Posts Tagged ‘santification party’

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Las casualidades sí existen

10 marzo 2011

Si bien la «física cuántica», «la teoría del caos», el «efecto mariposa» y «la teoría de la sincronicidad» son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo.

Borja Vilaseca, Las casualidades no existen, las «comillas» son suyas

Leo en El País un «reportaje de psicología» de Borja Vilaseca donde se utilizan conceptos científicos para «probar» tesis entre lo teológico y lo directamente supersticioso. No hace falta tener una licenciatura en física para saber que la ecuación de Schrödinger (la análoga a la segunda ley de Newton como ecuación cuántica del movimiento) o el atractor de Lorenz, que él mismo se encargó de popularizar -erróneamente- con el concepto de efecto mariposa, que no es más que una visión poética y libre del determinismo caótico, sí fueron radicalmente nuevos y no tienen nada que ver con el karma budista. La sincronicidad de Jung, que la verdad desconozco si la hemos tratado en este blog pero es muy probable que hayamos tonteado con ella, no es un descubrimiento científico.

Es de hecho vergonzoso que haya gente que no dude en manipular conceptos científicos (que seguramente además desconoce) para forzar la validación de opiniones personales. Precisamente, la honestidad intelectual para uno mismo es esencial: deformar razonamientos para conseguir fines exógenos no es ni sano ni bueno. De hecho, es un tipo de maldad incipiente.

A mí no me molan demasiado los círculos escépticos de ateos y librepensadores que hablan de monstruos voladores de espaguetis, porque rechazan entrar en contacto e intentar explicar una realidad espiritual y mística que va más allá de los conceptos cotidianos de lo doméstico. Cuando leo sus textos sobre Dios, me viene a la cabeza alguien hablando del amor sin nunca haberse enamorado o del LSD sin nunca haberse tomado un ácido. Es triste ver a alguien hablando de una experiencia que no ha tenido, sobre todo si intenta rechazarla. Pero la alternativa no puede ser creer que la teoría del diseño inteligente es válida desde un punto de vista científico o utilizar a conceptos científicos para explicar teorías new age. Porque esta gente es alguien que, como Borja Vilaseca, habla de la física cuántica sin nunca haberse leído el Quantum Mechanics de Franz Mandl.

A lo que íbamos, ¿las casualidades, existen? Estrictamente, el Sol no sale todas las mañanas, porque cada salida ocurre en una posición y un instante totalmente específicos (además de condiciones de humedad, luz artificial, etcétera) y que mañana serán diferentes… Estrictamente, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río. Las leyes científicas, las regularidades de la realidad, ocurren porque decidimos simplificar, poner el zoom a un determinado nivel, y olvidarnos de una cantidad de detalles espectacular para hablar del mismo río o de la salida del Sol por la mañana. Le pasa lo mismo al azar: no es más que la imposibilidad humana práctica de encontrar relaciones de causa-efecto en problemas de inmensa complejidad. Una moneda se mueve de un modo totalmente determinista según las leyes clásicas del movimiento, está estudiadísimo: pero cuando la echamos a girar, hay tantas variables a tener en cuenta que decidimos hablar de azar, de la imposibilidad de determinar su resultado, y la utilizamos para echar a suertes quién empieza con la pelota en un partido de fútbol.

No nos engañemos; que la imposibilidad sea práctica no quiere decir que el azar no exista. Si es imposible experimentar algo, no existe (Berkeley). Si no podemos hablar de algo, mejor callarse (Wittgenstein). No hay una ley sencilla que prediga el resultado de un tiro de moneda, luego hablamos de azar. Las leyes científicas dependen, estrictamente, de la sagacidad de uno mismo para inventarlas, poniendo un determinado nivel de zoom sobre la realidad. Estrictamente, el hombre está desnudo delante de la inmensidad del cosmos: todo es enorme, milagrosamente detallado, maravillosamente único, habitando breves instantes eternos. Después utilizamos la imperfección del lenguaje verbal (demasiado ambiguo) y matemático (demasiado poco ambiguo) para describir y encontrar (mejor dicho, crear) patrones de regularidad en una realidad la belleza de la cual en el fondo nos supera.

En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano.
Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma.

Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero.

Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 67

¡Pero es que precisamente no hay nada a tolerar! El Sol sale cada día distinto si apreciamos lo particular de cada instante. Un físico no se asustaría si las duras constelaciones se dispersaran, simplemente indicaría que la ley de la gravitación universal tiene que ser cambiada. Hay, precisamente, un miedo a aceptar la grandeza de esta realidad en el fondo inabarcable y siempre misteriosa, que siempre nos puede sorprender. Hay miedo humano, tan humano, a que ésta nos sorprenda, a que el universo sea en efecto plástico y pueda cambiar (¡que lo hace siempre!). Hay gente que prefiere creer en un orden inteligente detrás de todo antes de aceptar lo absurda y maravillosamente azaroso que es todo. Entonces es cuando se mete en la Iglesia, elabora teorías de la conspiración o redacta «reportajes de psicología» donde manipula conceptos científicos para afirmar que las casualidades no existen.

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La libertad, nuestra condena [Tercer Round, el adversario pega fuerte]

18 febrero 2011

Perls [el fundador de la Gestalt] trataba de enseñar a sus pacientes, discípulos y clientes de Esalen a vivir el Ahora, el presente, a tomar conciencia del cuerpo y de toda la información aportada por los sentidos, a arrinconar los miedos y aprehender el instante presente. Uno de los ejercicios era el Viaje del Ahora, en el que uno trata de registrar la información aportada por los sentidos en el instante presente. Uno hace una rápida serie de manifestaciones en las que entra la palabra «ahora»: «ahora siento que el viento refresca el sudor de mi frente…; ahora oigo un autobús que sube en segunda por el camino de entrada…; ahora me llega un disco de los Beatles a través de un altavoz…».

¿Un autobús? ¿Un disco de los Beatles? Han llegado los Bromistas, señores Viajeros del Ahora.

Tom Wolfe, Ponche de ácido lisérgico

¡Aquí y ahora! ¡Aquí y ahora! ¡Aquí y ahora! ¿Pero es que acaso confundís el carpediem con el vivir la nada, el hedonismo del turbocapital, visitar sin más pequeños puntos de luz demasiado pálida en la infinitud negra del espacio, como aquel ciego que se cree rey y busca su corona con las manos temblorosas metidas en el fango? Eso no es el carpediem del jardín, en absoluto. Es huir. ¡Escapar! Demasiado obsesionados con desarrollar con máxima intensidad el potencial de las cosas, el futuro nos secuestra y simplemente nos dedicamos a acelerar nuestra muerte.

Les di vanas esperanzas – Prometeo, encadenado

Siempre ir a más, crecer por crecer – en el fondo, es tan humano. Es lo que nos define. Según el mito, es Prometeo -etimológicamente aquél que ve más allá– quién nos dio la luz a la humanidad. La lucidez de intuir un futuro y unas consecuencias a nuestras acciones. La capacidad de nuestro cerebro de planificar y predecir. La libertad, que es también nuestra condena.

Sólo poseen los lóbulos prefrontales de forma desarrollada los animales más complejos, como los vertebrados y en especial los homínidos. Son el sustrato anatómico para las funciones ejecutivas, aquellas que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un fin y comprenden la atención, planificación, secuenciación y reorientación sobre nuestros actos.

Pero ¿no es, quizá, esta misma capacidad de ver más allá -la conciencia, la libertad- ese futuro que nos arrebata el presente? En verdad se trata de interiorizar el caminante, no hay camino – se hace camino al andar. Eso Prometeo no lo consigue y es el intelecto, la mente, el cerebro, Zeus, que lo condena a él, precisamente a él, que fue esencial en su victoria sobre los Titanes, y lo ata a una roca del Cáucaso, la tierra estéril, donde un buitre, la versión corrupta del águila, por lo tanto símbolo del poder mal entendido, le come las entrañas, eso es el ego, cada día. El sueño de la Ilustración era colocar el Intelecto en lo más alto y triunfante –piensoluegoexisto, la civilización cerebral-, porque precisamente era la inteligencia técnica -un gran desarrollo de nuestros lóbulos prefrontales- lo que nos había convertido a los hombres en formidables productos de la evolución biológica. Pero los sueños de la Ilustración producen monstruos, como intuye Ícaro en su caída, otro que intenta llegar al Sol -Zeus- con instrumentos claramente insuficientes. Para llegar al Sol, hay que comprender. Hay que ser lúcido.

En la trilogía de Ésquilo, sólo se conserva completa la obra de Prometeo, encadenado y sólo sobreviven algunos fragmentos de Prometeo, liberado, donde el Titán entiende que las cadenas que lo encadenan son imaginarios productos de su mente sin luz; entonces desaparecen. La última pieza es Prometeo, portador del fuego, el retorno del titán, ahora con el espíritu unificado y lúcido, portador del secreto que puede causar la caída de Zeus pero esta vez reconciliado con él, de ese modo integrado mar, tierra, aire y fuego – pero ya no queda nada de esa obra – quizá porque nos toca a nosotros reescribirla / asumir la luz del fuego / integrar la armonía elemental.

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Carl Jung y por qué parece que no escucho cuando me habláis, justificación filosófica [Second round]

10 enero 2011

Podríamos ponernos intelectualoides, gafas de pasta mediante, adoptar un tono snob y analizar literatura en mano las consecuencias chungas de la adoración de la razón técnica (de Apolo en detrimento de Dioniso): los sueños de la razón producen monstruos, los hijos totalitarios de la razón ilustrada, escuela de Frankfurt, Dialéctica de la Ilustración (de Horkheimer y Adorno), las distintas versiones que cada cultura ofrece de la inteligencia como instrumento, allí más técnica, allí más dionisíaca, allí más estilizada, de la inteligencia técnica como formidable instrumento evolutivo y su consiguiente adoración, etcétera. Pero no es lo que haremos, porque consistiría en hablar sobre la necesidad del pensamiento simbólico con un lenguaje lógico… Así que hablaremos de Tarot y Astrología.

Leer el Horóscopo en plan quémevaapasarhoy sería cometer el error de aproximarse a un contexto simbólico desde una mentalidad lógica. Ahora bien, lo mítico no tiene pretensiones predictivas ni de completitud – es muy fácil también producir explicaciones a posteriori siempre consistentes con el paradigma, nunca contradiciéndole, igual de fácil que predecir el tiempo que hizo ayer, por lo tanto no es científico porque en su esencia no puede pasar tests de falsación. El lenguaje simbólico es capaz de ir modelando el paradigma de un modo a veces demasiado plástico, cambiando según las circunstancias, para adaptarse a la realidad que intenta explicar. Pueden pasar esas cosas como aquella anécdota donde unos investigadores colgaron en el periódico la carta astral de un asesino en serie y pidieron que la gente que se identificar con ella contactara con ellos, llegando a las mil cartas… O que el Sol ya no pasa por Escorpio con la diligencia que lo hacía hace 2500 años… Cosas de la mecánica celeste. En todo caso, la principal potencia de lo simbólico es que despliega toda una serie de conceptos a nuestra disposición para profundizar en el autoconocimiento psicológico, tanto de nuestro individuo como de nuestro colectivo.

Carl Jung modernizó los arcaicos conceptos de los cuatro elementos en los que se agrupaban los doce símbolos del Zodiaco convirtiéndolos en las cuatro actividades esenciales del espíritu, definidas en oposiciones:

  • pensar (aire): Géminis, Libra, Acuario – el intelecto, cerebro, Apolo/Mercurio, la luz
  • sentir (agua): Cáncer, Escorpio, Piscis – empatía, sentimiento, corazón, Venus, el amor
  • intuir (fuego): Aries, Leo, Sagitario – el impulso, la pasión, estómago, Marte/Dioniso, la guerra
  • percibir (tierra): Tauro, Virgo, Capricornio – lo práctico y pragmático, las manos, la Tierra, el sentido común

que se pueden colocar en un círculo de cuatro cuartos, con las oposiciones (pensar/sentir y percibir/intuir) en diagonal. Así, cada uno tiene estas actividades más o menos activadas (desarrolladas) o bloqueadas según su lucidez y las circunstancias del momento. La Astrología, griega, maya, hindú o la que sea, intenta relacionar estos aspectos con la fecha de nacimiento del individuo, es decir, con la situación específica de los astros en el firmamento. Es totalmente lógico que se intentara establecer una relación con esto, ya que la esfera celeste es de los primeros objetos de la naturaleza que se pueden observar que ofrecen regularidades cíclicas. En todo caso, mejor ignorar el aspecto más «científico» del tema y centrarse en la interpretación psicológica de los resultados de una carta astral: pensar e intuir pertenecen a elementos más ligeros y corresponden a actividades más espirituales, mientras que sentir y percibir, de elementos más pesantes, corresponden a la relación que podamos tener con lo material… En los que tienen el aire dominante, el cerebro ejerce de filtro de la realidad al individuo. Los dominados por el sentimiento se lamentan de la dureza, la frialdad y el color gris de la realidad, demasiado cruel. La gente de tierra es pragmática, saben disfrutar de los placeres de la vida, son unos gourmets, tocan de pies al suelo. Disfrutan tan sólo con ir desarrollando las posibilidades de una parcela de la realidad ya dada y cerrada. Saben centrarse en lo que hay dentro de cuatro paredes bien definidas. Pero temen lo abierto.

En El inconsciente y sus complejos, Jung describe la personalidad intuitiva, el fuego, como esencialmente patológica: como un hombre que va sembrando semillas en la tierra pero, impaciente como es, va saltando a otras partes, a otras posibilidades, para seguir sembrando, pero nunca recoge los frutos que le va ofreciendo la vida. Así me sentía yo, que precisamente soy Aries y mi ascendente es Leo, fuego-fuego: nunca conseguía dejar huella en la arena mojada de la playa, hundir las manos en la tierra fértil, mi impaciencia me comía por dentro y me alejaba de la realidad, confinándome en una burbuja de gruesas paredes de chicle rosa… Pero cuatro paredes siempre fueron una cárcel para mi espíritu, que se perdía en las marañas de lo intelectual, eso sí, un mundo sin límites… La combinación de fuego, original, y aire, por influencia paterna, me lanzaba dentro de la cáscara de nuez donde Hamlet es rey… prisionero pero feliz con sus juegos de humo, alejándome de lo terrenal como un globo aerostático. De algún modo, conseguí liberarme, pero ahora, jugando justo sobre el límite del abismo, vivo siempre en estado crítico y a la vez siempre feliz.

El fuego es salvaje y puro impulso y total intensidad y frenético y sin control. Mientras que el agua rodea las cosas y las abraza, el fuego vive de consumir pedazos de realidad para convertirlos en cenizas y después saltar al siguiente y al siguiente y al siguiente. Es consumir por consumir, para poder seguir viviendo, vivir por vivir, atenazado por el miedo increíble a que un día se termine la madera que quema, el terror a una realidad cerrada, conquistar por conquistar, pura dinámica de poder. Cuando está metido en algo, ya está pensando en lo siguiente que puede hacer. ¿Dónde apuntar? Ése es el pathos de la intuición – Prometeo con las entrañas devoradas por el buitre.

No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, sino apura el recurso hacedero. Píndaro

Camus pinta bien el retrato del espíritu de fuego, el hombre absurdo, en El mito de Sísifo: para él, no hay mañana. Todo es pasión. Vive con todas las consecuencias. Pero corre sobre el abismo sin nunca profundizar. Vivir en la superficie es su condena. Para escapar de eso, tiene que aprender a activar su parte de tierra.

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Disfrutar de los pequeños placeres que te ofrece la vida sencilla

22 diciembre 2010

Smart may have the brains, but stupid has the balls. Be stupid.

En El hombre vestido de blanco (1951, ficha), Alec Guinness inventa, por fin, una chaqueta que no se puede ensuciar y que no se puede romper, de color blanco, como regalo a la humanidad. Al final, irónicamente, termina perseguido por empresarios, que ya no venderían más chaquetas, y por trabajadores, que se quedarían sin trabajo. No se trata de producir una buena chaqueta que dure, sino de que se compren chaquetas y, cuántas más, mejor. Porque ésta es la piedra angular del turbocapitalismo: el consumo por el consumo. ¡El dinero tiene que circular sin parar!, ya lo dijo Keynes, endeutarse enriqueciendo al prójimo y terminar enriqueciéndote tú gracias al endeutamiento de otro nodo de la densa red social que es el tejido económico que de este modo va progresando. El consumismo no es un mero efecto secundario del capitalismo de masas: es su columna vertebral.

Y no es sólo una cuestión de fría teoría económica: igual que la religión tiene algo de reacción al humanísimo miedo a la muerte, la religión del consumo se basa en explotar nuestra tendencia animal a acopiar recursos para mejorar nuestra calidad de vida, nuestro estatus social. Es algo biológico, directamente relacionado con la capacidad de adaptación (fitness en un sentido no estricto) de cada uno, ya que lo que poseemos es un claro indicativo de nuestra facilidad para conseguirlo,  de nuestra aptitud para la selección natural. El consumismo se acopla naturalmente con ciertos mecanismos psicológicos del cerebro humano, y se arraiga y queda.

Estamos totalmente atrapados en esta narrativa social de la que no salimos, que justifica el consumo como método de autosatisfacción personal (masturbación pura y dura) y no lo vemos. En cambio, lo que es retrógrado es la Iglesia católica, que aunque poco razonable cuando habla de condones, también habla de vida espiritual plena, amor y solidaridad. Lo que es retrógrado es el Estado de bienestar, que es «ineficiente» y «un lastre», aunque sea el mejor mecanismo de solidaridad social que se ha encontrado hasta hoy. Lo que es retrógrado es aspirar a una vida tranquila, sin grandes ambiciones, en paz con el mundo y rodeado de tus amigos, disfrutando de los pequeños placeres que te ofrece la vida sencilla.

Uno de cada tres europeos es adicto al consumo: un 15% de modo serio, un 3% a niveles patológicos. Hay muchísimos enfermos de anorexia y bulimia, consecuencia directa del cruel y constante bombardeo de imágenes de físicos perfectos sobre personas vulnerables y con poca autoestima. Muchas depresiones son por no llegar a lo que la sociedad determina como vida de éxito. El espacio público está lleno de carteles que nos ordenan consumir incesantemente. ¿Es que estamos todos locos? La narrativa social que justifica el consumismo es propaganda necesaria para la supervivencia de un sistema que lo necesita como yo necesito mi sangre, ¿pero qué tipo de vida genera? ¿Vale la pena? Pero rechazando una cosa rechazamos la otra…

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SANTIFICATION PARTY (2)

13 noviembre 2010

Plaça de la Catedral, 7/11/2010, 9 am. Papamóvil en el fondo. Multitudes gritándose entre sí eslóganes contrarios – aja, sí, son papistas versus gays. Otra vez el circo mediático.

Es cuando os miro fijamente que me doy cuenta de que todo esto es un gigantesco malentendido – vuestras piernas, manos, ojos, brazos, atados por transparentes hilos de nylon que penden del cielo y os dirigen mecánicamente todos vuestros gestos, con esa luz ahora tan artificiales y maniqueos. ¿Por qué os prestáis tan fácilmente a enfrentaros los unos a los otros como si esto fuera una guerra, como si estas hostilidades existieran más allá de vuestra mente obcecada, por qué creeros las simplistas caricaturas que confirman vuestras simplistas ideologías, para seguir con vuestras rutinas de siempre y no tener que cambiarlas de un modo demasiado dramático? ¿Por qué no reconocer la máscara del otro como una de igual a la vuestra?

Sí, miradme con mi camisa de color verde psicodélico, mi chaqueta de terciopelo azul, sombrero que parece una bola de disco de los setenta y un eterno pañuelo naranja; soy un payaso. Una caricatura de mí mismo. Un cabaretero. Pero cuando observo lo que llamáis realidad con mis ojos demasiado ingenuos, no veo fronteras. No hay límites. No hay dura pared impenetrable entre yo y ella, mi musa, mi amor.

No sólo yo soy yo.

Yo soy yo con esas banderitas del Papa aunque nunca haya sido pro-Papa,

soy yo con mis historias noctámbulas detrás,

soy yo con todos estos amigos infinitos que me rodean y sé que me abrazan aunque estén ahí lejos,

soy yo con estos rayos del Sol que me perforan la piel y me penetran el corazón,

soy yo con cada una de las circunstancias que ahora pululan a mi alrededor y que al final son las que me definen y me caracterizan – yo vivo en cada detalle que sucede en cada instante del fluir del mundo – como un río heraclitiano, salvaje e infantil, me sumerjo completo dentro y sé que estoy inevitablemente fusionado con esa realidad que el lenguaje humano ha colocado incomprensiblemente en otro cajón. Yo soy cada experiencia de mi espíritu, cada silla sobre la que me siento, cada mujer a la que beso, cada amanecer con el que hago el amor, cada artículo de este blog que escribo con el corazón en la mano, y nada más.

No soy nada más que todo este enorme cúmulo de minúsculos detalles que percibo y experimento en el que se resume mi vida, mi identidad. Existir es percibir y ser percibido, que decía Berkeley. Pero yo no me limito a percibir esta realidad que se resiste a ser encajonada, de hecho. Yo soy esta realidad pura e infinita. Esta experiencia que es una certeza de que todo es uno y todo es infinito y todo es puro, esta experiencia de comunión cósmica, esto es Dios. Yo experimento a Dios. Dios existe y Dios soy yo.

No hay duda.

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SANTIFICATION PARTY (1)

11 noviembre 2010

Cada mañana el mismo temblor y el mismo temor, el mismo despertar de los sueños que nos mantienen vivos, la angustia llevada al extremo pero es que el abismo se salta solo, imbécil, y quizá no hay nadie esperándote al otro lado.

Ahí estaba de improviso, en pleno inicio de post party salvaje, y me encuentro una caja llena de banderitas amarillas y blancas con letras negras «Benet XVI T’esperem». Cojo dos con tal de imitar al cantante de Village People en el vídeo de In the navy. Un segundo después, un cándido niño me viene y me pregunta cándidamente si le puedo dar una. Por supuesto, faltaría más. Dos segundos más tarde, el que sería un piadoso abuelo me pregunta si tengo una para él. Claro está, viva el amor al prójimo. Justo después, me llega una chica con gafas de sol molonas y pintas de ravera contumaz:

– Pues yo vengo de una fiesta que me habían dicho que iba a ser una fiesta liberal. Pues era una orgía, tú.

Y así que estamos los dos repartiendo banderitas del Papa antes de que pasara por plaça de la Catedral en veloz papamóvil. Nos mezclamos entre la gente. Aquí están los papistas con guitarra y cantando: «el favorito de los hijos de Adán…», si les mola el Papa pues allá ellos, cada uno tiene derecho a adorar a su Michael Jackson de turno, y más allá los gays en su queer kissing flashmob, morréandose reivindicando que el amor homosexual, si es que existen adjetivos para eso que es el amor, puede ser muchas veces mucho más profundo y auténtico que el hetero – Jesucristo también os ama a vosotros, me dicen los papistas, y yo os amo a vosotros, les respondo – abrazadme, abofeteadme, viva el cristiano  amor al prójimo, amadme – en el fondo, gays y catecúmenos, sólo sois dos grupos de personas esencialmente iguales que piden lo mismo, amor y respeto y amor again, que ahora mismo os estáis entremezclando y diluyendo y disolviendo y sois indistinguibles a mis ingenuos ojos de niño poeta, daos cuenta, joder, que todas estas cámaras de todo el mundo que nos rodean ahora mismo, al acecho de la imagen más estridente, os están enfrentando virtualmente, os hacen creer hostiles de un modo irreal, porque en definitiva toda esta mierda no es más que un gigantesco malentendido.

Y entonces soy yo quien grita, sabiendo que no hay contradicción ninguna.

– El Papa, el Papa, el Papa es cojonudo; como el Papa, no hay ninguno! (…) Vivan los maricones!

«Y las mariconas», me añade una defensora de la igualdad de género. Todas las cámaras me enfocan, esperando, muertas de hambre, la carnaza mediática del día: en ese instante, debo decidir si me presto a salir en alguna portada de telediario con una frase fuera de tono, es decir, si decido participar en el asqueroso y antisocial circo de los mass media donde nada es auténtico ni esencial ni original ni generoso ni constructivo y, sinceramente, paso. Porque justo en ese mismo instante, cada uno es libre/responsable de decidir si seguir con el paripé aguantando la fachada de cartón piedra o bien tirarla a la basura, ser honesto y abrazar al prójimo: a mí, de corazón fuego, siempre me ha gustado más lo segundo, que la vida son dos días y además laborables.