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Sobre el 25-S y los antiguos aztecas

27 septiembre 2012

Cada vez que oigo a Mariano Rajoy o a Artur Mas todo serios decir, sintiendo en lo más profundo su heroico rol de gran estadista, su lugar en la historia del país, “hay que hacer sacrificios”, no puedo evitar pensar en los antiguos aztecas y sus sacrificios humanos. Me imagino a Mas ya con laca en el pelo y fundado en folklóricos vestidos precolombinos, en todo lo alto de la Gran Pirámide de Tenochtitlán, serio, solemne, extraer el corazón en forma de pensión del abdomen de un jubilado, o también en forma de paga de Navidad del torso de un médico, gritando “hay que hacer sacrificios!” “Hay que contentar a los dioses!” Pero, esta vez, en vez del poderoso dios del destino y la noche Tezcatlipoca se intenta aplacar a la omnipotente crisis, afilado cuchillo de austeridad mediante.

Es muy fácil mirar hacia atrás en el tiempo y pensar, de modo condescendiente, que estos aztecas estaban efectivamente locos o bien era unos primitivos y lo que hacían no tenía ningún tipo de lógica, pero la verdad es que los sacrificios humanos de Artur Mas obedecen al mismo tipo de lógica: ninguna. No hay ningún tipo de lógica económica, ese ente etéreo y abstracto con el que algunos justifican al padre la inevitable necesidad científica del hambre de su hijo, que avale estos programas de ajuste estructural. El neoliberalismo no tiene fundamento empírico: abaratar el despido aumenta el desempleo, no lo disminuye. Flexibilizar el trabajo hace disminuir los salarios. Liberalizar el sector financiero acarrea casi siempre una burbuja y su subsiguiente estallido. Regar con dinero público a grandes bancos quebrados no restituye el flujo de crédito, sino que quiebra la economía. La austeridad no incentiva la demanda, sino la deprime. En su libro Esta vez es diferente, Reinhart y Rogoff analizan 22 casos de crisis de deuda a lo largo del siglo XX: sólo Suazilandia, en 1985, salió de la crisis de ese modo. El resto de países salieron mediante una quita de deuda o default.

Sin embargo, crisis tras crisis, el programa económico neoliberal sigue aplicándose, a pesar de la realidad. Dice Stiglitz que no es por ignorancia, es por ideología: en efecto. En la cabeza del sacerdote azteca, hay una conexión lógica entre ese largo reguero de sangre en las escaleras del templo y un futuro próspero para la nación. También en las de Artur Mas o Rajoy: no es que sean crueles de por sí, es que realmente se lo creen. Suena a esa necesidad tan católica de la penitencia y la contrición después del pecado, pero aplicado a otros. Esto no quiere decir que no haya tal conexión causal: las conexiones lógicas, que habitan en las ideologías, en el fondo existen tan sólo en la cabeza de la gente, nunca son objetivas, ya lo decía Hume. Resulta luego que las ideologías, al igual que los paradigmas científicos, quedan desacreditadas cuando la realidad insiste en desmentirlas. Entonces se convierten, primero en aproximaciones teóricas, luego en superstición. Eso es lo que son ahora las religiones de los sacrificios humanos, la azteca y la neoliberal.

Pero no todo es ideología. También es un puesto de trabajo. Los paradigmas ideológicos nunca se suceden de modo claro ni nítido ni limpio; la transición en el relato hegemónico no ocurre tranquilamente; la crisis siempre ocurre profundamente inmersa en la tensa suciedad de los juegos de poder que se dan en una sociedad. Es en cada una de sus interacciones sociales que aparece el dilema entre la obediencia a una autoridad ahora implacable y la compasión que mueve a la rebeldía pero también al riesgo. En el fondo, no es tan sólo un dilema entre un puesto de trabajo asegurado y la justicia social, sino entre dos ideologías en tensión: la que concibe ese acto de violencia como algo legítimo, normal y necesario y la que lo concibe como manifiesta injusticia, creadora de un sufrimiento inadmisible: el mosso que elige entre obedecer la orden del comisario de dar una paliza a unos manifestantes o decir ‘no’; el secretario judicial que elige entre ejecutar la hipoteca y desahuciar según ordenado por el juez o decir ‘no’. Pero es que, al mismo tiempo, el comisario y el juez se encuentran en una encrucijada similar, sólo que un nivel por encima, pero ellos también pueden decir ‘no’: cuando el capitalismo se vuelve crisis, la sociedad deviene un experimento de Milgram masivo. En cada una de las interacciones de la tupida red social, en cada uno de sus niveles fractales, se plantea el dilema, “obedece o arriésgate a perder el puesto” – así es cómo se propaga el poder a través de la sociedad, cómo se reproduce y perpetúa la injusticia.

Cuando Merkel declara el estado de excepción en el capitalismo y prohíbe la posibilidad de quiebra de los bancos españoles precisamente porque deben dinero a los bancos alemanes, Mariano Rajoy se convierte, también él, en el sujeto del experimento de Milgram; al otro lado del cristal se sienta, atado, amordazado, cautivo, el pueblo español en la silla con nodos eléctricos. Cómo es que Rajoy se inclina por plegarse ante Merkel, al precio del sufrimiento de todo un pueblo – de su propio pueblo? No puede ser sólo ideología. No puede. También es un puesto de trabajo: la posición de poder que ostenta Rajoy viene totalmente condicionada por el hecho de que el flujo de crédito alemán se mantenga constante, un flujo de capital a partir del cual se construyó una cultura del subsidio de facto a través de bancos y cajas y administración pública, repartiendo favores en forma de adjudicaciones de obras públicas, créditos privados o puestos de trabajo en la Administración.

Pero los beneficiados no eran tan sólo gente como el Bigotes, el consejo de administración de Bankia o Santiago Calatrava, sino todos quiénes obtuvieron un puesto de trabajo con ese aumento brutal en la demanda. Al fin y al cabo, el poder es una transacción, un pacto casi fáustico, en la que se intercambia la sumisión, primero voluntaria, después ya veremos, por la concesión del favor: también el Estado de bienestar o un salario son favores -o sobornos de una clase social entera? Ahora bien, sin ese flujo de crédito alemán, Rajoy está desnudo frente el pueblo. Ya no tiene dinero para sobornarle. Rajoy ya no es Rajoy. El castillo de cartas se tambalea. El pueblo está inquieto. Está en la calle.

Todo esto recuerda a las prácticas coloniales de un imperio como el romano o el británico. Su dominio colonial no se basaba, obviamente, en la mera coerción, sino se apoyaba en las redes de poder locales ya existentes, aprovechando la legitimidad que ésas ya tenían. Cuando el imperio iba a civilizar un pueblo, iba a sus líderes y les hacía una oferta que no podían rechazar: a cambio de respetar su posición de poder local, exigían poder extraer recursos de la población a través de la legitimidad de la élite. Era su experimento de Milgram particular. Si la élite local decía ‘no’, utilizaban la fuerza y le movían el sillón, imponiendo un candidato que sí aceptara el pacto, ya sea Vercingetórix contra Julio César o cuando el directorio alemán de Europa le movió el sillón a Berlusconi y a Papandreu por no plegarse ciegamente a su exigencia de sacrificios humanos. De ese modo, tanto los intereses de la élite local de la colonia como los de la élite imperial de la metrópoli se terminaban entretejiendo, unificando y centralizando. Ahí está Rajoy, compartiendo intereses con Merkel, recortando derechos fundamentales en forma de Estado de bienestar para rescatar a los incompetentes bancos alemanes.

I jo us puc assegurar que aquests reaccionaris que s’autoanomenen catalanistes el que més temen és el redreçament nacional de Catalunya, en el cas que Catalunya no els restés sotmesa. I com que saben que Catalunya no és un poble mesell, ni tan sols intenten deslligar la política catalana de l’espanyola. (…) Estigueu segurs, amics madrilenys que m’escolteu, que si algun dia es parlés seriosament d’independitzar Catalunya de l’Estat espanyol, els primers i potser els únics que s’oposarien a la llibertat nacional de Catalunya, foren els capitalistes de la lliga regionalista i del Fomento del Trabajo Nacional.

Salvador Seguí, octubre 1919, Ateneo de Madrid

De Tenochtitlán a Berlín y ahora en Barcelona. Y es que la posición de Artur Mas es (casi) simétrica a la de Rajoy – los dos se han convertido en el brazo ejecutor de la oligarquía local, esa que dice que el Estado de bienestar es insostenible y por eso hay que desmantelarlo (?), la de hay que hacer sacrificios humanos. Mas sabe perfectamente que le pueden mover el sillón desde arriba, ponerle un Duran Lleida en su sitio, cuando Fomento del Trabajo vea peligrar sus intereses económicos tan bien entretejidos con la élite central, pero también desde abajo. En Convergència, partido conservador como pocos, la aventura del soberanismo ha crecido hasta el punto en que Mas va ahora a remolque del pueblo; el clásico juego de la puta i la ramoneta cada vez es más difícil – si Mas no es lo suficientemente claro, alguien más soberanista que él le puede mover el sillón con el apoyo de las bases del partido. Cada vez más difícil, que no imposible. En todo caso, cómo es que ha crecido tanto el separatismo?

Se puede debatir, con los datos sobre la mesa, si el déficit fiscal de Catalunya con el Estado es efectivamente la barbaridad del 9% del PIB? Efectivamente parece más sensato un modelo de financiación en el que comunidades autónomas gestionen no sólo gastos, sino también ingresos, además de incorporar mecanismos bien establecidos de solidaridad interterritorial – y es que el federalismo fiscal favorece la responsabilidad presupuestaria. Ahora bien, la cuestión es que no, era imposible debatir: si estas reclamaciones venían de Catalunya, rápidamente eran clasificadas como nacionalistas, motivadas por sentimientos identitarios o, peor, por el egoísmo insolidario de la pela. Apelando a sentimientos étnicos, dibujando tan sólo un simplista eje lineal donde hay una nube, se desarticula la complejidad de cualquier discurso y se desmantela su potencial reformador: ¿quién está ahora en mayoría tanto en Madrid como en Barcelona? Da igual que, según las encuestas, un tercio de los catalanes siempre apuesten por un Estado federal; da igual que Carod Rovira diga que Catalunya es un país plurinacional o que Puigcercós niegue que sea nacionalista y alerte contra el nacionalismo intolerante que no quiere una Catalunya mestiza; da igual. Siempre es la matraca pseudo-internacionalista del ilustrado gentleman con monóculo en el ojo “es que yo soy más de quitar fronteras”, “los territorios no tienen derechos, lo tienen las personas”, “el nacionalismo excluyente”, “todo esto son sentimientos irracionales” y “la lengua de todos”. Al fin y al cabo, es izquierda jacobina contra izquierda federalista.

Precisamente la incapacidad de algunos de comprender lo que estaba pasando más allá del Ebro me recordaba a la estupefacción de mucha CT intentando comprender al 15-M; incapaces de clasificarlo y procesarlo según sus propias estructuras mentales, todo tenía que ir según la lógica partidista. Y es que esto lo escribía antes del 25-S – si trasladamos hace dos días a Madrid el simplista discurso intereconómico que gusta de confundir separatismo con nacionalismo, “los manifestantes eran nacionalistas españolistas insolidarios, ya que se oponían por motivos sentimentales-identitarios a recortar derechos sociales para regalar dinero público al sector financiero”. Como todos sabemos, los bancos europeos son el mecanismo más eficiente para distribuir capital que se ha dado nunca en la historia; negarles a entregarles tu dinero, aunque te empobrezca, es tremendamente insolidario con tus camaradas europeos. Obviamente, este “discurso pro-Europa” -porque en esto consiste el discurso- tiene la misma lógica económica -y humana- que la adoración azteca del dios Tezcatlipoca: ninguna.

Ahora bien. Es un dulce y suave cosquilleo que sube por la espalda ver cómo en cada uno de los experimentos de Milgram de la sociedad cada vez más triunfa la ideología de la rebeldía sobre la de la obediencia; ver cómo el antaño sólido discurso de la Cultura de la Transición se tambalea y cruje y se rompe en pedazos – y cómo un discurso nuevo y fresco le amenaza su hegemonía, trepando lentamente las paredes, pero inevitable. Cada vez somos más. Decía Bourdieu que lo único que diferencia a Rajoy, que dice ser presidente del gobierno, del loco que dice ser Napoleón es que al primero se lo creen. Todo está en nuestra cabeza. Cada vez más somos los que no le creemos y nos emancipamos de esa esclavitud mental. En el fondo, tanto en Barcelona el 11S como en Madrid el 25S, se trata de reivindicar nuestra soberanía. Pero sólo dándonos cuenta de este hecho fundamental, trazando paralelos, comprender al otro en sus reivindicaciones, diseñando alianzas y solidaridades, diciendo NO cuando nos toque a nosotros ser sujetos en el experimento de Milgram, se conseguirá que Rajoy y Mas no tengan más alternativa que ir a remolque del pueblo. Sólo así se podrá construir una hegemonía efectiva y real, una auténtica Syriza ibérica, que desmantele un imaginario colectivo ya corrompido.

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Es ahora posible un “capitalismo de rostro humano”?

3 diciembre 2011

The democratic republic no longer officially recognizes differences of property. Wealth here employs its power indirectly, but all the more surely. It does this in two ways: by plain corruption of officials, which America is the classic example, and by an alliance between the government and the stock exchange, which is effected all the more easily the higher the state debt mounts.

Friedrich Engels

The end of democracy and the defeat of the American Revolution will occur when government falls into the hands of lending institutions and moneyed incorporations.

Thomas Jefferson (visto en OWS)

Ayer tenía lugar la segunda mesa redonda sobre OWS en Columbia. La universidad es la octava más cara de los Estados Unidos y la séptima en donaciones privadas ($7000 M): una gigantesca empresa privada de hacer dinero, con sus inversiones y demás. No sólo eso: es uno de los principales blancos de las acusaciones del documental Inside Job, dónde se explica la corrupción de la ciencia económica en sí misma, a través de los extendidas asesorías académicas a bancos, el Tesoro y cámaras de comercio, donde se les paga para recomendar las reformas de desregulación que más les convienen a los asesorados. Glenn Hubbard, director de la Columbia Business School, fue director de los asesores económicos de Bush II, arquitecto de sus polémicos recortes de impuestos a los más ricos y candidato a la Fed; en su momento alabó en gran medida el mercado de derivativos; participa en la asesoría de múltiples corporaciones financieras. Otro ejemplo: otro profesor de la School y ex miembro de la Fed, Frederic Mishkin, cobró 124.000 dólares para redactar un informe a la medida de la Cámara de Comercio islandesa, “Financial Stability in Iceland” (no es coña). De Columbia también salió el tecnócrata Papademos. La Academia en economía financiera no practica ninguna ciencia – sino tan sólo una ideología al servicio de los bancos.

Teniendo eso en cuenta, es comprensible una reacción atónita cuando, en la mesa redonda, un profesor de la misma School, Bruce Kogut, describe la abolición de la Glass-Steagall Act por Clinton, es decir, el pago a los bancos por su financiación de su campaña electoral, como un “pacto con el diablo“. No contento con eso, en calidad de profesor de Business se presenta como experto en organizaciones, y se ofrece totalmente disponible a la activista de al lado para ayudar al movimiento Occupy. Minutos antes, el director del Earth Institute, Jeffrey Sachs, había calificado el sistema como corrupto en sí mismo: la corrupción ya no se pone en práctica tan sólo como pagos a la campaña electoral – es que los mismos congresistas se dedican al insider trading! Un Congreso que por cierto, tiene una popularidad del 9%, más baja que la idea de que Estados Unidos se vuelva comunista y entre Hugo Chávez y Fidel Castro. El Senado no está nada mejor. Hablamos de plutocracia cuando todos los candidatos electorales sólo son y pueden ser multimillonarios y la separación de poderes ni está, ni se le espera. En el momento en que hasta tíos con corbata de Columbia hablan del sistema en estos términos, podemos decir con seguridad que hay algo fundamentalmente equivocado en él, en palabras de Saskia Sassen. El relato se cae a trozos; la línea roja que separa dentro de fuera se mueve y cada vez genera más outsiders y menos insiders; el síndrome de Estocolmo del 99% se desvanece.

Imagine a world in which a man who is repeatedly investigated for a string of serious crimes, but never prosecuted, has his slate wiped clean every time the cops fail to make a case. No more Lifetime channel specials where the murderer is unveiled after police stumble upon past intrigues in some old file – “Hey, chief, didja know this guy had two wives die falling down the stairs?” (…)

That, it now appears, is exactly how the Securities and Exchange Commission has been treating the Wall Street criminals who cratered the global economy a few years back.

Matt Taibbi, Is the SEC covering up Wall Street crimes?

“Just write that: Everything’s fucked up, and nobody goes to jail“. Bueno, de momento, 4000 manifestantes detenidos por protestar, cero banqueros por destruir la economía mundial. No es que los reguladores hayan sido sobornados por los regulados, sino primeros y segundos cambian de bando continuamente: son los mismos. No sólo hay rescates billonarios, sino también inyecciones secretas de dinero de la Fed a bancos por valor del 50% del PIB americano – una reserva federal que por cierto se reúne periódicamente con entidades como Goldman Sachs y Blackrock: crony capitalism en estado puro.

«Anthony Blair» – Thatcher, preguntada por su mayor éxito político

La socialdemocracia nos convenció de que era posible separar derechos políticos y derechos económicos, pero de esto hace ya tiempo y ahora bailamos sobre la tumba del PSOE. La pregunta se la hacía Dubcek en Praga, 1968: ¿es posible el socialismo de rostro humano? Mi pregunta es: ¿es ahora posible un “capitalismo de rostro humano”? En el pasado, quizá sí, cuando cada héroe contestatario terminaba integrado en el sistema -cosa que es buena, porque indica su resiliencia-, durante el keynesianismo socialdemócrata de los trente années glorieuses (1945-1975), en el marco de la reconstrucción del Estado-nación, con redistribución de la riqueza a partir de una fuerte fiscalización de las rentas más altas y gasto estatal: en 1952, el tramo más alto del impuesto sobre la renta americano era del 92%. Pero el poder siempre evita rendir cuentas – llega la rebelión de las élites, la eclosión del conservadurismo radical, según Krugman: 1971 es el año del famoso memorándum de Lewis Powell (futuro juez del Supremo) a la Cámara de Comercio, recomendando más agresividad en política y el lobbismo activo. Es el año del Shock de Nixon, cuando el capital empieza a pasar de industrial a financiero, el poder de los bancos se desata con su liberalización y los sindicatos empiezan a ser desmantelados, procesos que cristalizarían con la presidencia de Reagan. Dos años después, la crisis del petróleo generaría una inflación de hasta el 12% y la subsiguiente estanflación. Es entonces que se adopta -bien- una política más considerada con la inflación: es la irrupción del modelo neoliberal (1975-2011) en el marco de la globalización. Ahora el capital es muy difícil de fiscalizar -tampoco interesa- y un aumento en la fuerza de trabajo abarata sus costes y, por lo tanto, sus derechos.

Traducido: el Estado de bienestar, que entonces era una obligación, hoy en día es un generoso regalo de las élites. Pero han jodido un sistema que ahora hace aguas y han encendido el ventilador: es la socialización de las pérdidas a la desesperada y a toda costa. Se impone la visión del Estado como una empresa cualquiera en la que se invierte, y por lo tanto los inversores exigen maximización de la rentabilidad mediante reducción de los costes, que esta vez son nuestra educación y nuestra sanidad, con los resultados que ya sabemos: pacientes muriendo por los recortes. Detrás del discurso de la austeridad y el ya clásico “no hay alternativa” thatcheriano (quién dice que no hay alternativa, los expertos de la Columbia Business School quizá?), o su evolución en “la alternativa al hundimiento es el hundimiento” de Mas, hay una clara agenda política: los republicanos del supercomité de los Estados Unidos en absoluto quieren reducir el déficit -su tendencia histórica en el gobierno federal es siempre aumentarlo-, sino bajar los impuestos a los más ricos a costa del Estado de bienestar. Por otro lado, el Nixon catalán -Artur Mas- argumenta que “no hay dinero para la sanidad”, pero el modelo holandés que quiere implantar su subalterno sociópata es el segundo más caro de la OCDE y ofrece peor servicio que el nuestro actual, uno de los mejores y más eficaces según la OMS. Pero lo peor es que pueden hacerlo, porque no hay fuerza real para impedírselo.

There is something foundationally wrong in the systemaquí la palabra es fundamental. En la mesa redonda se insistió en la organización política de OWS para llegar a reformas efectivas. 1) qué reformas? 2) pero estamos hablando de política… o de economía? Es que acaso hay fuerza efectiva y real para reinstituir la Glass-Steagall Act o trocear los bancos too big to fail y crear banca pública o que la elección del director de la Fed sea por sufragio universal o tasar las transacciones financieras? En el caso positivo, hecha la ley, hecha la trampa: siempre buscarían otro camino para sortearla. Es el problema de las reformas políticas en negativo, que son esencialmente inestables. Aquí se inscribe a la perfección la perpleja desorientación de la izquierda institucional, sus manos atadas, su ausencia de relato: es imposible avanzar políticamente en un sistema que ha sido estructuralmente capturado por los bancos y fondos de inversión. En ese contexto, las manos siempre estarán atadas.

¿Es ahora posible, por lo tanto, un “capitalismo de rostro humano”? O, dicho de otro modo, son posibles reformas institucionales que resten poder a la monocracia de las entidades politicofinancieras y lo redistribuyan en una auténtica separación de poderes, políticos y económicos, cuando la tendencia actual es a la concentración? Creo que no. Los mercados se han constituido en actor político y la correlación de fuerzas está de su parte. No, espera: el gigantesco monto de dinero que mueven y con el que exigen el desmantelamiento del Estado de bienestar es exactamente nuestro propio dinero, nuestros ahorros, seguros y pensiones. Por eso hace falta no votar con un papelillo en la urna, sino con nuestro dinero, como hicieron los americanos el día 5 de noviembre, el día de Guy Fawkes, donde se cerraron cuentas por valor de más de 50 millones de dólares. En el 2010, 600.000 nuevos clientes habían abierto una cuenta en las credit unions (cooperativas de crédito). Tan sólo en el mes anterior al National Bank Transfer Day, ya tenían 650.000 nuevas cuentas, 4500 M de dólares. Las historias de los clientes cerrando sus cuentas son de lo más rocambolescas: el banco llamando a la policía para que los detuviera, diciéndoles que “no pueden ser cliente y manifestante al mismo tiempo”, que “ya volverás”, ofreciendo a devolverles las comisiones, o directamente cerrándoles la puerta para que no entraran. Se trata de romper el monopolio financiero no desde arriba, sino desde abajo. No de asustarles, sino de directamente quitarles el poder del que tanto nos quejamos.

Una de las características más notables de OWS es que ostenta un vago programa izquierdoso, pero en absoluto keynesiano-socialdemócrata: siempre muchos carteles de End the Fed y contra el endeudamiento público. Tesis, antítesis, síntesis: Occupy rompe la dicotomía entre socialdemocracia y neoliberalismo y la supera, espontáneamente, sin la necesidad de ningún discurso intelectualizador en una torre de marfil, porque en su mismo núcleo está la certeza de que el sistema ha sido capturado por una élite de dos caras, tanto política -Washington- como económica -Wall Street. Ya no son políticos intentando regular el mercado, ni empresarios quejándose de la ineficiencia de lo público, sino la misma clase que periódicamente va de una orilla a la otra.

Se trata de romper el tabú de Fukuyama de que estamos en el final de la historia. Al contrario, parecemos maldecidos por un chino: ciertamente, estamos viviendo tiempos muy interesantes. Ya no se trata de entregar un cheque en blanco al gobernante de turno y esperar a que llegue el cambio; hay que tomar la iniciativa y reivindicar, no sólo política sino también económicamente, nuestro estatus de ciudadanos. Reclamar lo que es nuestro, prescindiendo de las densas redes tejidas por las élites en las que nosotros estamos secuestrados: más cooperativas integrales, como en Catalunya o Emilia-Romagna, más colectivización de servicios públicos. Es un camino largo, pero excitante – la alternativa al discurso de no hay alternativa que sí que es el hundimiento.

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Occupy Wall Street: toma de contacto

16 noviembre 2011

Sé que llamar OWS: toma de contacto a la primera crónica de una serie el día después de su desalojo desacreditaría a cualquier vago intento de llamar periodismo a esta cosa, pero es lo que tiene sufrir de productividad española enfrente a la vertiginosa sucesión de hechos que cualquier movimiento indignado desencadena. Como corresponsal Pobrelberg en Nueva York, me han preguntado varias veces por una crónica sobre OWS. Uno compara, uno contrasta, todo para poder decir qué es lo que caracteriza #OWS a diferencia del resto, pero le resulta que tanto #OWS como el #15M son movimientos esencialmente idénticos, tanto en la forma como el contenido, y siguen procesos esencialmente paralelos. La misma dinámica de cooperación y autogestión, el mismo carácter pacífico de las protestas, la misma brutalidad policial de un sistema que teóricamente acredita la libertad de expresión, las mismas justificaciones por salubridad e higiene, los mismos intentos de ridiculizarlos y desprestigiarlos, las mismas etiquetas ideológicas de tiempos pasados.

En todas partes el establishment politicomediático se pregunta, confusobut what do they want? Intenta clasificarnos en el tradicional eje izquierda-derecha, pero en vano: #OWS lo supera ampliamente. El presidente del país habla de simpatía con el movimiento, al mismo tiempo que aplica claras políticas en contra de él: ¿es que es idiota? Quizá. ¿es que acaso tiene las manos atadas y no puede hacer nada al respecto? También. Zapatero, Obama, Soros o Botín ven con buenos ojos un movimiento que irónicamente les señala a ellos mismos como culpables. Pero ellos no son malvados uruk-hai de Mórdor, sino es el sistema que intrínsecamente nos enfrenta a nosotros contra ellos. Es la misma estructura que, contra su voluntad, nos los presenta como enemigos. Y ellos, los que teóricamente tienen la sartén por el mango, no tienen ni idea de cómo cambiar algo que ya intuyen que no funciona. La verdad es que están igual de atrapados que nosotros, o más.

Pero para estar atrapados, viven muy bien los jodidos. Su problema es que tienen mucho que perder.

They tell you we are dreamers. The true dreamers are those who think things can go on indefinitely the way they are. (…) We are not destroying anything. We are only witnessing how the system is destroying itself. Slavoj Zizek

Si Occupy Wall Street tiene alguna particularidad, es su privilegiadísima posición des de la cual presencia el mismo colapso del sistema: Zuccotti Park es el mismo núcleo del reactor en plena fusión, el epicentro del terremoto del turbocapital, la zona cero del modelo anglosajón de neoliberalismo. Es en Wall Street donde se ordenó el desguace de la Glass-Steagall Act bajo la Administración Clinton que desató esta crisis. Es en Wall Street donde delincuentes multireincidentes con un alto plus de peligrosidad social conviven alegremente con los mismos a las que las víctimas de los primeros pagan para protegerse. Es en Wall Street donde los mafiosos culminan el sueño de Tony Montana, top of the world, entre cocaína, prostitutas de lujo y todos tus ahorros. Es en Wall Street donde están los pérfidos especuladores que juegan con la deuda soberana de Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España: es ahí dónde se aprieta el botón que desencadena una larguísima cadena de decisiones que termina con la muerte de pacientes catalanes que merodean por los hospitales buscando quién les asista. Si “los mercados” a los que Zapatero intenta calmar con sus millones de medidas antisociales tienen un hábitat natural, ése es Wall Street.

They also carry out these ugly activities with almost complete impunity — not only too big to fail, but also “too big to jail.” Noam Chomsky

Hay motivo. En OWS se tiene la seguridad de estar en lo cierto: we are the 99%, en un país donde el 10% de la población tiene el 71% de la riqueza: la gente está en la calle indignada por la absoluta impunidad de los que generaron esta crisis, que son el 1%. Sólo Madoff está en la cárcel y porque defraudó a los de su misma especie. No es un problema en absoluto coyuntural, como algunos quieren hacer ver. El sistema entero se halla fundado sobre un principio teórico que la misma historia ha desmentido empíricamente: el mercado podía ser un mecanismo de redistribución de riqueza. Si Estados Unidos es el modelo neoliberal por antonomasia, es algo muy chungo; sus fundamentos van siendo gradualmente minados por sus propias contradicciones: tiene, con diferencia, el porcentaje de PIB en gasto en sanidad más alto de la OCDE (casi el triple que España), pero ofrece un servicio social pésimo. Otro disparo en el pie, consecuencia de la misma lógica: la burbuja de los student loans está produciendo una generación de profesionales hipercualificados pero con nula capacidad emprendedora debido a su enorme endeudamiento. Otro disparo en el pie: El índice de desigualdad económica coloca al país a niveles africanos (entre Camerún y Jamaica). El país ya no es una democracia, sino una plutocracia: sólo los ricos pueden permitirse costearse una campaña electoral, con los resultados que tiene. Otro disparo en el pie: el grueso de los impuestos va a financiar el complejo militar del imperio, con Irak y Afganistán como si fueran “la AIG bélica”. Puro keynesiasismo militarista, la deuda del cual se financia… en Wall Street.

Por OWS han pasado para instalarse desde intelectuales de primer orden (Slavoj Zizek, Noam Chomsky, Flores d’Arcais, Judith Butler…) hasta cubanas octogenarias –la inigualdad nos enferma (sic)-, miembras del movimiento transversal Occupy the Hood/Occupy el Barrio, que aspira a integrar (con éxito) los no-blancos en el movimiento, los grandes perjudicados por el racismo inherente del sistema. Igual que el #15M, el movimiento empezó con unas pocas tiendas en una plaza y ahora se extiende, confiado de tener razón, por todo el país y por cada rincón de las ciudades. También aquí hay iniciativas de guerrilla gardening

Zuccotti Park (propiedad de una empresa: privatización del espacio público), rebautizado con su nombre original, Liberty Plaza, representa la misma praxis de la Primera Enmienda: la libertad de expresión, algo que la policía demuestra día sí día también que le cuesta tolerar, continuamente vallando las protestas, democráticamente exigiendo permiso para reuniones de más de veinte personas, confiscando los equipos electrógenos argumentando que podían causar fuego (!) y prohibiendo los mecanismos de amplificación de sonido, a lo que los manifestantes han respondido adoptando el sencillo método del human mic, ir repitiendo las palabras del orador, que siempre empieza con un melódico y positivo I propose, a modo de eco en una, dos, tres, hasta cuatro oleadas, algo que quizá sólo la esquemática gramática del inglés puede permitir. Ante el libre ejercicio de la Primera Enmienda, hoy una juez ha permitido una versión descafeinada y tutelada del derecho de manifestación – qué gran generosidad la del sistema de ofrecernos estos enclaustrados métodos de protesta! Por si lo olvidaban, el derecho a llevar armas (Segunda Enmienda) no fue obra de los locos de la Asociación del Rifle, sino de los líderes revolucionarios que reconocieron al pueblo el legítimo derecho a rebelarse contra un gobierno injusto. Ésta es la semilla de libertad en OWS tan intolerable para los poderes y que quieren restringir a toda costa.

La primera señal de fuerza fue en Times Square, donde decenas de miles se congregaron en la catedral del consumismo, para decir basta a ese gigante bukkake publicitario que es la apoteosis del turbocapitalismo. Gritos que sonaban: This is what democracy looks like! o No more war, por favor! Tan sólo por existir, el movimiento es especialmente molesto para los de arriba, porque con su natural espíritu cooperativo se pone en duda el acérrimo individualismo punto de partida de todo; en las plazas ocupadas éste se suspende momentáneamente y se readmite el trueque, la reciprocidad y el altruismo como formas básicas de relación económica. Es especialmente molesto, porque con su natural espíritu de auto-gestión lanza un directo mensaje al poder: no os necesitamosEn ese sentido, al igual que todas las protestas de indignados, el movimiento representa en sí una toma de conciencia de un nuevo espíritu, el germen de una sociedad más libre y justa: una semilla que está siendo plantada.

Próximas entregas: la rebelión de las cuentas bancarias; entrevista a un activista de OWS; entrevistas a profesores de Columbia.

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Del #15M a #OccupyWallStreet

2 octubre 2011

— ¡Valiente mito! — dijo Hussonnet — ¡He aquí al pueblo soberano!

Gustave Flaubert, La educación sentimental

En su obra maestra, Flaubert describe la multitud que irrumpe en las Tullerías en 1848 – no son idealizados revolucionarios que luchan por la libertad de su pueblo, sino borrachos, analfabetos, rudos y viciosos de la adrenalina. Quizá es un retrato demasiado realista, pero implícitamente es una bofetada a la cara de esta entidad abstracta del pueblo soberano, tan abusada como concepto teórico por liberales como socialistas. Por estadística, la nación, el proletariado, son prostitutas, camellos, hooligans del fútbol, defraudadores a Hacienda y espectadores del Sálvame, no honrados y trabajadores disciplinados santos.

Las protestas han pasado del Cairo y Alejandría a Los Angeles, Washington, Chicago y Nueva York, pero las críticas son las mismas, con ese saborcillo reformista socialdemócrata tan naif que las caracteriza. Desde su sillón, el sesudo intelectual juzgará las protestas del 15-M o ahora de Wall Street con un mensaje político poco definido y habitado por gente de poca cabeza y más adicta a las emociones que a los libros de filosofía política. Y por esta ingenua razón se abstendrá de tomar parte del proceso. Es que acaso los que tomaron la Bastilla en 1789 eran todos enciclopedistas, Diderots en potencia? Cuál era el porcentaje de alfabetismo de las masas en las revoluciones de 1848? En las protestas siempre convive una vaga combinación de ideología y descontento por la falta de oportunidades y cuando el segundo factor es flagrante, la indignación estalla. Como ahora.

Que echemos algo de menos en estas dinámicas sociales, sea coordinación, mensaje ideológico o elegancia en el vestir, es el primer indicador de que somos nosotros mismos que tenemos que aportarlo al colectivo – esperar pasivamente a que alguien lo haga por ti no es sólo ingenuo sino directamente estúpido. Qué es la cooperación si no eso? Qué manía con estas delicadas exigencias ad hoc. Aquí nadie te regala nada y pagas tu ignorancia sobre dónde metes los ahorros o a qué tipo de personaje le das tu voto con tus propios impuestos. La protesta no es un derecho ni un privilegio – es una necesidad. Si nos abstenemos, se nos comen. Si no nos informamos de quién manda en nuestra caja de ahorros, nos joden. Si no exigimos transparencia a los políticos de turno, nos joden.

Irónicamente, es precisamente un privilegio afirmar que la protesta es un privilegio de clases medias. Porque las clases bajas son desahuciadas cada día y lo único que les queda es la resistencia y el buscar alternativas al fracaso del sistema. Sólo a los privilegiados no les urge eso. “A la gente no le interesa eso, va a la suya, es individualista”. Aparte de que nunca me hayan presentado a este ente abstracto que es la gente, a los que sí conozco son bellísimas personas, creativas y con inquietudes, muy dispuestos a realizar mínimos cambios en su vida para que las dinámicas generales también cambien, pero mentalmente secuestrados por este concepto tan general como antipático que es la gente. La verdad es que es más que suficiente que sólo la mitad de mis amigos hagan estos pequeños cambios y éstos también se lo pidan a los suyos. De ningún otro modo funcionan las dinámicas sociales. La semilla habrá sido plantada.

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9/11: Blowback

12 septiembre 2011

The term “blowback”, which officials of the Central Intelligence Agency first invented for their own internal use, is starting to circulate among students of international relations. It refers to the unintended consequences of policies that were kept secret from the American people. What the daily press reports as the malign acts of “terrorists” or “drug lords” or “illegal arms merchants” often turn out to be blowblack from earlier American operations.

Chalmers Johnson, Blowback

En el término blowback no hay nada justificatorio para los crímenes de terroristas, cárteles de la droga o mercaderes de armas ilegales. Obviamente, en el plano moral está bien claro quién tiene la culpa del 11-S, como quién tiene la culpa de ordenar la invasión de Irak o asesinar a bin Laden: es quién aprieta el gatillo y pilota el avión. Pero esto no quita -en absoluto- que la política internacional de Estados Unidos sea la responsable directa de crear un caldo de cultivo violento y radical, presto a la venganza contra los excesos del Imperio.

La principal narrativa imperial a la que se refiere Johnson es maniquea, falsa e hipócrita – esto es lo más ofensivo para los no-americanos. Está sustentada por una continua propaganda que lava el cerebro al americano medio, tradicionalmente obsesionado con el control del déficit público, para que éste pueda llegar a justificar su tremendo gasto militar y al mismo tiempo las continuas injerencias en la soberanía de Estados ajenos, lo que constituye un auténtico comportamiento imperialista de carácter neocolonial. Estados Unidos presenta a los regímenes no alineados con ellos como Estados canalla dirigidos por locos excéntricos -no es que esto tenga su parte de verdad- pero obvia totalmente, sin ir más lejos, que Irán o Corea del Norte ven continuamente amenazada su propia integridad territorial, cuando están a 10.000 kilómetros del país que los amenaza con bombardearlos -de modo bastante real y probado, viendo Irak, Afganistán y Libia.

Para Irán, la bomba atómica es un mecanismo de auto-defensa – sólo pueden atacarle ahora que no la tiene. Corea del Sur, una dictadura militar teledirigida por los Estados Unidos hasta el 1992, hospeda multitud de bases americanas y se dedica a maniobras militares de prácticas ostentosamente agresivas con Corea del Norte. También los serbios padecieron un exterminio étnico durante las guerras balcánicas, pero Milosevic era el malo y Tudjman -igual de criminal de guerra que el primero- y Thaçi -paramilitar traficante de órganos de prisioneros serbios y ahora primer ministro de Kosovo-, los buenos. El atentado de Lockerbie ordenado por Gadafi fue una respuesta al bombardeo de Libia por Reagan el 1986. No se trata de participar del discurso antiamericano enumerando la larga lista de dictaduras en Sudamérica, África y Asia patrocinadas por Estados Unidos, sino de señalar lo arbitrario, parcial y profundamente injusto del discurso del Imperio, del cual España también es mero satélite.

Using the low-end estimate of 110,000 dead civilians in Iraq war, Iraq has suffered a “9/11” once every 83 days since March ’03. Adjusted for population, the social impact is more like a 9/11 every 18 days.

Dan Murphy

Es aquí que las muestras de dolor por las víctimas del 11-S se vuelven, irónicamente, escatológicas y casi ofensivas, sobre todo cuando uno compara la respuesta americana al atentado (dos guerras, asesinato de los culpables) a la española (retirada, juicio de los culpables). ¿Es que acaso valen más los muertos estadounidenses que los irakíes, chilenos o nicaragüenses? Exigir nuestra empatía sólo puede pasar al mismo tiempo por la actitud coherente, legítima y valiente de reconocer al cien por cien el comportamiento bronco y matón del Imperio Americano. Es que fue precisamente este comportamiento que puso a las víctimas en el centro de la diana. Además, cabe preguntarse también lo útil que le es esta estrategia de policía del mundo al Imperio: no sólo le da impopularidad, sino también paro estructural – sin ir más lejos la mayor parte de la industria manufacturera se ha desplazado a Asia. Es lo que Paul Kennedy llama imperial overstretch, la forma definitiva de blowback.

El origen del paro y el déficit en EE UU se puede remontar a las guerras en Afganistán e Irak.

Joseph Stiglitz, El precio del 11 de septiembre

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Los recortes sociales son de izquierdas

18 julio 2011

La crisis empezó en Wall Street, está claro. Pero una vez los bancos cierran el grifo del crédito y van a las inversiones más seguras (que los bancos tuvieran estas funciones era parte intrínseca del sistema que mucha gente -no todos- aceptaba, beneficiándose también), las más arriesgadas se resienten y esto se convierte en una crisis de deuda: una inversión poco segura son los bonos de los países del sur (Grecia, Portugal, España, Italia) más Irlanda, los PIIGS. Por un lado, Irlanda tuvo que ser rescatada por las pérdidas de sus bancos, pero los países del sur comparten las mismas características: una (in)disciplina presupuestaria muy pero que muy chunga, gastar mucho más de lo que uno ingresa, ya que, claro, por algo tenemos los fondos de cohesión europeos y tanta inversión extranjera.

Y, sobre todo lo demás, [Italia] es un país con una economía extraña, casi incomprensible, un caso casi único de burocracia y derroche, desempleo bajo y ocupación todavía más baja (el 50% de las mujeres no trabajan), deuda pública estratosférica (1,89 billones, el 120% del PIB) y crecimiento casi nulo (un 0,2% acumulado desde 2001 hasta ahora, solo mejor que Haití y Zimbabue), déficit moderado (4,6%) y actividad sumergida a espuertas. Como en España, o más.

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales, según las estimaciones de diversas asociaciones de comerciantes y de la patronal, Confindustria. La corrupción cuesta cada año, según el Tribunal de Cuentas, 70.000 millones de euros. Y la evasión fiscal, según ha declarado Tremonti hace unos días al Financial Times, se eleva a 150.000 millones. “Increíble”, apostillaba Tremonti, como si las tres amnistías fiscales que su Gobierno ha aprobado en nueve años no las hubiera hecho él.

Compartimos un fraude fiscal espectacular (un 23% del PIB en el caso español, diez puntos por encima de la media europea) que lastra los ingresos del Estado y un gasto que va entre el derroche en obras faraónicas (AVEs lo contrario de rentables, Ciudades de las Artes y las Ciencias, Madrid olímpica, etcétera) y un Estado de bienestar infradesarrollado (nada de inversión en I+D, universidades endeudadas, sanidad paralizada). Con estas cuentas, no me extraña que nadie quiera invertir ahora en España.

Cuando uno tiene pérdidas, para equilibrar el presupuesto o bien subes los ingresos o bien bajas el gasto: lo primero se consigue o bien aumentando los impuestos (justo lo opuesto de lo hecho por el Zapatero de “lo que hay es una pequeña desaceleración económica, no crisis”) o bien endeudándose con la emisión de bonos (lo que crea inflación -de momento muy controlada- y, claro está, uno contrae deudas con los buitres mafiosos de Wall Street, que no es tan divertido el keynesianismo de a la larga estaremos todos muertos y podemos aumentar el déficit tanto como queramos) o bien vendiendo activos (es decir, privatizando). La otra opción es reducir gastos: menos universidades, menos hospitales, menos pensiones, y no mola nada.

Pero también menos Ejército (9000 millones al año) o menos Iglesia Católica (6000 millones al año): el primero constituye un 4% del PIB y vender toda la maquinaria bélica (¡privatizarla!) a los chinos daría un respiro a las cuentas. Igualmente, lo ahorrado por los recortes a universidades catalanas equivale a lo perdido por la supresión del impuesto de sucesiones, unos 400 millones que se imponían a pocas familias. Según su peculiar idea de lo que es “defender a Catalunya”, CiU, cuando toca recortar, quita ingresos -impuestos- y se ceba con los servicios sociales, olvidándose oportunamente de las generosísimas inyecciones de dinero público a constructoras y bancos. Y es que cuando toca equilibrar presupuesto, mucho mejor si lo hace alguien con sensibilidad de izquierdas (y no me refiero a la centroderecha con un tarro de vaselina retórico al lado) que de derechas (tradicionalmente derrochadoras, sólo hay que ver el déficit causado por Berlusconi, Reagan o Bush y el superávit de Solbes, Prodi y Clinton). No sólo toca tener una presión fiscal de características europeas para poder ofrecer unos servicios europeos -recuperación del impuesto de patrimonio, de sucesiones, sociedades y el tipo máximo del IRPF-, sino también imponer una racionalización de la Administración: menos y más eficiente.

Cuando el PSOE ha tenido que equilibrar presupuesto, ha ido a lo fácil, es decir, al pequeño y débil: más impuestos regresivos (IVA…) y menos servicios sociales. Lo que haría cualquier partido de derechas. Pero la crisis reclama una revisión de las prioridades, preguntarse si este modelo productivo tiene sentido en el contexto de la globalización, y acometer reformas no sólo al nivel más bajo, sino también al nivel más alto, que es lo difícil, lo valiente -el problema que hemos llamado de Indiana Jones. ¿De qué sirve un Parlamento con 350 diputados con sus dietas y beneficios si al final todos votan al unísono de lo que les manda el portavoz de su partido? La “racionalización de la Administración” no es un eufemismo, y conlleva cambios importantes y extensivos a todos los niveles: el gobernante izquierdoso redistribuirá de un modo mucho más justo el esfuerzo con el que todos pagamos la crisis; hará recortes, sí, pero también en la construcción del AVE a Albacete, del que sólo se beneficia el constructor Florentino Pérez.

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Hedonismo y desequilibrio: ¿por qué las instituciones humanas?

28 junio 2011

Quién quiere saborear los dorados rayos de sol, tiene que estar dispuesto a caer en la mierda y tragarse todo el lodo. La vida es una montaña rusa de emociones, un péndulo desbocado que salvaje golpea de lado a lado, un todo o nada continuo que corre sobre el abismo. No hay excusas, dijo Camus. La vida es para descantillarse; si no, no vale la pena que sea vivida. No hay más opción que ser un salvaje: vivir el desequilibrio inherente de la vida dando bandazos, gozando cada ínfimo y colorido detalle y matiz y peculiaridad de lo real y lo imaginario, agotando hasta el último minuto del día, buscando siempre la hora número veinticinco, aquella que nunca llega que es donde descansa nuestro espíritu frondoso y virgen.

Maravilloso el tornado sensorial. Sí, está bien pero. En Berlín, ciudad infinita, charlando con un joven bohemio americano de padres neocon renacidos, lo decíamos: sí, una vida de earthly pleasures está fenomenal, pero algo falta. Al puzzle de la vida le falta una pieza, esa sensación perenne que se repite en el jardín berlinés de Epicuro¿acaso todo se resume en la continua búsqueda del placer por el placer? Porque fuera, en la realidad normal y gris, todo se cae a pedazos lentamente, mientras nosotros, felices pero ingenuos, espectadores del eventual colapso de la civilización occidental. Aturdidos por el tamaño de la catástrofe, nos refugiamos en lo colorido de modo bien olvidadizo, como si pudiéramos ignorar que no somos idiotas -que somos ciudadanos y parte inseparable de la sociedad- y así tenemos tanto una responsabilidad cívica por fuera como un motor interno por dentro de construir algo en positivo.

A veces uno piensa que el Imperio Romano, comparación tópica pero obligatoria, terminó diseñando unas estructuras sociales que, con sus fiestas, orgías y bacanales, consiguió hacer olvidar a las potenciales mentes brillantes de sus responsabilidades para con la sociedad, de modo que apareciera tan sólo en décadas un Diocleciano, fundador del Dominado Romano (siglo III dC), y un conjunto de Pompeyos, Césares, Brutos, Marcos Antonios, Octavios y Cicerones en pocos años al final de la República (I aC). Igual comparemos ahora con la época de la Transición. En todo caso, hay que sacudirse de este hedonismo estúpido y cosificador, mucho más capitalista que epicúreo, y reivindicar lo político:

La tragedia [de los comunes] en cuestión aconteció a un grupo de pastores que utilizaban una misma zona de pastos. Un pastor pensó racionalmente que podía añadir una oveja más a las que pacían en los pastos comunes, ya que el impacto de un solo animal apenas afectaría a la capacidad de recuperación del suelo. Los demás pastores pensaron también, individualmente, que podían ganar una oveja más, sin que los pastos se deteriorasen. Pero la suma del deterioro imperceptible causado por cada animal, arruinó los pastos y tanto los animales como los pastores murieron de hambre. “La avaricia rompe el saco” suele decirse; […] así, racionalmente, pensaron los pastores, que siguiendo la estrategia del gorrón, aumentaron sus rebaños hasta que destruyeron los pastos comunes.

En 1968, pleno despertar de la primavera hippie, Hardin publicaba el artículo The Tragedy of the Commons en Science, con sus consideraciones sobre la sobre-explotación de los recursos naturales por parte de una población humana excesiva. En cierto modo, es una generalización a un número de jugadores del clásico dilema del prisionero, donde dos jugadores se enfrentan con dos estrategias posibles, cooperación y defección. El mejor resultado para la pareja es cuando los dos cooperan, pero está esa opción tan capitalista de maximizar los beneficios mediante el salto unilateral a defección (ie explotación): mientras tú sigues cooperando, yo gorroneo. Como los dos son agentes racionales, los dos toman idéntica decisión mediante ese salto y se da el escenario, paradójico, de que el beneficio para la pareja ha disminuido en total. De algún modo, el dilema del prisionero es la corrección a la legalización moral del egoísmo que hizo el liberalismo, una verdadera ruptura ética, con su clásico “el beneficio común se maximiza espontáneamente cuando cada persona busca maximizar sus beneficios individuales“. La narrativa que sostenía el tejido comunitario sufrió aquí su primer desgajo.

Precisamente, ése es el drama del cooperador, tan necesario y ubicuo, en la tragedia de los comunes: cargar una responsabilidad para la comunidad pensar a nivel global: abrir cuenta en banca ética, consumo responsable, uso de transporte eficiente, etcétera- cuando lo fácil sería abandonarse a una vida de placeres y excesos de puro free-rider individualista. Es comer la manzana del árbol de la ciencia e ignorar la de la vida. ¿Es que se pueden integrar sónar y 15-M? ¿O son acaso incompatibles? Estos extremos opuestos, por un lado el cultivo de un hedonismo saludable espiritualmente, es decir, de un proceso de individuación y autorrealización personal, y el cultivo del deber cívico para una comunidad más justa y eficiente, fueron, respectivamente, los estandartes de la izquierda hippie y la izquierda marxista. Precisamente en la imposibilidad de integrar placer y deber, felicidad y justicia, se debió la crisis de la izquierda americana a finales de los sesenta –Ponche de Ácido Lisérgico de Wolfe- y su generalización a nivel total e ideológico.

La otorgación del Premio Nobel a Elinor Ostrom muestra como las cosas están cambiando para mejor. Su gran trabajo ha sido demostrar como sistemas de administración económica cooperativa tienen éxito donde los teóricos del mercado desde hace mucho tiempo predecían que fallarían.

¿Por qué las instituciones humanas? La tragedia de los comunes no sólo ilustra el drama del cooperador que no se puede ir de sónar, sino plantea la necesidad de la misma existencia de instituciones humanas que canalicen y amplifiquen la acción colectiva del grupo, regulando el uso de los bienes comunes y permitiendo al mismo tiempo el florecimiento libre y personal. Precisamente, en antropología ésta sería la tesis integracionista del Estado (rollo socialdemócrata, liberal), donde éste tendría una función “buena”, opuesta a la tesis del conflicto, tanto de carácter marxista como libertario, que considera que su única función es la preservación de los privilegios de la elite. Como ocurre tantas veces, lo más probable es que la explicación buena sea una combinación de las dos, porque no son excluyentes: inicialmente una mayoría social consiente el acceso al poder de una elite que mediante las instituciones maximiza el bien común de modo más o menos efectivo, pero pasado el tiempo ésa se apoltrona y empieza a dirigir la sociedad de modo despótico y por el beneficio propio en detrimento del colectivo. ¿Nos suena la historia? Es también la de la Isla de Pascua, del Imperio Romano, y la de esta mañana en el discurso del Estado de la Nación.

En este sentido, la tesis libertaria no aboga por la abolición de las instituciones, sino que la función de éstas se limite a la coordinación y no a la consolidación de privilegios. ¿Qué tipo de estructuras sociales pueden liderar a eso? ¿Qué tipo de organización? Una idea, al vuelo, es la red de checks and balances de múltiples y diversos polos de poder que se compensan entre sí, evitando la concentración de poder, sea económico, o sea político- un modelo etéreamente federal. Obviamente, la teoría ya la tenemos bien aprendida – ¿pero cómo se llega a eso?