Posts Tagged ‘nueva izquierda’

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Del #15M a #OccupyWallStreet

2 octubre 2011

— ¡Valiente mito! — dijo Hussonnet — ¡He aquí al pueblo soberano!

Gustave Flaubert, La educación sentimental

En su obra maestra, Flaubert describe la multitud que irrumpe en las Tullerías en 1848 – no son idealizados revolucionarios que luchan por la libertad de su pueblo, sino borrachos, analfabetos, rudos y viciosos de la adrenalina. Quizá es un retrato demasiado realista, pero implícitamente es una bofetada a la cara de esta entidad abstracta del pueblo soberano, tan abusada como concepto teórico por liberales como socialistas. Por estadística, la nación, el proletariado, son prostitutas, camellos, hooligans del fútbol, defraudadores a Hacienda y espectadores del Sálvame, no honrados y trabajadores disciplinados santos.

Las protestas han pasado del Cairo y Alejandría a Los Angeles, Washington, Chicago y Nueva York, pero las críticas son las mismas, con ese saborcillo reformista socialdemócrata tan naif que las caracteriza. Desde su sillón, el sesudo intelectual juzgará las protestas del 15-M o ahora de Wall Street con un mensaje político poco definido y habitado por gente de poca cabeza y más adicta a las emociones que a los libros de filosofía política. Y por esta ingenua razón se abstendrá de tomar parte del proceso. Es que acaso los que tomaron la Bastilla en 1789 eran todos enciclopedistas, Diderots en potencia? Cuál era el porcentaje de alfabetismo de las masas en las revoluciones de 1848? En las protestas siempre convive una vaga combinación de ideología y descontento por la falta de oportunidades y cuando el segundo factor es flagrante, la indignación estalla. Como ahora.

Que echemos algo de menos en estas dinámicas sociales, sea coordinación, mensaje ideológico o elegancia en el vestir, es el primer indicador de que somos nosotros mismos que tenemos que aportarlo al colectivo – esperar pasivamente a que alguien lo haga por ti no es sólo ingenuo sino directamente estúpido. Qué es la cooperación si no eso? Qué manía con estas delicadas exigencias ad hoc. Aquí nadie te regala nada y pagas tu ignorancia sobre dónde metes los ahorros o a qué tipo de personaje le das tu voto con tus propios impuestos. La protesta no es un derecho ni un privilegio – es una necesidad. Si nos abstenemos, se nos comen. Si no nos informamos de quién manda en nuestra caja de ahorros, nos joden. Si no exigimos transparencia a los políticos de turno, nos joden.

Irónicamente, es precisamente un privilegio afirmar que la protesta es un privilegio de clases medias. Porque las clases bajas son desahuciadas cada día y lo único que les queda es la resistencia y el buscar alternativas al fracaso del sistema. Sólo a los privilegiados no les urge eso. «A la gente no le interesa eso, va a la suya, es individualista». Aparte de que nunca me hayan presentado a este ente abstracto que es la gente, a los que sí conozco son bellísimas personas, creativas y con inquietudes, muy dispuestos a realizar mínimos cambios en su vida para que las dinámicas generales también cambien, pero mentalmente secuestrados por este concepto tan general como antipático que es la gente. La verdad es que es más que suficiente que sólo la mitad de mis amigos hagan estos pequeños cambios y éstos también se lo pidan a los suyos. De ningún otro modo funcionan las dinámicas sociales. La semilla habrá sido plantada.

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Izquierda Hundida

5 julio 2011

Entonces el PSOE y sus adláteres mediáticos comienzan un machacón discurso que parte de la base de que un partido que se dice de izquierdas en la vida osaría permitir que el PP, la derechona, llegase al poder. Normalmente es a IU a quien se dirige el mensajito, que viene a ser: es hora de madurar. Los votantes de IU nunca entenderían que, por la cerrazón de sus dirigentes, la derecha llegue al poder. Si nos apoyáis, algo os tocará. Haremos un par de declaraciones solemnes condenando el franquismo.

Los siguientes cuatro años, el PSOE hace de su capa un sayo. Gobernar es hacer un ejercicio de responsabilidad. Si hay que garantizar el sistema financiero, se garantiza. Si hay que permitir las SICAV, se permiten. Si hay que pactar con CC en Canarias, con UPN en Navarra, con el PP en el País Vasco y en Asturias, con el PNV en los Presupuestos, pues se pacta. Si hay que reformar el mercado laboral, seguir el dictado de Querido Emilio y Telefónica, congelar las pensiones, dejar todo bien allanadito para que el mileurismo se convierta en un privilegio y España entre, por la puerta grande, en el Tercer Mundo de los derechos sociales, pues se hace, joder. Bajar impuestos es de izquierdas, y regalarle a la banca española el dinero de los ciudadanos y los cuerpos esclavos de los trabajadores, todavía más.

La Página Definitiva, Cayo Lara: del voto útil al tonto útil

A medida que va pasando el tiempo y el PSOE aprovecha para ir contra cada punto de su programa electoral y lo que es más suicida, su propio electorado, es más difícil colocarle la manoseada etiqueta «de izquierdas», a ese partido que ahora actúa como brazo político del Fondo Monetario Internacional y demás bancos alemanes y franceses, que constituye elemento intrínseco del estancadísimo establishment político -la PPSOEvergencia- basado en tupidas redes clientelares que lo único que hacen es sangrar el país en beneficio de oligarquías que nunca se merecieron estar en este sitio. Que sí, que algunas medidas suyas son vagamente de izquierdas, pero eso, sólo vagamente: pura cosmética electoral mientras se rechaza la dación en pago en el Congreso. Lo importante, lo estructural, sigue igual. Éste es el consenso cargado de hormigón con el que tenemos que tragar en este país. Pero cuando el establishment en forma de PSOE necesita a la cada vez más minoritaria IU para gobernar, como ha pasado en Extremadura, va y entonces se acuerdan de ellos.

En este contexto, es absurdo que IU pacte con el PSOE «porque yo lo valgo«, con las habituales y vagas apelaciones de los segundos a la «unidad de la izquierda» -como si ellos lo fueran y nosotros fuéramos estúpidos que olvidamos sus propias actuaciones. Como hizo IU de Extremadura, para pactar tendrían que exigírseles, como mínimo, reformas importantes y extensivas como la reforma de la ley electoral o la misma presidencia del gobierno extremeño. Lo importante no es pillar cacho, sino la posibilidad de introducir reformas «de izquierdas» y si el PSOE no acepta, pues ajo y agua.

Pero la cuestión más curiosa es la siguiente: un 64% de los españoles apoya el movimiento 15-M y resulta que las exigencias de mínimos de este movimiento coinciden en cada punto con los planteamientos de Izquierda Unida. ¿Entonces, por qué IU no gana las elecciones de modo aplastante? La dación en pago -que la hipoteca se salde con la devolución del piso- es una medida apoyada masivamente por la población, y además de modo muy transversal; el PPSOE la rechaza, pero IU no. ¿Por qué entonces este panorama electoral? ¿Por qué no hay ningún clic en el cerebro de la gente y ésa se pone a votar masivamente a IU? En parte, es obvio que hay mucho desconocimiento de la cosa política por parte de los electores, que en España votan por criterios más tribales que racionales. En Madrid, el 15-M pedía que los electores se informaran de «que existen otras opciones», precisamente en este mismo sentido contra el bipartidismo de hormigón: el tan cacareado voto útil al PSOE equivalía a tirar el voto a la basura. Pero igualmente, la cuestión sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso: el electorado potencial de IU -lo que sería la izquierda sociológica- es muy mayoritaria, pero su presencia en instituciones y en la población es totalmente minoritaria. ¿Por qué? ¿Por qué?

La clave esencial está en el discurso: a diferencia de los ahora «ecosocialistas» de Iniciativa per Catalunya en Catalunya, IU no puede sacudirse del Partido Comunista (PCE), que mantiene un discurso arcaico y anticuado fundamentado en lucha de clases, dictadura del proletariado y otros conceptos que suenan a chino a la izquierda sociológica de hoy, que es su base social potencial. Actualmente, hasta las mismas recetas tradicionales de la socialdemocracia están totalmente obsoletas, pues entonces imaginemos las comunistas del siglo 19. Precisamente, este divorcio se percibe de modo muy claro en el País Valencià, donde están electores muy ideologizados y militantes de Esquerra Unida del País Valencià, que toleran el habitual sectarismo de la izquierda tradicional tan propensa a escisiones y escisiones de escisiones, mientras que en cambio el perfil de votante de Compromís, que irrumpió con fuerza en las elecciones, consiste en

«gente joven, mucho universitario, con ideario de izquierdas mucho menos clásico que el que caracteriza a EU y más preocupado por cuestiones transversales; un votante que tendía a monopolizar el PSPV. Con capacidad para llegar al público a través de las redes sociales y de los medios de comunicación.» La Paella Rusa

Pero ni ICV ni Compromís son muy mayoritarios, tampoco. De momento, la izquierda política es incapaz de actualizar su discurso en el contexto económico de la globalización; tiene que darse cuenta de que no puede limitarse al no-a-todo y con ésas darle la iniciativa a la derecha neoliberal ahora libre de imponer su programa político, redirigiéndolo a un público que ya no es proletario, sino mileuristas con carrera y máster, asalariados pero también autónomos y pequeños empresarios, todo aquél que resulta perjudicado (y van muchos) por el actual orden de las cosas.  El recurso fácil es obvio, apelar a la gallina de huevos de oro -los impuestos- para financiar los servicios públicos; pero resulta que ahora, con la globalización, evadir es mucho más fácil. No se trata de si el dinero está disponible, sino de si se puede recaudar -y ahora no se puede. Hay que buscar otras fórmulas viables económicamente: el cooperativismo.

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La socialdemocracia como despotismo ilustrado: papá Estado

8 abril 2011

Cuando hablamos de universidad pública (y de calidad, etcétera) como una meta a conseguir, eso implica que pretendemos que el Estado, o sea, el ministro de turno, muy probablemente del PPSOE, sí, el mismo PPSOE, sea el que decida cómo financiar la investigación y no alguien con visión preclara, ponderada y democrática. Es lo que tiene la realidad, que no es ideal. Cuando hablamos de medidas como la renta básica, damos por supuesto que será el Estado el que se encargará de esta redistribución de la renta, es decir, otra vez otro ministro del PPSOE. Pero resulta que a medida que ascendemos por los escalones del poder, los lobbies ganan influencia sobre los gobiernos y los ciudadanos de a pie, con menos capacidad de autoorganización, la pierden: la idea de un gobierno mundial unitario es tremendamente bonita, sí, pero un voto entre seis mil millones es una gota en el océano y General Motors o Shell un tsunami que se lo llevan todo. Sólo hay que ver quién es defendido por la UE. No sé hasta qué punto es inteligente es delegar nuestras responsabilidades al Estado cuando en el nivel más alto es tan fácilmente manipulable por las oligarquías. ¿Tiene sentido confiar en un papá Estado que continuamente decide prostituirse?

Dimos al Estado la función de velar por nuestros derechos y entonces el Mercado compró al Estado. La jugada fue perfecta. Un Estado que los socialdemócratas asumen deficitario per se (¡porque la sanidad, la educación, el transporte público no son un negocio!) pero entonces, en esta situación, hay que buscar ese dinero en algún sitio: mediante emisión de deuda (dando el poder incontestable que tienen los mercados financieros) o bien mediante impuestos a los más ricos (la solución tradicional de la izquierda, ¿pero ellos quieren? ¿es democrática tal imposición?). Pero los ricos intentan escaquearse, y con éxito: con Eisenhower de presidente americano, el tramo más alto del impuesto sobre la renda era del 93%. Entonces el dinero huyó hacia las rendas del capital, incontrolables y tan fluidas a nivel global que son imposibles de fiscalizar por los Estados nacionales (que tampoco quieren, porque comparten intereses), y el poder se concentró en los mercados financieros. Mientras que después de la Segunda Guerra Mundial, la recaudación de impuestos recaía principalmente sobre la clase alta y los trabajadores, demasiado pobres, no pagaban, ahora la recaudación viene mayoritariamente de la clase media, trabajadores que se han convertido en propietarios -aburguesándose-, pero aburguesarse no sólo quiere decir quedarse anestesiado en el sofá, sino también poseer lavadora, nevera e Internet, cosas teóricamente deseables porque aumentan el bienestar de la gente. Al mismo tiempo, se han ido eliminando gradualmente todos los impuestos sobre la clase alta, que de paso se ha refugiado en los mercados que ahora nos joden vivos.

La cuestión es clara: un Estado, sufragado por la clase media, pero que se vende a la mínima (porque necesita más dinero) a la clase alta mediante emisión de deuda, ¿tiene sentido? ¿Es inteligente? Una de las posibilidades es evitar la necesidad de prostituirse, sólo depender de nosotros mismos, pero esto equivale a recortar el déficit, con todo el pack incluido. Quizá se asumirían mucho mejor los recortes como un necesario modo de ganar en independencia si al mismo tiempo se desmantelaran todos los intereses oligárquicos que vampirizan este país, en forma de AVE, subidas de tarifas eléctricas del 10% (totalmente innecesarias sin oligarquías), medios de comunicación, bancarización de las cajas, etcétera. Pero cómo nos íbamos a creer a Artur Mastijeras, el partido del cual votó a favor de salvar con ingente dinero público a las concesionarias de autopistas de Madrid «porque no habían previsto tener esas pérdidas por la disminución del tráfico«, que equivale a los tremendos agujeros causados por la irresponsabilidad de los bancos y que hemos tenido que pagar entre todos. El peso de la oligarquía es tremendamente pesado.

Sería lo mismo que yo fuera a papá Estado y le dijera: «Estado, la he liado parda, el finde pasado salí de fiesta a muerte y se me fue totalmente de las manos. ¿Me regalas mil millones de euros?» Así de chulo. ¿Por qué a los bancos se les permite esta caradurez? Porque les dimos demasiado poder y muchos ahora se dan cuenta, pero es tarde. Con la connivencia socialdemócrata, nos metieron un doberman en casa, atado con una correa que los neoliberales exigían que cada vez fuera más delgada y frágil, hasta que llegó 2008 y el doberman se nos comió al niño. Pero fuimos nosotros quién dejamos entrar el doberman en casa. Al margen de asuntos económicos, la enfermedad de nuestro tiempo es la continua delegación de responsabilidades propias en otros. Es lo que en la antigua Grecia se llamaría ser un idiota, que sólo se preocupa por asuntos particulares: los sindicatos UGT y CCOO se convirtieron en verticales cuando los trabajadores delegaron en sus representantes sindicales el litigar sobre sus asuntos laborales. Las actitudes morales se diluyen cuando dejamos todas las decisiones de ese calado para el juez, que sólo decide sobre lo penal. No hay preocupación por educarse cuando esto se circunscribe en la escuela y sólo tiene que hacerlo el maestro. Los políticos devienen corruptos cuando nadie se preocupa por lo que hacen. ¿Hasta qué punto esto ha pasado por la sobreprotección de un Estado paternalista, que cumple responsabilidades por los ciudadanos, asumiéndolos irresponsables (tienen que ser educados para…) y al final practicando políticas que terminan sumiéndolos en este estado? Es lo bonito del libertarianismo, que asume implícita la autonomía de los individuos y obra en consecuencia: la emancipación en un mundo libertario es una necesidad, una condición, y no un fin ideal en la mente de un maestro socialdemócrata demasiado aficionado a la psicopedagogía.

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La teoría de la bola de nieve: Túnez – Egipto – ¿España?

8 febrero 2011

Túnez El 17 de diciembre de 2010, una policía confiscaba por enésima vez el carrito de verduras sin licencia de Mohamed Bouazizi, el único miembro con trabajo de una familia de siete. Intentando pagar la multa de siete dólares, la policía lo abofetea, escupe e insulta. Cuando el gobernador de Sidi Bouzid rehúsa escucharlo, Bouazizi, humillado, dice: «Si no me veis, me quemaré a mí mismo» y se quema a lo bonzo delante del edificio gubernamental. Muere el 4 de enero. Su acto cataliza protestas multitudinarias en todo el país. Sólo veinte días más tarde, el dictador Ben Ali abandona Túnez, después de 23 años de gobierno autocrático con el apoyo occidental.

Egipto El 6 de junio de 2010, Khaled Said, de Alejandría, es golpeado hasta la muerte por dos policías, después de que colgara en Internet un vídeo donde se veía presuntamente a policías repartirse y tomar droga incautada. El hecho crea gran indignación en Egipto, una gran potencia en el mundo islámico; se crea entonces la página de Facebook We are all Khaled Said, destinada a denunciar las torturas sistemáticas de la policía del vicepresidente Suleimán, our man in Egypt que diría la CIA, y que se convierte rápidamente en la mayor página web de disidentes del régimen de Mubarak, y Human Rights Watch denuncia las evidentes torturas que sufrió Said. Mohamed El Baradei, líder disidente, preside las protestas del 25 de junio en honor suyo. Cuando Ben Ali se exilia de Túnez, las protestas se contagian a Egipto y el 25 de enero de 2011, seis meses después, el día de la Ira, centrado en la plaza Liberación (Tahrir) de El Cairo, pone en jaque al siniestro régimen de Mubarak, con treinta años al poder y el apoyo incondicional de Estados Unidos e Israel. Obama no puede contradecir la propaganda americana de los EEUU como el Imperio de la Libertad, pero al mismo tiempo no puede dejar escapar su férreo control de la región (el 40% del gas que recibe Israel pasa por Egipto) y lanzar el mensaje a sus dictadores títeres que los puede lanzar a la basura cuando ya no sirvan, y decide entrometerse, una vez más, en una «transición democrática» presidida por el Himmler egipcio y con la sólida credibilidad que otorga el apoyo durante tres décadas a Mubarak que, en todo caso, dejará de gobernar en septiembre de 2011.

¿España?

¿y España?

Para un egipcio que haya sufrido las torturas de los servicios secretos  del vicepresidente Suleimán o la miseria de no poder alimentar a sus hijos, la comparación con España sería insultante. Pero de hecho no estamos comparando España con Egipto, sino la necesidad social de cambiar hacia mejor, esencial tanto en Egipto como en España.

«Friends, Romans, countrymen, lend me your ears»

Marco Antonio en Julio César de Shakespeare

Las actuales protestas populares demuestran que los gobiernos, independientemente de si son mercados políticos de masas («democracias») o dictaduras, sí son permeables al «poder del pueblo», que al fin y al cabo constituye la fuerza productora fundamental de una sociedad. Desde siempre ha sido un actor político, más o menos activo en función del momento histórico; se ha rebelado participando en revoluciones bolcheviques y ha ido dócilmente a las carnicerías de la Primera Guerra Mundial. Los políticos de la República Romana ya eran conscientes de ese poder del pueblo, y Shakespeare, y ahora los tunecinos, y los egipcios y también Ben Ali y Mubarak, pero también Obama, que estos días no ha podido dormir por culpa de los molestos ciudadanos que protestan en la plaza Tahrir.

De momento, excepto el episódico caso de Islandia, los únicos que aún no han tenido constancia de ese «poder del pueblo» son los mercados financieros que dirigen nuestras sociedades occidentales a expensas de nuestro trabajo. Túnez y Egipto demuestran que un pequeño evento ocasional puede desencadenar una cascada amplificadora de sucesos que terminan catalizando grandes cambios. En eso consistiría el efecto de la bola de nievela mayoría de copos de nieve que caen no tienen efecto alguno en el paisaje, pero llegará uno que terminará generando una enorme avalancha, pero para eso necesita que todos los anteriores hayan caído. ¿Para cuándo ese copo de nieve en España?

Es lo que se llama en física la criticalidad autorganizada del montón de arena, el modelo Bak-Tang-Wiesenfeld.

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Wikileaks, controladores aéreos y salvar a la democracia

8 diciembre 2010

Son dos caras de la misma moneda. Lo que sube y lo que baja.

Julian Assange pasará a la historia como un hombre que puso en jaque al decadente Imperio del momento, y sólo con algo tan intangible como información. Nada más. Es espectacular esta versión postmoderna del saber es poder. Igual de espectaculares que las contradicciones a las que llegan los detractores de este demócrata radical. Por un lado los más extremistas comentan que los cables de Wikileaks no dicen nada del otro mundo y al mismo tiempo piden pena de muerte para alguien que lo único que ha hecho ha sido divulgar documentos secretos del gobierno americano, un gobierno de una democracia que supuestamente rinde cuentas a los ciudadanos que lo pagan con sus impuestos.

Cuando se trata de flujos de información, creo que cuanto más libremente circule la información, más fuerte será la sociedad, porque entonces los ciudadanos de los países del mundo pueden pedir responsabilidades a su propio gobierno. Barack Obama

El banco suizo ha congelado la cuenta de Wikileaks, argumentando que Assange no puede probar que es residente de Suiza (Sui-za). Paypal ha eliminado su cuenta. Mastercard no acepta transacciones con Wikileaks. Interpol lo busca como criminal número uno. La justicia sueca lo persigue por unas oscuras y débiles acusaciones de violación con fuertes connotaciones políticas. Wikileaks.org ya no existe. Y todo por divulgar crímenes de guerra en Irak, sí, exacto, los mismos por los que fueron juzgados Milosevic y Karadzic y Goering y Hess y que aún no han sido juzgados en este caso. Por divulgar fehacientes pruebas de delitos del mismo gobierno español, sin ir más lejos, que se saltó la ley en el caso Couso y Guantánamo. Criminales de guerra persiguiendo al héroe que los destapó. No hay nada más.

Los discursos bonitos han caído. Las máscaras se revelan. Obama, el Zapatero americano, se carga la mismísima Primera Enmienda de los Estados Unidos, donde se fundamenta el orgullo de esta nación: la sagrada libertad de expresión. La Interpol no busca a criminales, sino a gente que lucha por los valores de transparencia y democracia. Democracia, esta mascarada, esta débil palabra que sólo existe de verdad si nosotros creemos que vale la pena luchar por ella.

Assange se sabe símbolo de una batalla moral en la defensa del derecho a la libertad de información aunque esta disguste al poder. Es la diferencia entre una democracia y una dictadura. Ramón Lobo

Wikileaks es necesario porque el periodismo ha desaparecido. Los periodistas, antes la conciencia crítica del poder, repiten mecánicamente lo que les pasan las agencias de noticias, el gobierno o el conglomerado mediático de turno. Es el caso de los controladores aéreos. Hay un conflicto laboral entre un patrón, Fomento, y unos trabajadores. En la tele sólo aparece una versión. ¿Ningún periodista pensó en que periodismo consistía también en buscar la otra? Se declara el estado de alarma para militarizar a civiles, algo insólito en democracia. Todo el pueblo indignado contra unos trabajadores que luchan para conservar sus privilegios y que no le deja irse de vacaciones. ¡Delito! El mismo pueblo que el 29 de septiembre, huelga general, no se presentó para luchar por sus propios privilegios. A la mierda. ¿A qué viene esta solidaridad de pueblo cobarde con los poderosos que no dudan en declarar el estado de alarma y roban a los pobres (clase media) para dárselo a los ricos (banqueros y constructores)? ¿Por qué esta infame debilidad que odia a quién lucha por sus derechos, por su convenio laboral, y en cambio admira a los gestos de autoritarismo totalitario? ¿Acaso es esto España?

La educación sentimental de Flaubert, durante el asalto a las Tullerías de 1848:

– ¡Los héroes no huelen bien! – observó el bohemio. (…)

Y empujados penetraron, a su pesar, en un departamento de cuyo techo pendía un dosel de terciopelo rojo. En la parte baja del trono estaba sentado un obrero de barba negra, entreabierta la camisa y con el aire regocijador y estúpido de un macaco. Otros trepaban ya por el estrado para sentarse también allí.

– ¡Valiente mito! – dijo Hussonnet-. ¡He aquí el pueblo soberano!

Hay gente que viendo el panorama abdica y renuncia. Son aquellos que no tienen conciencia histórica. ¿Pero es que cuando fue fácil? Siempre fue difícil. Siempre fue ir a contracorriente. Siempre fue estar al borde del abismo. Siempre fue subir una piedra por la montaña y la piedra volver a caer y nosotros tener que volver a subirla. La historia no la hacen los que dimiten: la hacen los que tragan con sus amargas decepciones del día a día y sonríen para sí mismos, en su peculiar felicidad tan triste, siempre al borde de la derrota pero nunca derrotada, y mantienen su rebeldía intacta y pura y limpia e, impertérritos, continúan el trayecto hacia arriba.

Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Albert Camus

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La nueva izquierda, en la encrucijada

26 octubre 2010

Una mañana de domingo, a las cuatro de la tarde en la ducha me preguntaba… ¿qué tipo de valores defiende ahora la izquierda política? En el siglo diecinueve, la injusticia era flagrante y sangrante en una sociedad polarizada en dos clases con intereses muy diferenciados, proletarios y burgueses (trabajo versus capital), de modo que la izquierda de corte socialista decidió apadrinar a los parias de la tierra y además con cierto cientificismo en pleno auge positivista. Ahora bien, gradualmente, a medida de que sus propuestas de reforma iban realizándose, el trabajador asalariado se iba aburguesando a medida de que iba adquiriendo cada vez más bienestar y por lo tanto desentendiéndose de la conciencia de clase antaño tan reivindicada. A medida de que su victoria definitiva iba acercándose, la izquierda cada vez se diluía más en el nuevo escenario de la sociedad de masas.

Hemos pasado de clases a  masas y ahora la izquierda parlamentaria defiende, desde un punto de vista un poco demasiado crítico:

  • el trabajo asalariado sin interés en lo social y blindado legalmente contra el despido y por lo tanto muy rígido y egoísta; el trabajador típico trabaja de nueve a seis y después llegado a casa enciende la tele para ver a Belén Esteban y después terminar votando a la Lega Nord, Sarkozy o el PPSOE, sin importarle lo más mínimo que el valor de su trabajo se revierta en la sociedad mientras no esté en el paro. Por lo tanto, ortodoxia respecto el Estado de Bienestar, que se ha convertido en el defensor de una vida monótona y asocial.
  • obsesión por las minorías y el multiculturalismo donde hay una clara defensa del respeto de los derechos de las minorías, plus cosas un poco dudosas como los temas de paridad de género, discriminación positiva, etcétera, pero dónde hay una posición común, un proyecto básico y esencial, que supere el abigarrado mosaico de lo multi? En verdad esta heterodoxia es asquerosamente relativista, pero en verdad existen valores «absolutos» a nivel social, como los DDHH, libertades civiles, garantías democráticas, transparencia institucional, eficiencia en la gestión de los recursos, sostenibilidad, justicia, etcétera.

Por lo tanto, un mismo pensamiento que mezcla ortodoxia y heterodoxia – la defensa fanática de posiciones sobre aborto, Iglesia, despido, etcétera, mezclada con cierto obscurantismo a nivel moral, de premiar a las heterodoxias, a lo que escapa a lo etiquetable, a lo convencional, pero rechazando definir lo social de formas nuevas y frescas que no sea la ortodoxia estatalista de turno.

Ahora la izquierda se tiene que definir como enfrentada a la sociedad de masas y como su superación natural y olvidar el viejo marco de la lucha de clases. Ahora quiénes luchan son lúcidos contra hombres-masa, sea cual sea su clase. Los valores de la izquierda por lo tanto son el espíritu crítico y armónico, aquel que va más allá, con ese punto nietzscheano que se aparta de los totalitarismos de la mediocridad pero que comparte con cristianismo y socialismo una confianza en lo popular y democrático, en lo piramidal de abajo hacia arriba. El trabajador lúcido es aquel que le da a su trabajo un valor social, de revulsivo; un emprendedor o un cooperativista, pero no un asalariado.

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Políticos de derecha y políticos de izquierda

16 octubre 2010

 

Todos serios... ¿todos?

 

Una de las preguntas en política de estos años en España ha sido: ¿Es Zapatero de izquierdas? A mi parecer, pues no. Ha sido un gestor público irresponsable, trabajando a corto plazo, sin visión de Estado y con un discurso superficial basado en lugares comunes para vender a caricaturas de votantes de izquierdas. Un político pop y de masas, dicen. Ha hecho políticas económicas y sociales extremadamente regresivas y también ineficaces e inútiles:

  • abolición del impuesto de patrimonio (2120 millones de euros en el 2007)
  • legalización de las SICAV (sociedades que pagan al 1%)
  • subida de los impuestos indirectos (IVA) o beneficios regresivos como el cheque-bebé
  • cánon de la SGAE e inclusión del derecho a censurar webs
  • ley de Dependencia sin dinero
  • ley de Memoria Histórica sin anular los juicios
  • reducción del salario de los funcionarios un 5%
  • abaratar el despido a costa de todos los contribuyentes
  • privatización de las cajas
  • persecución política de la izquierda abertzale
  • persecución policial de los inmigrantes sin papeles
  • abusivo recorte de la I+D científica
  • endurecimiento del Código Penal (incluirle las faltas de Tráfico), vulneración del todos iguales delante de la ley en la ley de Igualdad
  • amparo de la política xenófoba contra los gitanos de Sarkozy
  • ¿reforma de las pensiones?

Tampoco le pedíamos una reforma de la Constitución, reforma de la ley electoral, abolición de la ley de Extranjería, abolición de la monarquía, regularización del derecho a okupar, construcción de un Estado federal y plurinacional, legalización de las drogas, guerra contra el fraude fiscal, reforma de las cárceles y su estatuto legal, reforma de una justicia colapsada, promoción de las energías renovables, adoptar el principio de software libre y cultura libre, promoción de la sanidad y educación públicas, publicación de las declaraciones de renta de todos los ciudadanos españoles, democratización de la economía, transparencia de la política, etcétera.

Hubiera estado bien si lo hubiera hecho y tampoco pedíamos la luna. Pero la cuestión es que Zapatero ha realizado estas políticas de extrema derecha al parecer totalmente convencido del viejo adagio thatcherista: there is no alternative. Él nos dice que no había otra alternativa que no terminara con la bancarrota del Estado social y que por eso sigue siendo de izquierdas. Aquí está la clave que diferencia al político de derechas y el de izquierdas: que el político de izquierdas busca alternativas donde parece que no las hay. Es la construcción de una alternativa positiva y sensata en la que se basa la gestión pública de izquierdas, superando la vieja tónica de perjudicar a los de siempre para seguir beneficiando a los de siempre. Obviamente, no se trata de cambiar los roles de perjudicado y beneficiado: sino de beneficiar a todos. Así, tenemos varios escenarios posibles para un político de izquierdas:

  • iniciar las reformas, te las bloqueen y ceder al chantaje de los reaccionarios: es el caso de Joan Saura, conseller de Interior del tripartit, que inició muy prometedoramente su gestión haciendo de los Mossos una policía más transparente, pero que ha cedido al chantaje de las fuerzas de la derecha, con su discurso monolítico exigiendo más represión y menos libertad, respecto las relaciones con los movimientos sociales catalanes sin ir más lejos, como pudimos ver el pasado 29 de septiembre.
  • iniciar las reformas, te las bloqueen y dimitir: como Oskar Lafontaine, ministro de Finanzas alemán del primer Gobierno Schröder. Por las habituales presiones que se dan en estas esferas, se le obligó a renunciar a sus principios y dimitió, coherentemente.
  • iniciar las reformas, te las bloqueen y conseguir superar el bloqueo: como Josep Maria Vallès, ex conseller de Justícia catalán, que consiguió pasar de una media de 8 presos por celda en las cárceles al normal de 2, promoción de programas de rehabilitación para los presos y alternativas penales a las cárceles (realizando la función rehabilitadora del Estado en vez de la mera punitiva), inició procesos para hacer la justicia un servicio más transparente y democrático, etcétera.

Esto es la izquierda reformista.