Posts Tagged ‘crisis del Estado-nación’

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Realpolitik catalana

29 noviembre 2012

A mí lo que me ha flipado de las últimas semanas es la insistencia convergente en convertir en plebiscitarias unas elecciones que han explotado en sus manos en toda la complejidad que caracteriza la sociedad catalana. Al final resulta que no es buena idea presentarse a las elecciones exigiendo un cheque en blanco -‘un liderazgo fuerte en momentos excepcionales’, que parece que sus asesores no se percataron que evocaba inequívocamente la figura del dictador- con la sede embargada por un caso de corrupción, reventando ojos a tutiplén y dando palizas obra de un psicópata que se presentaba como número 2 por BCN, censurando revistas digitales que destapan casos de corrupción en sanidad al mismo tiempo que se mantiene al interfecto en las listas por Girona sin dar explicaciones, con la cuenta del Padre evadiendo impuestos en Liechtenstein y el caso de las ITV para el número 3 de BCN. Corrupción y represión culminada por una gestión pésima de las finanzas, generando deuda a casi el doble de velocidad que el anterior gobierno -‘el desastre del segundo tripartit’- al mismo tiempo que empeora meteóricamente la calidad de los servicios públicos que se ofrecen por culpa de los sádicos recortes sociales, eso sí, ‘impuestos desde Madrit, porque no hay alternativa’.

Vaya modo de cultivar mayorías excepcionales y liderazgos fuertes en momentos difíciles que tienen los de CiU en mente: el esquizofrénico “te pego porque te quiero”. Preguntado por las estructuras de Estat propi en la entrevista del Ágora, Mas dijo que la idea era, por ejemplo, asumir el control del agua para después privatizarlo y hacer caja ‘para no tener que recortar de sitios más dolorosos’: la viva contradicción de construir un Estado desmantelándolo. Eso es, el modelo Menem que tantos éxitos le dio a la Argentina a principios de los 2000. O España ahora, ya que salimos de la última mediante privatizaciones y aquí estamos. En el fondo eso es lo que pasa cuando se deja la independencia, patrimonio tradicional de la izquierda y aún ahora según el CIS, en manos conservadoras, que no entienden que la independencia se consigue con cohesión social y no con la fractura social que crean sus recortes, sus palizas, su desdeño a quién piensa diferente y su corrupción, eso es, se consigue con un tejido social fuerte que suscite adhesión -unos buenos servicios públicos con transparencia- y no proyectos mesiánicos mal dibujados con cúter en la piel del débil. Dicho de otro modo, mucho más simple: no hay liberación nacional sin liberación social, como no ha parado de repetir estos días David Fernández. En demostración de su gran amor por el pueblo catalán, la claca convergente ya ha pedido que se duche y no traiga ni perro ni flauta al Parlament. Pues muy bien. Con esta tolerancia a lo diferente pensabais conseguir una mayoría excepcional?

El problema es crítico, no hay dinero: la Generalitat está totalmente en quiebra y sin poder económico real. No por la deuda del 22% del PIB, que es muchísimo más baja que la media europea, sino por una aberrante estructura de ingresos -ah, el dulce éxito de la gloriosa financiación autonómica que intentó cambiar el Estatut, ¡para eso era!- que impide cualquier gestión responsable de las finanzas. Ya no hay Espanya ens roba por el simple hecho de que ya no existe actividad económica en Catalunya que fiscalizar. Lo único que hacen los recortes -y eso es culpa exclusiva de Mas– es deprimir aún más la economía y los ingresos fiscales del gobierno, como ya dijo Keynes y no paran de recordárnoslo las agencias de rating cada vez que nos bajan varios peldaños la calificación de una deuda lógicamente cada vez más difícil de devolver: es el círculo vicioso del austericidio. Es decir, que el camino que ahora mismo andamos, el impuesto desde Madrit, representa el colapso seguro de la Catalunya autonómica. La alternativa es una aventura incierta. Al fin y al cabo, el dilema del president está entre la obediencia a la jerarquía –la voluntat d’un noble, que es el diktat europeo- y la obediencia al pueblo que no quiere austeridad –la voluntat d’un poble: desobedecer institucionalmente, plantarse, rechazando traspasar esa delgada línea roja porque es prioritaria. Eso es, en una crisis la línea roja que no se traspasa es una decisión política – o bien es la actual, el pago de una deuda asfixiante e impagable, como ordena nuestra Consti, o bien los servicios públicos y revitalizar la economía.

Así que el dilema es simétrico tanto para Rajoy y Mas a sus respectivos niveles: si el primero no hace nada, como es de esperar (algo a nivel español sería plantarse y dejar de asumir la deuda privada como pública [!], plantear una quita [!!], replantear la financiación autonómica [!!!]), el segundo se enfrenta a que la única salida viable para Catalunya para garantizar los servicios públicos -que es para lo que sirve un Estado y si no apaga y vámonos- es la independencia política y también económica, eso es, con moneda propia y por lo tanto fuera del euro. Políticamente, Mas ahora se encuentra en un momento parecido al de Maragall con el Estatut: entre la oligarquía que nota menos la crisis y no quiere independencia y las bases populares de su entorno político más amplio, que sí la quieren, pero por razones más bien identitarias. Si prefiere no arriesgar y quedarse con el sillón, el desencanto popular puede costarle muy caro (algo de democracia sí que hay, diría Marco Antonio), igual que ahora le está pasando al PSC que defenestró al sector catalanista-burgués. Ahora bien, si arriesga, el camino es extremadamente difícil, pero si tiene éxito el crédito para CiU será enorme – conociendo el pelaje de CiU es probable que no tengan esa valentía. Obviamente Mas quería una gran mayoría para gestionar la hoja de ruta a su antojo, pero su margen de maniobra es casi mínimo. Hasta parece que, en un contexto de justicia hiperpolitizada, las élites le han destapado un escándalo al PSC para obligarlo a pactar con CiU y que se olvide de soberanismos e historias alargando así la agonía autonómica –Fernández está imputado por hacer una llamada recomendando una amiga para un trabajo, lo de Bustos es otra cosa-, igual que el caso Ausàs de contrabando de tabaco (!) sirvió para que Esquerra evitara las explicaciones de Mas sobre el cas Palau. Parece que tienen un cajón lleno de escándalos y los destapan cuando así se requiere. Por eso el partido mandó callar a Maragall con lo del 3%, por eso silenciaron al presidente de la fundación de CiU, Colomines, cuando éste amenazó de ‘tirar de la manta’. Es la omertà del oasis catalán.

Desvelado todo este ladrillo, hay que señalar uno de los efectos más curiosos, mi propio síndrome de Estocolmo: a la pregunta de ‘tú qué harías para salir de la crisis?’, responder con una tonelada de propuestas políticas como si uno fuera Artur Mas o Mariano Rajoy. Pero uno no es presidente, sino un pringado cualquiera – al fin y al cabo, en eso consiste la identificación total del esclavo con el amo de la que hablaba Malcolm X al describir al house negro que habla de nosotros cuando de hecho se refiere al amo. En el fondo, nosotros también nos encontramos en un dilema simétrico al de Rajoy y Mas: o el de arriba o nosotros. La auténtica realpolitik catalana es plantearse qué puede hacer uno mismo en su propia situación, no en la de otros. Asumiendo que los de arriba no harán nada, lo que tiene sentido es, a nivel transformador, plantarse, organizarse, dejar de pagar a las instituciones extractivas (tanto Estado como mercado) y re-estructurar el tejido social

  1. Objeción fiscal: negarse a pagar impuestos al Estado. “Si uno no paga impuestos, es un defraudador. Si mil no pagan, es un gesto político”. Plantarse al diktat político – sólo es con desobediencia efectiva y organizada que el jefe jerárquico se doblega.
  2. Colectivizar servicios públicos como escuelas y centros de atención primaria y, con el dinero ahorrado de no pagar impuestos, pagar las cuotas de los servicios en forma de cooperativas de usuarios. Reapropiarse de lo público.
  3. Democracia económica: negarse al expolio de la plusvalía y transformar las empresas en cooperativas – participación del trabajador en el capital y la toma de decisiones.. Eso implica abolir la dicotomía entre capitalista/emprendedor y asalariado, como en el fondo pide la teoría socialista (y también la austríaca en el fondo): sabotear la diferencia entre productividad y salarios, eso es la proporción de plusvalía que va al capital, una proporción que se auto-alimenta desde los setenta y tanto se ha ensanchado por la globalización, debilitando al trabajador y generando desigualdad.
  4. Cambiar no sólo como productores, sino también como consumidores
  5. “Tercer eje” (CUP), el democrático: participar en las asambleas populares – desacralizar el parlamento

En el contexto actual, el modelo económico que se impone para España es, efectivamente, Eurovegas: una serie de tremendos ciclos económicos donde la crisis crea un precariado en pánico que necesita desesperadamente de un trabajo para subsistir, eso es el bonded labor, hasta que llega una ola de prosperidad y trabajo mal pagado y otra crisis once again, y así sucesivamente solidificando un nuevo estado de las cosas – un neofeudalismo puro y duro, donde antes los señores feudales tenían el monopolio de la tierra, a la que los siervos estaban ligados, ahora lo tienen del capital. Y esto no se va a cambiar desde arriba, en absoluto, sólo desde abajo. Ésa es la auténtica realpolitik catalana.

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Europa: una major transition in evolution

26 julio 2011

En el año 1995, el biólogo y teórico de juegos John Maynard Smith y el químico Szathmáry publicaron el libro “Major Transitions in Evolution“, donde daban cuenta de una transición arquetípica y ubicua en la historia evolutiva: el salto de entes que compiten entre sí a nivel individual a la integración de todos en un solo ente donde cooperan entre sí y la competición es suprimida de algún modo, porque se reproducen integralmente con el todo. Es decir, la serie -no consensuada- era –

  • moléculas replicantes > compartimentos de molécules replicantes [primera célula mínima]
  • replicadores independientes (probablemente de RNA) > cromosomas [hipótesis del RNA world]
  • RNA como gen y enzima > DNA como gen, proteínas como enzimas
  • células procariotas [sin orgánulos internos] > eucariotas [con núcleo y mitocondria y cloroplasto fruto de una endosimbiosis]
  • células asexuales > aparición del sexo
  • organismos unicelulares > organismos pluricelulares
  • individuos solitarios > colonias
  • sociedades de primates > sociedades humanas [con lenguaje; evolución sociocultural]
El tema es interesante de por sí, porque es difícil de explicar el salto de free-riding a cooperación cuando evolutivamente no es estable para el individuo, pero una vez integrado en un todo el fitness es mucho mayor, tanto individual como colectivo. Hay cierta coevolución entre el comportamiento individual de cada agente y la estructura que se forma con estos comportamientos, feedbacks dinámicos que se retroalimentan entre sí, porque, si bien la teoría dice que la estructura de las interacciones puede sostener la cooperación -la especialización del trabajo no es más que interacciones no arbitrarias entre los agentes que les hacen depender entre sí-, lo que la hace permanente es la evolución del comportamiento de los agentes a nivel individual. Dicho de otro modo: primero los organismos unicelulares compiten entre sí por los recursos, pero en compartir espacio interactúan y se dan actos fortuitos de cooperación. Entonces estos actos de cooperación se pueden volver más habituales o no en función de si los organismos han evolucionado comportamientos más altruistas; es más, comportamientos que se especializan en un rol consolidando las interdependencias de la red y así convirtiendo lo que era temporal en un organismo pluricelular.
La cuestión es que es habitual en la historia -biológica, socioeconómica- que se establezcan estas redes de interdependencias que mezclan competición con cooperación. Ahí se da un dilema evolutivo: en estado de shock, las redes de cooperación se consolidan como respuesta y se integran hasta el punto de construir un nuevo individuo pluricelular, mucho más estable, o bien se diluyen y caen otra vez en un estado de competición entre sí, donde cada uno va a su bola. Observamos, precisamente, los éxitos en estas transiciones y no los fracasos, que no son más que una vuelta a la casilla de salida.
Un caso clarísimo es, efectivamente, el de la Unión Europea. El proceso de la convergencia europea ha dado paso a la compleja red de intercambios económicos entre los países de la UE, pero con poca integración en lo social y político, que serían precisamente el modo de consolidar estas relaciones de cooperación vía comportamental. Hasta ha habido cierta especialización en la creación de dos Europas, la del sur y la del norte, la primera que recibía créditos y la segunda que los daba. Y, ahora, de repente, nos encontramos en estado de shock, procedente del otro lado del charco pero aquí muy presente: el dilema evolutivo es claro – la solución difícil, la innovadora, pasa por estabilizar una verdadera integración a todos los niveles, que en nuestro país consistiría en subir impuestos a las empresas y al sector financiero (porque la presión fiscal sobre los salarios es altísima y la de las empresas minimísima) y bajar gastos en infraestructuras monumentales y poco rentables, el Ejército y la Iglesia. Es decir, equilibrar el presupuesto según estándares europeos y no chorizocráticos en la línea CiUPP. Al mismo tiempo, es imperativo introducir una cierta reestructuración de la deuda para reactivar las economías del sur.
La alternativa es clara:  igual que pasó en la Gran Depresión, que cada país vaya a su bola, intentando arreglar sus propios problemas y compitiendo con el resto para salir a flote. Esto quiere decir hacer un default sistemático, no devolver la deuda los países del sur, romper el euro, devaluar la moneda, depresión, inflación y potencial corralito – una situación extrema que desembocaría en una recesión muy duradera a nivel europeo, quizá en un estancamiento definitivo en forma de nueva edad oscura. Un refrán plantea perfectamente este ubicuo dilema evolutivo: “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero, en este caso, vale la pena -urge- probar lo aún no conocido – unos Estados Unidos de Europa que nos salven del todos contra todos again?
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¿El derrumbe de la civilización occidental?

19 julio 2011

Sí, al final parece que puede petar todo. La prima de riesgo española sobre los 300 puntos, Defcon 1, que implica riesgo inminente de quiebra. Nuestro amigo que trabaja en el sector público quizá no cobra el próximo mes. Portugal de bono basura, y un tercio de su deuda está en manos españolas. Prima de riesgo italiana en 337 puntos; las inversiones francesas en su deuda equivalen en un tercio de su PIB. Es decir: la economía europea es una complejísima red de interdependencias donde todo el mundo le debe a pasta a su vecino y los últimos vecinos tienen tremendos problemas para devolver las deudas a unos bancos franceses y alemanes con tremendos agujeros que tapar. Y al otro lado del charco, los republicanos se cierran en banda y no le dejan a Obama ni subir los impuestos (los recortes de impuestos de Bush han causado un déficit enorme en su economía -¿pero los recortes de impuestos no creaban riqueza, señor Friedman?-, junto con las guerras de Irak y Afganistán) ni endeudarse, lo que implicaría que el Imperio se declarara en suspensión de pagos y no pudiera pagar las nóminas de sus funcionarios para agosto. Las piezas de dominó van cayendo y el efecto extendiéndose – ¿estamos delante el fin de la Europa tal como la conocemos, sumida en una larguísima recesión como si fuera una nueva Edad Medieval, estancada en miedos ultraconservadores, paranoica a lo nuevo y extraño, sin savia fresca con la que bombear al tejido productivo?

Si el crecimiento europeo sigue así de retrasado respecto al de sus competidores, a mitad de siglo su economía podría tener la misma dimensión que la de África.

Gordon Brown, ¿Por qué se durmió Europa?

Quizá el tiempo de Europa ya ha pasado. Los Estados, como las especies, nacen, se desarrollan y terminan muriendo. Es ley de vida – política. Ciertamente el camino al siguiente nivel pasa por cambios extensivos en la economía que revisen los modos de producción para humanizarlos y hacerlos más ecológicos y democráticos; precisamente Europa es un óptimo campo de experimentación para ello (decrecimiento en Francia, Takis Fotopoulos, etcétera). Pero introducir novedades que permanezcan -innovar, vaya- es extremadamente difícil.

Es evidente que cada una de estas tres preocupaciones –déficits, inestabilidad bancaria y bajo crecimiento– está entrelazada con las otras dos de tal manera que las políticas que se centran en una sola de ellas son mucho menos eficaces que una estrategia global que intente resolver las tres de forma simultánea. Y la estrategia paneuropea es aún más necesaria porque el euro se creó sin ningún mecanismo para evitar ni resolver crisis y sin ningún acuerdo sobre quién tiene la resposabilidad suprema de financiar los costes de las crisis.

Gordon Brown

En esta crisis, hay dos salidas del túnel distintas: la fácil, porque no es innovadora, que consiste en ir cada uno a la suya, petar el euro, volver a la peseta, endeudarse devaluándola y con esto creando inflación, decir adiós al 10-15% del PIB español fruto de inversiones extranjeras y ponerse a trabajar duro-duro. Esto es retroceder décadas de integración y progreso económico. La otra opción es la chunga, porque significa entrar en un terreno nuevo: los Estados Unidos de Europa, frutos de una verdadera integración económica en materia presupuestaria (impuestos alemanes para servicios sociales alemanes también en España, y no impuestos africanos para servicios europeos) y así con el permiso para endeudarse con eurobonos pagados quizá tan sólo a un 0,25% más que los alemanes, porque la avalaría una disciplina en los ingresos y los gastos mucho más responsable que dedicarse a montar juegos olímpicos en Atenas con un fraude fiscal generalizado.

Porque aquí está la clave: para una verdadera estrategia paneuropea, hace falta una revolución en la cultura cívica de los países del sur. Evadiendo nuestros impuestos a pequeña escala justificamos los desmanes más grandes de Botín y compañía, un modo bastante tonto de dispararse en el pie, porque resulta más económico pagar la porción de impuestos que toca que tolerar ese fraude fiscal a grande escala no habiendo pagado. En Gran Bretaña, el abuso de los gastos parlamentarios -las MP’s expenses– no era en absoluto ilegal, pero sí poco ético. Hubo dimisiones. En el caso Murdoch, ya han dimitido la número 3 del imperio mediático, el jefe y subjefe de Scotland Yard, el jefe del gabinete de comunicación del primer ministro y otros ¡sin que tan siquiera haya juicios!, no sólo en el sector público, sino también privado, porque allí al norte existe la idea de rendición de cuentas de los poderosos – la sociedad civil tiene conciencia de su poder cuando se indigna, un poder siempre tan necesario.

Éstas son las cosas maravillosas que hemos podido ver este año: la sociedad egipcia echando a Mubarak y con ello poniendo en jaque a todo el imperio americano, la sociedad británica rebelándose contra Murdoch, son casos de muchos David haciendo frente a Goliat. Es la afirmación de un poder muy real que olvidamos demasiadas veces, y que aquí brotó en forma de 15-M, y todavía permanece vivo. Si nos olvidamos de este poder, que conlleva una gran responsabilidad, pasa lo que pasa: aquí un presidente de comunidad autónoma será juzgado por sobornos y tenemos que tolerarlo porque lo han votado 1.200.000 valencianos. En Italia tienen a Berlusconi. No hase falta decir nada más. La integración europea, única solución de facto, pasa por una mayor cultura cívica, que eche a este tipo de políticos a la calle.

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El problema ‘Indiana Jones’

8 julio 2011

Un 15M rompiéndose la cabeza: ¿qué reformas hay que hacer en este país?

Lo podemos llamar el problema Indiana Jones: la necesidad de cambiar algo tan esencialmente fundamental del sistema que es necesario encontrarle un sustituto con el que reemplazarle rápidamente, con tal de evitar el colapso del sistema que se pretende salvar. Si imaginamos la red de relaciones de poder como scale-free (abajo), los bancos (punto rojo) o constructoras (punto azul) han acumulado tanto poder (se han situado en los sitios más hiperconectados de la red) que se han constituido en garantes de la cohesión del sistema. Si caen ellos, caemos todos y así se puede establecer el chantaje con el que los oligopolios se dirigen a la sociedad para obtener carta blanca en sus actuaciones y ser lo más irresponsables que se pueda. ¡Total, son too big to fail y van a ser salvados igualmente! Es el modo más fácil de legalizar la privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas. Nos vemos obligados a costear entre todos el colchón de estos puntos hiperconectados, porque nos va también nuestra propia vida en ello.

Cuando las cosas van mal, en primer lugar, como en esta crisis, se opta por el recurso fácil: reforzar los cimientos del sistema para garantizarle la supervivencia, sin cambiar la estructura fundamental, tan sólo aligerando el peso de lo que se considera prescindible: esto son los recortes sociales al mismo tiempo que inyecciones de capital a saco a los bancos, que configuran el núcleo del sistema. Cuando se salva a Grecia a cambio de salvajes recortes sociales, en realidad lo que se está salvando son los bancos alemanes y franceses que les dieron crédito y ahora necesitan cobrar hasta el último céntimo de los intereses, pero es que desde un punto de vista sistémico, Grecia son “tan sólo” once millones de personas en apuros, pero la caída de los cuales puede generar un gigantesco efecto dominó que se lleve con ellos a alemanes, franceses, a toda Europa y hasta los USA: sumir a la civilización occidental en una depresión duradera sin ver la luz al final del túnel, acoplada al oil peak y con China, India y Brasil por ahí. Los bancos españoles falsean sus cuentas, España falsea sus cuentas, para aparentar que todo está saneado, todo el mundo lo sabe, pero que no se transmita la crisis de la periferia al núcleo, aunque las arcas estén vacías: se está esperando que lentamente se reactive la economía, que vuelva a circular el dinero, y así esa mentira flagrante sea tan sólo temporal.

Cuando están en bancarrota, las empresas pueden llegar a desaparecer. Los estados, no.

Iñigo Sáenz de Ugarte, La única vía de supervivencia para Grecia

¿Por qué no? ¿Acaso no han desaparecido muchísimos otros estados soberanos en la historia? ¿Por qué Grecia iba a ser una excepción? El hecho de que los Estados tengan una vida media considerablemente más larga que las empresas no quiere decir que no puedan caer, aunque a primera vista nos parezca constatar su robustez y estabilidad, que confundimos con eternidad desde una visión histórica un poco ciega. Comenta Sander van der Leeuw, ecólogo, antropólogo y experto en complejidad social, que las instituciones humanas son de hecho intangibles, amplios colectivos humanos poniéndose de acuerdo en peculiares convenciones lingüísticas, asumiendo unas normas comunes desde valores tan etéreos y poco materiales como la lealtad, el honor, la fe o la autoridad. Es, de hecho, un punto de vista tan bien explorado por la serie The Wire: cómo los seres humanos generamos las instituciones con nuestras propias actuaciones arbitrarias y cómo creemos e interactuamos con ellas.

Según van der Leeuw, las instituciones son patrones estructurales que se dan en las redes de relaciones de poder y que poseen una duración y estabilidad considerables: en el caso presente, los bancos son el fundamento del sistema actual, ubicados en el mismo centro de la tupida red de relaciones económicas, pero el manido recurso fácil de inyectarles dinero en detrimento de la estabilidad de países enteros amenaza de ser un sonoro fracaso, porque no solventa la cohesión del sistema. La solución inmediata de darle robustez a sus fundamentos pero insistiendo en las mismas estructuras y métodos se ha agotado. Entonces hay que buscar nuevas estructuras sociales más eficientes y equitativas que sustituyan los puntos rojos, azules y verdes de la red social. Pero este proceso de sustitución de un fundamento social por otro, de un mero punto por una trama más compleja pero estable  (no tan sólo cambiar un banco por otro banco) es extremadamente delicado y complicado: es el problema ‘Indiana Jones’.

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Un discurso de fondo: la globalización lo jodió todo

7 junio 2011

Discúlpanme si hago de abogado del diablo, pero es que muchas de las propuestas (impuesto de patrimonio, sucesiones, tipo máximo IRPF) que suenan en plaza Catalunya para un documento de mínimos, aunque loables, me suenan a mojadas cartas a los Reyes Magos. Nacionalizar los bancos conlleva hacerse cargo de su agujero y de sus tóxicos. Que devuelvan el dinero público implica su quiebra y corralito a la argentina. Dación en pago o poner las viviendas al mercado también implica quiebra de los bancos. Tasar las transacciones financieras o progresividad fiscal implica fuga de capitales. Reestructurar la deuda externa española –default- implica volver a la peseta y dejar la economía europea muy maltrecha como poco.

No es una cuestión de que falte el dinero para sanidad o educación. Es que no hay mecanismos efectivos para que los que sí lo tienen lo suelten. La socialdemocracia como modelo económico fue posible en unas circunstancias históricas muy específicas, eso es, sustentándose en un delicado equilibrio entre capital y trabajo a nivel nacional tal como se dio en los países occidentales al término de la Gran Guerra. Allí las presiones de los sindicatos tenían sentido y eran efectivas, porque había pocos trabajadores y la amenaza bolchevique era muy presente: para contrarrestar, los partidos burgueses tuvieron que ofrecer un gran poder político a partidos socialdemócratas y sindicatos – la consecuencia económica es la transición del liberalismo al keynesianismo, que con tal de evitar depresiones defiende la progresividad fiscal y la intervención estatal de la economía, es decir, el modelo socialdemócrata. Pero un Estado deficitario implica un Estado que ha contraído deuda -que está en deuda- con precisamente aquellos que tiene que fiscalizar. La otra opción es estabilidad presupuestaria: ¡recortes!

En función de la ideología, se dirá que fueron las conquistas de las luchas trabajadoras o el crecimiento del mercado lo que generó un espectacular aumento del bienestar general. Da igual; el hecho es que se terminó por generar una amplia clase media a partir de una sociedad muy polarizada en dos clases. En cierto modo, era el triunfo de la socialdemocracia: una sociedad con una clase media fuerte es lo más parecido a una sociedad de una sola clase (el comunismo) que podrá haber. Pero su misma victoria fue el inicio de su derrota – la caída del telón de acero lo jodió todo: ahora resulta que el capital es muy fluido y tremendamente difícil de fiscalizar -aumenta el tributo de las SICAV en País Vasco y se te van todas a Madrid-, al mismo tiempo que la demanda de trabajo se ha incrementado hasta el punto de que comprar derechos laborales le sale al empresario global a precio de saldo -un informático indio te hace lo mismo por una quinta parte de sueldo español-, la deslocalización como amenaza siempre a mano.

El equilibrio de fuerzas se ha decantado con ganas hacia el capital y así la socialdemocracia se cae inexorablemente a trozos, mientras los trabajadores son espectadores ingratos de cómo las conquistas de sus abuelos son liquidadas una a una “porque así lo manda el mercado” y los derechos fundamentales son puestos en duda por monos con bates de béisbol. La progresividad fiscal, antaño tan fácilmente realizable a nivel nacional, ahora sólo tiene sentido si es llevada a cabo a nivel internacional, como reconoce el cripto-keynesiano que tenemos de conseller de Economía, el señor Mas-Colell: hace falta un poder político global que haga frente a un poder económico global, como piden muchos. Internacionalización, exigen. Pero recordemos que el experimento de institución política supranacional más cercano que tenemos -la Unión Europea- es un ente opaco y poco democrático con el que nos han colado medidas como Bolonia o las directivas de la vergüenza y de las 65 horas. Los partidarios de la internacionalización del poder político como método democrático tendrían que tener en cuenta esta verdad de la buena: a medida que ascendemos niveles de decisión, los ciudadanos de a pie perdemos poder de influencia y lo ganan los lobbies.

En realidad, las peticiones de los internacionalistas irían en la tónica general: nos encontramos delante de una transición de un Estado de bienestar de capital nacional y público a uno de capital internacional y privado, con sus Zaras, H&Ms, Ryanairs, IKEAs, Endesas y etcétera, donde se funde lo público con lo privado y resulta que DSK, violador y director del FMI, es socialista, y los reguladores del mercado financiero (y tantos otros: energético, alimentario) son escogidos entre los mismos regulados, como nos recuerda Inside Job. La tendencia es hacia un empobrecimiento generalizado de la clase media -causa real de la indignación #15M– y la imposición de un neofeudalismo del turbocapital: élite político-económica versus una masa de trabajadores precarios con derechos low-cost. La dicotomía entre privado y público del siglo XX ha dado paso a la dicotomía entre global y local. 

Es preciso, por lo tanto, insistir en la necesidad de localizar en detrimento de globalizar y llevar el debate en el terreno donde el ciudadano medio tiene poder efectivo de decisión. La sociedad es una correlación de fuerzas y tenemos que ser conscientes de dónde cae el alcance de la nuestra, cómo efectuamos pequeñas cesiones de poder en lo cotidiano:  con una cuenta de crédito o una hipoteca en un macrobanco o comprando en un hipermercado o en una gran superficie nos colocamos en la base de la pirámide, sosteniéndola, en la punta de la cual están los peces gordos/mafiosos calabreses a los que ahora exigimos –mejor dicho, suplicamos– que paren sus recortes. Para poder negociar y exigir, hace falta una posición de fuerza, que no se consigue con manifestaciones o huelgas en tiempos de crisis, sino tomando conciencia de nuestras relaciones económicas diarias y cambiándolas: banca ética, cooperativas de consumo alimentario, cooperativas energéticas, modelos de cooperativas de uso para vivienda ética más colectivizar los servicios públicos, con tal de dejar de depender de las élites, y así pasar de suplicar a exigir.

En este nuevo contexto, asalariados, autónomos y pequeños y medianos empresarios estamos en el mismo barco: en el discurso de fondo hace falta transversalidad en lugar de un social-estatismo que lo único que hace al final es proteger a las oligarquías. Eso conlleva la superación a nivel moral de la figura laboral del asalariado (alguien que al fin y al cabo no concibe el producto de su trabajo como propio) y del empresario (que lo expropia), para apostar por un libremercado de cooperativas (también en servicios básicos), conjugando libertad económica con valores comunitarios –democracia económica-, y un modelo político de carácter asambleario-federal desde abajo hacia arriba, que bien puede fundamentarse en las actuales dinámicas del movimiento #15M, que ya se extiende a los barrios de cada ciudad. Este modelo, de carácter esencialmente libertario, es ciertamente difícil de llevar a cabo, pero ya es radicalmente distinto de las medidas socialdemócratas -que son directamente imposibles, porque no hay fuerza efectiva para llevarlas a cabo. También nos hubiéramos podido reunir en 1939 y exigir sentados que Hitler parara voluntariamente la guerra ya me imagino el resultado. Sin ir más lejos, la reforma de la ley electoral no deja de ser totalmente circunstancial: en Catalunya tenemos seis partidos con la misma ley; lo sensible son las estructuras de los partidos; los problemas son realmente de fondo.

Nos empobrecen, nos quitan derechos y además dicen que es inevitable. Se trata de cambiar el imaginario, romper con la esclavitud mental de quién se cree a las élites – y eso pasa por renunciar a priorizar la seguridad de la vivienda comprada, tan importante en sociedades tradicionalmente pobres y conservadoras como la española – porque esencialmente es entrar en deuda con mafiosos calabreses que reconocen abiertamente que son avariciosos y van a por la rodilla. ¿Por qué pagar impuestos si van a la Iglesia Católica, a televisiones infumables, a concesionarias de autopistas que han calculado mal sus ingresos, a AVEs sin rentabilidad, ayudas a las eléctricas y un largo etcétera? Somos nosotros quiénes sostenemos esa gigantesca pirámide de estafa social – son las élites las que nos necesitan a nosotros, auténtica fuerza productiva, y no al revés, tal como dice su narrativa sistémica. Pero para emanciparse de estos esquemas mentales neofeudalistas, hace falta iniciativa, autogestión, auto-organización – espíritu libertario.

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A favor de la ilegalización de Bildu

3 mayo 2011

Pero ya puestos a ilegalizar, pues también al PP (guerra de Irak y Afganistán, franquismo), al PSOE (GAL, guerra de Afganistán) y CiU (guerra de Afganistán). Y a la Audiencia Nacional y a la Policía Nacional, instituciones que se dedican a secuestrar a ciudadanos españoles, a veces legalmente, a veces contra la ley, y además por un largo periodo de años. Hasta piden impuestos a través de Hacienda. Cosas del Estado, que esencialmente es violencia. E ilegalizar también al último Nobel de la Paz, claro.

Ya basta de tonterías. La cruzada ultranacionalista del PPSOE que en el País Vasco se materializa en un acoso a las libertades públicas de un buen número de ciudadanos (150.000 – 200.000) con deneí español (las quejas de los cuales tampoco son muy legítimas cuando apoyaban a acciones terroristas), en la manipulación de la ley por intereses electorales y para la consolidación de un proyecto político muy determinado: la construcción artificial de Madrid como megalópolis sita en el mundo en detrimento de toda Restospaña toda (y sobre todo el hinterland madrileño) y por lo tanto la consolidación en el poder de la oligarquía madrileña mediante la edificación de infraestructuras públicas ni rentables ni cohesionadoras a nivel territorial. Ya les gustaría a ellos que el parlamento vasco fuera como el ejemplo de pluralidad que es el de Castilla y León o Castilla la Mancha.

La verdad es que es extremadamente preocupante el paisaje político que nos encontraremos después de la próxima disolución de ETA: una cultura política acostumbrada a atropellar principios democráticos y usar instituciones públicas pretendidamente imparciales (Tribunal Supremo, Constitucional) a su favor para cumplir determinados objetivos. ¿El Estatut, que planteaba cambios necesarios en el ordenamiento jurídico español? Cepillado. ¿Batasuna, el reflejo político de un sector importante de la sociedad vasca que pedía más soberanía (cosa totalmente legítima)? Ilegalizada. ¿Los inmigrantes sin papeles, que sostenían la pirámide demográfica española, las pensiones y la economía en general con su trabajo? Expulsados y sin derechos laborales ni políticos. ¿Los controladores aéreos, parte en un conflicto laboral? Militarizados y regulados por una ley de Huelgas preconstitucional. ¿La reforma laboral? A golpe de decreto el día del debut de España en el Mundial. ¿Los problemas de convivencia en las ciudades? Regulados por la policía a golpe de multa. ¿El deficitario e inútil AVE? Te lo construimos quieras o no. ¿Los bancos? Salvados con nuestro dinero.

Puro movimiento del péndulo que, después de los ochenta, vuelve a la oscuridad franquista.

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La socialdemocracia como despotismo ilustrado (2): ¿por qué trabajar?

11 abril 2011

El primer objetivo era dar bienestar a la clase trabajadora y mediante la creación capitalista de riqueza y las luchas proletarias se hizo propietaria. Entonces, no sólo propietarios (nevera, lavadora, ordenador, microondas), sino también pagadores de impuestos (antes no tenían suficiente renda) y liberales, porque se termina valorando (muy legítimamente) un dinero fruto de su trabajo, que ven cómo se va mediante impuestos y con justificaciones metafísicas por el bien de la comunidad (procedentes de la izquierda socialdemócrata) que después no terminan de ser verdad (¿salvar a bancos y concesionarias de autopistas es por el bien público?). El gasto de dinero público tiene que ser transparente, eficiente y fácilmente controlable. Mientras tanto, la clase alta, antes principal aportadora de impuestos, ha huido a las rendas del capital – el sector financiero que ahora nos jode, tan difícilmente fiscalizable.

A nivel electoral, la izquierda socialdemócrata, con un mensaje paternalista que confunde caridad con solidaridad y justifica múltiples imposiciones y prohibiciones (ordenanzas cívicas sin ir más lejos), se ha hecho enemiga de la clase media, con las irresistibles ironías de la historia que eso conlleva. En una tremenda paradoja histórica, el mismo bienestar -que era el incentivo de la creación de la riqueza y también el objetivo de la izquierda- se ha cargado el espíritu emprendedor de la sociedad, que es exactamente la materia prima de sus fundamentos. El trabajo. El esfuerzo. La innovación. Según la jerarquía de valores de la pirámide de Maslow (y el sentido común), sólo una vez solucionado el problema material, tiene sentido proponer el problema espiritual. Es el particular mensaje de la izquierda hippie: ahora toca la emancipación espiritual, la realización de la autonomía moral personal, la individuación que preconizaba Jung. El trabajo por el trabajo (como creador de riqueza) no tiene sentido en una sociedad rica como la nuestra: tiene que fundamentarse sobre la autorealización personal, la individualidad y la creatividad. Un ora et labora moderno de menos de 35 horas semanales. El modelo de trabajo antiguo está basado en incentivos ahora inexistentes: ya no es necesario conseguir más bienestar material, sino el tiempo para disfrutar un martini al solecillo de una tarde de verano en medio de una agradable conversación sobre William Turner.

Hace falta un cambio de prioridades. Al mismo tiempo, estamos en crisis, con múltiples países en implícita bancarrota. Nos dicen: “hay que recortar el déficit” y se va por la solución fácil, la de recortar por abajo, pero es que quizá el problema viene por arriba y es el gigantesco peso de estructuras oligárquicas, antaño creadas por el bien público y ahora sólo preservadoras de privilegios neofeudales. Nos tendremos que apretar el cinturón, sí, está claro, pero queremos hacerlo por nosotros mismos, de modo autogestionario, y no con la dirección y los mensajes apocalípticos de gente que viaja en primera clase y coche oficial, lidera guerras de 400 millones de euros al año (Afganistán) y es el instrumento de gente que no paga impuestos y sólo roba a la sociedad (el sector financiero). ¿Para qué hace falta el Ejército, que nos cuesta 9000 millones al año? Las estructuras politicoeconómicas han devenido como la fase del Dominado del Imperio Romano: tan pesadas y rígidas para sus ciudadanos que éstos aplaudieron las invasiones bárbaras que veían como liberadoras.