Posts Tagged ‘derechos humanos’

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Curiosos resortes mentales en la acampada

31 mayo 2011

Ladrillo. Desde que Felip Puig es conseller de Interior que la inseguridad en nuestras ciudades ha aumentado muchísimo y de modo preocupante. Vivo aterrorizado. Uno ya no puede andar solo por la calle a plena luz del día sin el miedo del cuerpo de que de repente se te crucen trabajadores de BCNeta acompañados por siniestros individuos de armadura azul sin ningún tipo de identificación y te den una paliza sin venir a cuento, aduciendo cínicamente de que «están limpiando la zona», mientras uno yace inconsciente con el oído chorreando sangre o con el pulmón reventado.

Bromas aparte, es terrorífica la total impunidad con la que se violan flagrantemente derechos que ya en 1789 se consideraron fundamentales y considerados como tales en la Constitución Española: el derecho a la reunión pacífica y sin armas, que la policía no puede regular de ningún modo, sino sólo el TC. Precisamente estos derechos se documentaron para delimitar bien claras las fronteras a las que puede llegar un gobierno y, entre otras cosas, es precisamente el respeto a estos derechos fundamentales lo que distingue una democracia de una dictadura. Aquí no hay blanco y negro, una separación meridiana entre los dos modelos políticos, sino una línea continua que va de la Alemania nazi a la Islandia moderna con múltiples escalones, en función de los diversos grados en transparencia de la administración, la participación ciudadana en la agenda política, elecciones libres con ley electoral justa y basada en el sufragio universal, el respeto a a los derechos fundamentales, la libertad de información, etcétera. Por ejemplo, en Italia hay poca libertad de información. En España hay una ley electoral no muy justa que fomenta la estabilidad en detrimento del progreso. En cambio en Islandia sí hay mucha participación ciudadana y transparencia. Estas cosas ya las sabemos. Pero es que el viernes retrocedimos a niveles de dictadura africana. ¿Cuándo nos creímos de que esta cosa era el sistema donde el pueblo era soberano sólo porque votábamos cada cuatro años?

Tenemos que ser contundentes con esto, porque una ciudadanía vigilante es clave contra la impunidad del gobierno, siempre tentado de abusar de su poder. Esto ya lo conocían perfectamente los pensadores liberales desde Locke y Montesquieu. ¿Es que por qué uno cree que se inventó la separación de poderes, las declaraciones de derechos fundamentales, los Tribunales Constitucionales? Precisamente, los manifestantes reclamaban pacíficamente democracia real y el viernes estas reivindicaciones se revelaron más necesarias que nunca, delante de las órdenes de un psicópata descerebrado como es el futuro ex conseller de Interior (cada día que sigue en el cargo, es una vergüenza total para un país que se enorgullecía hasta hace poco de su tradición política pactista y de su carácter europeísta), que recordemos fue conseller de Obres Públiques cuando el cobro de comisiones de Ferrovial por parte de CiU a través del Palau más otras corruptelas, autor del hit «el concierto fiscal no es viable» tan sólo dos días dos después de ganar las elecciones con esta zanahoria y derogador del probadamente necesario Código Ético de los Mossos. Un personaje indigno de una sociedad democrática, que ordena dar palizas a los mismos ciudadanos que le pagan el sueldo.

Hay quiénes aducen que los acampados no se pueden quedar para siempre en la plaza. Lo bueno es que según la CE sí pueden; es más, están protestando con unos objetivos concretos, así que es fácil darse cuenta de que la protesta durará hasta cuándo éstos se cumplan y no más; es más, la función de ágora ciudadana, abierta y participativa, le va perfecta a plaza Catalunya, hasta ahora hábitat de guiris y ratas con alas, así que como ciudadano pido que siga la cosa, por favor. Dicen que se han apropiado del espacio público, cuando lo que se ha hecho ha sido construir un espacio donde cualquier opinión es bienvenida. La ley del Suelo de 1998 sí era apropiación privada del espacio público, no jodamos.

Un conocido de BCNeta que participó en el desalojo-limpieza de plaza Catalunya comentó que fueron engañados para ir allí, al igual que la Guardia Urbana. Sólo se les dijo que tocaría pasar escoba y manguera (a lo que se va con un tipo específico de camiones) y, de repente, aparecen cien mossos vestidos de Navy Seals, sin identificación y armados con pistolas de balas de goma y entonces se les ordena desmantelar la acampada delante de los ojos de sus jefes, vestidos de paisano, controlándolos y con los camiones cambiados. En esta captura de pantalla, al final un mosso declara que «falta poco para que todos vuelvan a casa». No quiero ponerme conspiranoico, pero ¿no venían a limpiar? Estos comportamientos indican planificación de antemano de las cargas policiales, contradiciendo una vez más («lapsus linguae» incluidos) la endeble versión oficial. Así es probable de que se buscara provocar un incidente violento por parte de los manifestantes, un coche de la BCNeta quemándose por ejemplo, para que fuera portada de todos los periódicos y así poder desacreditar el movimiento. ¿Es ésa la respuesta del poder a un movimiento que siempre se ha caracterizado por su civismo y no-violencia que reclama más democracia? ¿Son los gases lacrimógenos y apagón informativo la única respuesta de Sarkozy a las reivindicaciones francesas? ¿Es que no ven que se están metiendo en el mismo saco que Mubarak o Bahrein? Salvando las distancias, el esquema mental es el mismo. Para terminar de certificar el enorme respeto de la autoridad al siempre tan sano ejercicio de derechos constitucionales, se tiene que presentar la factura de compra para recuperar los peligrosos portátiles requisados y guardados al aire libre en un vertedero. ¿Qué tipo de ciudadanía quieren? ¿Una bien dócil que les tolere sus prontos autoritarios con una policía antidisturbios que selecciona el personal entre maltratadores y psicópatas? ¿Una ciudadanía sumida en la ignorancia política, que no exija investigar sus múltiples corruptelas y abusos? Las manifestaciones se revelan más necesarias que nunca.

Intolerable la impunidad de la autoridad en la violación de derechos fundamentales. Pero lo que roza lo absurdo es el tema al que iba, el preocupante síndrome de Estocolmo desarrollado por gente, más bien de derechas, que delante de las imágenes del viernes de brutalidad policial (recordando otros casos históricos), se pone del mismo bando de los agresores, incapaces de salirse de limitados marcos mentales, sin ningún tipo de empatía por gente pacífica siendo agredida brutalmente. ¿Qué tipo de resortes mentales, de psicopatía mental, pueden llevar a uno a justificar la violencia gratuita y arbitraria no ya contra su misma especie, sino con gente de su misma ciudad? Hay vagas apelaciones al orden, al autoritarismo – habitualmente, su propio orden, su propia autoridad. Hay miedo, al más puro estilo más vale malo conocido que bien por conocer: una gran falta de espíritu pionero, casi cierta cobardía. Por eso habría también cierto complejo de inferioridad, desarrollado como resentimiento hacia gente que sí se arriesga a movilizarse por unos valores considerados socialmente como más elevados. Si no, no se entienden las habituales frases de la derecha como la pretendida superioridad moral de la izquierda, la aznarista sacarse los complejos de encima o el buenismo. Si no, no se entienden las habituales descalificaciones gratuitas de movimientos cívicos caracterizados por su buen hacer, cuando a un complejo fenómeno social, donde coinciden prestigiosos intelectuales con jóvenes estudiantes de primero de carrera, lo reducen a «cuatro perroflautas» o critican precisamente aquello de lo que habitualmente pecanpiensa el ladrón que todos son de su condición-, algo muy usual en los humanos (lo que nos molesta más de los demás son nuestros propios defectos proyectados en ellos) . ¿A qué viene ese rencor gratuito, que consiste en desacreditar un colectivo que plantea su mejor voluntad para reformar las cosas hacia mejor? ¿Qué curiosos resortes mentales alientan ese irredentismo cínico hacia gente (¡vecinos!) que trabaja de buena fe contra la que llegan a justificar violencia brutal y gratuita? Uno recuerda el movimiento en positivo al revés, cuando un chico de dieciséis años vecino del pueblo de Mauthausen, viendo la situación de los presos del campo de concentración, pensó que «aunque sean muy malas personas y peligrosos delincuentes, nadie se merece este trato inhumano» y decidió meterse en la resistencia. Al final, la ideología no es más que la prolongación de un perfil psicológico.

Visualizando el problema desde el marco de la tragedia de los comunes, las izquierdas serían más cooperadoras (valores sociales mejor considerados por el grupo) y las derechas, free-riders que van por libre. Los primeros serían más utópicos y entregados; los segundos, más realistas y conscientes de sus propios defectos. Los primeros desarrollarían incoherencias entre sus ideales, mucho más ambiciosos, y sus prácticas, que los segundos casi gozarían en señalar, cansados de las exigencias éticas del primer bando. Son curiosos estos resortes mentales, que se distribuyen de modo no arbitrario por toda una sociedad, al igual que el parroquialismo altruista (compartido por izquierda y derecha), ese espíritu tribal tan español, que fundamenta el nacionalismo, el fútbol y la política bipartidista del ytumasismo y si tú no fueras tan americano, yo no sería tan ruso. He aquí el hombre, dijo Poncio Pilato y, después, Nietzsche. Ecce homo – éste es el hombre; sólo profundizando en nuestro autoconocimiento podremos ganar en lucidez mental y honestidad espiritual, no sólo para con nosotros mismos sino con nuestros compañeros y teóricos rivales. Y es que estamos todos en el mismo barco.

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¡Ostia, pero si estamos en guerra!

31 marzo 2011

Por el puente de la Constitución, un gremio entró en huelga con unos servicios mínimos del 120% (servicios mínimos regulados por la -ejem- preconstitucional ley de Huelgas); el Gobierno decidió militarizar el conflicto laboral (en el que resulta que también ejerce de patrón, porque AENA es empresa pública), proclamar el estado de alarma por primera vez en democracia estableciendo un peligrosísimo precedente de autoritarismo. Y es que esto es como las drogas: se empieza no respetando el derecho al secreto de comunicación entre abogado y acusado y se termina declarando estados de alarma alegremente y gaseando a judíos. No es coña. Entonces, el 16 de diciembre del 2010 el Congreso votó a favor de prorrogar el estado de alarma un mes, con los votos a favor de PSOE, CiU, PNV y CC (más la abstención del PP). Y el 15 de enero, tal como vino -de improviso-, se fue, como si nos pareciera lo más normal del mundo que Zapatero les copiara las políticas de orden público a Mubarak, Gadafi, o a Bashar el Assad.

Un soldado del Imperio de la Libertad en plena acción democratizadora

Desde 2001 que España está en guerra en Afganistán pero aquí, tan lejos del frente, como si nada. Da igual que allí soldados americanos se fotografíen sonrientes con cadáveres de civiles (el atroz Kill Team), da igual que el número de civiles asesinados por «la Coalición» haya incrementado un 31% desde el 2009 hasta llegar a un máximo, como denuncia la ONU; da igual que, al margen de consideraciones éticas, la operación militar sea un desastre total; da igual que nos gastemos 400 millones de euros al año en plena crisis. Estamos en guerra pero como si no fuera con nosotros. No contentos con esto, el Gobierno español, después de ser un gran aliado del paga-campañas-de-Sarkozy líder de la revolución libia, decide embarcarse con el Reino Unido y Francia en otra guerra, esta vez por motivos humanitarios, como si no supiéramos ya que todas las guerras que han sido por estos motivos, sinceramente (Somalia) o no (Serbia, Kosovo, Irak) han sido un puro fracaso: siempre es el civil inocente el que acaba sufriendo.

En todo caso, otra vez al margen de consideraciones éticas, la operación empezó siendo improvisada, con la función de puro márketing de lavar la imagen de apoyadictadores de Sarkozy y Cameron, sin un plan ni dirección claros, apoyando a unos opositores sin ningún tipo de preparación militar (como se ve cada día) y además con una fuerte implantación de Al Qaeda (el 85% de los combatientes libios de Al Qaeda en Irak venían de Benghazi; precisamente un desafío a Gadafi en Libia, el primero en pedir una orden de detención internacional contra Bin Laden). El Congreso de los opositores ha afirmado su compromiso con los valores democráticos (¡mola!), al mismo tiempo que ha empezado a recibir armas de Occidente [en plan, quizá, «muyahidín antisoviético de los años ochenta»?, also known as Bin Laden, exacto] y que su nuevo líder militar vivió 20 años en Virginia, EUA, sin que nadie sepa muy bien lo que hacía tan cerca de los headquarters de la CIA.

Esto de las «guerras humanitarias» es un tema espinoso; primero, porque son espectacularmente «arbitrarias» (¿por qué Libia sí y en Siria, Bahrein, Yemen o Costa de Marfil no?; en Bahrein sí que ha habido intervención militar, pero esta vez a favor del dictador y proamericana), segundo, porque no son «asépticas» y termina habiendo muchas muertes civiles, y tercero, porque el nuevo régimen no «necesariamente» va a ser estable y democrático (Irak, Afganistán). ¿Es legítimo, por lo tanto, embarcarse en una cosa tan seria como una guerra, viendo las circunstancias? Es cierto que Gadafi es un dictador sanguinario, pero las dudas imponen. Las guerras no son limpias, como muchos podríamos pensar desde aquí, ya que es parte de la propaganda. Pero, como dijo Wael Abbas,

Hubiera bastado con no hacer negocios con Gadafi.

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Toma el coche, apoya a Gadafi

22 febrero 2011

Sí, esta demagogia está muy manida, pero no deja de ser cierta por eso. Es que España importa mucho petróleo de Libia: nuestro nivel de vida pasa directamente por la alianza de Occidente con las dictaduras árabes, totalmente al margen de la soberanía del pueblo, y tenemos que ser bien conscientes de ello.  Lo que estamos viendo estos días, además de emocionantes revoluciones populares y democráticas que derrocan siniestros regímenes totalitarios, es una de las primeras consecuencias de la excesiva dependencia del petróleo por parte de las economías occidentales. El control de Oriente Medio es esencial y han sido precisamente los métodos asesinos y terroristas de la banda de Bush y cía. (la teoría del «caos constructivo») más el apoyo a dictadores –la colaboración activa de Occidente en la asfixia de los pueblos árabes– que han causado las revueltas populares. Un factor, el pueblo, que la realpolitik occidental nunca había tenido en cuenta y ahora se le gira en contra.

La política exterior aplicada por Washington en Oriente Próximo por la Administración Bush ha reforzado a los enemigos de EEUU, Siria e Irán. La teoría del ‘caos constructivo’ fue la que sustentó la invasión de Irak y el turbio papel en el conflicto palestino o en las turbulencias internas del Líbano. Washington ha ignorado el papel y los deseos de las poblaciones apoyando a dictadores amigos.

Mónica G. Prieto, El ‘Nuevo Oriente Próximo’ o el mayor fracaso diplomático jamás contado

El poder del pueblo, un factor político esencial que los ciudadanos occidentales, cómodamente asentados en nuestro bienestar, habíamos confundido con votar cada cuatro años y así lo dejamos de ejercer, autoconvenciéndonos con discursos reaccionarios rollo «no hay alternativa», «cambiará todo para que todo siga igual», etcétera, delegando nuestro poder en políticos que no han tardado en aliarse con los ladrones de Wall Street y los dictadores árabes (sólo hay que ver al ridículo dictador italiano), empobreciéndonos y pasándose por el forro las garantías democráticas (ley Sinde, ley de Partidos). El juego mundial del Debtris (vídeo) ha resultado ser una estafa descomunal.

Es el atraco perfecto. Con alevosía y reiteración. Primero una quiebra del sistema financiero, víctima de su propio latrocinio, que se salva mediante un rescate astronómico a base de dinero público. La cifra del coste neto del rescate para el conjunto de los países del G-20 facilitada por el Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, es 905.000 millones de dólares. Sumado al monto de los paquetes de estímulo de los respectivos estados nacionales, toda esa inyección aumentó en un año la deuda pública de la eurozona en casi diez puntos, desde el 69,3% en 2008, al 78,7% del PIB en 2009. Entonces se preparó el terreno para el segundo atraco. El truco ha sido olvidar el motivo y centrarse en la consecuencia. El problema es la deuda, se dice, no el orden atracador que la ocasionó. El casino ha desaparecido. Es la deuda. ¿La solución?: un segundo robo – el desmonte social.

Rafael Poch, Atraco Perfecto

En España el dictador murió plácidamente en la cama y sus cómplices pactaron la transición democrática con las víctimas. Ahora se ríen de nosotros. Mientras tanto, los árabes los están echando y juzgando. En Libia están manifestándose aun con bombardeos aéreos cada 15-20 minutos. Hay tanto que aprender de ellos en estos momentos. En Wisconsin ya están empezando.

«Tell the world we died for our country tell them we died with honor. Goodbye»

Message from someone in Libya

Sí se puede.

Momento en el que la plaza Tahrir se entera de la dimisión de Mubarak

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Dos saltos atrás en el tiempo, del brazo de Angela Merkel: «La sociedad multicultural ha fracasado»

21 octubre 2010

Quienes se llenan más la boca hablando sobre los valores occidentales no tienen ni puta idea de ellos.

Ya tiene coña que fuera la canciller alemana la que hablara de raíces judeocristianas de Occidente, olvidando el flagrante antisemitismo que ha caracterizado durante demasiado tiempo a Europa. Más coña es que se recuerden estas raíces (de carácter universal) para oponerlas al Islam, que durante la Edad Media fue el único canal cultural por el que se pudo conservar toda la sabiduría clásica que después generó el Renacimiento. Es de risa ya que la tía utilice políticamente a la vez la islamofobia y el hacerse fotos con el líder de la selección alemana de fútbol, el rubito Mesut Özil.

Son ridículas las acusaciones al Islam, que provienen de una extrema derecha en ascenso, de violento, retrógrado, etcétera. Son ridículas en primer lugar porque a una religión que practican mil quinientos millones de personas se le tiene que asumir una mínima complejidad y diversidad. Y en segundo lugar porque lo que se le critica furibundamente (su desprecio a la mujer, por ejemplo) son cosas también comunes en Occidente, ahora y hace cincuenta años. Sólo hay que mirar Mad Men o recordar que hace sólo treinta años una mujer española no podía abrir una cuenta bancaria sin el permiso de su marido. En España se ilegalizan partidos como en Irán. En EEUU la tortura fue legalizada durante el gobierno Bush (¡Guantánamo! ¡Abu Ghraib! ¿acaso eso son valores?). En Francia se persigue a los gitanos por su color de piel. Alemania ocupa un país, Afganistán, por sus recursos naturales. Toma ya valores occidentales.

Es ridícula la apelación a los valores occidentales por parte de los principales ideólogos de la islamofobia: tendrían que saber (como no sabía la ultra cristiana del Tea Party O’Donnell) que uno de los principales fundamentos de la civilización occidental es el respeto de la libertad religiosa y que privilegiar al cristianismo nunca ha sido fundamental, sino un controvertido motivo de debate en nuestra sociedad. Es ridículo que se le acuse de violenta a una religión cuyo extremismo se ha cargado (sólo) a tres mil ciudadanos occidentales, mientras que, sin ir más lejos, el extremismo cristiano implica las guerras de invasión de Irak y Afganistán a cargo de un ultra como Bush, la ocupación de Palestina, etcétera. Es ridículo que se acuse de terrorista a la religión que practican los países víctimas del neocolonialismo imperialista y agresivo occidental. De hecho el terrorismo islámico es fruto más bien de una reacción contra este imperialismo. Es ridículo que el discurso islamófobo que habla de la superioridad de los valores occidentales provenga muchas veces de ultras cristianos que no son capaces ni tan sólo de asumir de la teoría de la evolución. Porque la verdad es que quienes se llenan más la boca hablando sobre los valores occidentales no tienen ni puta idea de ellos. Sólo hay que ver quién arremete contra la libertad de expresión en España, las Enmiendas Primera y Octava en los Estados Unidos y la igualdad en Francia.

Pero, yendo a lo interesante y no a lo ridículo (los dos saltos atrás en el tiempo):

  • la intensa islamofobia que asuela Occidente nos traslada directamente a 1933, pero esta vez con los judíos como cabeza de turco. También había crisis económica y la cuestión judía se debatía también entre asimilación/integración o reivindicación de la propia identidad. En los ataques de odio típicos de la sociedad de masas, se perdía y pierde todo respeto por las garantías democráticas y los derechos básicos, como pasó en aquel momento y está pasando ahora. En el proceso de acusar al extranjero de no integrarse en la propia sociedad, se olvidan los fundamentos mismos de esta sociedad.
  • por eso esta dinámica me recuerda a los fuertes flujos de migración que tuvieron lugar en la Europa del Dominado Romano, la decadencia imperial: una sociedad en crisis demográfica, que percibía al Estado romano más como una carga que como un beneficio, y que recibía inmigraciones masivas de las regiones invadidas.

Parece que los occidentales somos incapaces de asumir que nuestras estructuras sociales están actualmente en decadencia por nuestra propia dejadez y falta de participación política; por eso reaccionamos con esta virulencia contra el extranjero que lo pone de relieve con su mera presencia. No niego la sangrante realidad de los crímenes de honor turcos en Alemania o ciertos índices de delincuencia. Pero éstos son dos fracasos más de una sociedad que se niega a cambiar sus fundamentos y, estática, presencia su caída. Nos agarramos desesperados a espejismos para no ver el abismo sobre el que nos precipitamos pero así vamos cayendo lentamente… en vez de saltar sin miedo y empezar a bailar sobre el abismo con media sonrisa en los labios, como hacen los espíritus libres.

Quien nunca cambia de opinión es como agua estancada y engendra reptiles de la mente

William Blake

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Otegi: «Nuestra posición con respecto a una solución pacífica y democrática del conflicto es irreversible»

17 octubre 2010

Después de dos intentos de entrevista frustrados por el Gobierno, El País consigue contactar con Otegi, dirigente de la izquierda abertzale, y éste es su esclarecedor titular (e insólito, por impropio de El País): «La estrategia independentista es incompatible con la violencia armada«. Resulta que:

  • Otegi está preso desde hace un año, sin aún haber sido juzgado, «por intentar reorganizar la cúpula directiva de la ilegalizada Batasuna» (sic), es decir, Otegi es un preso político.
  • Hasta su detención el pasado año, Otegi se había dedicado a liderar una nueva estrategia política, pacífica y democrática, con el apoyo total de las bases abertzales. El Gobierno detuvo a Otegi cuando vio que sus ideas empezaban a triunfar.
  • En este contexto hay en vigor una ley tan arbitraria como antidemocrática como la Ley de Partidos, votada, entre otros, por PSC y CiU. El Comité de DDHH de la ONU ha acusado de tener en el Código Penal una definición demasiado amplia de terrorismo, con el consiguiente ataque a las libertades civiles.
  • Igualmente, el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos ha sentenciado al Estado Español, una vez más, por no haber investigado suficientemente las torturas, probadas, sobre sus propios ciudadanos.

Con ésas que se percibe la tónica general de los comentarios a la noticia de Otegi, que es un escepticismo visceral, como un belenestebanismo compulsivo, basado en repetir los mantras que les han hecho llegar los propagandistas habituales. Hablan de condenar la violencia armada, etcétera, etcétera, de treguas trampa e idioteces similares. Lo que hay delante de nuestros ojos, la dura realidad que muchos no quieren reconocer, es un Estado que, como tal, intenta ejercer el monopolio de la violencia legítima (Weber) pasando por encima de garantías democráticas y derechos humanos, y una enorme masa ignorante aplaudiendo sus excesos con las orejas. ¿Dónde está el espíritu crítico y cívico? ¿A qué viene esta docilidad ante el poder? Obviamente los etarras con delitos de sangre tienen que ir a la cárcel, pero otra cosa es el proyecto político.

En un Estado, siempre hay violencia: detenciones y secuestros en las cárceles, pero legales, porque la comunidad política los considera legítimos. Pero si la comunidad política es secuestrada a su vez por opiniones de una mayoría vociferante y que carece de espíritu crítico, nos precipitamos a la dictadura.

Además de que, detrás de la persecución política de la izquierda abertzale, está también la voluntad firme de que ésta abandone el cuestionar el actual modelo de Estado. Un Estado-nación que nunca fue nación compacta por el fracaso histórico de la España borbónica, y que ahora ha roto el pacto constitucional con Catalunya, según la interpretación ultranacionalista y regresiva del Tribunal Constitucional. A España le quedan cuatro telediarios.