrás no hubiera un descomunal circo mediático-económico que representa el principal sustento de los medios de comunicación (Prisa, Mediapro), que a su vez se dedican a adoctrinar a los consumidores-votantes de la empresa ideológica-partido de turno, fundados en estas estrechas relaciones de simbiosis tan hispánicas entre González y Prisa, Zapatero y Mediapro, Aznar y Unidad Editorial, donde las victorias electorales determinan el ascenso de determinados grupos mediáticos… Si a eso le sumamos el patrocinio de las cervezas (claro, lo que se consume mirando el partido), alcohol que es aletargador y depresor, pues obtenemos que el fútbol es el opio del pueblo y pan y fútbol y etcétera, toda una industria futbolística sustentada por los espectadores-consumidores y que crea puestos de trabajo (según el modélico mercado de trabajo español) para honrados trabajadores como Eduardo Inda, Roncero, Bañeres o Lluís Canut. Pura economía productiva basada en el conocimiento. Nada nuevo bajo el sol. Zapatero aprobó los recortes al Estado de Bienestar más salvajes en democracia el día del debut de España en el Mundial. No hase falta desi nada más.

Con el habitual gregarismo del ser humano, siempre necesitado de filiaciones grupales, se entiende la dialéctica bélica, gladiadora, nacionalista y tribal que se emplea, un modo de unir al grupo contra un enemigo común, puro parroquialismo altruista (el eterno rival, etcétera). De hecho, desde este punto de vista el deporte es una sana vía de escape de lo que antes se iba para guerras y batallas. Ahora bien, en este contexto económico de crisis uno sólo puede tomárselo en coña, porque ahora los bancos que no sueltan créditos para las pymes ni patrás le dan unos millonajos de nada a Florentino para que pueda construir un equipo para simular que la Liga Española aún es competitiva y así todos menos nosotros puedan seguir ganando dinero.

Pero no íbamos a hablar de la receta de las sopas de ajo. En un extremo está la virtuosidad de Guardiola, alabada por todos pero lámpara de neón que atrae fatalmente a los seguidores como mosquitos y uno se olvida de lo mal que está el mundo. En el otro, está Mourinho, este personaje victimista y teatrero que con sus planteamientos ultradefensivos y broncos consigue terminar siempre los partidos con diez. Pero Mourinho no es el antifútbol, como han dicho tantos; al contrario, es precisamente la mejor definición del fútbol: un sano deporte ahora convertido en industria turbocapitalista y, como tal, obsesionado con los beneficios a corto plazo y por lo tanto, resultadista al máximo, independientemente de los métodos usados. Con sus habituales exageraciones fuera de tono en las declaraciones de prensa está, en el fondo, desenmascarando lo ridículos que pueden llegar a ser los discursos (por pretenciosos) que habitan en esta industria que no produce nada más real que nuestra alienación personal. Nos está diciendo que el emperador va desnudo.

Sacando las cosas un poco de quicio, Mourinho es más Rem Koolhaas que Santiago Calatrava. Los dos arquitectos plantean proyectos muy poco funcionales y que terminan con gigantescos sobrecostes, sí, pero Calatrava construye obras faraónicas destinadas a satisfacer el ego de políticos con pretensiones de estadista mundial y llenar los bolsillos de los constructores (normalmente todos amigos entre ellos, claro está), aunque incurra demasiado habitualmente en formas espectaculares pero totalmente inútiles para el usuario, sin ir más lejos como la cubierta de losetas de vidrio del puente de Zubi Zuri en Bilbao (ocasionando resbalones y caídas cuando llueve…), etcétera. Al contrario, Koolhaas es un arquitecto esencialmente postmoderno que con sus planos se ríe sarcástica y continuamente del ego del que le paga, seguramente obsesionado con obtener estatus social contratando a un arquitecto de prestigio. Koolhaas, como Mourinho, se ríe en la cara del emperador, repitiéndole de modo siempre más explícito que va desnudo, jugando al límite para ver cuándo despertamos de una vez.

De este modo, a veces uno piensa si, en pleno arrebato poético, la persona que hay detrás de este artificial personaje que es José Mourinho no es más que un secreto justiciero quijotesco que, sacrificándose él mismo cayendo tremendamente antipático, busca destruir el fútbol, hacerlo mortalmente aburrido y así eliminar el circenses de la ecuación que entonces adormecía al pueblo del Imperio Romano, para que nos terminemos planteado si realmente pasarnos cuatro horas semanales delante del televisor vale la pena y si no sería mejor apagarlo, coger un buen libro o ponerse a pintar, en suma, construir un mundo más creativo y con más espíritu emprendedor. Matando al fútbol, Mourinho está determinado en conseguir una sociedad mejor. Lo hace por nosotros.

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#nolesvotes [otro cine y otra música, please]

23 febrero 2011

No te pedimos el voto para ningún partido concreto, ni que votes en blanco, ni que te abstengas, sino que te informes para comprobar que existen alternativas.

Iniciativa #nolesvotes

Pues eso, no votes a PSOE, PP y CiU en las próximas elecciones municipales por haber aprobado la ley Sinde-Biden [Biden por el vice americano que impuso esa ley según el Cablegate]. Y es que esto de saltarse las garantías democráticas para establecer una censura a la china (es decir, sin aval judicial, sólo administrativo) de Internet está pero que muy feo, pero es que si además la razón esgrimida no es algo loable como la estabilidad del país (en plan Mubarak), sino el afán de lucro de unos pocos el tema ya es de traca.

Me apetecía ir a ver Chico y Rita de Fernando Trueba, pero después de sus muy acertadas declaraciones donde lamenta vivir “en el único país donde te roban y además te insultan” en las que como es habitual en ese sector es muy probable que confundiera víctimas y ladrones, pues le haré boicot, igual que Bollain. El cine español es esencialmente un atraco a mano armada a los ciudadanos, que pagamos doblemente por él: la entrada en sí (recaudación de 77,5 M€) más las subvenciones directas (121 M€), además del dinero por ley de las televisiones (200 M€). No contentos con esto, montan sistemas de financiación totalmente opacos (=Gürtel, =Wall Street) en el que se gana dinero no gracias a las entradas sino a las subvenciones en sí. Un escándalo. No contentos con esto, aplican el totalitario y contrario a la UE principio de culpabilidad para aplicar el canon digital a cualquier medio, no sea que vayamos a copiar, pero es además, ¡copiar es totalmente legal cuando no hay afán de lucro! No es de extrañar que el único de la banda que se decidió a transigir con los malvados internautas se cambiara de bando. Es que además no tienen ni idea de en qué consiste eso de Internet.

Precisamente es gracias a Internet donde es realizable el sueño ilustrado de la Biblioteca de Babel, donde el acceso a la información fuera totalmente libre y tiene un coste de distribución casi nulo. Ni Mubarak ni Obama fueron capaces de frenar la revolución egipcia alegando islamismo radical, porque todo el mundo sabía que era de carácter cívico y democrático gracias a twitter. Los intermediarios del cine y la música ya no pueden ejercer su particular dictadura sobre los nuevos artistas, porque éstos pueden optar a la difusión alternativa que Internet les brinda. De ese modo, se pueden proponer, fácilmente, nuevos modelos sostenibles de distribución de cultura:

  • Música: volver a los conciertos el porcentaje que gana el artista por concierto es muy superior al que gana por los discos, ya que esos beneficios van a parar sobre todo a la discográfica. Pero ahora resulta que los costes de distribución de un disco son cero y el consumidor por eso decide pagar cero por ellos en un sano ejercicio de libre mercado: el objetivo del álbum (la producción del cual puede costearse con los mismos conciertos) no debe ser ganar dinero, sino tan sólo la difusión. Los beneficios son claros: ausencia del mediocre instrusismo de las discográficas y promoción de una cultura de la música en directo. Ya hay discográficas que apuestan con mucho éxito por este modelo, mucho más democrático y creativo.
  • Cine: acabar con el modelo de los cines de estreno porque los cines de estreno son un timo. Si las películas son tan caras, ¿por qué se hacen tantas?La oferta de cine tiene que basarse en el amplio repertorio filmográfico desde los hermanos Lumière hasta hoy. Hitchcock, Hawks, Coppola, Kurosawa, Truffaut, ¿por qué ya no se ofrecen? Las copias están ahí. Y ya puestos, ¿qué pasa con las series de calidad? Estoy dispuesto a pagar para ver capítulos de series tan buenas como the Wire o Roma. Sí pueden existir modelos alternativos y sostenibles. Al final de la escapada de Godard costó 6400€ actuales, y esto se puede financiar fácilmente con crowd funding. Crear cines populares, de barrio, con ofertas más sensatas, buenas y completas que las de los actuales y con las cuotas de socio, entradas, etcétera, aporten dinero para la creación audiovisual.

Porque el arte no es afán de lucro. Teóricamente, el artista crea porque siente que es su vocación. Crear es un privilegio. Es, quizá, el gesto definitivo de la persona, donde sus actos son profundamente suyos y no mal copiados de otros sitios. Si se trata de trabajar no para crecer y crecer y crecer sino para vivir tranquilamente, siempre es posible un espacio y tiempo personales para la creación de arte. Es, no es coña, el ora et labora benedictino. Así que se trata de proporcionar modos de producción artística que sean sostenibles y basados en los principios de la libre expresión y la creatividad, no maneras de lucrarse con algo tan etéreo y subjetivo como es la creación artística. Un eficaz método para promover ese cambio de paradigma es el de derribar el viejo, así que de ese modo, ¡larga vida al P2P! ¡Copiar es bueno! ¡Todos a copiar!

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La mort d’Ivan Ílitx (Oriol Broggi, Biblioteca Nacional)

17 febrero 2011

Me encantan los viejos. Sin ir más lejos, quiero profundamente a mi abuela, de gran corazón y gran experiencia. Es más, una sociedad para considerarse normal tiene que cuidar de sus ancianos; las que los abandonan están condenadas. En Estados Unidos, un tercio de los “jubilados” deben volver a trabajar porque sus planes de pensiones se han ido al carajo por culpa de la crisis. En España, un 75% de los jubilados viven bajo la línea de la pobreza, si no me equivoco; al mismo tiempo, la verdad es que ignoro quién me pagará la pensión dentro de cuarenta años (o cincuenta, viendo cómo va de lanzado Zapatero). Vaya, que me encantan los viejos.

Pero esto no quita que una sociedad envejecida sea esencialmente una sociedad más conservadora y quizá esto explique en parte el conservadurismo atávico que nos rodea y nos vampiriza en este terruño de mundo que es España. Igualmente, un público envejecido busca un tipo de teatro conservador que no mola nada. Y el público de La mort d’Ivan Ílitx era muy mayor.

La obra se inspira en una novela de Tolstoi en el que retrata el último periodo vital de un juez de provincia obsesionado con la alta sociedad. El texto, cabe decirlo, es buenísimo, no buenísimo, sobrenatural, hipersensible. Pero la puesta en escena de Oriol Broggi se fundamenta en una concepción profundamente equivocada (según mi parecer, claro): el teatro es mentira (como dijo en el posterior y precioso coloquio con los conferenciantes de Aprender a morir). Para Broggi, todo es una impostura. No hay sinceridad, ni autenticidad. Por eso los actores se limitan a recitar el texto de Tolstoi, totalmente abstraídos y casi hieráticos, sin interactuar entre ellos (¿pero no es precisamente el teatro el instrumento artístico perfecto para explorar lo que es la intersubjetividad?), y de vez en cuando actuando levemente lo que están recitando. El trabajo actoral, por lo tanto, se reduce a la memorización del texto. Les pregunto: “¿ya que sois Ivan Ílitx e Ivan Ílitx muere, qué se siente cuando uno se muere?” “Nada”, me responden. Esto sí que es meterse en un papel.

Y no por culpa de ellos, sino del director, más centrado en conseguir imágenes de cierta belleza estética (¡para eso dedícate a la fotografía!) que en desarrollar lo esencialmente teatral, tan sólo dos palabras, el aquí y el ahora. ¡Aquí y ahora! ¡Aquí y ahora! El teatro es el arte que ocurre en el presente y a dos metros del espectador; es la carne y la pasión, la deseada fusión entre el narrador y protagonista. En una novela, se requiere cierto alejarse de la historia por parte del narrador; aunque sea en primera persona, nos hablará en pasado y si es en presente pues no es más que un pasado de tan sólo dos o tres segundos. Es la inevitable pared que nos evita poder verbalizar lo presente, que el teatro se permite dinamitar. Por eso, fue totalmente incomprensible que en el principio de la obra te digan que Ivan Ílitx murió gritando desgarrado durante tres días y después va y cuando se muere, lo hace sí, con un poco de dolor, pero casi una molestia, y se marcha plácidamente. ¿Disculpe? Así que mejor compren directamente el libro de Tolstoi, un texto precioso y más barato que la obra, que es un tostón.

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Somnis de somnis

10 febrero 2011

Nunca había ido al Círcol Maldà, en la plaça del Pi. Escondido dentro de las galeries Maldà, es un teatro muy pequeño, una sala donde apenas caben veinte sillas, de paredes verdes y decoradas hasta el exceso con viejos cuadros de estilo entre académico y anticuado. Muy acogedor todo. La obra, Somnis de somnis, es una adaptación teatral de la novela de Antonio Tabucchi, donde Freud psicoanaliza los sueños de veinte artistas, de los cuales en la obra teatral aparecen cuatro:

  • Cecco Angiolieri, la contraparte rebelde de Dante: si yo fuese fuego, haría arder al mundo
  • Giacomo Leopardi, el pesimista y erudito poeta romántico: Hoy no envidio ya ni a los necios ni a los sabios, ni a los grandes ni a los pequeños, ni a los débiles ni a los poderosos; envidio a los muertos, sólo por ellos me cambiaría
  • Vladimir Maiakovski, el poeta futurista de la revolución bolchevique:

    "Cómo hacer poemas"

  • Fernando Pessoa, el portugués que trató su desorden múltiplo de personalidad a base de literatura: Ya dije que no quiero nada. ¡No me vengáis con conclusiones! La única conclusión es morir

Cada uno de los sueños sigue un esquema lineal, claro y sencillo, donde el artista va recreando su sueño mientras se va usando simultáneamente la labor actoral, la música en vivo y la proyección de imágenes en una pantalla traslúcida. El ritmo es pausado, tierno, juguetón y agradable, pero los clímax de Angiolieri y Maiakovski son preciosos, casi violentos, aunque nunca llegan a pasar de la raya. El aire tremendamente nostálgico de Leopardi emociona. La obra, en suma, despierta una ternura bastante particular, con cierta atmósfera de sombras chinescas o de teatro de marionetas. Quizá para mi gusto personal el estilo es demasiado intelectual, frío, como circense, en el sentido en que los actores actúan, como títeres manejados por el libreto del texto; personalmente me va más el estilo Stanislavski, salvaje, visceral, donde el actor se olvida a sí mismo y se fusiona con el personaje y deviene carne sobre el escenario. Pero si a mí, que me gusta más ese otro rollo, me encantó la obra y con una tremenda resaca, supongo que a vosotros os entusiasmará, de modo que no puedo dejar de recomendárosla. Comprad las entradas rebajadas de precio por aquí y disfrutad bien lejos del Teatre Nacional.

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El discurso del rey

3 febrero 2011

Ay qué miedo me da

Ahora que se está liando parda en una ex colonia de su extinto Imperio, a ver cómo termina esto, se veía de entrada que al ver The King’s Speech uno tenía que obviar el obvio carácter chungo de la Commonwealth del Reino Unido, un país que traficó en el siglo XIX activamente con opio para drogar a una población de 150 millones de chinos yonquis o que sodomizó -digamos colonizó- de un modo u otro a una cuarta parte de la población mundial, sin ir más lejos. Y es que precisamente en la Segunda Guerra Mundial, marco temporal de la película, de los once millones de hombres que Inglaterra movilizó, seis millones eran británicos y cinco de las colonias, estos últimos frecuentemente movilizados a la fuerza y además tratados como seres inferiores, el sacrificio de los cuales no iba a merecer ningún tipo de reconocimiento póstumo: así que al final en la IIGM hubo los vencedores, los vencidos y los negros, moros e indios. No está de más recordarlo.

Pero la película no tiene nada que ver con esto: primero de todo, es muy buena, cuando uno se olvida de lo mencionado; presenta una historia compacta y sencilla de planteamiento-nudo-desenlace, con quizá algun tópico pero original, sin muchas complicaciones narrativas pero muy consistente a la vez, esencialmente británica. Británica a ultranza porque se basa fundamentalmente en el fino, preciso y exacto trabajo de los actores, grande Geoffrey Rush y grandísimo Colin Firth (y olé tú Helena Bonham-Carter, pero eso ya son filias personales), y de una dirección muy cuidada y elegante, con la cámara que con sus encuadres te está diciendo continuamente Dr Livingstone, I presume. Porque es increíblemente genial la imagen, justo después de que Firth se intente enfrentar a su hermano por querer casarse con una divorciada, de ver al futuro rey sin aliento, aguantándose torpemente en primer plano a la izquierda, y en el fondo la fiesta que continúa con el hermano que acaba de ridiculizar al protagonista. A la cámara se le da una función narrativa que cumple pulcramente y exagera brillantemente la potencia dramática de la historia.

Precisamente estamos delante del pequeño drama de un hombre que lucha por superar su tartamudez, pero que se proyecta en el drama a gran escala de un líder de toda una nación que luchará por superar el nazismo, probándose a sí mismo y a sí mismos en el proceso. Es especial cuando después de ver grabada la ceremonia de coronación, aparece en las noticias un mitin de Hitler y Firth dice, como hablando del que sabe ya su enemigo: No sé lo que dice, pero parece que lo hace bien. Así que es magistral cómo, en su sencillez, se traza el paralelismo entre estas dos escalas, la humana y la nacional, las dos centradas en la figura del rey. Es el rey que tiene que enfrentarse a sí mismo al pronunciar el discurso final, armarse de valor y dar un paso adelante, como los británicos en la resistencia de la única democracia europea en pie al fascismo, en lo que se convertiría en un icono nacional, como lo es Churchill, el Premier de la guerra.

En un momento de la película, George VI se pregunta, desesperado: “¿qué tipo de poder tengo yo? ¡No puedo declarar la guerra, ni disolver al Gobierno, ni formarlo! ¿Y es que qué tipo de poder puede tener el rey de una monarquía parlamentaria? Sólo un poder simbólico, pero de gran calado, que une a todos los británicos bajo unos valores de los que se sienten orgullosos -su valerosa resistencia al fascismo-, del que ahora, ocaso de Occidente, es probable que se sientan huérfanos. El olvido de los hechos de carácter político y las imprecisiones históricas, como la seducción del hermano mayor por el nazismo o el fracaso de la política de apaciguamiento de Chamberlain, son lo de menos. Al margen de discusiones republicanas, lo importante es el retrato fílmico de un hombre que se enfrenta al reto de liderar a su comunidad en momentos que sabe muy difíciles. Algo que, como podemos ver actualmente en su ex colonia, es esencial en la vida humana.

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Dale, Sam, un poco de swing

28 enero 2011

Una sesión de swing muy chula y bailable a cargo de Dunkelbunt, razón aquí. Incluye esta canción, Waldeck – Make my day, a que mola?