Posts Tagged ‘cosas que no molan’

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El Solidarnosc americano contra el síndrome de Estocolmo

20 noviembre 2011

Why is it called “class warfare” to advocate raising taxes on the rich, but not when it comes to cutting benefits to the poor? David Shayer, desmantelando el relato.

Una imagen: un tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, porra en mano apaleando a gente sentada, vestida de casual, que no se defiende. Al lado, otro tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, dispara una bala de goma a bocajarro a un joven, la bala rebota, y le da al oído de otro. Otra imagen: un chico yace en el suelo, inconsciente, con el cráneo fracturado por un disparo a bocajarro, en medio de gas lacrimógeno lanzado por tíos vestidos de azul, cascos y bien tapados. Gente corre a socorrerle, delante de una línea de hombres de azul. Uno de ellos tira una granada flash al grupo que rodea al chico, que tiene que dispersarse. Otra imagen: una chica sale de su coche y observa lo que pasa en la calle, pacíficamente. Un hombre armado le dispara en el pecho. Muere minutos más tarde.

Túnez, Egipto, Libia, Bahrein, Yemen, Siria, Palestina, Grecia, España, Italia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos; el espectro de la indignación recorre el mundoNo sólo a nivel espacial, sino también temporal: 1830, 1848, 1918, 1945, 1968, 1989; 2011. La comparación es justa.

"The True Administration of Justice is the Firmest Pillar of Good Government". Pues vaya.

Ayer se cumplían dos meses del inicio de Occupy Wall Street y se declaró National Action Day. A las 7 de la mañana, los manifestantes tejieron cadenas humanas para bloquear los accesos a la bolsa de Wall Street, con éxito parcial: la campana sonó como siempre, más 175 detenidos, pero algo había cambiado. ¿Les suena la historia? 15 de junio, Barcelona, puertas del Parlament. En ambos casos, la narrativa oficial -el maldito relato– establece al Parlament como depositario de la soberanía nacional –o ya ni eso– o la bolsa como el espacio dónde nuestros ahorros se invierten y generan rentabilidad dentro de una natural dinámica financiera que de vez en cuando genera crisis: crisis que ha hecho caer el velo ideológico y el relato ha saltado en mil pedazos. Por sus acciones, Wall Street o el Parlament han pasado a visualizarse como enemigos del pueblo y la lucha de clases se ha manifestado evidente: ya no constan como delito el intento de bloqueo de esas instituciones, ni manifestarse en el día de reflexión, ni obstruir el puente de Brooklyn, sino cada desahucio, cada décima de punto a los intereses de deuda odiosa, cada dólar de bonus al stock broker de turno, cada ley pasada por el Congreso para desregular la banca. Cosas que antes eran legales ahora no lo son, y viceversa. Le han dado la vuelta al relato: los americanos están despertando de su propio sueño, el sueño americano de que esto podía funcionar indefinidamente.

Whereas by consensus we view that for the first time in American history, current generations will not be as prosperous as preceding generations. This denial of the American Dream is at the heart of Occupy Movement. Occupy Dallas, en su llamamiento a la huelga general

Una cuestión central en teoría arqueológica es por qué maldita razón el grueso del personal podía llegar a aceptar su explotación -su subordinación política y económica- por parte de unos pocos. Mirando al presente, yo también me lo pregunto. Hay muchas respuestas: una, la flower power, es que la existencia de élites permitiría una gestión más eficiente de la economía y por lo tanto una mejor redistribución de los recursos entre todos. Pero ha sido continuamente desmentida empíricamente; como mucho, para compensar su propio parasitismo y en función del poder de contestación de los de abajo, las élites ofrecerían unas migajas a cambio para evitar rebeliones. En 1945, debido a la correlación de fuerzas, las migajas fueron considerables y se llamaron Estado de bienestar. Ahora son mínimas. Hay rebeliones. 

Until now there was one good argument for capitalism: sooner or later it brought a demand for democracy… (…) – but now, the marriage between capitalism and democracy is over. Slavoj Zizek

Algo que me ha sorprendido durante estos meses es la total despreocupación de las élites por la preservación del relato. A la mínima que se ha protestado, la policía ha reaccionado con brutalidad inusitada, con blásters de sonido LRAD, bombas de gases lacrimógenos, arrestando a todo el mundo, golpeando las porras a saco, tirándoles espray de pimienta en la cara. En Oakland, California, la policía atacó al movimiento con una violencia más propia de Bashar el Assad, gases lacrimógenos y demás y con un veterano de 24 años con el cráneo fracturado y en estado crítico, pero los manifestantes terminaron volviendo a la plaza. En Seattle, una activista de 84 años, un sacerdote  y una adolescente embarazada fueron esprayados en la cara. En Nueva York, la policía esprayó a unas pacíficas chicas que había previamente acorralado con una red (youtube, chungo). Un chico fue detenido por escribir LOVE en la acera. En Oakland, uno fue detenido mientras estaba meditando. La biblioteca del pueblo de Zuccotti Park, con más de 5.500 libros donados, fue requisada en el desalojo y la mayor parte de los libros, fruto de la generosidad ciudadana, aún no han sido devueltos. A la policía sólo le faltaba quemarlos. El material informático, bicicletas, tiendas, no ha sido devuelto (les suena?), después del desalojo por salubridad (les suena?) en una ciudad donde las basuras literalmente se acumulan en las aceras (no hay contenedores), hasta en masas de diez metros por dos. El puente de Brooklyn fue bloqueado por activistas que pedían más democracia: 700 detenidos. Días después, el puente y todo el tráfico de la zona es paralizado porque están rodando Batman: “son grandes beneficios para la ciudad”. Todo bajo la dirección expresa del Felip Puig americano, el alcalde Bloomberg, ese subnormal histórico en palabras de Olbermann (youtube, recomendado), 12º persona más rica del país y primera autoridad de la policía, tan bien financiada por JP Morgan Chase. Para que después digan que eso no es una plutocracia. You cannot evict an idea whose time has come.

Nada parecido a “nuestra democracia tolera la defensa pacífica de cualquier idea” ni nada “sobre la inmensa generosidad de la Primera Enmienda”. Nada de eso: tan sólo un paisaje propio de un Estado policial, una ciudad militarizada, cuatro o más helicópteros sobrevolándonos, miles de policías, muchos de ellos ya con el disfraz antidisturbios y las manillas de plástico preparadas, todas las calles valladas dificultando el libre ejercicio del derecho a manifestación, desfilando líneas de autobuses llenos de manifestantes detenidos que iban siendo aplaudidos por los que aún estaban fuera. Que el derecho a la libre expresión era una mentira se manifiesta meridianamente como evidencia empírica: muchos carteles hablando de Estado policial. Uno, señalando lo obvio: “libertad es poder decir que no al poder“, que es lo que ahora se pone en duda. A la hora de la verdad, a todo sistema político le llega el momento en qué sus propias contradicciones se ponen de manifiesto: 1989, para la URSS. 2011, para Occidente. Todo es relato: desde Occidente, cada acto de represión popular del poder soviético, cada vulneración de los derechos civiles, se presentaba como una pieza más de un engranaje sistemático de terror y coerción, pero Guantánamo, Abu Ghraib o la brutalidad policial de estos días se presentan casos aislados de jóvenes poco disciplinados o policías un poco pasados de rosca, y circulen que aquí no ha pasado nada. Pero las cosas no son tan simples. Democracia no es un sistema, sino un conjunto de valores que un determinado país puede respetar más o menos en una escala continua. Y preocupantemente Occidente está pasando del más al menos.

The system has lost its self-evidence, its automatic legitimacy, and now the field is open. Slavoj Zizek

 Whose street? Our Street! Por eso el movimiento Occupy debería ser visualizado como el Solidarnosc americano y ejercer como tal. En la plaza de la Libertad se han visto los habituales grupos de trabajo de las asambleas, inyecciones contra la gripe gratis por parte de Physicians for a National Health Program, hasta una boda entre activistas que se habían conocido ahí. También los Yes Men, disfrazados de hombres de negocios con carteles: “Brokers and Police FOR the Occupation“. Y muchos artistas, como Shephard Fairey (el del cartel de Obey… y el de Obama), Tim Robbins o Mark Ruffalo. Lost a job – found an occupation. También un capitán retirado de la policía de Filadelfia y totalmente solidarizado con OWS, y ayer pasado por encima por el inexorable rodillo del Estado de derecho.

All Day! All Week! Occupy Wall Street! En la manifestación de ayer por la tarde (30.000 personas), se vieron a bandas de gypsy jazz con algún que otro venerable barbudo judío, los raperos de Occupy the Hood, un par de profesoras de edad con un cartel con las palabras de Schopenhauer –All truth passes through three stages. First, it is ridiculed. Second, it is violently opposed. Third, it is accepted as being self-evident.- al lado de dos pre-adolescentes con carteles de We are the 99%, abogados de los colectivos que viven en vivienda pública, los chicos de Occupy Cinema con una proyección casera sobre una pancarta de la película La Revolution Cómmence de Pierre Clementi sobre el 1968 parisino, familias, hippies jóvenes y mayores, hasta propios concejales de la ciudad que habían marchado desde el barrio dominicano de Washington Heights, en uptown, para traer las minorías al movimiento (sobre los cuales también pasó el inexorable rodillo del Estado de derecho). Y un grupo de niños que muy sabiamente gritaron en los micrófonos: You can’t stop us… – because we are kids!

Pero hay muy pocos trabajadores.  El perfil medio del manifestante es joven, bien educado, blanco – sólo la mitad está empleada a jornada completa. Tahrir fue un símbolo de la protesta, también la intentaron desalojar -aquella vez sin éxito, a diferencia de Zuccotti Park-, pero lo que derribó la dictadura fue extensivas huelgas en transportes, el canal de Suez y petrolíferas, que habían paralizado la economía del país. La revolución que sólo sea tuiteada fracasará; como dijo la activista Salma Said, defendieron Tahrir con sus vidas, no con el facebook:

“La revolución fue no-violenta tan sólo después de quemar el 90% de las comisarías de policía, después actuamos como hippies”. Salma Said

Pero las nuevas tecnologías permiten divulgar rápidamente lo que realmente significa el inexorable rodillo del Estado de derecho. Es aquí donde el autoengaño del relato se concibe como síndrome de Estocolmo. Un 72% de los neoyorquinos apoyan a OWS -un 55% entre los republicanos- pero sólo un tercio de todos los americanos (debido al desconocimiento mutuo entre las diversas regiones del país, como pasó con la demonización de los hippies). En las imágenes con las que empezábamos, aún hay muchos que ven “fuerzas del orden restableciendo la normalidad”, donde tan sólo hay matones que pegan precisamente a la gente, pacífica, que les paga el sueldo. Aún hay muchos que se creen que no hay alternativa a los recortes sociales. Pero el relato se está cayendo a trozos. En nuestra analogía, la policía son los “partidarios de Mubarak” y los manifestantes de Occupy son los “detractores de Mubarak”. Cuando los primeros intentaron expulsar a los segundos de Tahrir, no hubo tan sólo una confrontación física, sino también de relatos: la desobediencia de los manifestantes minaba en sí el mismo fundamento de legitimidad del régimen. Por eso OWS debe volver a Zuccotti.

Ahora bien, a OWS, al 15M, les puede pasar lo mismo que al 1968 parisino, el autoengaño de creerse un gran movimiento, de carácter muy estudiantil, que iba a cambiar las cosas pero que se quedó en nada -como mucho, con una victoria aplastante de Charles de Gaulle en las elecciones (les suena?). No podemos simplemente decir que no a los recortes sociales y conformarnos con las migajas que nos van dando.

We don’t want just one cake,… We want the whole bakery.
Internet: qué fácil es desmantelar el relato.

La Fiesta de la Democracia, visión subjetiva

La primera nación del mundo libre, visión objetiva

La policía también es el 99%, visión subjetiva

El inexorable rodillo del Estado de derecho, visión objetiva

La generosidad de la Primera Enmienda, visión subjetiva

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Contra los guiris

14 septiembre 2011

Los turistas, aquí en casa, tendrían que ser sagrados. Sobre todo, con la crisis económica.

Xavier Rius, lumbrera nacional, aprovechando además para pedir un endurecimiento del Código Penal en el país europeo con menor tasa de delincuencia y mayor duración media de las penas. Es lo que necesitamos, exacto.

Transparency International señala la construcción como el sector económico más ligado a la corrupción política – su exceso destruye el paisaje y el tejido social. No contentos con hacer de ésa la principal actividad económica en España, también hemos fundamentado nuestro modelo productivo en el turismo de sol y playa. El turista trae dinero, trae prestigio, trae actividad económica, nos dicen. Y nosotros nos lo creemos a pies juntillas.

La actividad económica no es neutral. No se desarrolla mediante mecanismos automáticos, involuntarios o inintencionales. Toda decisión económica es, en último término, una decisión ética, asumida desde un marco determinado de convicciones y cuyas consecuencias favorecen a unos y perjudican a otros.

Proyecto Fiare

La actividad económica no es neutral, efectivamente. ¿Qué tipo de personajes aparecerán en una ciudad donde la construcción emplea a la mayor parte de sus habitantes? Generará peones de obra, puestos de trabajo precarios, inseguros y mal pagados; generará especuladores inmobiliarios, constructores y promotores; generará concejales de urbanismo necesitados de dinero para el Ayuntamiento (dado el sistema de financiación español) pero con gran poder. Ésta será la sociedad de la ciudad, basada en un sector que no genera valor añadido alguno y nada más que puestos de trabajo precarios y poco dignos.

¿El turismo? El turismo genera borrachos y ruidosos que atraen a prostitutas contra su voluntad y carteristas, jóvenes camareros mal pagados y sin contrato, constructores de urbanizaciones, alcaldes nazis, gerentes de hoteles que sobornan a funcionarios corruptos para conseguir licencias y propietarios de pensiones de días ilegales. Dado la capacidad adquisitiva del turista, los precios no hacen más que subir, al mismo tiempo que la ciudad, Barcelona, se masifica hasta sobrepasar cualquier límite y ponerse en peligro la convivencia ciudadana. El turismo degrada, porque consume la ciudad como si fuera de usar-y-tirar – sólo recibe de ella pero no da nada a cambio. El auténtico viajero, que no guiri, no se presta al hiperconsumo, también de lugares, sino que interactúa con ellos – el turista va a Barcelona como va al H&M de rebajas.

¿Es ésta la ciudad que queremos? Una que nos pregunta, casi escupiendo a la cara, ¿consumes? y si la respuesta es NO corre a echarte? La degradación de la ciudad por el turismo ha encerrado Barcelona, antaño vital y creativa, en sí misma, presa del neofranquismo más rancio, que se mete donde no se tendría que meter. Fundamentar nuestra economía en el ladrillo y el turista, sectores sin ningún tipo de valor añadido y totalmente incapaces de competir en precios con Croacia o Turquía (porque, claro, lo nuestro es ofrecer productos baratos, no de calidad como Alemania), no sólo ha sido una causa principal de que ahora España esté al borde de la bancarrota – sino que se ha cargado nuestras ciudades, ha generado todo un séquito de personajes indeseables que no aportan absolutamente nada a la comunidad y las ha degradado hasta el límite. Promover un sector económico determinado es promover un tipo de sociedad determinado – y la mía claramente no es la de promotores inmobiliarios “creadores de empleo” –¿pero qué tipo de empleo?– realmente esclavizado gracias a la reforma laboral, sino la de gente dinámica y creativa, que aporta valor añadido y por lo tanto es valorada y cuidada -y no explotada- por su propio trabajo original.

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¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!

9 septiembre 2011

En Francia se hablaban multitud de lenguas hasta que la dinastía borbónica se los cargó a todos menos uno, el francés, y siguen así. Cuando los borbones llegaron aquí en 1714 intentaron exportar el modelo, pero como aquí todo se hace con el culo, pues catalán, euskera y gallego siguen vivos. En el pasado, asesinar indígenas, eliminar lenguas o pasarse las garantías jurídicas de un individuo por el forro era algo normal, pero por suerte las sociedades van evolucionando con el tiempo y estas costumbres pasadas de rosca se terminan olvidando, aunque siempre tendremos un Felip Puig o un Tribunal Supremo para recordártelas. Ahora toca convivir con la diversidad cultural y lingüística, mal que nos pese, y construir estructuras políticas que se fundamenten en ella, que lo más probable es que sean de tipo federalista. 

Separar a los estudiantes castellanohablantes de los catalanohablantes sería separar el país.

Dorios Pack, presidenta de la Comisión de Cultura y Educación de la Eurocámara

A veces uno se pregunta si las instituciones centrales de Madrid son idiotas o franquistas. La respuesta, habitual en estos casos, seguramente es que es una combinación de las dos cosas. Porque por un lado estamos viviendo una terrorífica regresión del péndulo de la historia hacia el neofranquismo más negro (donde sin ir más lejos el alcalde de Barcelona se dedica a atentar contra libertad de expresión y aquí no ha pasado nada), pero al mismo tiempo uno se pregunta, como Mourinho: ¿por qué? ¿por qué? ¿Por qué estas sentencias ultranacionalistas y ultraconservadoras que lo único que hacen es decirte: “o a nuestra manera -¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!- o te jodes“? ¿Pero cómo se va a llamar justicia a este modo flagrante de romper la cohesión social? Al igual que Aznar fue el principal promotor de ERC, el Supremo y el Constitucional son los principales promotores de la independencia de Catalunya.

Sólo cabe recordarles a estos jueces incompetentes la enorme utilidad del modelo educativo con segregación lingüística en el País Vasco o Bélgica. ¡Aquello sí son sociedades unidas y cohesionadas! Ah no, espera…

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Los recortes sociales son de izquierdas

18 julio 2011

La crisis empezó en Wall Street, está claro. Pero una vez los bancos cierran el grifo del crédito y van a las inversiones más seguras (que los bancos tuvieran estas funciones era parte intrínseca del sistema que mucha gente -no todos- aceptaba, beneficiándose también), las más arriesgadas se resienten y esto se convierte en una crisis de deuda: una inversión poco segura son los bonos de los países del sur (Grecia, Portugal, España, Italia) más Irlanda, los PIIGS. Por un lado, Irlanda tuvo que ser rescatada por las pérdidas de sus bancos, pero los países del sur comparten las mismas características: una (in)disciplina presupuestaria muy pero que muy chunga, gastar mucho más de lo que uno ingresa, ya que, claro, por algo tenemos los fondos de cohesión europeos y tanta inversión extranjera.

Y, sobre todo lo demás, [Italia] es un país con una economía extraña, casi incomprensible, un caso casi único de burocracia y derroche, desempleo bajo y ocupación todavía más baja (el 50% de las mujeres no trabajan), deuda pública estratosférica (1,89 billones, el 120% del PIB) y crecimiento casi nulo (un 0,2% acumulado desde 2001 hasta ahora, solo mejor que Haití y Zimbabue), déficit moderado (4,6%) y actividad sumergida a espuertas. Como en España, o más.

Las tres mafias italianas facturan unos 150.000 millones anuales, según las estimaciones de diversas asociaciones de comerciantes y de la patronal, Confindustria. La corrupción cuesta cada año, según el Tribunal de Cuentas, 70.000 millones de euros. Y la evasión fiscal, según ha declarado Tremonti hace unos días al Financial Times, se eleva a 150.000 millones. “Increíble”, apostillaba Tremonti, como si las tres amnistías fiscales que su Gobierno ha aprobado en nueve años no las hubiera hecho él.

Compartimos un fraude fiscal espectacular (un 23% del PIB en el caso español, diez puntos por encima de la media europea) que lastra los ingresos del Estado y un gasto que va entre el derroche en obras faraónicas (AVEs lo contrario de rentables, Ciudades de las Artes y las Ciencias, Madrid olímpica, etcétera) y un Estado de bienestar infradesarrollado (nada de inversión en I+D, universidades endeudadas, sanidad paralizada). Con estas cuentas, no me extraña que nadie quiera invertir ahora en España.

Cuando uno tiene pérdidas, para equilibrar el presupuesto o bien subes los ingresos o bien bajas el gasto: lo primero se consigue o bien aumentando los impuestos (justo lo opuesto de lo hecho por el Zapatero de “lo que hay es una pequeña desaceleración económica, no crisis”) o bien endeudándose con la emisión de bonos (lo que crea inflación -de momento muy controlada- y, claro está, uno contrae deudas con los buitres mafiosos de Wall Street, que no es tan divertido el keynesianismo de a la larga estaremos todos muertos y podemos aumentar el déficit tanto como queramos) o bien vendiendo activos (es decir, privatizando). La otra opción es reducir gastos: menos universidades, menos hospitales, menos pensiones, y no mola nada.

Pero también menos Ejército (9000 millones al año) o menos Iglesia Católica (6000 millones al año): el primero constituye un 4% del PIB y vender toda la maquinaria bélica (¡privatizarla!) a los chinos daría un respiro a las cuentas. Igualmente, lo ahorrado por los recortes a universidades catalanas equivale a lo perdido por la supresión del impuesto de sucesiones, unos 400 millones que se imponían a pocas familias. Según su peculiar idea de lo que es “defender a Catalunya”, CiU, cuando toca recortar, quita ingresos -impuestos- y se ceba con los servicios sociales, olvidándose oportunamente de las generosísimas inyecciones de dinero público a constructoras y bancos. Y es que cuando toca equilibrar presupuesto, mucho mejor si lo hace alguien con sensibilidad de izquierdas (y no me refiero a la centroderecha con un tarro de vaselina retórico al lado) que de derechas (tradicionalmente derrochadoras, sólo hay que ver el déficit causado por Berlusconi, Reagan o Bush y el superávit de Solbes, Prodi y Clinton). No sólo toca tener una presión fiscal de características europeas para poder ofrecer unos servicios europeos -recuperación del impuesto de patrimonio, de sucesiones, sociedades y el tipo máximo del IRPF-, sino también imponer una racionalización de la Administración: menos y más eficiente.

Cuando el PSOE ha tenido que equilibrar presupuesto, ha ido a lo fácil, es decir, al pequeño y débil: más impuestos regresivos (IVA…) y menos servicios sociales. Lo que haría cualquier partido de derechas. Pero la crisis reclama una revisión de las prioridades, preguntarse si este modelo productivo tiene sentido en el contexto de la globalización, y acometer reformas no sólo al nivel más bajo, sino también al nivel más alto, que es lo difícil, lo valiente -el problema que hemos llamado de Indiana Jones. ¿De qué sirve un Parlamento con 350 diputados con sus dietas y beneficios si al final todos votan al unísono de lo que les manda el portavoz de su partido? La “racionalización de la Administración” no es un eufemismo, y conlleva cambios importantes y extensivos a todos los niveles: el gobernante izquierdoso redistribuirá de un modo mucho más justo el esfuerzo con el que todos pagamos la crisis; hará recortes, sí, pero también en la construcción del AVE a Albacete, del que sólo se beneficia el constructor Florentino Pérez.

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Un discurso de fondo: la globalización lo jodió todo

7 junio 2011

Discúlpanme si hago de abogado del diablo, pero es que muchas de las propuestas (impuesto de patrimonio, sucesiones, tipo máximo IRPF) que suenan en plaza Catalunya para un documento de mínimos, aunque loables, me suenan a mojadas cartas a los Reyes Magos. Nacionalizar los bancos conlleva hacerse cargo de su agujero y de sus tóxicos. Que devuelvan el dinero público implica su quiebra y corralito a la argentina. Dación en pago o poner las viviendas al mercado también implica quiebra de los bancos. Tasar las transacciones financieras o progresividad fiscal implica fuga de capitales. Reestructurar la deuda externa española –default- implica volver a la peseta y dejar la economía europea muy maltrecha como poco.

No es una cuestión de que falte el dinero para sanidad o educación. Es que no hay mecanismos efectivos para que los que sí lo tienen lo suelten. La socialdemocracia como modelo económico fue posible en unas circunstancias históricas muy específicas, eso es, sustentándose en un delicado equilibrio entre capital y trabajo a nivel nacional tal como se dio en los países occidentales al término de la Gran Guerra. Allí las presiones de los sindicatos tenían sentido y eran efectivas, porque había pocos trabajadores y la amenaza bolchevique era muy presente: para contrarrestar, los partidos burgueses tuvieron que ofrecer un gran poder político a partidos socialdemócratas y sindicatos – la consecuencia económica es la transición del liberalismo al keynesianismo, que con tal de evitar depresiones defiende la progresividad fiscal y la intervención estatal de la economía, es decir, el modelo socialdemócrata. Pero un Estado deficitario implica un Estado que ha contraído deuda -que está en deuda- con precisamente aquellos que tiene que fiscalizar. La otra opción es estabilidad presupuestaria: ¡recortes!

En función de la ideología, se dirá que fueron las conquistas de las luchas trabajadoras o el crecimiento del mercado lo que generó un espectacular aumento del bienestar general. Da igual; el hecho es que se terminó por generar una amplia clase media a partir de una sociedad muy polarizada en dos clases. En cierto modo, era el triunfo de la socialdemocracia: una sociedad con una clase media fuerte es lo más parecido a una sociedad de una sola clase (el comunismo) que podrá haber. Pero su misma victoria fue el inicio de su derrota – la caída del telón de acero lo jodió todo: ahora resulta que el capital es muy fluido y tremendamente difícil de fiscalizar -aumenta el tributo de las SICAV en País Vasco y se te van todas a Madrid-, al mismo tiempo que la demanda de trabajo se ha incrementado hasta el punto de que comprar derechos laborales le sale al empresario global a precio de saldo -un informático indio te hace lo mismo por una quinta parte de sueldo español-, la deslocalización como amenaza siempre a mano.

El equilibrio de fuerzas se ha decantado con ganas hacia el capital y así la socialdemocracia se cae inexorablemente a trozos, mientras los trabajadores son espectadores ingratos de cómo las conquistas de sus abuelos son liquidadas una a una “porque así lo manda el mercado” y los derechos fundamentales son puestos en duda por monos con bates de béisbol. La progresividad fiscal, antaño tan fácilmente realizable a nivel nacional, ahora sólo tiene sentido si es llevada a cabo a nivel internacional, como reconoce el cripto-keynesiano que tenemos de conseller de Economía, el señor Mas-Colell: hace falta un poder político global que haga frente a un poder económico global, como piden muchos. Internacionalización, exigen. Pero recordemos que el experimento de institución política supranacional más cercano que tenemos -la Unión Europea- es un ente opaco y poco democrático con el que nos han colado medidas como Bolonia o las directivas de la vergüenza y de las 65 horas. Los partidarios de la internacionalización del poder político como método democrático tendrían que tener en cuenta esta verdad de la buena: a medida que ascendemos niveles de decisión, los ciudadanos de a pie perdemos poder de influencia y lo ganan los lobbies.

En realidad, las peticiones de los internacionalistas irían en la tónica general: nos encontramos delante de una transición de un Estado de bienestar de capital nacional y público a uno de capital internacional y privado, con sus Zaras, H&Ms, Ryanairs, IKEAs, Endesas y etcétera, donde se funde lo público con lo privado y resulta que DSK, violador y director del FMI, es socialista, y los reguladores del mercado financiero (y tantos otros: energético, alimentario) son escogidos entre los mismos regulados, como nos recuerda Inside Job. La tendencia es hacia un empobrecimiento generalizado de la clase media -causa real de la indignación #15M– y la imposición de un neofeudalismo del turbocapital: élite político-económica versus una masa de trabajadores precarios con derechos low-cost. La dicotomía entre privado y público del siglo XX ha dado paso a la dicotomía entre global y local. 

Es preciso, por lo tanto, insistir en la necesidad de localizar en detrimento de globalizar y llevar el debate en el terreno donde el ciudadano medio tiene poder efectivo de decisión. La sociedad es una correlación de fuerzas y tenemos que ser conscientes de dónde cae el alcance de la nuestra, cómo efectuamos pequeñas cesiones de poder en lo cotidiano:  con una cuenta de crédito o una hipoteca en un macrobanco o comprando en un hipermercado o en una gran superficie nos colocamos en la base de la pirámide, sosteniéndola, en la punta de la cual están los peces gordos/mafiosos calabreses a los que ahora exigimos –mejor dicho, suplicamos– que paren sus recortes. Para poder negociar y exigir, hace falta una posición de fuerza, que no se consigue con manifestaciones o huelgas en tiempos de crisis, sino tomando conciencia de nuestras relaciones económicas diarias y cambiándolas: banca ética, cooperativas de consumo alimentario, cooperativas energéticas, modelos de cooperativas de uso para vivienda ética más colectivizar los servicios públicos, con tal de dejar de depender de las élites, y así pasar de suplicar a exigir.

En este nuevo contexto, asalariados, autónomos y pequeños y medianos empresarios estamos en el mismo barco: en el discurso de fondo hace falta transversalidad en lugar de un social-estatismo que lo único que hace al final es proteger a las oligarquías. Eso conlleva la superación a nivel moral de la figura laboral del asalariado (alguien que al fin y al cabo no concibe el producto de su trabajo como propio) y del empresario (que lo expropia), para apostar por un libremercado de cooperativas (también en servicios básicos), conjugando libertad económica con valores comunitarios –democracia económica-, y un modelo político de carácter asambleario-federal desde abajo hacia arriba, que bien puede fundamentarse en las actuales dinámicas del movimiento #15M, que ya se extiende a los barrios de cada ciudad. Este modelo, de carácter esencialmente libertario, es ciertamente difícil de llevar a cabo, pero ya es radicalmente distinto de las medidas socialdemócratas -que son directamente imposibles, porque no hay fuerza efectiva para llevarlas a cabo. También nos hubiéramos podido reunir en 1939 y exigir sentados que Hitler parara voluntariamente la guerra ya me imagino el resultado. Sin ir más lejos, la reforma de la ley electoral no deja de ser totalmente circunstancial: en Catalunya tenemos seis partidos con la misma ley; lo sensible son las estructuras de los partidos; los problemas son realmente de fondo.

Nos empobrecen, nos quitan derechos y además dicen que es inevitable. Se trata de cambiar el imaginario, romper con la esclavitud mental de quién se cree a las élites – y eso pasa por renunciar a priorizar la seguridad de la vivienda comprada, tan importante en sociedades tradicionalmente pobres y conservadoras como la española – porque esencialmente es entrar en deuda con mafiosos calabreses que reconocen abiertamente que son avariciosos y van a por la rodilla. ¿Por qué pagar impuestos si van a la Iglesia Católica, a televisiones infumables, a concesionarias de autopistas que han calculado mal sus ingresos, a AVEs sin rentabilidad, ayudas a las eléctricas y un largo etcétera? Somos nosotros quiénes sostenemos esa gigantesca pirámide de estafa social – son las élites las que nos necesitan a nosotros, auténtica fuerza productiva, y no al revés, tal como dice su narrativa sistémica. Pero para emanciparse de estos esquemas mentales neofeudalistas, hace falta iniciativa, autogestión, auto-organización – espíritu libertario.

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Muy bien, el Barça ganó la Liga – ¿y ahora, qué?

12 mayo 2011

Si tuvieras que elegir entre tener “la mejor liga de fútbol del mundo” y una economía y un país decentes, ¿qué elegirías? Sí, es una pregunta adecuada – sólo hay que mirar el ganador de la última liga alemana. Puro pan y circo: Zapatero aprobó los recortes sociales más bestias en nuestra historia democrática el mismo día del debut de España en el Mundial. Cristiano Ronaldo gana al año (12 millones de euros) casi tanto como la mayor donación privada en la historia a investigación científica en España (16 millones de euros). Microsoft compró Skype por 6000 millones; el presupuesto de España en I+D civil para el 2011 es de 7500 millones. De la UE, los españoles somos los que más horas trabajamos (1776 h/año) y los terceros menos productivos.

La cultura laboral en España es nefasta -pocos incentivos, muchas dificultades y pocos créditos para los emprendedores (pero sí para los fichajes de Florentino Pérez), poca integración del empleado en la empresa, nula optimización del tiempo trabajado (jornada partida), pagar por horas y no por resultados, poco valor añadido, etcétera- y todo esto viene de la mierda de nuestro modelo económico, vulnerable, débil, poco diversificado y basado en los chanchullos entre amiguetes -los oligopolios- y el fraude fiscal -23% del PIB-, que consiste en ser algo así como la Florida de Europa: monocultivo de ladrillo y turista y si puedes conseguir combinarlos en forma de jubilados nórdicos que te compran un chalé, pues maravilloso y espectacular. Y es que en este país hay tantos ingleses y alemanes como ecuatorianos. Y no hace falta decir quién viene a trabajar y quién a parasitar una Seguridad Social gratuita.

La crisis española no se generó en Wall Street. Tan sólo fue su desencadenante. El origen de la crisis se encuentra en el actual modelo económico, fruto del consenso a nivel político del PPSOE (más CiU). El próximo 22 de mayo tiene que plantearse, de hecho, como un referéndum sobre este nefasto modelo a nivel local: si queremos que nuestra ciudad siga siendo un parque temático para guiris donde reine la especulación inmobiliaria y la falta de convivencia o una ciudad europea, moderna y normal, donde la calidad de vida sea una prioridad (el aire, por ejemplo), la movilidad sea sostenible (ante la inminente crisis del petróleo) y esté basada en la economía del conocimiento y la innovación. Resulta que unos hablan de reducir el tráfico de los coches (que reduce 13 meses de vida a los barceloneses; Barcelona tiene una de las densidades de tráfico más altas de Europa, 3 veces más que Madrid, 4’5 veces más que Londres) y ampliar el horario del bicing mientras otros consideran que la bicicleta sólo es para pasear y discursean absurda e irresponsablemente sobre inmigración y delincuencia, aunque España tenga una de las tasas más bajas de toda la UE. Pero esto sólo son razones electoralistas para poder plantarnos su oligopolismo en la cara.

Está bien claro cuál es el modelo de PP, CiU y PSC para Barcelona – una fea y estéril ciudad de cartón-piedra, ahogada por la falta de libertad y la contaminación, bien lejos de los estándares europeos, que enriquezca a unos pocos a costa de nuestra ruina. ¿Realmente hace tanta falta seguir con esto? Ah, de paso, el 15 de mayo, 18 horas, plaça Catalunya, manifestación para una democracia real ¡ya!.

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El código deontológico de La Vanguardia, de modo objetivo

10 abril 2011

Maragall es investido

“ERC nos ha vendido al diablo españolazo” Color sobre todo negro, Zapatero en el centro “acogido con afecto por Maragall”, el “raidor a Catalunya por no hacer presidente a quién debía” (según la oligarquía) a la derecha. Va bien recordar que Maragall promovió un ambicioso Estatut que puso a la infraestructura ultranacionalista del Estado español y al PSOE contra las cuerdas y obligada a postularse: si cambiar o seguir igual. Siguió igual.

Mas es investido

“Catalunya vuelve a ser grande y a ser defendida” Con la bandera, Sant Jordi y su careto al sol, dos días antes de descartar el concierto fiscal con toda caradurez, su promesa electoral número uno. Va bien recordar que Mas pactó el recorte del Estatut con Zapatero el 26 de enero de 2006, precisamente renunciando al concierto económico cooperativo, con el doble objetivo de romper la unidad del catalanismo y de conseguir el apoyo del PSOE para que el PSC pactara con CiU y convertirse en presidente, a cambio de terminar con el paripé del Estatut y el apoyo de CiU en el Congreso. En su peculiar modo de entender “la defensa de Catalunya”, consiguió lo primero y fracasó en lo segundo, precisamente porque al PSC aún le quedaba algo de independencia y decidió pactar con ERC y ICV again.

Lo que la Vanguardia quiere hacernos olvidar

Seré rojoseparatista, pero respeto las opiniones bien desarrolladas sean del color que sean. Si uno quiere ser tribalista, que lo sea. Pero lo que me cabrea sumamente es la deshonestidad con la que algunas de estas opiniones promueven sistemáticamente una determinada visión de la realidad que no se ajusta en nada a lo que realmente pasa: que PSOE y CiU son socios preferentes, porque los primeros prefieren gobernar tranquilamente en Madrid con el apoyo parlamentario de CiU aunque en Catalunya esté CiU, pero es que una Catalunya de CiU nunca la liará parda en España de modo tan positivo como lo hizo la del tripartit. CiU lo sabe y juega esta carta continuamente.

Es que ni Leni Riefenstahl. Por algo pedía Maragall que los periódicos hicieran como en Estados Unidos, que reconocen explícitamente el candidato que apoyan y argumentan el porqué. Porque es honesto.