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Disfrutar de los pequeños placeres que te ofrece la vida sencilla

22 diciembre 2010

Smart may have the brains, but stupid has the balls. Be stupid.

En El hombre vestido de blanco (1951, ficha), Alec Guinness inventa, por fin, una chaqueta que no se puede ensuciar y que no se puede romper, de color blanco, como regalo a la humanidad. Al final, irónicamente, termina perseguido por empresarios, que ya no venderían más chaquetas, y por trabajadores, que se quedarían sin trabajo. No se trata de producir una buena chaqueta que dure, sino de que se compren chaquetas y, cuántas más, mejor. Porque ésta es la piedra angular del turbocapitalismo: el consumo por el consumo. ¡El dinero tiene que circular sin parar!, ya lo dijo Keynes, endeutarse enriqueciendo al prójimo y terminar enriqueciéndote tú gracias al endeutamiento de otro nodo de la densa red social que es el tejido económico que de este modo va progresando. El consumismo no es un mero efecto secundario del capitalismo de masas: es su columna vertebral.

Y no es sólo una cuestión de fría teoría económica: igual que la religión tiene algo de reacción al humanísimo miedo a la muerte, la religión del consumo se basa en explotar nuestra tendencia animal a acopiar recursos para mejorar nuestra calidad de vida, nuestro estatus social. Es algo biológico, directamente relacionado con la capacidad de adaptación (fitness en un sentido no estricto) de cada uno, ya que lo que poseemos es un claro indicativo de nuestra facilidad para conseguirlo,  de nuestra aptitud para la selección natural. El consumismo se acopla naturalmente con ciertos mecanismos psicológicos del cerebro humano, y se arraiga y queda.

Estamos totalmente atrapados en esta narrativa social de la que no salimos, que justifica el consumo como método de autosatisfacción personal (masturbación pura y dura) y no lo vemos. En cambio, lo que es retrógrado es la Iglesia católica, que aunque poco razonable cuando habla de condones, también habla de vida espiritual plena, amor y solidaridad. Lo que es retrógrado es el Estado de bienestar, que es “ineficiente” y “un lastre”, aunque sea el mejor mecanismo de solidaridad social que se ha encontrado hasta hoy. Lo que es retrógrado es aspirar a una vida tranquila, sin grandes ambiciones, en paz con el mundo y rodeado de tus amigos, disfrutando de los pequeños placeres que te ofrece la vida sencilla.

Uno de cada tres europeos es adicto al consumo: un 15% de modo serio, un 3% a niveles patológicos. Hay muchísimos enfermos de anorexia y bulimia, consecuencia directa del cruel y constante bombardeo de imágenes de físicos perfectos sobre personas vulnerables y con poca autoestima. Muchas depresiones son por no llegar a lo que la sociedad determina como vida de éxito. El espacio público está lleno de carteles que nos ordenan consumir incesantemente. ¿Es que estamos todos locos? La narrativa social que justifica el consumismo es propaganda necesaria para la supervivencia de un sistema que lo necesita como yo necesito mi sangre, ¿pero qué tipo de vida genera? ¿Vale la pena? Pero rechazando una cosa rechazamos la otra…

One comment

  1. La pagina de tu Blog se ha actualizado…

    [..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…



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