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Contra la tolerancia

24 diciembre 2010

Si realmente creo que mi fe, la católica, apostólica y romana, es la verdadera, ¿cómo puedo aceptar que alguien sea budista o musulmán? No puedo aceptar la legitimidad de que alguien no crea en mi Dios auténtico y verdadero. Sólo pueden estar equivocados. Nunca he entendido lo que se llama tolerancia religiosa, porque o bien esconde unas creencias débiles y cobardes en el propio Dios o es profundamente hipócrita con los otros. A menos que (…)*

De modo parecido (pero esencialmente diferente), en democracia el debate no es entre dos meras opciones políticas que en el fondo son más o menos iguales pero con ciertos matices personales, como el tema de la reforma de la Diagonal entre bulevar y rambla. Actualmente en democracia hay ciertas posiciones políticas que, parafraseando a Songoku, sólo traen fuego, caos y destrucción: crisis, paro, atraso, cerrazón mental, corrupción, Robin Hood a la inversa, destrucción del tejido social, neofranquismo, dictadura económica y falta de libertades democráticas. ¿Cómo puede decirse que es legítimo y democrático que haya gente que apoye eso? En esta democracia liberal de pa sucat amb oli, tu libertad acaba donde empieza la mía; tu voto a la derecha o hipotecarse en exceso provocando burbujas económicas suponen un ataque frontal a mi libertad que no puedo ignorar, aunque sea de natural cándido.

Ya está bien de aceptar que el voto al PPSOE o a su sucursal catalana, la sociovergencia, es legítimo. Ya está bien de aceptar que era legítimo que alguien se hipotecara cuarenta años para comprar un piso. Ni PPSOE ni bancos tienen toda la culpa. También la tienen los ciudadanos. Estas actitudes son profundamente irresponsables, no sólo esto, sino un ataque criminal a los ciudadanos que estamos en el mismo barco pero intentamos hacer las cosas bien. Soy de izquierdas, pero no idiota: paso de seguir viendo atónito como alguien destroza a hachazos el barco en el que estamos todos y, además, me pide que lo respete por salud democrática. Es hora de pedir responsabilidades. A todos.

* a menos que, claro, las creencias religiosas sean mucho más que creencias en algo inmaterial, sino la profunda certeza mística de que no hay fronteras entre el Mundo y Yo. En este caso, hablar de tolerancia religiosa es quedarse corto: es en cambio la certeza de que cada uno traduce a su propio lenguaje en su propio contexto (budista, musulmán, cristiano) una experiencia que de por sí es universal y colectiva y por lo tanto, compartida. La creencia en Dios, débil y cobarde, es localista, provinciana, relativa, hipócrita. La gnosis -la certeza de que Dios existe- es universal.

One comment

  1. O ja està bé d’acceptar una monarquia, quan després el rei dels monàrquics es un putero, els seus fills igual, la dona del princep dels monarquics una “plebeya” i separada, cosa que no es podria acceptar des d’un punt de vista monàrquic ja que no te sang “reial” i després fa un discurset amb la “roja” de fons, i tothom valorant les paraules de l’avi juancar…
    O se’s monarquic amb totes les conseqüències o no, però aquesta barreja no s’enten… els reis no es poden barrejar amb els plebeus…



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