Posts Tagged ‘Catalunya’

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Realpolitik catalana

29 noviembre 2012

A mí lo que me ha flipado de las últimas semanas es la insistencia convergente en convertir en plebiscitarias unas elecciones que han explotado en sus manos en toda la complejidad que caracteriza la sociedad catalana. Al final resulta que no es buena idea presentarse a las elecciones exigiendo un cheque en blanco -‘un liderazgo fuerte en momentos excepcionales’, que parece que sus asesores no se percataron que evocaba inequívocamente la figura del dictador- con la sede embargada por un caso de corrupción, reventando ojos a tutiplén y dando palizas obra de un psicópata que se presentaba como número 2 por BCN, censurando revistas digitales que destapan casos de corrupción en sanidad al mismo tiempo que se mantiene al interfecto en las listas por Girona sin dar explicaciones, con la cuenta del Padre evadiendo impuestos en Liechtenstein y el caso de las ITV para el número 3 de BCN. Corrupción y represión culminada por una gestión pésima de las finanzas, generando deuda a casi el doble de velocidad que el anterior gobierno -‘el desastre del segundo tripartit’- al mismo tiempo que empeora meteóricamente la calidad de los servicios públicos que se ofrecen por culpa de los sádicos recortes sociales, eso sí, ‘impuestos desde Madrit, porque no hay alternativa’.

Vaya modo de cultivar mayorías excepcionales y liderazgos fuertes en momentos difíciles que tienen los de CiU en mente: el esquizofrénico “te pego porque te quiero”. Preguntado por las estructuras de Estat propi en la entrevista del Ágora, Mas dijo que la idea era, por ejemplo, asumir el control del agua para después privatizarlo y hacer caja ‘para no tener que recortar de sitios más dolorosos’: la viva contradicción de construir un Estado desmantelándolo. Eso es, el modelo Menem que tantos éxitos le dio a la Argentina a principios de los 2000. O España ahora, ya que salimos de la última mediante privatizaciones y aquí estamos. En el fondo eso es lo que pasa cuando se deja la independencia, patrimonio tradicional de la izquierda y aún ahora según el CIS, en manos conservadoras, que no entienden que la independencia se consigue con cohesión social y no con la fractura social que crean sus recortes, sus palizas, su desdeño a quién piensa diferente y su corrupción, eso es, se consigue con un tejido social fuerte que suscite adhesión -unos buenos servicios públicos con transparencia- y no proyectos mesiánicos mal dibujados con cúter en la piel del débil. Dicho de otro modo, mucho más simple: no hay liberación nacional sin liberación social, como no ha parado de repetir estos días David Fernández. En demostración de su gran amor por el pueblo catalán, la claca convergente ya ha pedido que se duche y no traiga ni perro ni flauta al Parlament. Pues muy bien. Con esta tolerancia a lo diferente pensabais conseguir una mayoría excepcional?

El problema es crítico, no hay dinero: la Generalitat está totalmente en quiebra y sin poder económico real. No por la deuda del 22% del PIB, que es muchísimo más baja que la media europea, sino por una aberrante estructura de ingresos -ah, el dulce éxito de la gloriosa financiación autonómica que intentó cambiar el Estatut, ¡para eso era!- que impide cualquier gestión responsable de las finanzas. Ya no hay Espanya ens roba por el simple hecho de que ya no existe actividad económica en Catalunya que fiscalizar. Lo único que hacen los recortes -y eso es culpa exclusiva de Mas– es deprimir aún más la economía y los ingresos fiscales del gobierno, como ya dijo Keynes y no paran de recordárnoslo las agencias de rating cada vez que nos bajan varios peldaños la calificación de una deuda lógicamente cada vez más difícil de devolver: es el círculo vicioso del austericidio. Es decir, que el camino que ahora mismo andamos, el impuesto desde Madrit, representa el colapso seguro de la Catalunya autonómica. La alternativa es una aventura incierta. Al fin y al cabo, el dilema del president está entre la obediencia a la jerarquía –la voluntat d’un noble, que es el diktat europeo- y la obediencia al pueblo que no quiere austeridad –la voluntat d’un poble: desobedecer institucionalmente, plantarse, rechazando traspasar esa delgada línea roja porque es prioritaria. Eso es, en una crisis la línea roja que no se traspasa es una decisión política – o bien es la actual, el pago de una deuda asfixiante e impagable, como ordena nuestra Consti, o bien los servicios públicos y revitalizar la economía.

Así que el dilema es simétrico tanto para Rajoy y Mas a sus respectivos niveles: si el primero no hace nada, como es de esperar (algo a nivel español sería plantarse y dejar de asumir la deuda privada como pública [!], plantear una quita [!!], replantear la financiación autonómica [!!!]), el segundo se enfrenta a que la única salida viable para Catalunya para garantizar los servicios públicos -que es para lo que sirve un Estado y si no apaga y vámonos- es la independencia política y también económica, eso es, con moneda propia y por lo tanto fuera del euro. Políticamente, Mas ahora se encuentra en un momento parecido al de Maragall con el Estatut: entre la oligarquía que nota menos la crisis y no quiere independencia y las bases populares de su entorno político más amplio, que sí la quieren, pero por razones más bien identitarias. Si prefiere no arriesgar y quedarse con el sillón, el desencanto popular puede costarle muy caro (algo de democracia sí que hay, diría Marco Antonio), igual que ahora le está pasando al PSC que defenestró al sector catalanista-burgués. Ahora bien, si arriesga, el camino es extremadamente difícil, pero si tiene éxito el crédito para CiU será enorme – conociendo el pelaje de CiU es probable que no tengan esa valentía. Obviamente Mas quería una gran mayoría para gestionar la hoja de ruta a su antojo, pero su margen de maniobra es casi mínimo. Hasta parece que, en un contexto de justicia hiperpolitizada, las élites le han destapado un escándalo al PSC para obligarlo a pactar con CiU y que se olvide de soberanismos e historias alargando así la agonía autonómica –Fernández está imputado por hacer una llamada recomendando una amiga para un trabajo, lo de Bustos es otra cosa-, igual que el caso Ausàs de contrabando de tabaco (!) sirvió para que Esquerra evitara las explicaciones de Mas sobre el cas Palau. Parece que tienen un cajón lleno de escándalos y los destapan cuando así se requiere. Por eso el partido mandó callar a Maragall con lo del 3%, por eso silenciaron al presidente de la fundación de CiU, Colomines, cuando éste amenazó de ‘tirar de la manta’. Es la omertà del oasis catalán.

Desvelado todo este ladrillo, hay que señalar uno de los efectos más curiosos, mi propio síndrome de Estocolmo: a la pregunta de ‘tú qué harías para salir de la crisis?’, responder con una tonelada de propuestas políticas como si uno fuera Artur Mas o Mariano Rajoy. Pero uno no es presidente, sino un pringado cualquiera – al fin y al cabo, en eso consiste la identificación total del esclavo con el amo de la que hablaba Malcolm X al describir al house negro que habla de nosotros cuando de hecho se refiere al amo. En el fondo, nosotros también nos encontramos en un dilema simétrico al de Rajoy y Mas: o el de arriba o nosotros. La auténtica realpolitik catalana es plantearse qué puede hacer uno mismo en su propia situación, no en la de otros. Asumiendo que los de arriba no harán nada, lo que tiene sentido es, a nivel transformador, plantarse, organizarse, dejar de pagar a las instituciones extractivas (tanto Estado como mercado) y re-estructurar el tejido social

  1. Objeción fiscal: negarse a pagar impuestos al Estado. “Si uno no paga impuestos, es un defraudador. Si mil no pagan, es un gesto político”. Plantarse al diktat político – sólo es con desobediencia efectiva y organizada que el jefe jerárquico se doblega.
  2. Colectivizar servicios públicos como escuelas y centros de atención primaria y, con el dinero ahorrado de no pagar impuestos, pagar las cuotas de los servicios en forma de cooperativas de usuarios. Reapropiarse de lo público.
  3. Democracia económica: negarse al expolio de la plusvalía y transformar las empresas en cooperativas – participación del trabajador en el capital y la toma de decisiones.. Eso implica abolir la dicotomía entre capitalista/emprendedor y asalariado, como en el fondo pide la teoría socialista (y también la austríaca en el fondo): sabotear la diferencia entre productividad y salarios, eso es la proporción de plusvalía que va al capital, una proporción que se auto-alimenta desde los setenta y tanto se ha ensanchado por la globalización, debilitando al trabajador y generando desigualdad.
  4. Cambiar no sólo como productores, sino también como consumidores
  5. “Tercer eje” (CUP), el democrático: participar en las asambleas populares – desacralizar el parlamento

En el contexto actual, el modelo económico que se impone para España es, efectivamente, Eurovegas: una serie de tremendos ciclos económicos donde la crisis crea un precariado en pánico que necesita desesperadamente de un trabajo para subsistir, eso es el bonded labor, hasta que llega una ola de prosperidad y trabajo mal pagado y otra crisis once again, y así sucesivamente solidificando un nuevo estado de las cosas – un neofeudalismo puro y duro, donde antes los señores feudales tenían el monopolio de la tierra, a la que los siervos estaban ligados, ahora lo tienen del capital. Y esto no se va a cambiar desde arriba, en absoluto, sólo desde abajo. Ésa es la auténtica realpolitik catalana.

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¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!

9 septiembre 2011

En Francia se hablaban multitud de lenguas hasta que la dinastía borbónica se los cargó a todos menos uno, el francés, y siguen así. Cuando los borbones llegaron aquí en 1714 intentaron exportar el modelo, pero como aquí todo se hace con el culo, pues catalán, euskera y gallego siguen vivos. En el pasado, asesinar indígenas, eliminar lenguas o pasarse las garantías jurídicas de un individuo por el forro era algo normal, pero por suerte las sociedades van evolucionando con el tiempo y estas costumbres pasadas de rosca se terminan olvidando, aunque siempre tendremos un Felip Puig o un Tribunal Supremo para recordártelas. Ahora toca convivir con la diversidad cultural y lingüística, mal que nos pese, y construir estructuras políticas que se fundamenten en ella, que lo más probable es que sean de tipo federalista. 

Separar a los estudiantes castellanohablantes de los catalanohablantes sería separar el país.

Dorios Pack, presidenta de la Comisión de Cultura y Educación de la Eurocámara

A veces uno se pregunta si las instituciones centrales de Madrid son idiotas o franquistas. La respuesta, habitual en estos casos, seguramente es que es una combinación de las dos cosas. Porque por un lado estamos viviendo una terrorífica regresión del péndulo de la historia hacia el neofranquismo más negro (donde sin ir más lejos el alcalde de Barcelona se dedica a atentar contra libertad de expresión y aquí no ha pasado nada), pero al mismo tiempo uno se pregunta, como Mourinho: ¿por qué? ¿por qué? ¿Por qué estas sentencias ultranacionalistas y ultraconservadoras que lo único que hacen es decirte: “o a nuestra manera -¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!- o te jodes“? ¿Pero cómo se va a llamar justicia a este modo flagrante de romper la cohesión social? Al igual que Aznar fue el principal promotor de ERC, el Supremo y el Constitucional son los principales promotores de la independencia de Catalunya.

Sólo cabe recordarles a estos jueces incompetentes la enorme utilidad del modelo educativo con segregación lingüística en el País Vasco o Bélgica. ¡Aquello sí son sociedades unidas y cohesionadas! Ah no, espera…

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Los recortes sociales son de izquierdas

18 julio 2011

La crisis empezó en Wall Street, está claro. Pero una vez los bancos cierran el grifo del crédito y van a las inversiones más seguras (que los bancos tuvieran estas funciones era parte intrínseca del sistema que mucha gente -no todos- aceptaba, beneficiándose también), las más arriesgadas se resienten y esto se convierte en una crisis de deuda: una inversión poco segura son los bonos de los países del sur (Grecia, Portugal, España, Italia) más Irlanda, los PIIGS. Por un lado, Irlanda tuvo que ser rescatada por las pérdidas de sus bancos, pero los países del sur comparten las mismas características: una (in)disciplina presupuestaria muy pero que muy chunga, gastar mucho más de lo que uno ingresa, ya que, claro, por algo tenemos los fondos de cohesión europeos y tanta inversión extranjera.

Y, sobre todo lo demás, [Italia] es un país con una economía extraña, casi incomprensible, un caso casi único de burocracia y derroche, desempleo bajo y ocupación todavía más baja (el 50% de las mujeres no trabajan), deuda pública estratosférica (1,89 billones, el 120% del PIB) y crecimiento casi nulo (un 0,2% acumulado desde 2001 hasta ahora, solo mejor que Haití y Zimbabue), déficit moderado (4,6%) y actividad sumergida a espuertas. Como en España, o más.

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales, según las estimaciones de diversas asociaciones de comerciantes y de la patronal, Confindustria. La corrupción cuesta cada año, según el Tribunal de Cuentas, 70.000 millones de euros. Y la evasión fiscal, según ha declarado Tremonti hace unos días al Financial Times, se eleva a 150.000 millones. “Increíble”, apostillaba Tremonti, como si las tres amnistías fiscales que su Gobierno ha aprobado en nueve años no las hubiera hecho él.

Compartimos un fraude fiscal espectacular (un 23% del PIB en el caso español, diez puntos por encima de la media europea) que lastra los ingresos del Estado y un gasto que va entre el derroche en obras faraónicas (AVEs lo contrario de rentables, Ciudades de las Artes y las Ciencias, Madrid olímpica, etcétera) y un Estado de bienestar infradesarrollado (nada de inversión en I+D, universidades endeudadas, sanidad paralizada). Con estas cuentas, no me extraña que nadie quiera invertir ahora en España.

Cuando uno tiene pérdidas, para equilibrar el presupuesto o bien subes los ingresos o bien bajas el gasto: lo primero se consigue o bien aumentando los impuestos (justo lo opuesto de lo hecho por el Zapatero de “lo que hay es una pequeña desaceleración económica, no crisis”) o bien endeudándose con la emisión de bonos (lo que crea inflación -de momento muy controlada- y, claro está, uno contrae deudas con los buitres mafiosos de Wall Street, que no es tan divertido el keynesianismo de a la larga estaremos todos muertos y podemos aumentar el déficit tanto como queramos) o bien vendiendo activos (es decir, privatizando). La otra opción es reducir gastos: menos universidades, menos hospitales, menos pensiones, y no mola nada.

Pero también menos Ejército (9000 millones al año) o menos Iglesia Católica (6000 millones al año): el primero constituye un 4% del PIB y vender toda la maquinaria bélica (¡privatizarla!) a los chinos daría un respiro a las cuentas. Igualmente, lo ahorrado por los recortes a universidades catalanas equivale a lo perdido por la supresión del impuesto de sucesiones, unos 400 millones que se imponían a pocas familias. Según su peculiar idea de lo que es “defender a Catalunya”, CiU, cuando toca recortar, quita ingresos -impuestos- y se ceba con los servicios sociales, olvidándose oportunamente de las generosísimas inyecciones de dinero público a constructoras y bancos. Y es que cuando toca equilibrar presupuesto, mucho mejor si lo hace alguien con sensibilidad de izquierdas (y no me refiero a la centroderecha con un tarro de vaselina retórico al lado) que de derechas (tradicionalmente derrochadoras, sólo hay que ver el déficit causado por Berlusconi, Reagan o Bush y el superávit de Solbes, Prodi y Clinton). No sólo toca tener una presión fiscal de características europeas para poder ofrecer unos servicios europeos -recuperación del impuesto de patrimonio, de sucesiones, sociedades y el tipo máximo del IRPF-, sino también imponer una racionalización de la Administración: menos y más eficiente.

Cuando el PSOE ha tenido que equilibrar presupuesto, ha ido a lo fácil, es decir, al pequeño y débil: más impuestos regresivos (IVA…) y menos servicios sociales. Lo que haría cualquier partido de derechas. Pero la crisis reclama una revisión de las prioridades, preguntarse si este modelo productivo tiene sentido en el contexto de la globalización, y acometer reformas no sólo al nivel más bajo, sino también al nivel más alto, que es lo difícil, lo valiente -el problema que hemos llamado de Indiana Jones. ¿De qué sirve un Parlamento con 350 diputados con sus dietas y beneficios si al final todos votan al unísono de lo que les manda el portavoz de su partido? La “racionalización de la Administración” no es un eufemismo, y conlleva cambios importantes y extensivos a todos los niveles: el gobernante izquierdoso redistribuirá de un modo mucho más justo el esfuerzo con el que todos pagamos la crisis; hará recortes, sí, pero también en la construcción del AVE a Albacete, del que sólo se beneficia el constructor Florentino Pérez.

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Ya está: ya tienen lo que querían

15 junio 2011

Cuando tenía dieciséis años, fui a una pacífica manifestación de carácter lúdico-festivo, en Barcelona, contra las políticas neoliberales del Banco Mundial, en el 2001. Se leyó un manifiesto en plaza Catalunya y, acto seguido, la policía -siempre con una actitud claramente intimidatoria- cargó contra los manifestantes. Detuvieron a curas, abuelas con sus nietos, mujeres embarazadas – el típico perfil del violento antisistema. Y toda esta carga, enésimo ejemplo de brutalidad policial, porque -lo recuerdo perfectamente- había unos veinte energúmenos encapuchados al inicio de Passeig de Gràcia, claramente separados de los manifestantes, rompiendo escaparates. ¿Por qué fue la policía tan enormemente incompetente para no detener a esa veintena de descerebrados y dejar discurrir la manifestación pacíficamente? ¿Es que no les enseñan métodos para hacerlo? ¿Para eso les pagamos? Muy fácil: porque en este grupo había policías infiltrados con la única función de reventar la manifestación. La verdad es que era tan evidente como fue insultante después de ver las declaraciones de los políticos de turno condenando la violencia y tal: hombres saliendo directamente de los furgones policiales con indumentaria antisistema, con bates, barras de metal y otras armas no reglamentarias, destrozando aparadores y justo después deteniendo a quién los fotografiaba (y, claro está, rompiéndoles la cámara en el proceso).

“Son sólo unos cuantos los que la están liando. Son los de siempre, no creo que el movimiento del 15-M tenga que estar representado por este tipo de gente”. Albert Rivera, Ciutadans

La verdad es muy clara: sea la Ochrana zarista, los grises de Franco o los mossos de Puig, desde siempre que la policía se ha infiltrado en manifestaciones, para información y para reventarlas -donde reventar significa ser violento e incitar a la violencia los que te rodean, envalentonados (porque obviamente no todos los violentos son policía). Desde el punto de vista pro-sistema, sería preocupante si no lo hicieran, de hecho. El desalojo encubierto de plaza Catalunya del 27-M fue planificado; se sabe –las cargas fueron una hora después de que los coches de limpieza abandonaran la plaza– con el único fin de incitar a la violencia de los manifestantes y poder sacar en todos los medios de comunicación una foto de algún camión quemándose y tal, y así desacreditar el movimiento. Siempre ha sido así. Pero todas las Asambleas, las de barrios, Sol, Catalunya, Valencia, ésa en la que he asistido hoy en Ciutadella, han sido muy tajantes en eso: no a la violencia. Se han citado los métodos pacíficos de Gandhi varias veces -hasta se ha mencionado su doctrina: la satyagraha. El 15-M ha tardado poquísimo en desmarcarse de estos actos violentos, con los que los medios ya intentarán etiquetarnos siempre. La protesta de hoy ha sido desorganizada y por lo tanto vulnerable a las acciones de descerebrados e infiltrados – esto tiene que cambiar, seguro, si nos dejan, porque si no la legitimidad de las reivindicaciones -hasta ahora indiscutible- se pone en duda.

“(Les agressions) han estat de grups de persones que eren aquí. Però nosaltres ens organitzem col·lectivament i qui surt de les consignes, actua individualment”. Pau Simarro, indignat

Pero es que ahora, hasta con estas explicaciones, estas disculpas, esta apología de la no-violencia, -necesarias, eso sí- estamos desviando el tema: ¿dónde estaban el 27 de mayo los que ahora se llenan la boca con vagas defensas de la democracia y rechazos a la violencia? Sí, ésos mismos que ahora ejecutan las órdenes del poder financiero, rechazando que la devolución de la vivienda salde la hipoteca (la famosa dación en pago, que de hecho tendría que ser uno de los puntales de las exigencias del 15M) o la publicación de listas de defraudadores de Hacienda. ¿Es que las porras de los mossos, los continuos desahucios, los trabajos precarios, los brutales recortes sociales, las disminuciones de salario a los que operan nuestros padres y educan a nuestros hermanos, no son acaso violencia? ¿A qué lado estabas entonces, Atur Mas? ¿A qué lado estabas cuando Felip Puig no dimitía por ordenar palizas a los que le pagan el sueldo? ¿A qué lado estabas cuando tu partido aprobaba cuantiosas ayudas de dinero público a bancos quebrados, a constructoras mediante licitación de infraestructuras nada rentables, a concesionarias de autopistas, a cada uno de estos oligopolios que los ciudadanos tenemos que sostener con nuestro propio dinero… ¿a cambio de qué? De un trabajo precario, sin futuro, sin oportunidades en un sistema que no nos escucha y si gritamos, nos insulta. Cada vez más queda en evidencia que los canales institucionales, los tradicionales, están totalmente agotados, delante de una transición a un sistema, ese neofeudalismo del turbocapital, que consiste en un conjunto de oligopolios sostenidos por el poder político – una gigantesca estafa de la cual nosotros somos su base y apoyo, pero involuntario. La consolidación de esta estafa a gran escala era lo que se debatía en el Parlament hoy.

Todo, al fin y al cabo, depende de la narrativa de quién tiene la legitimidad y quién se la cree. El Parlamento es el reflejo de la soberanía popular y las fuerzas de seguridad son sus ejecutoras y etcétera. El poder del monarca absoluto emana de Dios. Senatus Populusque Romanus: el Senado y el Pueblo Romano (SPQR). ¡Todo el poder para los soviets! En definitiva, la sociedad es tan sólo una correlación de fuerzas  entre varios colectivos de personas -una lucha de clases- y hay algunos que ejercen el poder desde una narrativa que les confiere una legitimidad porque hay gente que se la cree. No deja de ser curioso, de hecho, lo frágiles que son las instituciones humanas y lo duraderas que pueden llegar a ser. Pero siempre ha sido así: en la República romana también se votaba a los políticos y también había Senado, ¿era entonces una democracia? La Constitución de la URSS era federal, ¿también en la práctica? La gente se lo creía, ¿entonces sí? Hemos mejorado claramente, pero no cambiado tanto: se trata, simplemente, de que no haya excesiva acumulación de poder ni económico ni político – poner en práctica el sistema de checks and balances, la esencia multipolar de lo federal.

Ahora estamos con un Parlamento dominado por un partido con un 16% de apoyo entre la población (problema para la legitimidad 1) y con la voluntad de desmantelar un Estado de bienestar que emana de un pacto constitucional (problema para la legitimidad 2), es decir, de un consenso básico de las distintas fuerzas sociales y todo esto en un contexto económico de falta de oportunidades que estas reformas amenazan de consagrar (problema para la legitimidad 3). En esta situación, ¿de qué van, con esta chulería que les da tener el monopolio de la violencia, pero cada vez menos legítimo?

“Se han traspasado las líneas rojas” Atur Mas, “pecident del govern dels millets”

Celebro que Mas entre en razón, que vea que los poderes fácticos, la élite politico-financiera, están cruzando todas las líneas rojas. Están derrocando el Estado de bienestar porque pueden y los ciudadanos nos descubrimos impotentes y expropiados delante este chantaje. Celebro, además, que Mas defienda la democracia y se postule en contra de la violencia, alineándose así con el movimiento 15M. Supongo que el próximo paso será aprobar la nueva ley electoral, más participativa, que ellos bloquearon en su momento, meter a Felip Puig en el trullo y cambiar hacia políticas más transparentes y no las habituales de la sociovergencia y etcétera. ¿Ah no, que era al revés? Puro lenguaje orwelliano, entonces. Las actuaciones de la policía contra sectores más amplios de la sociedad, la demolición del actual sistema social, la ley siempre al servicio del oligopolio; cada uno de estos hechos deslegitima el sistema a ojos del ciudadano de a pie, lo sitúa al límite de la indignación, viendo cómo las instituciones, que tendrían que amplificar y canalizar la acción colectiva, se consagran como meros parásitos de las fuerzas productivas. Esto no es un problema ideológico: si neoliberalismo o capitalismo o tal. Es lo que hay y hay que decir basta ya. Son ellos los que nos necesitan a nosotros. Basta de suplicar que paren los recortes y que nos dejen participar en la vida política.

Se tapan la cara para tapar el pinganillo. ¿No queríais democracia?


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Curiosos resortes mentales en la acampada

31 mayo 2011

Ladrillo. Desde que Felip Puig es conseller de Interior que la inseguridad en nuestras ciudades ha aumentado muchísimo y de modo preocupante. Vivo aterrorizado. Uno ya no puede andar solo por la calle a plena luz del día sin el miedo del cuerpo de que de repente se te crucen trabajadores de BCNeta acompañados por siniestros individuos de armadura azul sin ningún tipo de identificación y te den una paliza sin venir a cuento, aduciendo cínicamente de que “están limpiando la zona”, mientras uno yace inconsciente con el oído chorreando sangre o con el pulmón reventado.

Bromas aparte, es terrorífica la total impunidad con la que se violan flagrantemente derechos que ya en 1789 se consideraron fundamentales y considerados como tales en la Constitución Española: el derecho a la reunión pacífica y sin armas, que la policía no puede regular de ningún modo, sino sólo el TC. Precisamente estos derechos se documentaron para delimitar bien claras las fronteras a las que puede llegar un gobierno y, entre otras cosas, es precisamente el respeto a estos derechos fundamentales lo que distingue una democracia de una dictadura. Aquí no hay blanco y negro, una separación meridiana entre los dos modelos políticos, sino una línea continua que va de la Alemania nazi a la Islandia moderna con múltiples escalones, en función de los diversos grados en transparencia de la administración, la participación ciudadana en la agenda política, elecciones libres con ley electoral justa y basada en el sufragio universal, el respeto a a los derechos fundamentales, la libertad de información, etcétera. Por ejemplo, en Italia hay poca libertad de información. En España hay una ley electoral no muy justa que fomenta la estabilidad en detrimento del progreso. En cambio en Islandia sí hay mucha participación ciudadana y transparencia. Estas cosas ya las sabemos. Pero es que el viernes retrocedimos a niveles de dictadura africana. ¿Cuándo nos creímos de que esta cosa era el sistema donde el pueblo era soberano sólo porque votábamos cada cuatro años?

Tenemos que ser contundentes con esto, porque una ciudadanía vigilante es clave contra la impunidad del gobierno, siempre tentado de abusar de su poder. Esto ya lo conocían perfectamente los pensadores liberales desde Locke y Montesquieu. ¿Es que por qué uno cree que se inventó la separación de poderes, las declaraciones de derechos fundamentales, los Tribunales Constitucionales? Precisamente, los manifestantes reclamaban pacíficamente democracia real y el viernes estas reivindicaciones se revelaron más necesarias que nunca, delante de las órdenes de un psicópata descerebrado como es el futuro ex conseller de Interior (cada día que sigue en el cargo, es una vergüenza total para un país que se enorgullecía hasta hace poco de su tradición política pactista y de su carácter europeísta), que recordemos fue conseller de Obres Públiques cuando el cobro de comisiones de Ferrovial por parte de CiU a través del Palau más otras corruptelas, autor del hit “el concierto fiscal no es viable” tan sólo dos días dos después de ganar las elecciones con esta zanahoria y derogador del probadamente necesario Código Ético de los Mossos. Un personaje indigno de una sociedad democrática, que ordena dar palizas a los mismos ciudadanos que le pagan el sueldo.

Hay quiénes aducen que los acampados no se pueden quedar para siempre en la plaza. Lo bueno es que según la CE sí pueden; es más, están protestando con unos objetivos concretos, así que es fácil darse cuenta de que la protesta durará hasta cuándo éstos se cumplan y no más; es más, la función de ágora ciudadana, abierta y participativa, le va perfecta a plaza Catalunya, hasta ahora hábitat de guiris y ratas con alas, así que como ciudadano pido que siga la cosa, por favor. Dicen que se han apropiado del espacio público, cuando lo que se ha hecho ha sido construir un espacio donde cualquier opinión es bienvenida. La ley del Suelo de 1998 sí era apropiación privada del espacio público, no jodamos.

Un conocido de BCNeta que participó en el desalojo-limpieza de plaza Catalunya comentó que fueron engañados para ir allí, al igual que la Guardia Urbana. Sólo se les dijo que tocaría pasar escoba y manguera (a lo que se va con un tipo específico de camiones) y, de repente, aparecen cien mossos vestidos de Navy Seals, sin identificación y armados con pistolas de balas de goma y entonces se les ordena desmantelar la acampada delante de los ojos de sus jefes, vestidos de paisano, controlándolos y con los camiones cambiados. En esta captura de pantalla, al final un mosso declara que “falta poco para que todos vuelvan a casa”. No quiero ponerme conspiranoico, pero ¿no venían a limpiar? Estos comportamientos indican planificación de antemano de las cargas policiales, contradiciendo una vez más (“lapsus linguae” incluidos) la endeble versión oficial. Así es probable de que se buscara provocar un incidente violento por parte de los manifestantes, un coche de la BCNeta quemándose por ejemplo, para que fuera portada de todos los periódicos y así poder desacreditar el movimiento. ¿Es ésa la respuesta del poder a un movimiento que siempre se ha caracterizado por su civismo y no-violencia que reclama más democracia? ¿Son los gases lacrimógenos y apagón informativo la única respuesta de Sarkozy a las reivindicaciones francesas? ¿Es que no ven que se están metiendo en el mismo saco que Mubarak o Bahrein? Salvando las distancias, el esquema mental es el mismo. Para terminar de certificar el enorme respeto de la autoridad al siempre tan sano ejercicio de derechos constitucionales, se tiene que presentar la factura de compra para recuperar los peligrosos portátiles requisados y guardados al aire libre en un vertedero. ¿Qué tipo de ciudadanía quieren? ¿Una bien dócil que les tolere sus prontos autoritarios con una policía antidisturbios que selecciona el personal entre maltratadores y psicópatas? ¿Una ciudadanía sumida en la ignorancia política, que no exija investigar sus múltiples corruptelas y abusos? Las manifestaciones se revelan más necesarias que nunca.

Intolerable la impunidad de la autoridad en la violación de derechos fundamentales. Pero lo que roza lo absurdo es el tema al que iba, el preocupante síndrome de Estocolmo desarrollado por gente, más bien de derechas, que delante de las imágenes del viernes de brutalidad policial (recordando otros casos históricos), se pone del mismo bando de los agresores, incapaces de salirse de limitados marcos mentales, sin ningún tipo de empatía por gente pacífica siendo agredida brutalmente. ¿Qué tipo de resortes mentales, de psicopatía mental, pueden llevar a uno a justificar la violencia gratuita y arbitraria no ya contra su misma especie, sino con gente de su misma ciudad? Hay vagas apelaciones al orden, al autoritarismo – habitualmente, su propio orden, su propia autoridad. Hay miedo, al más puro estilo más vale malo conocido que bien por conocer: una gran falta de espíritu pionero, casi cierta cobardía. Por eso habría también cierto complejo de inferioridad, desarrollado como resentimiento hacia gente que sí se arriesga a movilizarse por unos valores considerados socialmente como más elevados. Si no, no se entienden las habituales frases de la derecha como la pretendida superioridad moral de la izquierda, la aznarista sacarse los complejos de encima o el buenismo. Si no, no se entienden las habituales descalificaciones gratuitas de movimientos cívicos caracterizados por su buen hacer, cuando a un complejo fenómeno social, donde coinciden prestigiosos intelectuales con jóvenes estudiantes de primero de carrera, lo reducen a “cuatro perroflautas” o critican precisamente aquello de lo que habitualmente pecanpiensa el ladrón que todos son de su condición-, algo muy usual en los humanos (lo que nos molesta más de los demás son nuestros propios defectos proyectados en ellos) . ¿A qué viene ese rencor gratuito, que consiste en desacreditar un colectivo que plantea su mejor voluntad para reformar las cosas hacia mejor? ¿Qué curiosos resortes mentales alientan ese irredentismo cínico hacia gente (¡vecinos!) que trabaja de buena fe contra la que llegan a justificar violencia brutal y gratuita? Uno recuerda el movimiento en positivo al revés, cuando un chico de dieciséis años vecino del pueblo de Mauthausen, viendo la situación de los presos del campo de concentración, pensó que “aunque sean muy malas personas y peligrosos delincuentes, nadie se merece este trato inhumano” y decidió meterse en la resistencia. Al final, la ideología no es más que la prolongación de un perfil psicológico.

Visualizando el problema desde el marco de la tragedia de los comunes, las izquierdas serían más cooperadoras (valores sociales mejor considerados por el grupo) y las derechas, free-riders que van por libre. Los primeros serían más utópicos y entregados; los segundos, más realistas y conscientes de sus propios defectos. Los primeros desarrollarían incoherencias entre sus ideales, mucho más ambiciosos, y sus prácticas, que los segundos casi gozarían en señalar, cansados de las exigencias éticas del primer bando. Son curiosos estos resortes mentales, que se distribuyen de modo no arbitrario por toda una sociedad, al igual que el parroquialismo altruista (compartido por izquierda y derecha), ese espíritu tribal tan español, que fundamenta el nacionalismo, el fútbol y la política bipartidista del ytumasismo y si tú no fueras tan americano, yo no sería tan ruso. He aquí el hombre, dijo Poncio Pilato y, después, Nietzsche. Ecce homo – éste es el hombre; sólo profundizando en nuestro autoconocimiento podremos ganar en lucidez mental y honestidad espiritual, no sólo para con nosotros mismos sino con nuestros compañeros y teóricos rivales. Y es que estamos todos en el mismo barco.

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Empanadas mentales en el #15M

24 mayo 2011

Antes de todo, es imprescindible comentar lo bonito del paisaje actual de la plaça Catalunya: un espacio de debate en la plaza pública, un ágora de facto donde discutir ideas políticas desde la pluralidad, que es el sueño auténticamente democrático e ilustrado de una sociedad civil fuerte y dinámica. Uno pasea por la plaça Catalunya y ve grupillos de gente discutiendo activamente sobre la ley electoral, autogestión, democracia participativa, medio ambiente, derecho, etcétera, contradiciendo totalmente la reaccionaria estampa de una sociedad pasiva y adormecida. ¿La Atenas de Pericles? La indignación, latente, estalló y se ha transformado en esto y se tiene que mantener. Como experiencia, es una realidad única: es el contacto inmediato y directo con la emergencia y desarrollo de una pequeña sociedad paralela, con sus necesidades de coordinación, sustento, regulación, etcétera. Es, esencialmente, enfrentarse al reto de hacer política por parte de gente tradicionalmente pasiva. Abundan las propuestas simplistas que revelan desconocimiento del tema, pero abunda con la misma cantidad la buena fe de aportar el granito de arena. Esto es precioso.

Dicho esto. Pero si tiene que continuar, que mantenerse en pie, no se puede esperar a que la gente no se canse nunca, sino que tiene que articularse un debate formal, más allá de los mítines histéricos que convencen a propios y alejan a ajenos expectantes, para superar empanadas mentales que lo traicionen. Las estructuras sociales actuales fomentan la pasividad, de modo que nos tenemos que preguntar qué es lo que falla y cambiarlo. A mi modo de ver, hay tres grandes tipos de empanadas mentales:

a) “esto es un movimiento apolítico y politizándolo os lo estáis cargando” MAL. Política es todo aquello en lo que intervienen más de dos personas, un ménage a trois es política, porque política es cualquier regulación de conflictos humanos para la convivencia. Movimiento apolítico es un clarísimo oxímoron, que revela la ignorancia que se tiene de lo que es el mundo ideológico. No es sólo un problema de la ley electoral, sino de cultura política (aunque lo primero puede ayudar a cambiar lo segundo): los imputados por corrupción siguen siendo votados por los ciudadanos, hasta en Barcelona, donde Trias tenía de número ocho en la lista a Antoni Vives, presidente de la fundación Trias Fargas cuando lo de Millet y el Palau. Es la democracia representativa que está en crisis y diagnosticar sus causas e intentar solucionarlo con cambios en sus estructuras políticas siempre se hará desde un punto de vista ideológico. No se trata de favorecer a los partidos minoritarios – sólo hay que mirar en Catalunya (donde tenemos seis partidos en el parlamento) y estamos igual.

b) “no nos representan” MAL. La frase abunda pero los documentos de mínimos que van circulando por las comisiones tienen un claro carácter socialdemócrata – y hay partidos políticos no precisamente minoritarios que se presentaron con un programa electoral 100% idéntico a lo aprobado por la Asamblea General: ICV o IU. Entonces, ¿a qué cojones se refieren por no nos representan? Quizá es una crítica a la democracia representativa, pero a mí me parece más bien, con todos mis respetos, que es ignorancia. La gente no hace la conexión, aún cree que no hay nada más que PP o PSOE, que “todos son iguales” y demás tonterías – no se da cuenta de que hay otras opciones políticas, ignora que ya hay ILPs para la reforma de la ley electoral, que ya ha habido comisiones de expertos que han propuesto cosas como las listas abiertas. Si IU o ICV tuvieran los votos de esa parte de centroizquierda que habita en las Asambleas, tendrían suficiente fuerza en el parlamento para llevar a cabo sus exigencias. Pero la gente no hace esa conexión lógica y sigue a lo suyo: hay una desacoplamiento total entre izquierda institucional e izquierda sociológica: en plena debacle sociata, IU sólo ha aumentado un punto en las municipales. No estoy de acuerdo con la democracia representativa, sobre todo con el modelo actual, pero otra cosa es ignorar soberanamente el paisaje político que ofrece el parlamento y las posibilidades que ofrece.

c) “el míting histérico diciendo las mismas fórmulas de siempre ” MAL. En los turnos de palabra de la Asamblea General, se abusa de la arenga fácil y de tono épico. Al igual que el nacionalismo, convence y une a los ya convencidos mientras se desacredita a ojos de la gente espectadora, expectante o directamente escéptica. No sólo eso. En un contexto histórico radicalmente diferente -en plena crisis del modelo socialdemócrata-, se tienen que abandonar las fórmulas habituales. Se habló de ocupar un edificio, de huelga general. Obviamente, no voy a tener ningún problema con estas acciones, pero tienen el mismo efecto que los turnos de palabra mitingueros: el movimiento #15M ha sorprendido a la sociedad por su heterogeneidad, transversalidad y fuerza; tiene que construirse un discurso no tradicional-conservador (NO a…, NO a…, NO a…) que repita mecánicamente los mantras de la izquierda social-estatista, sino uno nuevo y refundado, que considere que la causa real de la movilización no es un detalle como la ley electoral, sino la crisis que ha generado el empobrecimiento generalizado de la clase media. Pero en esa clase media a la que se tiene que dirigir el discurso contiene a asalariados, pero también a autónomos y pequeños y medianos empresarios. Hace falta un nuevo discurso regenerador, que al igual que la movilización, sorprenda y obtenga el favor de la clase media. Lo trataremos en el siguiente post.

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Rajoy, sus amigos narcotraficantes, Reservoir Dogs y la prensa en crisis

4 abril 2011

El líder conservador dio el pistoletazo de salida a las europeas de 2009 a bordo del ‘Moropa’. Pertenece al clan del traficante “más importante de España”, según la PolicíaPere Rusiñol, Diario Público

El entonces president de la Generalitat Maragall se cabrea con la continua falta de respeto que le muestra Artur Mas en el pleno del Parlament y le endosa el famoso “Vostès tenen un problema i aquest problema es diu tres per cent” [que al final resultó ser el 20%]. El presidente de la entonces Fundació Trias Fargas (la de Convergència y la que cobraba las comisiones de Ferrovial a través del Palau; ahora fundació Catdem), Agustí Colomines, se cabrea delante de Cuní y amenaza con “tirar de la manta”.

A mi sempre m’ha fet molt mals ulls anar al CIDOB, que està presidit pel senyor Narcís Serra i veure que la majoria de les activitats estan subvencionades per Caixa Catalunya, que també esta presidida per Serra. Em fa mal d’ulls, però mai he dit res perquè és legal. És legal, llavors que faci el que vulgui. Però si a tu et van pressionant, al final un diu: ‘si em pressionen ho escamparem tot’, fotrem una escampada generalitzada de sospita de tot i fotrem en crisi el sistema i això és Itàlia”, ha dit un molt encès Colomines.

López Tena acusa a Duran Lleida de corrupto, de cobrar comisiones, de vender enmiendas a lobbies, de premiar a amantes con cargos públicos y de financiar su “extensa y completa” vida sexual con dinero público; Huguet, ex conseller de Esquerra, comenta que esto ya es “vox populi“. Mariano Rajoy monta un acto político en un barco propiedad de “el traficante más importante a nivel nacional”. Y no pasa nada.

Si fuera periodista, leyendo cualquiera de estas noticias, abría el cajón, sacaría boli y libreta y empezaría a hacer llamadas y a construir el caso hasta colgarlo todo en el blog personal – la quintaesencia del periodismo que es ese espíritu entre emprendedor y rata de cloaca que donde huele mierda allí se dirige y husmea. Pero nadie –o muy poca gente– lo hace, por la imposición de la autocensura (¡censura! ¡en democracia! ¡imposible!) y debida obediencia a los criterios empresariales. El maestro Poch comenta la obviedad de que, en los mercados políticos de masas occidentales, los medios de comunicación son empresas, estructuras esencialmente jerárquicas que únicamente se deben a la maximización del beneficio económico; pedirles que cumplan su función democrática de fiscalizar el poder es pedirle peras al olmo. Son traficantes de información.

“España es una democracia secuestrada por las grandes empresas, por una plutocracia mercantilista que ha puesto las instituciones del Estado a su servicio”Roberto Unger, profesor de Derecho en Harvard, exministro de Lula

Los mass media tan sólo se encargan del márketing de la amalgama amorfa entre Estado y Mercado que es España en particular y este modelo de capitalismo en general. Los periodistas ya no investigan -se dedican a copiar los teletipos de las agencias- y las ruedas de prensa ya son sin preguntas. El periodista que destapó el vínculo de Rajoy con el narcotráfico, José Luis Gómez, director hasta ahora de Xornal de Galicia, ha sido despedido. ¿Tendría que haberse autocensurado?

“Según fuentes consultadas, Rajoy sugirió que presidirá el Gobierno en breve, lo que significa tener el poder para continuar adjudicando o no, las obras públicas de las principales empresas españolas, entre ellas, por supuesto, la constructora San José [propiedad de Jacinto Rey, propietario de Xornal de Galicia]”.

¿Por qué Maragall calló? ¿Por qué Colomines no tiró de la manta? Porque, sencillamente, PSC y CiU se cogen recíprocamente de los huevos, al igual que el PPSOE, este monótono y estancado simulacro de pluralidad política. Maragall no estará untado, pero se debe al partido, con múltiples redes clientelares a nivel municipal, y CiU se calla muchas cosas a condición de que éste se calle sobre las propias (sus habituales casos de corrupción). Es un pacto de silencio al más puro estilo mafioso. Es, de hecho, como el final de Reservoir Dogs; todos se apuntan con las pistolas pero nadie dispara porque prefieren vivir. El periodista tiene este espíritu kamikaze que le haría irrumpir en la escena, gritar si el señor Naranja es madero (o no) y dejar que los gatillos dejen escapar las balas: exactamente lo que fue el caso Tangentopoli en Italia. Y es que estamos como en Italia en los ochenta.

La moralidad es una continuidad de grises, nunca blanco y negro. El derecho dibuja una línea roja a partir de un determinado gris y concede así la existencia de un blanco y un negro penales: es la diferencia entre ser inocente e ir a la cárcel. Pero en una sociedad como la actual, los “buenos comportamientos” no pueden ser meramente los comportamientos que no son ilegales: el escándalo de las MP expenses del Reino Unido era un ejemplo de “corrupción legal” (ésa que Colomines no delata); los parlamentarios no hacían nada ilegal, pero sí algo considerado poco ético -una tonalidad de gris por debajo de la línea roja de lo penal. Es precisamente en este espacio intermedio donde no operan policía ni jueces, pero sí los periodistas y la opinión pública, encargada de fiscalizar al poder. Si el periodista renuncia a eso, deviene un cómplice más de Joe Cabot, un señor Rosa más.

Reservoir Dogs – End Scene