Posts Tagged ‘progresía trasnochada’

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Izquierda Hundida

5 julio 2011

Entonces el PSOE y sus adláteres mediáticos comienzan un machacón discurso que parte de la base de que un partido que se dice de izquierdas en la vida osaría permitir que el PP, la derechona, llegase al poder. Normalmente es a IU a quien se dirige el mensajito, que viene a ser: es hora de madurar. Los votantes de IU nunca entenderían que, por la cerrazón de sus dirigentes, la derecha llegue al poder. Si nos apoyáis, algo os tocará. Haremos un par de declaraciones solemnes condenando el franquismo.

Los siguientes cuatro años, el PSOE hace de su capa un sayo. Gobernar es hacer un ejercicio de responsabilidad. Si hay que garantizar el sistema financiero, se garantiza. Si hay que permitir las SICAV, se permiten. Si hay que pactar con CC en Canarias, con UPN en Navarra, con el PP en el País Vasco y en Asturias, con el PNV en los Presupuestos, pues se pacta. Si hay que reformar el mercado laboral, seguir el dictado de Querido Emilio y Telefónica, congelar las pensiones, dejar todo bien allanadito para que el mileurismo se convierta en un privilegio y España entre, por la puerta grande, en el Tercer Mundo de los derechos sociales, pues se hace, joder. Bajar impuestos es de izquierdas, y regalarle a la banca española el dinero de los ciudadanos y los cuerpos esclavos de los trabajadores, todavía más.

La Página Definitiva, Cayo Lara: del voto útil al tonto útil

A medida que va pasando el tiempo y el PSOE aprovecha para ir contra cada punto de su programa electoral y lo que es más suicida, su propio electorado, es más difícil colocarle la manoseada etiqueta «de izquierdas», a ese partido que ahora actúa como brazo político del Fondo Monetario Internacional y demás bancos alemanes y franceses, que constituye elemento intrínseco del estancadísimo establishment político -la PPSOEvergencia- basado en tupidas redes clientelares que lo único que hacen es sangrar el país en beneficio de oligarquías que nunca se merecieron estar en este sitio. Que sí, que algunas medidas suyas son vagamente de izquierdas, pero eso, sólo vagamente: pura cosmética electoral mientras se rechaza la dación en pago en el Congreso. Lo importante, lo estructural, sigue igual. Éste es el consenso cargado de hormigón con el que tenemos que tragar en este país. Pero cuando el establishment en forma de PSOE necesita a la cada vez más minoritaria IU para gobernar, como ha pasado en Extremadura, va y entonces se acuerdan de ellos.

En este contexto, es absurdo que IU pacte con el PSOE «porque yo lo valgo«, con las habituales y vagas apelaciones de los segundos a la «unidad de la izquierda» -como si ellos lo fueran y nosotros fuéramos estúpidos que olvidamos sus propias actuaciones. Como hizo IU de Extremadura, para pactar tendrían que exigírseles, como mínimo, reformas importantes y extensivas como la reforma de la ley electoral o la misma presidencia del gobierno extremeño. Lo importante no es pillar cacho, sino la posibilidad de introducir reformas «de izquierdas» y si el PSOE no acepta, pues ajo y agua.

Pero la cuestión más curiosa es la siguiente: un 64% de los españoles apoya el movimiento 15-M y resulta que las exigencias de mínimos de este movimiento coinciden en cada punto con los planteamientos de Izquierda Unida. ¿Entonces, por qué IU no gana las elecciones de modo aplastante? La dación en pago -que la hipoteca se salde con la devolución del piso- es una medida apoyada masivamente por la población, y además de modo muy transversal; el PPSOE la rechaza, pero IU no. ¿Por qué entonces este panorama electoral? ¿Por qué no hay ningún clic en el cerebro de la gente y ésa se pone a votar masivamente a IU? En parte, es obvio que hay mucho desconocimiento de la cosa política por parte de los electores, que en España votan por criterios más tribales que racionales. En Madrid, el 15-M pedía que los electores se informaran de «que existen otras opciones», precisamente en este mismo sentido contra el bipartidismo de hormigón: el tan cacareado voto útil al PSOE equivalía a tirar el voto a la basura. Pero igualmente, la cuestión sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso: el electorado potencial de IU -lo que sería la izquierda sociológica- es muy mayoritaria, pero su presencia en instituciones y en la población es totalmente minoritaria. ¿Por qué? ¿Por qué?

La clave esencial está en el discurso: a diferencia de los ahora «ecosocialistas» de Iniciativa per Catalunya en Catalunya, IU no puede sacudirse del Partido Comunista (PCE), que mantiene un discurso arcaico y anticuado fundamentado en lucha de clases, dictadura del proletariado y otros conceptos que suenan a chino a la izquierda sociológica de hoy, que es su base social potencial. Actualmente, hasta las mismas recetas tradicionales de la socialdemocracia están totalmente obsoletas, pues entonces imaginemos las comunistas del siglo 19. Precisamente, este divorcio se percibe de modo muy claro en el País Valencià, donde están electores muy ideologizados y militantes de Esquerra Unida del País Valencià, que toleran el habitual sectarismo de la izquierda tradicional tan propensa a escisiones y escisiones de escisiones, mientras que en cambio el perfil de votante de Compromís, que irrumpió con fuerza en las elecciones, consiste en

«gente joven, mucho universitario, con ideario de izquierdas mucho menos clásico que el que caracteriza a EU y más preocupado por cuestiones transversales; un votante que tendía a monopolizar el PSPV. Con capacidad para llegar al público a través de las redes sociales y de los medios de comunicación.» La Paella Rusa

Pero ni ICV ni Compromís son muy mayoritarios, tampoco. De momento, la izquierda política es incapaz de actualizar su discurso en el contexto económico de la globalización; tiene que darse cuenta de que no puede limitarse al no-a-todo y con ésas darle la iniciativa a la derecha neoliberal ahora libre de imponer su programa político, redirigiéndolo a un público que ya no es proletario, sino mileuristas con carrera y máster, asalariados pero también autónomos y pequeños empresarios, todo aquél que resulta perjudicado (y van muchos) por el actual orden de las cosas.  El recurso fácil es obvio, apelar a la gallina de huevos de oro -los impuestos- para financiar los servicios públicos; pero resulta que ahora, con la globalización, evadir es mucho más fácil. No se trata de si el dinero está disponible, sino de si se puede recaudar -y ahora no se puede. Hay que buscar otras fórmulas viables económicamente: el cooperativismo.

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Ya está: ya tienen lo que querían

15 junio 2011

Cuando tenía dieciséis años, fui a una pacífica manifestación de carácter lúdico-festivo, en Barcelona, contra las políticas neoliberales del Banco Mundial, en el 2001. Se leyó un manifiesto en plaza Catalunya y, acto seguido, la policía -siempre con una actitud claramente intimidatoria- cargó contra los manifestantes. Detuvieron a curas, abuelas con sus nietos, mujeres embarazadas – el típico perfil del violento antisistema. Y toda esta carga, enésimo ejemplo de brutalidad policial, porque -lo recuerdo perfectamente- había unos veinte energúmenos encapuchados al inicio de Passeig de Gràcia, claramente separados de los manifestantes, rompiendo escaparates. ¿Por qué fue la policía tan enormemente incompetente para no detener a esa veintena de descerebrados y dejar discurrir la manifestación pacíficamente? ¿Es que no les enseñan métodos para hacerlo? ¿Para eso les pagamos? Muy fácil: porque en este grupo había policías infiltrados con la única función de reventar la manifestación. La verdad es que era tan evidente como fue insultante después de ver las declaraciones de los políticos de turno condenando la violencia y tal: hombres saliendo directamente de los furgones policiales con indumentaria antisistema, con bates, barras de metal y otras armas no reglamentarias, destrozando aparadores y justo después deteniendo a quién los fotografiaba (y, claro está, rompiéndoles la cámara en el proceso).

«Son sólo unos cuantos los que la están liando. Son los de siempre, no creo que el movimiento del 15-M tenga que estar representado por este tipo de gente». Albert Rivera, Ciutadans

La verdad es muy clara: sea la Ochrana zarista, los grises de Franco o los mossos de Puig, desde siempre que la policía se ha infiltrado en manifestaciones, para información y para reventarlas -donde reventar significa ser violento e incitar a la violencia los que te rodean, envalentonados (porque obviamente no todos los violentos son policía). Desde el punto de vista pro-sistema, sería preocupante si no lo hicieran, de hecho. El desalojo encubierto de plaza Catalunya del 27-M fue planificado; se sabe –las cargas fueron una hora después de que los coches de limpieza abandonaran la plaza– con el único fin de incitar a la violencia de los manifestantes y poder sacar en todos los medios de comunicación una foto de algún camión quemándose y tal, y así desacreditar el movimiento. Siempre ha sido así. Pero todas las Asambleas, las de barrios, Sol, Catalunya, Valencia, ésa en la que he asistido hoy en Ciutadella, han sido muy tajantes en eso: no a la violencia. Se han citado los métodos pacíficos de Gandhi varias veces -hasta se ha mencionado su doctrina: la satyagraha. El 15-M ha tardado poquísimo en desmarcarse de estos actos violentos, con los que los medios ya intentarán etiquetarnos siempre. La protesta de hoy ha sido desorganizada y por lo tanto vulnerable a las acciones de descerebrados e infiltrados – esto tiene que cambiar, seguro, si nos dejan, porque si no la legitimidad de las reivindicaciones -hasta ahora indiscutible- se pone en duda.

“(Les agressions) han estat de grups de persones que eren aquí. Però nosaltres ens organitzem col·lectivament i qui surt de les consignes, actua individualment”. Pau Simarro, indignat

Pero es que ahora, hasta con estas explicaciones, estas disculpas, esta apología de la no-violencia, -necesarias, eso sí- estamos desviando el tema: ¿dónde estaban el 27 de mayo los que ahora se llenan la boca con vagas defensas de la democracia y rechazos a la violencia? Sí, ésos mismos que ahora ejecutan las órdenes del poder financiero, rechazando que la devolución de la vivienda salde la hipoteca (la famosa dación en pago, que de hecho tendría que ser uno de los puntales de las exigencias del 15M) o la publicación de listas de defraudadores de Hacienda. ¿Es que las porras de los mossos, los continuos desahucios, los trabajos precarios, los brutales recortes sociales, las disminuciones de salario a los que operan nuestros padres y educan a nuestros hermanos, no son acaso violencia? ¿A qué lado estabas entonces, Atur Mas? ¿A qué lado estabas cuando Felip Puig no dimitía por ordenar palizas a los que le pagan el sueldo? ¿A qué lado estabas cuando tu partido aprobaba cuantiosas ayudas de dinero público a bancos quebrados, a constructoras mediante licitación de infraestructuras nada rentables, a concesionarias de autopistas, a cada uno de estos oligopolios que los ciudadanos tenemos que sostener con nuestro propio dinero… ¿a cambio de qué? De un trabajo precario, sin futuro, sin oportunidades en un sistema que no nos escucha y si gritamos, nos insulta. Cada vez más queda en evidencia que los canales institucionales, los tradicionales, están totalmente agotados, delante de una transición a un sistema, ese neofeudalismo del turbocapital, que consiste en un conjunto de oligopolios sostenidos por el poder político – una gigantesca estafa de la cual nosotros somos su base y apoyo, pero involuntario. La consolidación de esta estafa a gran escala era lo que se debatía en el Parlament hoy.

Todo, al fin y al cabo, depende de la narrativa de quién tiene la legitimidad y quién se la cree. El Parlamento es el reflejo de la soberanía popular y las fuerzas de seguridad son sus ejecutoras y etcétera. El poder del monarca absoluto emana de Dios. Senatus Populusque Romanus: el Senado y el Pueblo Romano (SPQR). ¡Todo el poder para los soviets! En definitiva, la sociedad es tan sólo una correlación de fuerzas  entre varios colectivos de personas -una lucha de clases- y hay algunos que ejercen el poder desde una narrativa que les confiere una legitimidad porque hay gente que se la cree. No deja de ser curioso, de hecho, lo frágiles que son las instituciones humanas y lo duraderas que pueden llegar a ser. Pero siempre ha sido así: en la República romana también se votaba a los políticos y también había Senado, ¿era entonces una democracia? La Constitución de la URSS era federal, ¿también en la práctica? La gente se lo creía, ¿entonces sí? Hemos mejorado claramente, pero no cambiado tanto: se trata, simplemente, de que no haya excesiva acumulación de poder ni económico ni político – poner en práctica el sistema de checks and balances, la esencia multipolar de lo federal.

Ahora estamos con un Parlamento dominado por un partido con un 16% de apoyo entre la población (problema para la legitimidad 1) y con la voluntad de desmantelar un Estado de bienestar que emana de un pacto constitucional (problema para la legitimidad 2), es decir, de un consenso básico de las distintas fuerzas sociales y todo esto en un contexto económico de falta de oportunidades que estas reformas amenazan de consagrar (problema para la legitimidad 3). En esta situación, ¿de qué van, con esta chulería que les da tener el monopolio de la violencia, pero cada vez menos legítimo?

«Se han traspasado las líneas rojas» Atur Mas, «pecident del govern dels millets»

Celebro que Mas entre en razón, que vea que los poderes fácticos, la élite politico-financiera, están cruzando todas las líneas rojas. Están derrocando el Estado de bienestar porque pueden y los ciudadanos nos descubrimos impotentes y expropiados delante este chantaje. Celebro, además, que Mas defienda la democracia y se postule en contra de la violencia, alineándose así con el movimiento 15M. Supongo que el próximo paso será aprobar la nueva ley electoral, más participativa, que ellos bloquearon en su momento, meter a Felip Puig en el trullo y cambiar hacia políticas más transparentes y no las habituales de la sociovergencia y etcétera. ¿Ah no, que era al revés? Puro lenguaje orwelliano, entonces. Las actuaciones de la policía contra sectores más amplios de la sociedad, la demolición del actual sistema social, la ley siempre al servicio del oligopolio; cada uno de estos hechos deslegitima el sistema a ojos del ciudadano de a pie, lo sitúa al límite de la indignación, viendo cómo las instituciones, que tendrían que amplificar y canalizar la acción colectiva, se consagran como meros parásitos de las fuerzas productivas. Esto no es un problema ideológico: si neoliberalismo o capitalismo o tal. Es lo que hay y hay que decir basta ya. Son ellos los que nos necesitan a nosotros. Basta de suplicar que paren los recortes y que nos dejen participar en la vida política.

Se tapan la cara para tapar el pinganillo. ¿No queríais democracia?


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Curiosos resortes mentales en la acampada

31 mayo 2011

Ladrillo. Desde que Felip Puig es conseller de Interior que la inseguridad en nuestras ciudades ha aumentado muchísimo y de modo preocupante. Vivo aterrorizado. Uno ya no puede andar solo por la calle a plena luz del día sin el miedo del cuerpo de que de repente se te crucen trabajadores de BCNeta acompañados por siniestros individuos de armadura azul sin ningún tipo de identificación y te den una paliza sin venir a cuento, aduciendo cínicamente de que «están limpiando la zona», mientras uno yace inconsciente con el oído chorreando sangre o con el pulmón reventado.

Bromas aparte, es terrorífica la total impunidad con la que se violan flagrantemente derechos que ya en 1789 se consideraron fundamentales y considerados como tales en la Constitución Española: el derecho a la reunión pacífica y sin armas, que la policía no puede regular de ningún modo, sino sólo el TC. Precisamente estos derechos se documentaron para delimitar bien claras las fronteras a las que puede llegar un gobierno y, entre otras cosas, es precisamente el respeto a estos derechos fundamentales lo que distingue una democracia de una dictadura. Aquí no hay blanco y negro, una separación meridiana entre los dos modelos políticos, sino una línea continua que va de la Alemania nazi a la Islandia moderna con múltiples escalones, en función de los diversos grados en transparencia de la administración, la participación ciudadana en la agenda política, elecciones libres con ley electoral justa y basada en el sufragio universal, el respeto a a los derechos fundamentales, la libertad de información, etcétera. Por ejemplo, en Italia hay poca libertad de información. En España hay una ley electoral no muy justa que fomenta la estabilidad en detrimento del progreso. En cambio en Islandia sí hay mucha participación ciudadana y transparencia. Estas cosas ya las sabemos. Pero es que el viernes retrocedimos a niveles de dictadura africana. ¿Cuándo nos creímos de que esta cosa era el sistema donde el pueblo era soberano sólo porque votábamos cada cuatro años?

Tenemos que ser contundentes con esto, porque una ciudadanía vigilante es clave contra la impunidad del gobierno, siempre tentado de abusar de su poder. Esto ya lo conocían perfectamente los pensadores liberales desde Locke y Montesquieu. ¿Es que por qué uno cree que se inventó la separación de poderes, las declaraciones de derechos fundamentales, los Tribunales Constitucionales? Precisamente, los manifestantes reclamaban pacíficamente democracia real y el viernes estas reivindicaciones se revelaron más necesarias que nunca, delante de las órdenes de un psicópata descerebrado como es el futuro ex conseller de Interior (cada día que sigue en el cargo, es una vergüenza total para un país que se enorgullecía hasta hace poco de su tradición política pactista y de su carácter europeísta), que recordemos fue conseller de Obres Públiques cuando el cobro de comisiones de Ferrovial por parte de CiU a través del Palau más otras corruptelas, autor del hit «el concierto fiscal no es viable» tan sólo dos días dos después de ganar las elecciones con esta zanahoria y derogador del probadamente necesario Código Ético de los Mossos. Un personaje indigno de una sociedad democrática, que ordena dar palizas a los mismos ciudadanos que le pagan el sueldo.

Hay quiénes aducen que los acampados no se pueden quedar para siempre en la plaza. Lo bueno es que según la CE sí pueden; es más, están protestando con unos objetivos concretos, así que es fácil darse cuenta de que la protesta durará hasta cuándo éstos se cumplan y no más; es más, la función de ágora ciudadana, abierta y participativa, le va perfecta a plaza Catalunya, hasta ahora hábitat de guiris y ratas con alas, así que como ciudadano pido que siga la cosa, por favor. Dicen que se han apropiado del espacio público, cuando lo que se ha hecho ha sido construir un espacio donde cualquier opinión es bienvenida. La ley del Suelo de 1998 sí era apropiación privada del espacio público, no jodamos.

Un conocido de BCNeta que participó en el desalojo-limpieza de plaza Catalunya comentó que fueron engañados para ir allí, al igual que la Guardia Urbana. Sólo se les dijo que tocaría pasar escoba y manguera (a lo que se va con un tipo específico de camiones) y, de repente, aparecen cien mossos vestidos de Navy Seals, sin identificación y armados con pistolas de balas de goma y entonces se les ordena desmantelar la acampada delante de los ojos de sus jefes, vestidos de paisano, controlándolos y con los camiones cambiados. En esta captura de pantalla, al final un mosso declara que «falta poco para que todos vuelvan a casa». No quiero ponerme conspiranoico, pero ¿no venían a limpiar? Estos comportamientos indican planificación de antemano de las cargas policiales, contradiciendo una vez más («lapsus linguae» incluidos) la endeble versión oficial. Así es probable de que se buscara provocar un incidente violento por parte de los manifestantes, un coche de la BCNeta quemándose por ejemplo, para que fuera portada de todos los periódicos y así poder desacreditar el movimiento. ¿Es ésa la respuesta del poder a un movimiento que siempre se ha caracterizado por su civismo y no-violencia que reclama más democracia? ¿Son los gases lacrimógenos y apagón informativo la única respuesta de Sarkozy a las reivindicaciones francesas? ¿Es que no ven que se están metiendo en el mismo saco que Mubarak o Bahrein? Salvando las distancias, el esquema mental es el mismo. Para terminar de certificar el enorme respeto de la autoridad al siempre tan sano ejercicio de derechos constitucionales, se tiene que presentar la factura de compra para recuperar los peligrosos portátiles requisados y guardados al aire libre en un vertedero. ¿Qué tipo de ciudadanía quieren? ¿Una bien dócil que les tolere sus prontos autoritarios con una policía antidisturbios que selecciona el personal entre maltratadores y psicópatas? ¿Una ciudadanía sumida en la ignorancia política, que no exija investigar sus múltiples corruptelas y abusos? Las manifestaciones se revelan más necesarias que nunca.

Intolerable la impunidad de la autoridad en la violación de derechos fundamentales. Pero lo que roza lo absurdo es el tema al que iba, el preocupante síndrome de Estocolmo desarrollado por gente, más bien de derechas, que delante de las imágenes del viernes de brutalidad policial (recordando otros casos históricos), se pone del mismo bando de los agresores, incapaces de salirse de limitados marcos mentales, sin ningún tipo de empatía por gente pacífica siendo agredida brutalmente. ¿Qué tipo de resortes mentales, de psicopatía mental, pueden llevar a uno a justificar la violencia gratuita y arbitraria no ya contra su misma especie, sino con gente de su misma ciudad? Hay vagas apelaciones al orden, al autoritarismo – habitualmente, su propio orden, su propia autoridad. Hay miedo, al más puro estilo más vale malo conocido que bien por conocer: una gran falta de espíritu pionero, casi cierta cobardía. Por eso habría también cierto complejo de inferioridad, desarrollado como resentimiento hacia gente que sí se arriesga a movilizarse por unos valores considerados socialmente como más elevados. Si no, no se entienden las habituales frases de la derecha como la pretendida superioridad moral de la izquierda, la aznarista sacarse los complejos de encima o el buenismo. Si no, no se entienden las habituales descalificaciones gratuitas de movimientos cívicos caracterizados por su buen hacer, cuando a un complejo fenómeno social, donde coinciden prestigiosos intelectuales con jóvenes estudiantes de primero de carrera, lo reducen a «cuatro perroflautas» o critican precisamente aquello de lo que habitualmente pecanpiensa el ladrón que todos son de su condición-, algo muy usual en los humanos (lo que nos molesta más de los demás son nuestros propios defectos proyectados en ellos) . ¿A qué viene ese rencor gratuito, que consiste en desacreditar un colectivo que plantea su mejor voluntad para reformar las cosas hacia mejor? ¿Qué curiosos resortes mentales alientan ese irredentismo cínico hacia gente (¡vecinos!) que trabaja de buena fe contra la que llegan a justificar violencia brutal y gratuita? Uno recuerda el movimiento en positivo al revés, cuando un chico de dieciséis años vecino del pueblo de Mauthausen, viendo la situación de los presos del campo de concentración, pensó que «aunque sean muy malas personas y peligrosos delincuentes, nadie se merece este trato inhumano» y decidió meterse en la resistencia. Al final, la ideología no es más que la prolongación de un perfil psicológico.

Visualizando el problema desde el marco de la tragedia de los comunes, las izquierdas serían más cooperadoras (valores sociales mejor considerados por el grupo) y las derechas, free-riders que van por libre. Los primeros serían más utópicos y entregados; los segundos, más realistas y conscientes de sus propios defectos. Los primeros desarrollarían incoherencias entre sus ideales, mucho más ambiciosos, y sus prácticas, que los segundos casi gozarían en señalar, cansados de las exigencias éticas del primer bando. Son curiosos estos resortes mentales, que se distribuyen de modo no arbitrario por toda una sociedad, al igual que el parroquialismo altruista (compartido por izquierda y derecha), ese espíritu tribal tan español, que fundamenta el nacionalismo, el fútbol y la política bipartidista del ytumasismo y si tú no fueras tan americano, yo no sería tan ruso. He aquí el hombre, dijo Poncio Pilato y, después, Nietzsche. Ecce homo – éste es el hombre; sólo profundizando en nuestro autoconocimiento podremos ganar en lucidez mental y honestidad espiritual, no sólo para con nosotros mismos sino con nuestros compañeros y teóricos rivales. Y es que estamos todos en el mismo barco.

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Empanadas mentales en el #15M

24 mayo 2011

Antes de todo, es imprescindible comentar lo bonito del paisaje actual de la plaça Catalunya: un espacio de debate en la plaza pública, un ágora de facto donde discutir ideas políticas desde la pluralidad, que es el sueño auténticamente democrático e ilustrado de una sociedad civil fuerte y dinámica. Uno pasea por la plaça Catalunya y ve grupillos de gente discutiendo activamente sobre la ley electoral, autogestión, democracia participativa, medio ambiente, derecho, etcétera, contradiciendo totalmente la reaccionaria estampa de una sociedad pasiva y adormecida. ¿La Atenas de Pericles? La indignación, latente, estalló y se ha transformado en esto y se tiene que mantener. Como experiencia, es una realidad única: es el contacto inmediato y directo con la emergencia y desarrollo de una pequeña sociedad paralela, con sus necesidades de coordinación, sustento, regulación, etcétera. Es, esencialmente, enfrentarse al reto de hacer política por parte de gente tradicionalmente pasiva. Abundan las propuestas simplistas que revelan desconocimiento del tema, pero abunda con la misma cantidad la buena fe de aportar el granito de arena. Esto es precioso.

Dicho esto. Pero si tiene que continuar, que mantenerse en pie, no se puede esperar a que la gente no se canse nunca, sino que tiene que articularse un debate formal, más allá de los mítines histéricos que convencen a propios y alejan a ajenos expectantes, para superar empanadas mentales que lo traicionen. Las estructuras sociales actuales fomentan la pasividad, de modo que nos tenemos que preguntar qué es lo que falla y cambiarlo. A mi modo de ver, hay tres grandes tipos de empanadas mentales:

a) «esto es un movimiento apolítico y politizándolo os lo estáis cargando» MAL. Política es todo aquello en lo que intervienen más de dos personas, un ménage a trois es política, porque política es cualquier regulación de conflictos humanos para la convivencia. Movimiento apolítico es un clarísimo oxímoron, que revela la ignorancia que se tiene de lo que es el mundo ideológico. No es sólo un problema de la ley electoral, sino de cultura política (aunque lo primero puede ayudar a cambiar lo segundo): los imputados por corrupción siguen siendo votados por los ciudadanos, hasta en Barcelona, donde Trias tenía de número ocho en la lista a Antoni Vives, presidente de la fundación Trias Fargas cuando lo de Millet y el Palau. Es la democracia representativa que está en crisis y diagnosticar sus causas e intentar solucionarlo con cambios en sus estructuras políticas siempre se hará desde un punto de vista ideológico. No se trata de favorecer a los partidos minoritarios – sólo hay que mirar en Catalunya (donde tenemos seis partidos en el parlamento) y estamos igual.

b) «no nos representan» MAL. La frase abunda pero los documentos de mínimos que van circulando por las comisiones tienen un claro carácter socialdemócrata – y hay partidos políticos no precisamente minoritarios que se presentaron con un programa electoral 100% idéntico a lo aprobado por la Asamblea General: ICV o IU. Entonces, ¿a qué cojones se refieren por no nos representan? Quizá es una crítica a la democracia representativa, pero a mí me parece más bien, con todos mis respetos, que es ignorancia. La gente no hace la conexión, aún cree que no hay nada más que PP o PSOE, que «todos son iguales» y demás tonterías – no se da cuenta de que hay otras opciones políticas, ignora que ya hay ILPs para la reforma de la ley electoral, que ya ha habido comisiones de expertos que han propuesto cosas como las listas abiertas. Si IU o ICV tuvieran los votos de esa parte de centroizquierda que habita en las Asambleas, tendrían suficiente fuerza en el parlamento para llevar a cabo sus exigencias. Pero la gente no hace esa conexión lógica y sigue a lo suyo: hay una desacoplamiento total entre izquierda institucional e izquierda sociológica: en plena debacle sociata, IU sólo ha aumentado un punto en las municipales. No estoy de acuerdo con la democracia representativa, sobre todo con el modelo actual, pero otra cosa es ignorar soberanamente el paisaje político que ofrece el parlamento y las posibilidades que ofrece.

c) «el míting histérico diciendo las mismas fórmulas de siempre » MAL. En los turnos de palabra de la Asamblea General, se abusa de la arenga fácil y de tono épico. Al igual que el nacionalismo, convence y une a los ya convencidos mientras se desacredita a ojos de la gente espectadora, expectante o directamente escéptica. No sólo eso. En un contexto histórico radicalmente diferente -en plena crisis del modelo socialdemócrata-, se tienen que abandonar las fórmulas habituales. Se habló de ocupar un edificio, de huelga general. Obviamente, no voy a tener ningún problema con estas acciones, pero tienen el mismo efecto que los turnos de palabra mitingueros: el movimiento #15M ha sorprendido a la sociedad por su heterogeneidad, transversalidad y fuerza; tiene que construirse un discurso no tradicional-conservador (NO a…, NO a…, NO a…) que repita mecánicamente los mantras de la izquierda social-estatista, sino uno nuevo y refundado, que considere que la causa real de la movilización no es un detalle como la ley electoral, sino la crisis que ha generado el empobrecimiento generalizado de la clase media. Pero en esa clase media a la que se tiene que dirigir el discurso contiene a asalariados, pero también a autónomos y pequeños y medianos empresarios. Hace falta un nuevo discurso regenerador, que al igual que la movilización, sorprenda y obtenga el favor de la clase media. Lo trataremos en el siguiente post.

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Muy bien, el Barça ganó la Liga – ¿y ahora, qué?

12 mayo 2011

Si tuvieras que elegir entre tener «la mejor liga de fútbol del mundo» y una economía y un país decentes, ¿qué elegirías? Sí, es una pregunta adecuada – sólo hay que mirar el ganador de la última liga alemana. Puro pan y circo: Zapatero aprobó los recortes sociales más bestias en nuestra historia democrática el mismo día del debut de España en el Mundial. Cristiano Ronaldo gana al año (12 millones de euros) casi tanto como la mayor donación privada en la historia a investigación científica en España (16 millones de euros). Microsoft compró Skype por 6000 millones; el presupuesto de España en I+D civil para el 2011 es de 7500 millones. De la UE, los españoles somos los que más horas trabajamos (1776 h/año) y los terceros menos productivos.

La cultura laboral en España es nefasta -pocos incentivos, muchas dificultades y pocos créditos para los emprendedores (pero sí para los fichajes de Florentino Pérez), poca integración del empleado en la empresa, nula optimización del tiempo trabajado (jornada partida), pagar por horas y no por resultados, poco valor añadido, etcétera- y todo esto viene de la mierda de nuestro modelo económico, vulnerable, débil, poco diversificado y basado en los chanchullos entre amiguetes -los oligopolios- y el fraude fiscal -23% del PIB-, que consiste en ser algo así como la Florida de Europa: monocultivo de ladrillo y turista y si puedes conseguir combinarlos en forma de jubilados nórdicos que te compran un chalé, pues maravilloso y espectacular. Y es que en este país hay tantos ingleses y alemanes como ecuatorianos. Y no hace falta decir quién viene a trabajar y quién a parasitar una Seguridad Social gratuita.

La crisis española no se generó en Wall Street. Tan sólo fue su desencadenante. El origen de la crisis se encuentra en el actual modelo económico, fruto del consenso a nivel político del PPSOE (más CiU). El próximo 22 de mayo tiene que plantearse, de hecho, como un referéndum sobre este nefasto modelo a nivel local: si queremos que nuestra ciudad siga siendo un parque temático para guiris donde reine la especulación inmobiliaria y la falta de convivencia o una ciudad europea, moderna y normal, donde la calidad de vida sea una prioridad (el aire, por ejemplo), la movilidad sea sostenible (ante la inminente crisis del petróleo) y esté basada en la economía del conocimiento y la innovación. Resulta que unos hablan de reducir el tráfico de los coches (que reduce 13 meses de vida a los barceloneses; Barcelona tiene una de las densidades de tráfico más altas de Europa, 3 veces más que Madrid, 4’5 veces más que Londres) y ampliar el horario del bicing mientras otros consideran que la bicicleta sólo es para pasear y discursean absurda e irresponsablemente sobre inmigración y delincuencia, aunque España tenga una de las tasas más bajas de toda la UE. Pero esto sólo son razones electoralistas para poder plantarnos su oligopolismo en la cara.

Está bien claro cuál es el modelo de PP, CiU y PSC para Barcelona – una fea y estéril ciudad de cartón-piedra, ahogada por la falta de libertad y la contaminación, bien lejos de los estándares europeos, que enriquezca a unos pocos a costa de nuestra ruina. ¿Realmente hace tanta falta seguir con esto? Ah, de paso, el 15 de mayo, 18 horas, plaça Catalunya, manifestación para una democracia real ¡ya!.

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Neoliberalismo: la fina diferencia entre teoría y práctica

9 mayo 2011

No deja de ser curioso -e irónico- que la receta para salir de la crisis que proponen los economistas neoliberales como Juan Ramón Rallo (jefe de opinión de la Libertad Digital de Jiménez Losantos) sea exactamente la misma que la propuesta por los intelectuales de izquierdas como Noam Chomsky o Ken Loach – reestructurar la deuda, hacer un default. El Estado se endeudó demasiado y le pidió prestado el dinero a los mercados financieros – ahora se trata de renegociar esta gigantesca deuda, contraída con gente que ya sabíamos mafiosos. Pero es lo que tiene pedir favores a los poderosos Corleone, que te pillan por los huevos y no te dejan fácilmente.

En el fondo, lo que la izquierda etiqueta como neoliberalismo – la ideología de Bush, Aznar, Sarkozy, Cameron, Blair, Zapatero y cía- es a la teoría original (escuelas austríaca y de Chicago) lo que las purgas estalinistas de la URSS al marxismo o la Santa Inquisición al cristianismo: ideologías al servicio de unos pocos poderosos que se escudan, pervirtiéndolas, en vaguedades derivadas de un bonito mensaje original. Es más: tanto la teoría neoliberal como el marxismo detestan el mismo acaparamiento de poder por parte de la oligarquía, sea ésa la que domina las instituciones políticas que controlan al mercado (y con ello la libertad económica) o sea ésa la que domina el mercado que controla las instituciones políticas (y con ello la alienación psicológica de los trabajadores). En suma, que cada una insiste en sus matices, pero los valores morales son compartidos en mayor o menor grado – no se trata de un conflicto entre teorías, sino entre grupos sociales con intereses enfrentados que se escudan en ellas. Son más dinámicas tribales de grupo, a los que sucumbe una sociedad de masas sin referentes comunitarios locales, que otra cosa: el famoso parroquialismo altruista, fundamento de las sociedades complejas a gran escala.

Al fin y al cabo, el neofeudalismo del turbocapital que predican Bush y etcétera tiene poco de neoliberal, porque encumbra a la élite, al oligopolio económico, y merma así la libertad individual: la deregulación financiera de Clinton y Bush, que provocó la crisis financiera y tan bien descrita por Inside Job, consistía en la abolición de la Glass-Steagall Act mediante la Gramm-Leach-Bliley Act y demás favoritismos legales para los todopoderosos bancos. Se eliminaba la separación entre bancos comerciales (depósitos) y de inversión (capitales), obligatoria desde la Gran Depresión en 1933 para deshinchar a la especulación (de un modo bastante adecuado, como se puede ver retrospectivamente). La abolición de la Glass-Steagall obedecía a la narrativa justificatoria de un vago neoliberalismo, pero era -como la Guerra de Irak era contra las armas de destrucción masiva- un cuento chino: nada más que el objetivo de los grandes bancos desde los años ochenta con la intención de consolidar su poder oligopolístico, como aquí ha sido la bancarización-privatización de las cajas. Pero es que la misma existencia de estos grandes bancos es denostada por la Escuela Austríaca, que considera -bastante apropiadamente- que es totalmente excesivo y aberrante el poder, otorgado por el gobierno, de imprimir dinero en función de los tipos de interés fijados por el Banco Central. Pero, para ellos, esto es socialismo.

Igual que los intelectuales franceses de la posguerra, delante de las tremendas contradicciones con la teoría que ofrecían las revueltas del 17 de Junio en Alemania Oriental, Hungría en 1956 o Praga en 1968,  distinguían entre socialismo real -el soviético, el de las purgas de Moscú y de los gulags siberianos- y socialismo ideal -el utópico en los librillos-, la escuela neoliberal también se enfrenta a la fina línea que diferencia teoría y práctica: que la teoría -una sociedad de individuos libres interactuando entre sí mediante el mercado- es muy bonita, pero inaplicable con las actuales condiciones donde las oligarquías imperan y la manipulan con mala fe para justificar reformas políticas únicamente dedicadas a consolidar su poder criminal.

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La socialdemocracia como despotismo ilustrado (2): ¿por qué trabajar?

11 abril 2011

El primer objetivo era dar bienestar a la clase trabajadora y mediante la creación capitalista de riqueza y las luchas proletarias se hizo propietaria. Entonces, no sólo propietarios (nevera, lavadora, ordenador, microondas), sino también pagadores de impuestos (antes no tenían suficiente renda) y liberales, porque se termina valorando (muy legítimamente) un dinero fruto de su trabajo, que ven cómo se va mediante impuestos y con justificaciones metafísicas por el bien de la comunidad (procedentes de la izquierda socialdemócrata) que después no terminan de ser verdad (¿salvar a bancos y concesionarias de autopistas es por el bien público?). El gasto de dinero público tiene que ser transparente, eficiente y fácilmente controlable. Mientras tanto, la clase alta, antes principal aportadora de impuestos, ha huido a las rendas del capital – el sector financiero que ahora nos jode, tan difícilmente fiscalizable.

A nivel electoral, la izquierda socialdemócrata, con un mensaje paternalista que confunde caridad con solidaridad y justifica múltiples imposiciones y prohibiciones (ordenanzas cívicas sin ir más lejos), se ha hecho enemiga de la clase media, con las irresistibles ironías de la historia que eso conlleva. En una tremenda paradoja histórica, el mismo bienestar -que era el incentivo de la creación de la riqueza y también el objetivo de la izquierda- se ha cargado el espíritu emprendedor de la sociedad, que es exactamente la materia prima de sus fundamentos. El trabajo. El esfuerzo. La innovación. Según la jerarquía de valores de la pirámide de Maslow (y el sentido común), sólo una vez solucionado el problema material, tiene sentido proponer el problema espiritual. Es el particular mensaje de la izquierda hippie: ahora toca la emancipación espiritual, la realización de la autonomía moral personal, la individuación que preconizaba Jung. El trabajo por el trabajo (como creador de riqueza) no tiene sentido en una sociedad rica como la nuestra: tiene que fundamentarse sobre la autorealización personal, la individualidad y la creatividad. Un ora et labora moderno de menos de 35 horas semanales. El modelo de trabajo antiguo está basado en incentivos ahora inexistentes: ya no es necesario conseguir más bienestar material, sino el tiempo para disfrutar un martini al solecillo de una tarde de verano en medio de una agradable conversación sobre William Turner.

Hace falta un cambio de prioridades. Al mismo tiempo, estamos en crisis, con múltiples países en implícita bancarrota. Nos dicen: «hay que recortar el déficit» y se va por la solución fácil, la de recortar por abajo, pero es que quizá el problema viene por arriba y es el gigantesco peso de estructuras oligárquicas, antaño creadas por el bien público y ahora sólo preservadoras de privilegios neofeudales. Nos tendremos que apretar el cinturón, sí, está claro, pero queremos hacerlo por nosotros mismos, de modo autogestionario, y no con la dirección y los mensajes apocalípticos de gente que viaja en primera clase y coche oficial, lidera guerras de 400 millones de euros al año (Afganistán) y es el instrumento de gente que no paga impuestos y sólo roba a la sociedad (el sector financiero). ¿Para qué hace falta el Ejército, que nos cuesta 9000 millones al año? Las estructuras politicoeconómicas han devenido como la fase del Dominado del Imperio Romano: tan pesadas y rígidas para sus ciudadanos que éstos aplaudieron las invasiones bárbaras que veían como liberadoras.

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La socialdemocracia en crisis: ¿la muerte del Estado?

4 marzo 2011

En Algo va mal, el politólogo Tony Judt elabora una evocación nostálgica del Estado de bienestar socialdemócrata, nacido en Occidente después de la II Guerra Mundial a partir de un pacto social basado en políticas económicas keynesianas. En los años ochenta, Thatcher y Reagan rompieron este mismo pacto y se decidió unilateralmente la demolición de ese Estado de bienestar, aprovechando la crisis financiera de 2008 para llegar a su culminación. Judt se pregunta, sin poderse responder, por qué la eficiencia económica se ha convertido ahora en el principio supremo al margen de cuestiones como la justicia social, y pide un retorno al Estado como garante de igualdad social y de infraestructuras públicas como la red ferroviaria. Porque resulta que las sociedades más igualitarias también son aquellas con menor delincuencia e índices más altos de salud física y mental y movilidad social.

Precisamente, el pacto socialdemócrata nace del equilibrio entre capital y trabajo que se da en Occidente después de la II Guerra Mundial, vistos los efectos catastróficos que podía causar una burbuja especulativa a gran escala (crac del 29) y con el contrapeso ideológico del comunismo fuertemente implantado en las propias sociedades occidentales, mirando a la Unión Soviética en plena Guerra Fría. Pasado el recuerdo de la Gran Depresión y caído el Muro de Berlín, la globalización ha alterado este equilibrio y el capital, libre de ataduras, se siente con poder suficiente para desmantelar los beneficios sociales para los trabajadores que pagaban los más ricos.

Desde 1990 hasta hoy, [en Alemania] los impuestos a los más ricos bajaron un 10%, mientras que la imposición fiscal a la clase media subió un 13%. En veinte años la clase media se ha reducido, pasando del 65% a englobar al 59%. Los salarios reales se han reducido un 0,9%, mientras que los sueldos superiores y los ingresos por beneficios y patrimonio aumentaron un 36%. En 1987 los directivos de las principales empresas (índice DAX) ganaban como media 14 veces más que sus empleados, hoy ganan 44 veces más. Incluso en Alemania, la clase media está descubriendo la precariedad.

Rafael Poch, Antes de dos años

En Estados Unidos, en Alemania, en España, las desigualdades crecen y el proyecto de igualitarismo socialdemócrata se desvanece. Nació como una traición al internacionalismo comunista en la Primera Guerra Mundial, hasta el punto que la Alemania del SPD de Ebert persiguió, ejecutó y tiró los cadáveres de sus antiguos compañeros de partido al río (Liebknecht y Luxemburgo). En su esplendor, ejerció un tipo de despotismo ilustrado de facto -todo para la masa trabajadora pero sin la masa trabajadora- y al final ha terminado como mero instrumento del capital para terminar con el ineficiente bienestar de las clases medias.

Los ricos cada vez son más ricos

La crisis de la izquierda se entiende desde la alteración de ese equilibrio. Ya no somos trabajadores: somos consumidores, y desde ese rol tan pasivo que nuestra vida tiene sentido en el marco del turbocapitalismo. Que produzcan los chinos, mientras nosotros nos limitamos a consumir, aprovechando un poder adquisitivo ilusorio gracias al lowcost de Ikea, Ryanair y Zara, a la vez un modo muy fácil de dejar ir la frustración que genera el continuo atraco que es el turbocapitalismo, un eficaz mecanismo para la disminución de la conflictividad social. Las grandes multinacionales del lowcost terminan por construir una sociedad a imagen del consumidor típico -la sociedad de masas. Éste es el resultado de treinta años de socialdemocracia; es lógico que esté en crisis.

¿Sigue teniendo sentido ahora el proyecto socialdemócrata? El equilibrio entre capital y trabajo se ha roto (deslocalización) – el capital ya no está dispuesto a dar bienestar a las masas trabajadoras, que disfrutan de su nuevol rol como consumidoras y parece que tampoco se permiten la coacción que requiere la existencia del Estado. ¿Ha llegado, entonces, la muerte del Estado? ¿Ha llegado la era del Mercado?