Posts Tagged ‘cerrazón mental’

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¿El derrumbe de la civilización occidental?

19 julio 2011

Sí, al final parece que puede petar todo. La prima de riesgo española sobre los 300 puntos, Defcon 1, que implica riesgo inminente de quiebra. Nuestro amigo que trabaja en el sector público quizá no cobra el próximo mes. Portugal de bono basura, y un tercio de su deuda está en manos españolas. Prima de riesgo italiana en 337 puntos; las inversiones francesas en su deuda equivalen en un tercio de su PIB. Es decir: la economía europea es una complejísima red de interdependencias donde todo el mundo le debe a pasta a su vecino y los últimos vecinos tienen tremendos problemas para devolver las deudas a unos bancos franceses y alemanes con tremendos agujeros que tapar. Y al otro lado del charco, los republicanos se cierran en banda y no le dejan a Obama ni subir los impuestos (los recortes de impuestos de Bush han causado un déficit enorme en su economía -¿pero los recortes de impuestos no creaban riqueza, señor Friedman?-, junto con las guerras de Irak y Afganistán) ni endeudarse, lo que implicaría que el Imperio se declarara en suspensión de pagos y no pudiera pagar las nóminas de sus funcionarios para agosto. Las piezas de dominó van cayendo y el efecto extendiéndose – ¿estamos delante el fin de la Europa tal como la conocemos, sumida en una larguísima recesión como si fuera una nueva Edad Medieval, estancada en miedos ultraconservadores, paranoica a lo nuevo y extraño, sin savia fresca con la que bombear al tejido productivo?

Si el crecimiento europeo sigue así de retrasado respecto al de sus competidores, a mitad de siglo su economía podría tener la misma dimensión que la de África.

Gordon Brown, ¿Por qué se durmió Europa?

Quizá el tiempo de Europa ya ha pasado. Los Estados, como las especies, nacen, se desarrollan y terminan muriendo. Es ley de vida – política. Ciertamente el camino al siguiente nivel pasa por cambios extensivos en la economía que revisen los modos de producción para humanizarlos y hacerlos más ecológicos y democráticos; precisamente Europa es un óptimo campo de experimentación para ello (decrecimiento en Francia, Takis Fotopoulos, etcétera). Pero introducir novedades que permanezcan -innovar, vaya- es extremadamente difícil.

Es evidente que cada una de estas tres preocupaciones –déficits, inestabilidad bancaria y bajo crecimiento– está entrelazada con las otras dos de tal manera que las políticas que se centran en una sola de ellas son mucho menos eficaces que una estrategia global que intente resolver las tres de forma simultánea. Y la estrategia paneuropea es aún más necesaria porque el euro se creó sin ningún mecanismo para evitar ni resolver crisis y sin ningún acuerdo sobre quién tiene la resposabilidad suprema de financiar los costes de las crisis.

Gordon Brown

En esta crisis, hay dos salidas del túnel distintas: la fácil, porque no es innovadora, que consiste en ir cada uno a la suya, petar el euro, volver a la peseta, endeudarse devaluándola y con esto creando inflación, decir adiós al 10-15% del PIB español fruto de inversiones extranjeras y ponerse a trabajar duro-duro. Esto es retroceder décadas de integración y progreso económico. La otra opción es la chunga, porque significa entrar en un terreno nuevo: los Estados Unidos de Europa, frutos de una verdadera integración económica en materia presupuestaria (impuestos alemanes para servicios sociales alemanes también en España, y no impuestos africanos para servicios europeos) y así con el permiso para endeudarse con eurobonos pagados quizá tan sólo a un 0,25% más que los alemanes, porque la avalaría una disciplina en los ingresos y los gastos mucho más responsable que dedicarse a montar juegos olímpicos en Atenas con un fraude fiscal generalizado.

Porque aquí está la clave: para una verdadera estrategia paneuropea, hace falta una revolución en la cultura cívica de los países del sur. Evadiendo nuestros impuestos a pequeña escala justificamos los desmanes más grandes de Botín y compañía, un modo bastante tonto de dispararse en el pie, porque resulta más económico pagar la porción de impuestos que toca que tolerar ese fraude fiscal a grande escala no habiendo pagado. En Gran Bretaña, el abuso de los gastos parlamentarios -las MP’s expenses– no era en absoluto ilegal, pero sí poco ético. Hubo dimisiones. En el caso Murdoch, ya han dimitido la número 3 del imperio mediático, el jefe y subjefe de Scotland Yard, el jefe del gabinete de comunicación del primer ministro y otros ¡sin que tan siquiera haya juicios!, no sólo en el sector público, sino también privado, porque allí al norte existe la idea de rendición de cuentas de los poderosos – la sociedad civil tiene conciencia de su poder cuando se indigna, un poder siempre tan necesario.

Éstas son las cosas maravillosas que hemos podido ver este año: la sociedad egipcia echando a Mubarak y con ello poniendo en jaque a todo el imperio americano, la sociedad británica rebelándose contra Murdoch, son casos de muchos David haciendo frente a Goliat. Es la afirmación de un poder muy real que olvidamos demasiadas veces, y que aquí brotó en forma de 15-M, y todavía permanece vivo. Si nos olvidamos de este poder, que conlleva una gran responsabilidad, pasa lo que pasa: aquí un presidente de comunidad autónoma será juzgado por sobornos y tenemos que tolerarlo porque lo han votado 1.200.000 valencianos. En Italia tienen a Berlusconi. No hase falta decir nada más. La integración europea, única solución de facto, pasa por una mayor cultura cívica, que eche a este tipo de políticos a la calle.

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Ya está: ya tienen lo que querían

15 junio 2011

Cuando tenía dieciséis años, fui a una pacífica manifestación de carácter lúdico-festivo, en Barcelona, contra las políticas neoliberales del Banco Mundial, en el 2001. Se leyó un manifiesto en plaza Catalunya y, acto seguido, la policía -siempre con una actitud claramente intimidatoria- cargó contra los manifestantes. Detuvieron a curas, abuelas con sus nietos, mujeres embarazadas – el típico perfil del violento antisistema. Y toda esta carga, enésimo ejemplo de brutalidad policial, porque -lo recuerdo perfectamente- había unos veinte energúmenos encapuchados al inicio de Passeig de Gràcia, claramente separados de los manifestantes, rompiendo escaparates. ¿Por qué fue la policía tan enormemente incompetente para no detener a esa veintena de descerebrados y dejar discurrir la manifestación pacíficamente? ¿Es que no les enseñan métodos para hacerlo? ¿Para eso les pagamos? Muy fácil: porque en este grupo había policías infiltrados con la única función de reventar la manifestación. La verdad es que era tan evidente como fue insultante después de ver las declaraciones de los políticos de turno condenando la violencia y tal: hombres saliendo directamente de los furgones policiales con indumentaria antisistema, con bates, barras de metal y otras armas no reglamentarias, destrozando aparadores y justo después deteniendo a quién los fotografiaba (y, claro está, rompiéndoles la cámara en el proceso).

“Son sólo unos cuantos los que la están liando. Son los de siempre, no creo que el movimiento del 15-M tenga que estar representado por este tipo de gente”. Albert Rivera, Ciutadans

La verdad es muy clara: sea la Ochrana zarista, los grises de Franco o los mossos de Puig, desde siempre que la policía se ha infiltrado en manifestaciones, para información y para reventarlas -donde reventar significa ser violento e incitar a la violencia los que te rodean, envalentonados (porque obviamente no todos los violentos son policía). Desde el punto de vista pro-sistema, sería preocupante si no lo hicieran, de hecho. El desalojo encubierto de plaza Catalunya del 27-M fue planificado; se sabe –las cargas fueron una hora después de que los coches de limpieza abandonaran la plaza– con el único fin de incitar a la violencia de los manifestantes y poder sacar en todos los medios de comunicación una foto de algún camión quemándose y tal, y así desacreditar el movimiento. Siempre ha sido así. Pero todas las Asambleas, las de barrios, Sol, Catalunya, Valencia, ésa en la que he asistido hoy en Ciutadella, han sido muy tajantes en eso: no a la violencia. Se han citado los métodos pacíficos de Gandhi varias veces -hasta se ha mencionado su doctrina: la satyagraha. El 15-M ha tardado poquísimo en desmarcarse de estos actos violentos, con los que los medios ya intentarán etiquetarnos siempre. La protesta de hoy ha sido desorganizada y por lo tanto vulnerable a las acciones de descerebrados e infiltrados – esto tiene que cambiar, seguro, si nos dejan, porque si no la legitimidad de las reivindicaciones -hasta ahora indiscutible- se pone en duda.

“(Les agressions) han estat de grups de persones que eren aquí. Però nosaltres ens organitzem col·lectivament i qui surt de les consignes, actua individualment”. Pau Simarro, indignat

Pero es que ahora, hasta con estas explicaciones, estas disculpas, esta apología de la no-violencia, -necesarias, eso sí- estamos desviando el tema: ¿dónde estaban el 27 de mayo los que ahora se llenan la boca con vagas defensas de la democracia y rechazos a la violencia? Sí, ésos mismos que ahora ejecutan las órdenes del poder financiero, rechazando que la devolución de la vivienda salde la hipoteca (la famosa dación en pago, que de hecho tendría que ser uno de los puntales de las exigencias del 15M) o la publicación de listas de defraudadores de Hacienda. ¿Es que las porras de los mossos, los continuos desahucios, los trabajos precarios, los brutales recortes sociales, las disminuciones de salario a los que operan nuestros padres y educan a nuestros hermanos, no son acaso violencia? ¿A qué lado estabas entonces, Atur Mas? ¿A qué lado estabas cuando Felip Puig no dimitía por ordenar palizas a los que le pagan el sueldo? ¿A qué lado estabas cuando tu partido aprobaba cuantiosas ayudas de dinero público a bancos quebrados, a constructoras mediante licitación de infraestructuras nada rentables, a concesionarias de autopistas, a cada uno de estos oligopolios que los ciudadanos tenemos que sostener con nuestro propio dinero… ¿a cambio de qué? De un trabajo precario, sin futuro, sin oportunidades en un sistema que no nos escucha y si gritamos, nos insulta. Cada vez más queda en evidencia que los canales institucionales, los tradicionales, están totalmente agotados, delante de una transición a un sistema, ese neofeudalismo del turbocapital, que consiste en un conjunto de oligopolios sostenidos por el poder político – una gigantesca estafa de la cual nosotros somos su base y apoyo, pero involuntario. La consolidación de esta estafa a gran escala era lo que se debatía en el Parlament hoy.

Todo, al fin y al cabo, depende de la narrativa de quién tiene la legitimidad y quién se la cree. El Parlamento es el reflejo de la soberanía popular y las fuerzas de seguridad son sus ejecutoras y etcétera. El poder del monarca absoluto emana de Dios. Senatus Populusque Romanus: el Senado y el Pueblo Romano (SPQR). ¡Todo el poder para los soviets! En definitiva, la sociedad es tan sólo una correlación de fuerzas  entre varios colectivos de personas -una lucha de clases- y hay algunos que ejercen el poder desde una narrativa que les confiere una legitimidad porque hay gente que se la cree. No deja de ser curioso, de hecho, lo frágiles que son las instituciones humanas y lo duraderas que pueden llegar a ser. Pero siempre ha sido así: en la República romana también se votaba a los políticos y también había Senado, ¿era entonces una democracia? La Constitución de la URSS era federal, ¿también en la práctica? La gente se lo creía, ¿entonces sí? Hemos mejorado claramente, pero no cambiado tanto: se trata, simplemente, de que no haya excesiva acumulación de poder ni económico ni político – poner en práctica el sistema de checks and balances, la esencia multipolar de lo federal.

Ahora estamos con un Parlamento dominado por un partido con un 16% de apoyo entre la población (problema para la legitimidad 1) y con la voluntad de desmantelar un Estado de bienestar que emana de un pacto constitucional (problema para la legitimidad 2), es decir, de un consenso básico de las distintas fuerzas sociales y todo esto en un contexto económico de falta de oportunidades que estas reformas amenazan de consagrar (problema para la legitimidad 3). En esta situación, ¿de qué van, con esta chulería que les da tener el monopolio de la violencia, pero cada vez menos legítimo?

“Se han traspasado las líneas rojas” Atur Mas, “pecident del govern dels millets”

Celebro que Mas entre en razón, que vea que los poderes fácticos, la élite politico-financiera, están cruzando todas las líneas rojas. Están derrocando el Estado de bienestar porque pueden y los ciudadanos nos descubrimos impotentes y expropiados delante este chantaje. Celebro, además, que Mas defienda la democracia y se postule en contra de la violencia, alineándose así con el movimiento 15M. Supongo que el próximo paso será aprobar la nueva ley electoral, más participativa, que ellos bloquearon en su momento, meter a Felip Puig en el trullo y cambiar hacia políticas más transparentes y no las habituales de la sociovergencia y etcétera. ¿Ah no, que era al revés? Puro lenguaje orwelliano, entonces. Las actuaciones de la policía contra sectores más amplios de la sociedad, la demolición del actual sistema social, la ley siempre al servicio del oligopolio; cada uno de estos hechos deslegitima el sistema a ojos del ciudadano de a pie, lo sitúa al límite de la indignación, viendo cómo las instituciones, que tendrían que amplificar y canalizar la acción colectiva, se consagran como meros parásitos de las fuerzas productivas. Esto no es un problema ideológico: si neoliberalismo o capitalismo o tal. Es lo que hay y hay que decir basta ya. Son ellos los que nos necesitan a nosotros. Basta de suplicar que paren los recortes y que nos dejen participar en la vida política.

Se tapan la cara para tapar el pinganillo. ¿No queríais democracia?


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Curiosos resortes mentales en la acampada

31 mayo 2011

Ladrillo. Desde que Felip Puig es conseller de Interior que la inseguridad en nuestras ciudades ha aumentado muchísimo y de modo preocupante. Vivo aterrorizado. Uno ya no puede andar solo por la calle a plena luz del día sin el miedo del cuerpo de que de repente se te crucen trabajadores de BCNeta acompañados por siniestros individuos de armadura azul sin ningún tipo de identificación y te den una paliza sin venir a cuento, aduciendo cínicamente de que “están limpiando la zona”, mientras uno yace inconsciente con el oído chorreando sangre o con el pulmón reventado.

Bromas aparte, es terrorífica la total impunidad con la que se violan flagrantemente derechos que ya en 1789 se consideraron fundamentales y considerados como tales en la Constitución Española: el derecho a la reunión pacífica y sin armas, que la policía no puede regular de ningún modo, sino sólo el TC. Precisamente estos derechos se documentaron para delimitar bien claras las fronteras a las que puede llegar un gobierno y, entre otras cosas, es precisamente el respeto a estos derechos fundamentales lo que distingue una democracia de una dictadura. Aquí no hay blanco y negro, una separación meridiana entre los dos modelos políticos, sino una línea continua que va de la Alemania nazi a la Islandia moderna con múltiples escalones, en función de los diversos grados en transparencia de la administración, la participación ciudadana en la agenda política, elecciones libres con ley electoral justa y basada en el sufragio universal, el respeto a a los derechos fundamentales, la libertad de información, etcétera. Por ejemplo, en Italia hay poca libertad de información. En España hay una ley electoral no muy justa que fomenta la estabilidad en detrimento del progreso. En cambio en Islandia sí hay mucha participación ciudadana y transparencia. Estas cosas ya las sabemos. Pero es que el viernes retrocedimos a niveles de dictadura africana. ¿Cuándo nos creímos de que esta cosa era el sistema donde el pueblo era soberano sólo porque votábamos cada cuatro años?

Tenemos que ser contundentes con esto, porque una ciudadanía vigilante es clave contra la impunidad del gobierno, siempre tentado de abusar de su poder. Esto ya lo conocían perfectamente los pensadores liberales desde Locke y Montesquieu. ¿Es que por qué uno cree que se inventó la separación de poderes, las declaraciones de derechos fundamentales, los Tribunales Constitucionales? Precisamente, los manifestantes reclamaban pacíficamente democracia real y el viernes estas reivindicaciones se revelaron más necesarias que nunca, delante de las órdenes de un psicópata descerebrado como es el futuro ex conseller de Interior (cada día que sigue en el cargo, es una vergüenza total para un país que se enorgullecía hasta hace poco de su tradición política pactista y de su carácter europeísta), que recordemos fue conseller de Obres Públiques cuando el cobro de comisiones de Ferrovial por parte de CiU a través del Palau más otras corruptelas, autor del hit “el concierto fiscal no es viable” tan sólo dos días dos después de ganar las elecciones con esta zanahoria y derogador del probadamente necesario Código Ético de los Mossos. Un personaje indigno de una sociedad democrática, que ordena dar palizas a los mismos ciudadanos que le pagan el sueldo.

Hay quiénes aducen que los acampados no se pueden quedar para siempre en la plaza. Lo bueno es que según la CE sí pueden; es más, están protestando con unos objetivos concretos, así que es fácil darse cuenta de que la protesta durará hasta cuándo éstos se cumplan y no más; es más, la función de ágora ciudadana, abierta y participativa, le va perfecta a plaza Catalunya, hasta ahora hábitat de guiris y ratas con alas, así que como ciudadano pido que siga la cosa, por favor. Dicen que se han apropiado del espacio público, cuando lo que se ha hecho ha sido construir un espacio donde cualquier opinión es bienvenida. La ley del Suelo de 1998 sí era apropiación privada del espacio público, no jodamos.

Un conocido de BCNeta que participó en el desalojo-limpieza de plaza Catalunya comentó que fueron engañados para ir allí, al igual que la Guardia Urbana. Sólo se les dijo que tocaría pasar escoba y manguera (a lo que se va con un tipo específico de camiones) y, de repente, aparecen cien mossos vestidos de Navy Seals, sin identificación y armados con pistolas de balas de goma y entonces se les ordena desmantelar la acampada delante de los ojos de sus jefes, vestidos de paisano, controlándolos y con los camiones cambiados. En esta captura de pantalla, al final un mosso declara que “falta poco para que todos vuelvan a casa”. No quiero ponerme conspiranoico, pero ¿no venían a limpiar? Estos comportamientos indican planificación de antemano de las cargas policiales, contradiciendo una vez más (“lapsus linguae” incluidos) la endeble versión oficial. Así es probable de que se buscara provocar un incidente violento por parte de los manifestantes, un coche de la BCNeta quemándose por ejemplo, para que fuera portada de todos los periódicos y así poder desacreditar el movimiento. ¿Es ésa la respuesta del poder a un movimiento que siempre se ha caracterizado por su civismo y no-violencia que reclama más democracia? ¿Son los gases lacrimógenos y apagón informativo la única respuesta de Sarkozy a las reivindicaciones francesas? ¿Es que no ven que se están metiendo en el mismo saco que Mubarak o Bahrein? Salvando las distancias, el esquema mental es el mismo. Para terminar de certificar el enorme respeto de la autoridad al siempre tan sano ejercicio de derechos constitucionales, se tiene que presentar la factura de compra para recuperar los peligrosos portátiles requisados y guardados al aire libre en un vertedero. ¿Qué tipo de ciudadanía quieren? ¿Una bien dócil que les tolere sus prontos autoritarios con una policía antidisturbios que selecciona el personal entre maltratadores y psicópatas? ¿Una ciudadanía sumida en la ignorancia política, que no exija investigar sus múltiples corruptelas y abusos? Las manifestaciones se revelan más necesarias que nunca.

Intolerable la impunidad de la autoridad en la violación de derechos fundamentales. Pero lo que roza lo absurdo es el tema al que iba, el preocupante síndrome de Estocolmo desarrollado por gente, más bien de derechas, que delante de las imágenes del viernes de brutalidad policial (recordando otros casos históricos), se pone del mismo bando de los agresores, incapaces de salirse de limitados marcos mentales, sin ningún tipo de empatía por gente pacífica siendo agredida brutalmente. ¿Qué tipo de resortes mentales, de psicopatía mental, pueden llevar a uno a justificar la violencia gratuita y arbitraria no ya contra su misma especie, sino con gente de su misma ciudad? Hay vagas apelaciones al orden, al autoritarismo – habitualmente, su propio orden, su propia autoridad. Hay miedo, al más puro estilo más vale malo conocido que bien por conocer: una gran falta de espíritu pionero, casi cierta cobardía. Por eso habría también cierto complejo de inferioridad, desarrollado como resentimiento hacia gente que sí se arriesga a movilizarse por unos valores considerados socialmente como más elevados. Si no, no se entienden las habituales frases de la derecha como la pretendida superioridad moral de la izquierda, la aznarista sacarse los complejos de encima o el buenismo. Si no, no se entienden las habituales descalificaciones gratuitas de movimientos cívicos caracterizados por su buen hacer, cuando a un complejo fenómeno social, donde coinciden prestigiosos intelectuales con jóvenes estudiantes de primero de carrera, lo reducen a “cuatro perroflautas” o critican precisamente aquello de lo que habitualmente pecanpiensa el ladrón que todos son de su condición-, algo muy usual en los humanos (lo que nos molesta más de los demás son nuestros propios defectos proyectados en ellos) . ¿A qué viene ese rencor gratuito, que consiste en desacreditar un colectivo que plantea su mejor voluntad para reformar las cosas hacia mejor? ¿Qué curiosos resortes mentales alientan ese irredentismo cínico hacia gente (¡vecinos!) que trabaja de buena fe contra la que llegan a justificar violencia brutal y gratuita? Uno recuerda el movimiento en positivo al revés, cuando un chico de dieciséis años vecino del pueblo de Mauthausen, viendo la situación de los presos del campo de concentración, pensó que “aunque sean muy malas personas y peligrosos delincuentes, nadie se merece este trato inhumano” y decidió meterse en la resistencia. Al final, la ideología no es más que la prolongación de un perfil psicológico.

Visualizando el problema desde el marco de la tragedia de los comunes, las izquierdas serían más cooperadoras (valores sociales mejor considerados por el grupo) y las derechas, free-riders que van por libre. Los primeros serían más utópicos y entregados; los segundos, más realistas y conscientes de sus propios defectos. Los primeros desarrollarían incoherencias entre sus ideales, mucho más ambiciosos, y sus prácticas, que los segundos casi gozarían en señalar, cansados de las exigencias éticas del primer bando. Son curiosos estos resortes mentales, que se distribuyen de modo no arbitrario por toda una sociedad, al igual que el parroquialismo altruista (compartido por izquierda y derecha), ese espíritu tribal tan español, que fundamenta el nacionalismo, el fútbol y la política bipartidista del ytumasismo y si tú no fueras tan americano, yo no sería tan ruso. He aquí el hombre, dijo Poncio Pilato y, después, Nietzsche. Ecce homo – éste es el hombre; sólo profundizando en nuestro autoconocimiento podremos ganar en lucidez mental y honestidad espiritual, no sólo para con nosotros mismos sino con nuestros compañeros y teóricos rivales. Y es que estamos todos en el mismo barco.

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Españistán: de la burbuja inmobiliaria a la crisis

26 mayo 2011


Por qué se ha liado tanto en España. Esclarecedor. ¡Lo importante que es diversificar la economía e invertir en I+D!

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Ni putas ni sumisas ni racistas

10 mayo 2011

Viendo la propaganda electoral racista de la aún no ilegalizada (y podemos esperar) Plataforma per Catalunya, uno recuerda el movimiento feminista con origen en París que se rebeló tanto contra los orwellianos cánones de belleza occidentales –ni putas– como contra el sometimiento a las normas tradicionales islámicas –ni sumisas. Pero yendo más allá, cuando nos acordamos de que lo que decide si un inmigrante es regular o irregular no es ninguna esencia milenaria sino nada más que un convenio –la ley de Extranjería-, que resulta que con sus arbitrariedades contrarias a los derechos humanos crea una enorme bolsa de trabajo de trabajadores sin derechos laborales ni políticos listos para ser explotados en el 23% del PIB español, que es lo que representa la economía sumergida.

El PPSOE es delictivamente permisivo con la economía en negro, auténtica lacra de Europa del Sur (76000 millones de euros que dejamos de ingresar): el PPSOE no persigue el fraude fiscal y además crea la figura jurídica del inmigrante sin papeles ni derechos – la mano de obra que sustentó el boom inmobiliario español, el “ascenso de nuestra economía con los grandes de Europa” y la garantía de la sostenibilidad de las pensiones y el conjunto del Estado de Bienestar. Y etcétera. Los inmigrantes constituyen una de las bases fundamentales de la pirámide social española; el PPSOE esto lo sabe, pero insiste en un discurso xenófobo que no sólo es criminal, sino también groseramente cínico e irresponsable a nivel económico.

Pero son extremadamente efectivos cuando apelan a las emociones de los trabajadores de clases bajas, que se encuentran compitiendo por los mismos recursos que los inmigrantesno es una cuestión de racismo cultural o étnico (un factor secundario), sino el resultado de un conflicto social. Pero este conflicto social esconde una enorme falta de conciencia de clase: tanto autóctonos como inmigrantes comparten intereses económicos contra una élite que parasita su fuerza de trabajo, creando un sistema social injusto con los trabajadores -independientemente de su nacionalidad- dedicado a preservar los privilegios oligárquicos.

Si a uno le meten en una jaula con un león, obviamente el primer impulso será cagarse en el león, pero el responsable último del marrón es el diseñador de la jaula, que resulta que es el mismo que me ha metido dentro apuntándome con la pistola. En todo caso, podríamos hacer lo mismo con los propagandistas racistas del PPSOE que lo que hacía mi profesora de inglés cuando pedía un voluntario y algún listillo corría a señalar a un compañero, que le tocaba al listillo hacer de voluntario: expulsar del país a la gente que exija expulsar a otros.

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¿Es Artur Mas un chorizo?

17 marzo 2011

Eso me pregunto yo al leer el periódico y enterarme que (namberuán) el tesorero de Convergència hasta el pasado enero, Daniel Osàcar, ha sido imputado por el cobro de comisiones ilegales de Ferrovial a través del Palau de la Música, por la adjudicación de las obras de la Línia 9, la Ciutat de la Justícia y un polideportivo en Sant Cugat (siendo conseller de Obres Públiques Felip “Terminator” Puig, el actual y antiético conseller de Interior), lo que constituye un caso de financiación ilegal y corrupción política. Obviamente aquí pesa la presunción de inocencia; ahora bien, los peritos de Hacienda han declarado que los cobros “son muy probables” y no estamos hablando de un ciudadano cualquiera, sino del tío que llevaba las cuentas del partido ahora en el gobierno de Catalunya. ¿Hasta qué punto la campaña de CiU que ganó Mas fue financiada con estos sobornos? ¿Hasta qué punto la actual campaña de Trias para Barcelona está financiada con este dinero? ¿Hasta qué punto es culpable y encarcelable Felip Puig? ¿Hasta qué punto conocía Artur Mas esta oscura trama de corrupción?

Como en mi pueblo decimos que “quién calla, otorga” y el president del tres per cent aún no ha hecho ninguna declaración institucional al respecto, pues me pregunto, que no afirmo, si Artur Mas es un chorizo. Las sospechas aumentan cuando uno ve el oscuro historial de corrupción de CiU y uno recuerda la cuenta de su padre en Liechtenstein de la que  Mas es beneficiario y es investigada por fraude fiscal. ¿Dónde estás ahora, president, cuando te necesitamos para limpiar la reputación de esta institución que dices defender? En Japón dimitió hace poco el ministro de Exteriores por aceptar 400 euros de una coreana. A ver si aprendemos, president.

Mas y Duran seleccionaron mano a mano a Mascarell y los tres independientes.
Todos los consellers son universitarios y la mayoría con expedientes deslumbrantes

La Vanguardia, Mas nombrará a Joana Ortega vicepresidenta del Govern

Pero (nambertú) ahora resulta que la vicepresidenta del Govern dels Millors no tiene título universitario, sino tan sólo de bachiller. Eso no sería problema (también existen la universidad de la vida y la universidad de la empresa privada, no nos vamos a poner elitistas, como hicieron en su momento los opinadores antitripartit) si la vicepresidenta, tan ferviente católica ella, no hubiera mentido en su currículum para conseguir un puesto de trabajo que pagamos entre todos los ciudadanos de Catalunya. Hace poco el ministro de Defensa alemán dimitió por plagiar su tesis doctoral. A ver si aprendemos, president, y hacemos dimitir a los que mienten a la ciudadanía, porque si no entonces estamos asumiendo su culpa.

Y namberzrí… el ridículo del límite de los 80 km/h, contra la opinión de las asociaciones científicas de salud pública, ahora que nos enteramos que tan sólo la contaminación de los coches diésel ya nos quita a los barceloneses trece meses de vida trece;  la derogación a lo Gadafi del Código Ético de los Mossos d’Esquadra; el desalojo de ocupaciones sin orden judicial; un conseller de Sanitat con intereses privados; el hit “las crisis árabes ayudarán el turismo de las costas catalanas”; la sumisión del Govern dels Millors al lobby nuclear (con su intención de construir el cementerio atómico en Ascó en plena revisión de este tipo de energía) con el hit “si nos gobierna ICV el Camp Nou se quedará a oscuras” y al de las concesionarias de las autopistas (salvándolas con dinero público en Madrit); más el hit del concierto fiscal “donde dije digo, digo Diego (dos días dos después del 28-N)” -eso es, mentir en campaña-, más la manipulación de los medios de comunicación para ganar elecciones y sembrar odio con un ejército de superopinadores, más la demagogia de siempre de decir que defienden a un territorio que históricamente han despreciado con su centralismo en infraestructuras. Y esto tan sólo en cien días de gobierno de derechas.

Entonces uno entiende qué es eso del nacionalismo: la muy simple y muy falsa idea de que “nosotros defendemos al país” para poder engañar electores, ganar elecciones y poder desarrollar un intenso programa de choriceo, latrocinio y destrucción de la democracia. El nacionalismo consiste, por lo tanto, en apelar de manera vaga pero efectiva a los sentimientos de pueblo, de nación, que puede albergar la ciudadanía, para poder robar a las arcas públicas y un largo etcétera.

Es la fina diferencia entre nacionalismo e independentismo; los primeros apelan a sentimientos para poder engañar a la ciudadanía, mientras que los segundos tienen un programa político basado en conclusiones racionales y dentro del marco democrático.

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La mort d’Ivan Ílitx (Oriol Broggi, Biblioteca Nacional)

17 febrero 2011

Me encantan los viejos. Sin ir más lejos, quiero profundamente a mi abuela, de gran corazón y gran experiencia. Es más, una sociedad para considerarse normal tiene que cuidar de sus ancianos; las que los abandonan están condenadas. En Estados Unidos, un tercio de los “jubilados” deben volver a trabajar porque sus planes de pensiones se han ido al carajo por culpa de la crisis. En España, un 75% de los jubilados viven bajo la línea de la pobreza, si no me equivoco; al mismo tiempo, la verdad es que ignoro quién me pagará la pensión dentro de cuarenta años (o cincuenta, viendo cómo va de lanzado Zapatero). Vaya, que me encantan los viejos.

Pero esto no quita que una sociedad envejecida sea esencialmente una sociedad más conservadora y quizá esto explique en parte el conservadurismo atávico que nos rodea y nos vampiriza en este terruño de mundo que es España. Igualmente, un público envejecido busca un tipo de teatro conservador que no mola nada. Y el público de La mort d’Ivan Ílitx era muy mayor.

La obra se inspira en una novela de Tolstoi en el que retrata el último periodo vital de un juez de provincia obsesionado con la alta sociedad. El texto, cabe decirlo, es buenísimo, no buenísimo, sobrenatural, hipersensible. Pero la puesta en escena de Oriol Broggi se fundamenta en una concepción profundamente equivocada (según mi parecer, claro): el teatro es mentira (como dijo en el posterior y precioso coloquio con los conferenciantes de Aprender a morir). Para Broggi, todo es una impostura. No hay sinceridad, ni autenticidad. Por eso los actores se limitan a recitar el texto de Tolstoi, totalmente abstraídos y casi hieráticos, sin interactuar entre ellos (¿pero no es precisamente el teatro el instrumento artístico perfecto para explorar lo que es la intersubjetividad?), y de vez en cuando actuando levemente lo que están recitando. El trabajo actoral, por lo tanto, se reduce a la memorización del texto. Les pregunto: “¿ya que sois Ivan Ílitx e Ivan Ílitx muere, qué se siente cuando uno se muere?” “Nada”, me responden. Esto sí que es meterse en un papel.

Y no por culpa de ellos, sino del director, más centrado en conseguir imágenes de cierta belleza estética (¡para eso dedícate a la fotografía!) que en desarrollar lo esencialmente teatral, tan sólo dos palabras, el aquí y el ahora. ¡Aquí y ahora! ¡Aquí y ahora! El teatro es el arte que ocurre en el presente y a dos metros del espectador; es la carne y la pasión, la deseada fusión entre el narrador y protagonista. En una novela, se requiere cierto alejarse de la historia por parte del narrador; aunque sea en primera persona, nos hablará en pasado y si es en presente pues no es más que un pasado de tan sólo dos o tres segundos. Es la inevitable pared que nos evita poder verbalizar lo presente, que el teatro se permite dinamitar. Por eso, fue totalmente incomprensible que en el principio de la obra te digan que Ivan Ílitx murió gritando desgarrado durante tres días y después va y cuando se muere, lo hace sí, con un poco de dolor, pero casi una molestia, y se marcha plácidamente. ¿Disculpe? Así que mejor compren directamente el libro de Tolstoi, un texto precioso y más barato que la obra, que es un tostón.