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El liberalismo como enfermedad mental (1): la teoría

28 enero 2013

Todos conocemos el relato del origen del dinero. Lo cuenta Adam Smith en La riqueza de las naciones: primero intercambiábamos las cosas mediante trueque, cuatro gallinas por un cerdo, tres cerdos por una vaca, tres vacas por dos caballos, un caballo por mi reino, pero cuando la complejidad de lo social llegó a un máximo, pasamos a la moneda para simplificar las transacciones.

Un cuento muy bonito, que aparece en cualquier tratado introductorio de economía hoy en día (Begg, Fischer, Dornbuch 2005, Maunder et al 1991, Parkin and King 1995, Stiglitz and Driffill 2000). Pero falsísimo: ningún etnógrafo hasta ahora ha podido confirmar el relato de Smith, sino justo el hecho contrario: el trueque como forma de intercambio habitual es virtualmente inexistente en todas las sociedades del mundo, desde las más pequeñas a las más postmodernas. El intercambio se produce normalmente vía mera reciprocidad (en sociedades más pequeñas), redistribución centralizada o vía mercado, pero nunca por trueque, que sólo ocurre en casos extremos de colapso social, como Argentina cuando el corralito, o en el contacto casual entre extraños de tribus diferentes (por ejemplo, el encuentro inicial de Colón con nativos?).

Una pequeña discordancia sin importancia, diría el crédulo. Pero esta anomalía, divorcio entre hecho y discurso, es en realidad totalmente fundamental en el relato de Adam Smith, porque de lo que se trata es de desvincular moneda y Estado, de considerar la invención de lo primero como algo previo y ajeno a la existencia de un gobierno, aunque la realidad histórica lo contradiga y atestigüe que desde la invención de la moneda en el primer milenio antes de Cristo por allá Anatolia, lo habitual es que el Estado acuñe moneda (o al menos ceda el monopolio de su producción) y luego cree el mercado. En el libro Deuda: Los primeros cinco mil años, el antropólogo libertario David Graeber (“líder” de Occupy Wall Street -¡!- según la editorial castellana -bravo) desmonta así el mito liberal del trueque, anomalía en forma de afirmación supuestamente científica sin base empírica con una particular agenda política. Casualidad? Lo dudo.

Nueva York, universidad de Columbia, hace un año. En clase de teoría de juegos, el profesor Morelli, más de dos metros y ciego, podría ser un personaje de David Lynch pero es brillante académico TOP de la economía política de uno de los mejores departamentos de economía del mundo nos describe el modelo matemático de la ‘guerra de desgaste‘. Resulta que en este juego cada uno de los dos agentes racionales evalúa la utilidad propia y ajena de ganar la guerra en función del modelo. El que obtenga más provecho aguantará más tiempo el desgaste, así que lo lógico para el otro es entregar las armas ipso facto. Pues muy bien. Al terminar, un alumno pregunta: “así que, según la teoría de juegos, la guerra de desgaste nunca se juega”. Morelli asiente.

Pues vaya mierda la teoría de juegos, si uno tiene en cuenta la multitud de guerras de desgaste que ha habido a lo largo de la historia. La justificación habitual es que se trata de una idealización, una mera aproximación a la realidad empírica, como cuando los físicos ignoran la fricción del viento en las caídas y les sale casi el mismo número. Pero es que esta peculiar aproximación se queda tan lejos de la realidad como mi abuela de Manhattan. Otra casualidad? En absoluto. Resulta que, en otro juego, el del ultimátum (donde un jugador ofrece una partición de cien dólares y si el otro acepta los dos se quedan con lo decidido y si no pues nada y la puta al río), los chimpancés se comportan de un modo mucho más racional que los humanos, ya que éstos últimos demuestran tener un sentido innato de justicia; rechazando ofertas demasiado injustas y ofreciendo particiones demasiado justas – lo racional sería aceptar la oferta 99-1, porque un dólar es mejor que cero.

La enésima casualidad? Lo dudo mucho. Resulta que desde Samuelson en la década de los 1940 la ciencia económica se ha dedicado a construir complicados modelos matemáticos inaccesibles al lego, las conclusiones de los cuales dependen lógicamente de las premisas adoptadas pero es que esas premisas no tienen por qué tener nada que ver con la realidad empírica. Otro ejemplo. En un seminario de economía política, el hijo de Helenio Herrera, el Mago, nos describía su modelo teórico sobre turf wars (guerras de competencias entre agencias del gobierno). Todo muy bonito y consistente. El problema es cuando terminó de explicar las conclusiones del modelo: en ciencias naturales como la física o la biología, lo normal en ese momento es pasar a explicar los resultados experimentales y compararlos con la predicción teórica. En cambio, el hijo del Mago simplemente terminó la presentación, applause y hasta otro día. En esto consiste la teoría económica: ni premisas ni conclusiones son contrastadas experimentalmente con precisión.

Inquietante, ¿verdad? Desde un punto de vista popperiano (sí, el de la sociedad abierta y tal), la teoría económica sólo puede ser considerada una pseudociencia entre la parapsicología y la ufología de Iker Jiménez, no sólo por sus premisas habitualmente erróneas sino también por su metodología tramposa, que la convierte automáticamente en imposible de falsar. Como dijo el spendaholic Krugman, los economistas confundieron la belleza (de los modelos) por la verdad. Hasta Stiglitz, pope alternativo, construyó su modelo ganador del Nobel para justificar la existencia de desempleo en una economía sin salario mínimo usando el deus ex machina de que los trabajadores holgazaneaban en el trabajo (shirking), algo que no tiene base empírica [Schlefer 2012, The Assumptions Economists Make].

Ya que no hay confrontación experimental, muchos críticos han equiparado el model-building a un mero contar cuentos [Gibbard and Varian 1978, Klamer 1992, Colander 1995, McCloskey 1990, Morgan 2001, and Cowen 2007]. Klein y Romero [2007] examinan el prestigioso Journal of Economic Theory y encuentran que un 88% de los artículos no llega al nivel de ser considerado teoría. McCloskey, más radical, reduce la teoría económica a mera retórica: en ser convincente y persuasivo en los congresos, revistas académicas y demás encuentros sociales, que se convierten en un pulso para la hegemonía del discurso. Ormerod afirma que cada vez es más claro que el intento (iniciado por Samuelson en la posguerra) de hacer de la economía una ciencia exacta ha fracasado. Y esto que sólo nos hemos escarbado en la metodología.

“Ninguna teoría económica fue abandonada nunca porque fuera refutada por un test experimental econométrico.”

Aris Spanos, econometrista, Statistical Foundations of Econometric Modeling

Sino que además el test que la refuta se olvida con el tiempo, pero la teoría permanece (Minsky). Eso convierte la economía en la más sutilmente manipulable de las ciencias con fines ideológicos. Mantras mediáticos como que las pensiones son insostenibles, la salud pública es insostenible, la austeridad es necesaria para el crecimiento o mejor controlar la inflación que crear empleo no son más que OVNIs conceptuales a prueba de evidencias-bomba que parten de modelos matemáticos todos con origen en un paradigma teórico, el modelo DSGE de expectativas racionales, uno de sus máximos exponentes, premio Nobel, Eugene Fama, afirmaba tranquilamente (después de 2008) que eso de las burbujas económicas no existía, porque implicaría que los agentes económicos no son racionales. Ah. Pues vale. Si la realidad me desmiente la premisa, es que la realidad está equivocada.

Él era el célebre creador de la hipótesis de la eficiencia del mercado (EMH), que sostiene que como el mercado es siempre informativamente eficiente, los precios siempre indican el valor real y por lo tanto uno nunca puede enriquecerse a partir del mercado (ejem, claro, eso es la paradoja de Stiglitz), aunque hasta haya una fórmula matemática para hacerlo (Black-Scholes). La EMH, con la trickle-down economics, la mano invisible (en macro), la austeridad o la privatización conforman lo que Quiggin llama ideas zombiesque las matas y no importa que vuelven a por ti, porque son invulnerables a la evidencia empírica. En el fondo, todos estos modelos teóricos no son más que creencias supersticiosas frondosamente camufladas intelectualmente, pero supersticiones puras y duras al fin y al cabo.

Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes.” Albert Einstein

Quiggin lo llama económicas zombies, Einstein lo llama locura, Artur Mas lo llama seny, Rajoy responsabilidad y yo lo llamo enfermedad mental. En su base fundamental, ese gran timo de la historia que es la fenomenal entelequia del Homo Economicus, el ser racional que siempre maximiza su utilidad, un constructo histórico de Robinson Crusoe (que nace de los denodados esfuerzos de los liberales de conceptualizar lo que antes era mera avaricia como una noble empresa moral conducida por caballeros con monóculo; Hirschman) y un constructo social, como indican Callon, Granovetter, MacKenzie o Bourdieu. Pero es que la libertad de Robinson Crusoe, la de Hayek, Ayn Rand y Aguirre, la libertad en el vacío, está hecha de la misma materia que los OVNIs de Iker Jiménez, es puro humo: en una comunidad, cada interacción social es un juego de tensiones y tu libertad es mi represión, aunque eso pueda reducirse a un simpático si quedar a las 4 o 4 y media para un café. Una espada de doble filo, porque el derecho de unos es la coacción sobre otros: mi libertad de enriquecerme sin límite es la inmersión en la miseria para otros; la cruel imposición que sufro de pagar impuestos implica la libertad de otros para acceder a una sanidad de calidad; un techo a mis ambiciones y a mis sueños es la salud de mi abuela, etcétera.

Qué novedad, que el hombre sea un animal social. Nos constituimos en sujetos delante de los ojos de los otros y construimos sociedad, que es sobre todo interacción. No sólo sociedad, sino realidad en sí misma: es una hegemonía, un consenso resultado de una compleja lucha de tensiones. El liberal que se enfunda en el disfraz de Robinson Crusoe y reclama para sí una inexistente libertad en el vacío no sólo está exigiendo la imposible emancipación de la red social, sino también otra cosa: la posibilidad de vivir una realidad individual desconectada de la colectiva y consensuada – vivir en una realidad paralela. Es decir, que el liberalismo fuera enfermedad mental no era recurso estilístico, sino verdad de la buena.

6 comentarios

  1. UN POCO DE BIBLIOGRAFÍA DESORDENADA AL RESPECTO
    Quiggin, J. 2010. Zombie Economics. Princeton University Press
    Klein, DB, Romero, P. 2007. Model Building versus Theorizing: The Paucity of Theory in the Journal of Economic Theory. Econ Journal Watch
    Stanford, J. 1993. Continental Economic Integration: Modeling the Impact on Labor, Annals of the American Academy of Political & Social Science
    Cassidy, J. 1996. The decline of economics. New Yorker
    Gibbard, A., Varian, HR. 1978. Economic Models. The Journal of Philosophy.
    Klamer, A. 1992. Academic Dogs. In Educating Economists, ed. Colander, D., Brenner. University of Michigan Press.
    Colander, D. 1995. The Stories We Tell: A Reconsideration of AS/AD Analysis. Journal of Economic Perspectives
    Morgan, MS. 2001. Models, Stories and the Economic World. Journal of Economic Methodology
    McCloskey, D. 1998. The Rhetoric of Economics. University of Wisconsin Press
    Ormerod, P. 1997. The Death of Economics. Wiley
    MacKenzie, D., Muniesa, F., Siu, L. 2007. Do Economists Make Markets? On the Performativity of Economics. Princeton University Press
    Mitchell, T. 2005. The work of economics: how a discipline makes its world. Archives of European Sociology
    Callon, M. (ed). 1997. Laws of the Markets. Wiley-Blackwell
    Granovetter, M. 1985. Economic Action and Social Structure: the problem of embeddedness. American Journal of Sociology
    Kahneman, D., Knetsch, J., Thaler, R. 1986. Fairness as a constraint on profit-seeking: entitlements in the market. American Economic Review
    Fehr, E., Gächter, S. 2000. Cooperation and Punishment in Public Goods Experiments. American Economic Review
    Ariely, D. 2008. Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions. Harper Collins


  2. Arqueológicamente, des de luego, esto del trueque brilla por su auséncia.

    Lo que si encontramos son sistemas de produción centralizados para redistribución posterior, grandes graneros, carnicerias centrales o molinos comunitarios.


  3. Hola mestre,

    Descobrir que l’economia no és una ciència no sembla gaire meritori, tot i que mola com ho justifiques. En això coincideixes amb els austríacs…
    http://rationalwiki.org/wiki/Austrian_school

    Molt em temo que la única ciència a l’economia és aquesta:

    Els dos últims paràgrafs sí que semblen un salt mortal purament ideològic teu. M’agrada molt això de la “libertad en el vacío” y “mi libertad de enriquecerme sin límite es la inmersión en la miseria para otros”. Una pregunta: és això mentida?

    Crec que ets injust i nomès fas caricatura. Fins i tot en el cas més extrem malinterpretes aquests suposats “liberals” (Ayn Rand liberal? Aguirre liberal?). Un text de l’Ayn Rand com a exemple:

    Do not make the mistake of the ignorant who think that an individualist is a man who says: “I’ll do as I please at everybody else’s expense.” An individualist is a man who recognizes the inalienable individual rights of man—his own and those of others.

    I és que fins i tot en el cas de la Rand això de “la libertad en el vacío” és una caricatura:

    Individual rights is the only proper principle of human coexistence, because it rests on man’s nature, i.e., the nature and requirements of a conceptual consciousness. Man gains enormous values from dealing with other men; living in a human society is his proper way of life—but only on certain conditions. Man is not a lone wolf and he is not a social animal. He is a contractual animal. He has to plan his life long-range, make his own choices, and deal with other men by voluntary agreement (and he has to be able to rely on their observance of the agreements they entered).

    Passa-t’ho bé. Em fa la sensació però que et confons contínuament d’adversari ideológic. És com si et fós fàcil petar-te FMI, UE i demés merdes dirigents…però en canvi et costa atacar-ne els suposats pares (liberals). I jo crec que els liberals no són els pares malalts mentals del món actual…


    • El último párrafo de Ayn Rand “el hombre no es un lobo solitario ni un animal social, es un animal contractual” suena bien, pero es una chorrada como un piano. ¿Qué contrato establece un niño recién nacido con sus cuidadores? ¿Y un amigo con los suyos? ¿Oye, quieres acostarte conmigo? Pues firma aquí, aquí y aquí… El hombre es a todas luces un animal social, y no todos están en las mismas condiciones para realizar un contrato libre entre dos individuos. El hombre “libre” sobre el que descansa el liberalismo en general, y Rand en particular es un hombre que simplemente no existe, ni siquiera en la misma clase social que creó e implementó ese proyecto de sociedad basado en ese mismo hombre. Incluso ellos tienen familia, amigos, bienes heredados que no dependen de ningún mérito ni contrato entre individuos. Al final creo que nos encontramos conque los axiomas lógicos del liberalismo son absurdos, con una visión extremadante naif y llena de contradicciones en la que los propietarios-productores pretenden extender el modelo contractual burgués, basado en unos modos de producción concretos y situados históricamente, a la sociedad entera. Quiero decir, que en definitiva, el liberalismo es un modo de organizar la producción social. La verdad es que da un poco de risilla pensar en el “hombre” liberal (creo que se parecería un poco a esto https://www.youtube.com/watch?v=x1yKiKRtSKM ) pero se me quita cuando veo las cosas que el poder ha hecho con eso…


      • Lo que da risilla es pensar, que para justificar que no todos están en las mismas condiciones de realizar un contrato libre entre dos individuos, se precise de una maquinaria burocrática injusta y carísima como es el estado, pensar que pq exista gente inutil gestionando su dinero, los que no lo somos,tengamos que soportar un estado que nos iguale…Total, el hombre es un animal social que es mucho mas feliz viendo como ni él, ni los de al lado, tengan o no talento, alcanza sus metas. Que tratando de alcanzarlas por si mismo y sin zancadillas…Los que no entendeis un Mundo en el que no decidan por vosotros, los que pensais que Hajek y Aguirre son la misma cosa, sois los que dais risilla….


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