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Paro: archipiélago gulag

20 febrero 2012

To my children, George, Sophia, Nicholas and Andreas, with the wish that they contribute to the building of a rational social order

Andreas Papandreu

Fina ironía tiene la Historia. ¿Qué ha quedado del deseo del padre de Papandreu en la dedicatoria de su libro Paternalistic Capitalism? El total desmantelamiento de la democracia griega por obra de su hijo.

En El mundo de ayer, Zweig evocaba el pasado previo a la Primera Guerra Mundial, esa época dorada de paz y prosperidad que se perdió para siempre y, en 1919, en el esfuerzo de volver a ese pasado, se terminó desencadenando la Segunda. En 1919, el Tratado de Versalles imponía medidas draconianas a los países perdedores que los sumieron en deudas imposibles de pagar, que, junto a la inestabilidad del patrón oro, iniciaron el efecto dominó que culminó en el Crac del 1929 y la Gran Depresión. ¿Les suena? Sí, es exactamente lo que está pasando hoy mismo, pero cambien Alemania por Grecia y patrón oro por euro. Once again, el viejo dilema de nacionalismo versus internacionalismo, donde los nacionalistas aducen que “los griegos tienen que pagar sus deudas” mientras que los segundos, más agudamente -igual que en 1914-, hablan del rescate de los bancos (alemanes, pero como si fueran zulúes) por los trabajadores griegos.

Once again, ya no podemos volver a un mundo ya perdido: el Occidente socialdemócrata de 1945-1973, próspero, con respeto por los derechos y libertades individuales y con una fuerte redistribución de riqueza a través de impuestos, la utópica “democracia de clases medias”. Ya no hay vuelta atrás: no sé hasta qué punto somos conscientes de esto, cuando elegimos un domingo para manifestarnos “por nuestros derechos” y no un día laboral o cuando las medidas que propone cierta izquierda tradicional pasan por un gobierno mundial (Vicenç Navarro) o un capitalismo regulado con un Estado del bienestar fuerte (Josep Fontana). Son propuestas totalmente naïf porque no van al corazón del problema – siguen operando con los esquemas mentales del mundo de ayer. Por ejemplo, que vivimos en una democracia y la Constitución es un papel que siempre se cumple. Ya, como el artículo 47, el derecho a una vivienda digna, en pleno diluvio de desahucios.

La historia se repite y, esta vez, como farsa; porque el diagnóstico, irónicamente, ya hace años que está escrito. En 1971, tenemos el shock de Nixon, la aniquilación de Bretton Woods, el memorándum de Lewis Powell, etcétera, es el inicio de la Gran Divergencia, el péndulo de la historia cambia de dirección, con un doble movimiento: a nivel político, se desmantelan los sindicatos y se desregula el sector financiero (por eso Clinton se apoyó en los segundos y no en los primeros para poder ganar las elecciones). A nivel económico, empieza la globalización y la entrada de una gran masa de trabajadores en el mercado mundial. El equilibrio entre capital y trabajo en el que se fundaron los treinta años gloriosos se rompe por la mitad. Para Juan Rosell, un trabajador español que te produce lo mismo que un chino y además cobrando varias veces más y que además se ha olvidado de hacer revoluciones a lo soviético ya no es tan necesario ni peligroso como antes. Ya no hace falta pagarle ningún Estado del bienestar para que le puedas seguir extrayendo la plusvalía sin que se queje. Ahora se puede quejar y Rosell tan tranquilo.

En el periodo 1976-2007, los salarios reales americanos bajaron un 7%, como también bajaron los españoles entre 1994 y 2007, con boom económico o sin él. Toda la riqueza que se creó se fue para arriba, para un sector muy concreto de la sociedad, y si nosotros vimos un aumento del nivel de vida fue a base de endeudarnos. El tecnicismo económico se llama brecha entre productividad y salarios, que se disparó a partir de 1971, y su causa no es otra que los beneficios del trabajo -la plusvalía- se los queda el empresario y no el trabajador, porque el trabajador no posee los medios de producción, a diferencia de una cooperativa, donde participa triplemente: propiedad, resultados y gestión.

Todo el liberalismo, por lo tanto, se sustenta en una mentira: que democracia y trabajar por cuenta ajena son compatibles. “Primero se crea la riqueza y, después, automáticamente, se redistribuye”. En una situación de libre competencia perfecta, dice, los oligopolios se crearán y destruirán dinámicamente, lo que Schumpeter llamó destrucción creativa. Pero lo que pasa en realidad es, número 1, que política y economía no están separadas y a la mínima el oligopolio capturará el poder político para preservar sus privilegios. El libre mercado se sustenta fundamentalmente en un equilibrio inestable y siempre tenderá a desviarse, brecha de productividad y salarios mediante, al oligopolio y la captura del poder político: siempre habrá transición de democracia liberal a dictadura de los mercados. Número 2, el libre mercado es intrínsecamente ineficiente -la famosa mano invisible no existe al nivel macro (Stiglitz)-, porque siempre hay externalidades.

Número 3, estas “externalidades” es el nombre que los premios Nobel de economía dan a los daños colaterales de la destrucción creativa: los trabajadores de baja productividad, el español de a pie. Para el liberal, el sufrimiento de estos trabajadores obsoletos es el precio a pagar para la prosperidad del sistema y, con esa pirueta dialéctica, su justificación moral es idéntica a la de los estalinistas con el gulag y los nazis con Auschwitz. Libremercado no es humanismo, es totalitarismo, porque va en contra de la dignidad humana.

—¿Rebelarse? Habría preferido no oírte pronunciar esa palabra. ¿Acaso se puede vivir en rebeldía? Y yo quiero vivir. Respóndeme con franqueza. Si los destinos de la humanidad estuviesen en tus manos, y para hacer definitivamente feliz al hombre, para procurarle al fin la paz y la tranquilidad, fuese necesario torturar a un ser, a uno solo, a esa niña que se golpeaba el pecho con el puñito, a fin de fundar sobre sus lágrimas la felicidad futura, ¿te prestarías a ello? Responde sinceramente.

—No, no me prestaría.

—Eso significa que no admites que los hombres acepten la felicidad pagada con la sangre de un pequeño mártir.

Dostojevski, Los hermanos Karamazov

No, no lo admito!: toca rebelarse contra el archipiélago gulag del paro. Podemos aceptar un trabajo, un salario y dar las gracias al empresario de turno como antes el jornalero daba gracias al señorito, olvidándonos momentáneamente del estado real de las cosas, quedándonos tan sólo con las migajas del crecimiento económico, siempre con el miedo en el cuerpo de que nos despidan –el miedo, materia prima de las dictaduras. Pero la tendencia económica es inexorable y la dictadura de los mercados pasa de un eufemismo a la realidad, institucionalizando la precariedad laboral como forma de vida.

La ley de las Diez Horas de 1847, que Karl Marx consideró la primera victoria del socialismo, fue el trabajo de reaccionarios ilustrados.

Karl Polanyi, La gran transformación, biblia de Toxo y Méndez y otros socialistas reaccionarios

No se trata de frenar los impulsos del libre mercado, como diría Karl Polanyi. No se trata de resistir pasivamente. Se trata de rebelarse. De Karl Marx a Polanyi, el socialismo pasó de querer transformar la sociedad a querer dejarla como estaba, de ser progresista a un engendro reaccionario, pero en un mundo dinámico contentarse con lo que hay, el paternalistic capitalism de Papandreu, equivale a perderlo. Toca descolonizar nuestras mentes -por ejemplo, ver a la policía como partidarios del régimen y no como servidores del orden público-, sacudirse el miedo de encima, decir No al paternalismo, colectivizar los servicios públicos y las empresas, convertirnos en emprendedores y meter nuestro dinero en iniciativas como Kiva para que abran el grifo del crédito sin pasar por arriba. Ya que banqueros y políticos van a la suya, nosotros también. España no es sólo el país reaccionario de Fernando VII, el deseado, sino también el que en los años treinta se sublevó y luchó por sus derechos. Toca honrar a nuestros abuelos.

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Entrevista a Saskia Sassen, socióloga (OWS)

4 enero 2012

Occupy Dallas dice que el movimiento Occupy se fundamenta en la “negación del sueño americano”. Zizek dice que el sistema ha perdido su “automatic self-legitimacy”. Qué quieren decir con eso?

No estoy segura de lo que tenían ellos en mente específicamente, pero a mí me parece, y coincido con eso, que se ha vuelto evidente que el sueño Americano no funciona—en otras palabras, el proyecto de vida de media clase, donde cada generación supera a la anterior, no funciona ya. Sea Tahrir, sea los indignados, sea Occupy USA, hay mucho de eso: es un movimiento con reivindicaciones de clase media, que ciertamente en un contexto de creciente desigualdad y la caída de la clase media tiene repercusión también para los pobres y la nueva clase trabajadora empobrecida.

Más info: the Global Street comes to Wall Street

Ahora todo el mundo habla de reformas: qué reformas? Puede listar las más necesarias?

No creo que el tema sea de reformas. Es mucho más profundo que eso. Es una crítica muy aguda del exceso de desigualdad, el abuso del sistema por parte de los ricos, la caída del contrato social que está en la base de la democracia liberal.
Cuáles son los cambios que necesitamos está claro para ciertas cosas (el mundo de las finanzas, tax the rich, etc.) pero falta mucho trabajo todavía. No es fácil.

Artículos críticos con el sistema financiero, de Sassen, en el Huffington Post:

En la mesa redonda de OWS, comentó que “había algo fundamentalmente equivocado en el sistema”. Si el problema está en el fundamento, pueden simples reformas solucionarlo? Podemos tener fe todavía en la reforma institucional cuando las instituciones han sido totalmente capturadas por la élite? Acaso funcionan los “cheques en blanco” a los presidentes demócratas y a los socialdemócratas europeos?

Como digo en la anterior respuesta, yo creo que el problema es mucho más profundo que simplemente alguna reforma. La creciente desigualdad, el abuso por parte de los ricos, la impotencia de los gobiernos, esto y más nos está mostrando los límites profundos de la democracia liberal. Lo que yo señalaba en esa mesa redonda de OWS, estaba enfocado sobre cómo el sistema financiero ha contribuido a esto; lo que es peligroso en la finanza no es simplemente el dinero, pero la necesidad de invadir otros sectores económicos. Ahora, en esta época, ha logrado invadirlo todo y también los recursos de los gobiernos, es decir, los impuestos que pagamos los ciudadanos… y de ahí los bailouts. Han logrado empobrecer hasta los gobiernos de países de inmensa riqueza. Es una distorsión aguda de la realidad dada tanta riqueza, pero tan concentrada.

Más info:

Se nos decía que para contrarrestar al poder económico globalizado, había que oponerle un poder político globalizado: la Unión Europea, el Banco Central Europeo. Algunos hasta hablan ahora de gobierno mundial. Pero parece que no ha funcionado en nada, porque como más arriba más fácil que sean capturados por los mercados. Usted habla, en cambio, de la “Calle Global”, the Global Street. Podría ser éste el contrapoder necesario a las élites que necesitamos? Tenemos el poder para llevarlo a cabo?

Este es un tema bien complicado. He escrito mucho sobre esto en mi libro Territorio, Autoridad, Derechos, (en español con la editorial Katz, de Buenos Aires y Madrid, en el 2010).
Pero básicamente a) yo no creo en un estado global, sí en un parlamento global, pero no un estado. B) tenemos que retener nuestros estados pero debemos internacionalizarlos y desnacionalizar las políticas: necesitamos que sean internacionalistas, que se enfoque colectivamente en los desafíos de los “commons”: la pobreza y el hambre globales, el medio ambiente, etc… sí suena como fantasía, pero si podemos reconquistar esas capacidades complejas que son los estados y reorientar sus políticas y prioridades…ah, todo lo que se podría hacer!

Más info: Saskia Sassen on Sociology, Globalization, and the Re-shaping of the National

En Europa nos están recortando el Estado de bienestar por todos los lados. En USA se rescató a los bancos, los culpables de esta crisis, con el 50% del GDP americano ($7.7 bn) a un interés del 0.01%. Pero el discurso es, otra vez, el thatcheriano “No hay alternativa”. Es verdad que no hay alternativa? Cómo es que se impone la injusticia de la socialización de las pérdidas a toda costa? Cómo evitarlo?

No, esto es una falsificación. Como describí arriba, el sistema financiero ha logrado acaparar más y más de los recursos nacionales, incluso impuestos, y el poder ejecutivo ha ayudado. Es un robo de los impuestos nacionales y de los recursos nacionales (a nivel de renta) — deberíamos tener control para el bien de todo el pueblo sobre los recursos de un estado. He escrito bastante sobre esto también, en ese mismo libro, Territorio, Autoridad, Derechos.

Más info:

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Es ahora posible un “capitalismo de rostro humano”?

3 diciembre 2011

The democratic republic no longer officially recognizes differences of property. Wealth here employs its power indirectly, but all the more surely. It does this in two ways: by plain corruption of officials, which America is the classic example, and by an alliance between the government and the stock exchange, which is effected all the more easily the higher the state debt mounts.

Friedrich Engels

The end of democracy and the defeat of the American Revolution will occur when government falls into the hands of lending institutions and moneyed incorporations.

Thomas Jefferson (visto en OWS)

Ayer tenía lugar la segunda mesa redonda sobre OWS en Columbia. La universidad es la octava más cara de los Estados Unidos y la séptima en donaciones privadas ($7000 M): una gigantesca empresa privada de hacer dinero, con sus inversiones y demás. No sólo eso: es uno de los principales blancos de las acusaciones del documental Inside Job, dónde se explica la corrupción de la ciencia económica en sí misma, a través de los extendidas asesorías académicas a bancos, el Tesoro y cámaras de comercio, donde se les paga para recomendar las reformas de desregulación que más les convienen a los asesorados. Glenn Hubbard, director de la Columbia Business School, fue director de los asesores económicos de Bush II, arquitecto de sus polémicos recortes de impuestos a los más ricos y candidato a la Fed; en su momento alabó en gran medida el mercado de derivativos; participa en la asesoría de múltiples corporaciones financieras. Otro ejemplo: otro profesor de la School y ex miembro de la Fed, Frederic Mishkin, cobró 124.000 dólares para redactar un informe a la medida de la Cámara de Comercio islandesa, “Financial Stability in Iceland” (no es coña). De Columbia también salió el tecnócrata Papademos. La Academia en economía financiera no practica ninguna ciencia – sino tan sólo una ideología al servicio de los bancos.

Teniendo eso en cuenta, es comprensible una reacción atónita cuando, en la mesa redonda, un profesor de la misma School, Bruce Kogut, describe la abolición de la Glass-Steagall Act por Clinton, es decir, el pago a los bancos por su financiación de su campaña electoral, como un “pacto con el diablo“. No contento con eso, en calidad de profesor de Business se presenta como experto en organizaciones, y se ofrece totalmente disponible a la activista de al lado para ayudar al movimiento Occupy. Minutos antes, el director del Earth Institute, Jeffrey Sachs, había calificado el sistema como corrupto en sí mismo: la corrupción ya no se pone en práctica tan sólo como pagos a la campaña electoral – es que los mismos congresistas se dedican al insider trading! Un Congreso que por cierto, tiene una popularidad del 9%, más baja que la idea de que Estados Unidos se vuelva comunista y entre Hugo Chávez y Fidel Castro. El Senado no está nada mejor. Hablamos de plutocracia cuando todos los candidatos electorales sólo son y pueden ser multimillonarios y la separación de poderes ni está, ni se le espera. En el momento en que hasta tíos con corbata de Columbia hablan del sistema en estos términos, podemos decir con seguridad que hay algo fundamentalmente equivocado en él, en palabras de Saskia Sassen. El relato se cae a trozos; la línea roja que separa dentro de fuera se mueve y cada vez genera más outsiders y menos insiders; el síndrome de Estocolmo del 99% se desvanece.

Imagine a world in which a man who is repeatedly investigated for a string of serious crimes, but never prosecuted, has his slate wiped clean every time the cops fail to make a case. No more Lifetime channel specials where the murderer is unveiled after police stumble upon past intrigues in some old file – “Hey, chief, didja know this guy had two wives die falling down the stairs?” (…)

That, it now appears, is exactly how the Securities and Exchange Commission has been treating the Wall Street criminals who cratered the global economy a few years back.

Matt Taibbi, Is the SEC covering up Wall Street crimes?

“Just write that: Everything’s fucked up, and nobody goes to jail“. Bueno, de momento, 4000 manifestantes detenidos por protestar, cero banqueros por destruir la economía mundial. No es que los reguladores hayan sido sobornados por los regulados, sino primeros y segundos cambian de bando continuamente: son los mismos. No sólo hay rescates billonarios, sino también inyecciones secretas de dinero de la Fed a bancos por valor del 50% del PIB americano – una reserva federal que por cierto se reúne periódicamente con entidades como Goldman Sachs y Blackrock: crony capitalism en estado puro.

«Anthony Blair» – Thatcher, preguntada por su mayor éxito político

La socialdemocracia nos convenció de que era posible separar derechos políticos y derechos económicos, pero de esto hace ya tiempo y ahora bailamos sobre la tumba del PSOE. La pregunta se la hacía Dubcek en Praga, 1968: ¿es posible el socialismo de rostro humano? Mi pregunta es: ¿es ahora posible un “capitalismo de rostro humano”? En el pasado, quizá sí, cuando cada héroe contestatario terminaba integrado en el sistema -cosa que es buena, porque indica su resiliencia-, durante el keynesianismo socialdemócrata de los trente années glorieuses (1945-1975), en el marco de la reconstrucción del Estado-nación, con redistribución de la riqueza a partir de una fuerte fiscalización de las rentas más altas y gasto estatal: en 1952, el tramo más alto del impuesto sobre la renta americano era del 92%. Pero el poder siempre evita rendir cuentas – llega la rebelión de las élites, la eclosión del conservadurismo radical, según Krugman: 1971 es el año del famoso memorándum de Lewis Powell (futuro juez del Supremo) a la Cámara de Comercio, recomendando más agresividad en política y el lobbismo activo. Es el año del Shock de Nixon, cuando el capital empieza a pasar de industrial a financiero, el poder de los bancos se desata con su liberalización y los sindicatos empiezan a ser desmantelados, procesos que cristalizarían con la presidencia de Reagan. Dos años después, la crisis del petróleo generaría una inflación de hasta el 12% y la subsiguiente estanflación. Es entonces que se adopta -bien- una política más considerada con la inflación: es la irrupción del modelo neoliberal (1975-2011) en el marco de la globalización. Ahora el capital es muy difícil de fiscalizar -tampoco interesa- y un aumento en la fuerza de trabajo abarata sus costes y, por lo tanto, sus derechos.

Traducido: el Estado de bienestar, que entonces era una obligación, hoy en día es un generoso regalo de las élites. Pero han jodido un sistema que ahora hace aguas y han encendido el ventilador: es la socialización de las pérdidas a la desesperada y a toda costa. Se impone la visión del Estado como una empresa cualquiera en la que se invierte, y por lo tanto los inversores exigen maximización de la rentabilidad mediante reducción de los costes, que esta vez son nuestra educación y nuestra sanidad, con los resultados que ya sabemos: pacientes muriendo por los recortes. Detrás del discurso de la austeridad y el ya clásico “no hay alternativa” thatcheriano (quién dice que no hay alternativa, los expertos de la Columbia Business School quizá?), o su evolución en “la alternativa al hundimiento es el hundimiento” de Mas, hay una clara agenda política: los republicanos del supercomité de los Estados Unidos en absoluto quieren reducir el déficit -su tendencia histórica en el gobierno federal es siempre aumentarlo-, sino bajar los impuestos a los más ricos a costa del Estado de bienestar. Por otro lado, el Nixon catalán -Artur Mas- argumenta que “no hay dinero para la sanidad”, pero el modelo holandés que quiere implantar su subalterno sociópata es el segundo más caro de la OCDE y ofrece peor servicio que el nuestro actual, uno de los mejores y más eficaces según la OMS. Pero lo peor es que pueden hacerlo, porque no hay fuerza real para impedírselo.

There is something foundationally wrong in the systemaquí la palabra es fundamental. En la mesa redonda se insistió en la organización política de OWS para llegar a reformas efectivas. 1) qué reformas? 2) pero estamos hablando de política… o de economía? Es que acaso hay fuerza efectiva y real para reinstituir la Glass-Steagall Act o trocear los bancos too big to fail y crear banca pública o que la elección del director de la Fed sea por sufragio universal o tasar las transacciones financieras? En el caso positivo, hecha la ley, hecha la trampa: siempre buscarían otro camino para sortearla. Es el problema de las reformas políticas en negativo, que son esencialmente inestables. Aquí se inscribe a la perfección la perpleja desorientación de la izquierda institucional, sus manos atadas, su ausencia de relato: es imposible avanzar políticamente en un sistema que ha sido estructuralmente capturado por los bancos y fondos de inversión. En ese contexto, las manos siempre estarán atadas.

¿Es ahora posible, por lo tanto, un “capitalismo de rostro humano”? O, dicho de otro modo, son posibles reformas institucionales que resten poder a la monocracia de las entidades politicofinancieras y lo redistribuyan en una auténtica separación de poderes, políticos y económicos, cuando la tendencia actual es a la concentración? Creo que no. Los mercados se han constituido en actor político y la correlación de fuerzas está de su parte. No, espera: el gigantesco monto de dinero que mueven y con el que exigen el desmantelamiento del Estado de bienestar es exactamente nuestro propio dinero, nuestros ahorros, seguros y pensiones. Por eso hace falta no votar con un papelillo en la urna, sino con nuestro dinero, como hicieron los americanos el día 5 de noviembre, el día de Guy Fawkes, donde se cerraron cuentas por valor de más de 50 millones de dólares. En el 2010, 600.000 nuevos clientes habían abierto una cuenta en las credit unions (cooperativas de crédito). Tan sólo en el mes anterior al National Bank Transfer Day, ya tenían 650.000 nuevas cuentas, 4500 M de dólares. Las historias de los clientes cerrando sus cuentas son de lo más rocambolescas: el banco llamando a la policía para que los detuviera, diciéndoles que “no pueden ser cliente y manifestante al mismo tiempo”, que “ya volverás”, ofreciendo a devolverles las comisiones, o directamente cerrándoles la puerta para que no entraran. Se trata de romper el monopolio financiero no desde arriba, sino desde abajo. No de asustarles, sino de directamente quitarles el poder del que tanto nos quejamos.

Una de las características más notables de OWS es que ostenta un vago programa izquierdoso, pero en absoluto keynesiano-socialdemócrata: siempre muchos carteles de End the Fed y contra el endeudamiento público. Tesis, antítesis, síntesis: Occupy rompe la dicotomía entre socialdemocracia y neoliberalismo y la supera, espontáneamente, sin la necesidad de ningún discurso intelectualizador en una torre de marfil, porque en su mismo núcleo está la certeza de que el sistema ha sido capturado por una élite de dos caras, tanto política -Washington- como económica -Wall Street. Ya no son políticos intentando regular el mercado, ni empresarios quejándose de la ineficiencia de lo público, sino la misma clase que periódicamente va de una orilla a la otra.

Se trata de romper el tabú de Fukuyama de que estamos en el final de la historia. Al contrario, parecemos maldecidos por un chino: ciertamente, estamos viviendo tiempos muy interesantes. Ya no se trata de entregar un cheque en blanco al gobernante de turno y esperar a que llegue el cambio; hay que tomar la iniciativa y reivindicar, no sólo política sino también económicamente, nuestro estatus de ciudadanos. Reclamar lo que es nuestro, prescindiendo de las densas redes tejidas por las élites en las que nosotros estamos secuestrados: más cooperativas integrales, como en Catalunya o Emilia-Romagna, más colectivización de servicios públicos. Es un camino largo, pero excitante – la alternativa al discurso de no hay alternativa que sí que es el hundimiento.

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El Solidarnosc americano contra el síndrome de Estocolmo

20 noviembre 2011

Why is it called “class warfare” to advocate raising taxes on the rich, but not when it comes to cutting benefits to the poor? David Shayer, desmantelando el relato.

Una imagen: un tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, porra en mano apaleando a gente sentada, vestida de casual, que no se defiende. Al lado, otro tío vestido de azul, casco, bien tapado, ningún tipo de chapa identificatoria, dispara una bala de goma a bocajarro a un joven, la bala rebota, y le da al oído de otro. Otra imagen: un chico yace en el suelo, inconsciente, con el cráneo fracturado por un disparo a bocajarro, en medio de gas lacrimógeno lanzado por tíos vestidos de azul, cascos y bien tapados. Gente corre a socorrerle, delante de una línea de hombres de azul. Uno de ellos tira una granada flash al grupo que rodea al chico, que tiene que dispersarse. Otra imagen: una chica sale de su coche y observa lo que pasa en la calle, pacíficamente. Un hombre armado le dispara en el pecho. Muere minutos más tarde.

Túnez, Egipto, Libia, Bahrein, Yemen, Siria, Palestina, Grecia, España, Italia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos; el espectro de la indignación recorre el mundoNo sólo a nivel espacial, sino también temporal: 1830, 1848, 1918, 1945, 1968, 1989; 2011. La comparación es justa.

"The True Administration of Justice is the Firmest Pillar of Good Government". Pues vaya.

Ayer se cumplían dos meses del inicio de Occupy Wall Street y se declaró National Action Day. A las 7 de la mañana, los manifestantes tejieron cadenas humanas para bloquear los accesos a la bolsa de Wall Street, con éxito parcial: la campana sonó como siempre, más 175 detenidos, pero algo había cambiado. ¿Les suena la historia? 15 de junio, Barcelona, puertas del Parlament. En ambos casos, la narrativa oficial -el maldito relato– establece al Parlament como depositario de la soberanía nacional –o ya ni eso– o la bolsa como el espacio dónde nuestros ahorros se invierten y generan rentabilidad dentro de una natural dinámica financiera que de vez en cuando genera crisis: crisis que ha hecho caer el velo ideológico y el relato ha saltado en mil pedazos. Por sus acciones, Wall Street o el Parlament han pasado a visualizarse como enemigos del pueblo y la lucha de clases se ha manifestado evidente: ya no constan como delito el intento de bloqueo de esas instituciones, ni manifestarse en el día de reflexión, ni obstruir el puente de Brooklyn, sino cada desahucio, cada décima de punto a los intereses de deuda odiosa, cada dólar de bonus al stock broker de turno, cada ley pasada por el Congreso para desregular la banca. Cosas que antes eran legales ahora no lo son, y viceversa. Le han dado la vuelta al relato: los americanos están despertando de su propio sueño, el sueño americano de que esto podía funcionar indefinidamente.

Whereas by consensus we view that for the first time in American history, current generations will not be as prosperous as preceding generations. This denial of the American Dream is at the heart of Occupy Movement. Occupy Dallas, en su llamamiento a la huelga general

Una cuestión central en teoría arqueológica es por qué maldita razón el grueso del personal podía llegar a aceptar su explotación -su subordinación política y económica- por parte de unos pocos. Mirando al presente, yo también me lo pregunto. Hay muchas respuestas: una, la flower power, es que la existencia de élites permitiría una gestión más eficiente de la economía y por lo tanto una mejor redistribución de los recursos entre todos. Pero ha sido continuamente desmentida empíricamente; como mucho, para compensar su propio parasitismo y en función del poder de contestación de los de abajo, las élites ofrecerían unas migajas a cambio para evitar rebeliones. En 1945, debido a la correlación de fuerzas, las migajas fueron considerables y se llamaron Estado de bienestar. Ahora son mínimas. Hay rebeliones. 

Until now there was one good argument for capitalism: sooner or later it brought a demand for democracy… (…) – but now, the marriage between capitalism and democracy is over. Slavoj Zizek

Algo que me ha sorprendido durante estos meses es la total despreocupación de las élites por la preservación del relato. A la mínima que se ha protestado, la policía ha reaccionado con brutalidad inusitada, con blásters de sonido LRAD, bombas de gases lacrimógenos, arrestando a todo el mundo, golpeando las porras a saco, tirándoles espray de pimienta en la cara. En Oakland, California, la policía atacó al movimiento con una violencia más propia de Bashar el Assad, gases lacrimógenos y demás y con un veterano de 24 años con el cráneo fracturado y en estado crítico, pero los manifestantes terminaron volviendo a la plaza. En Seattle, una activista de 84 años, un sacerdote  y una adolescente embarazada fueron esprayados en la cara. En Nueva York, la policía esprayó a unas pacíficas chicas que había previamente acorralado con una red (youtube, chungo). Un chico fue detenido por escribir LOVE en la acera. En Oakland, uno fue detenido mientras estaba meditando. La biblioteca del pueblo de Zuccotti Park, con más de 5.500 libros donados, fue requisada en el desalojo y la mayor parte de los libros, fruto de la generosidad ciudadana, aún no han sido devueltos. A la policía sólo le faltaba quemarlos. El material informático, bicicletas, tiendas, no ha sido devuelto (les suena?), después del desalojo por salubridad (les suena?) en una ciudad donde las basuras literalmente se acumulan en las aceras (no hay contenedores), hasta en masas de diez metros por dos. El puente de Brooklyn fue bloqueado por activistas que pedían más democracia: 700 detenidos. Días después, el puente y todo el tráfico de la zona es paralizado porque están rodando Batman: “son grandes beneficios para la ciudad”. Todo bajo la dirección expresa del Felip Puig americano, el alcalde Bloomberg, ese subnormal histórico en palabras de Olbermann (youtube, recomendado), 12º persona más rica del país y primera autoridad de la policía, tan bien financiada por JP Morgan Chase. Para que después digan que eso no es una plutocracia. You cannot evict an idea whose time has come.

Nada parecido a “nuestra democracia tolera la defensa pacífica de cualquier idea” ni nada “sobre la inmensa generosidad de la Primera Enmienda”. Nada de eso: tan sólo un paisaje propio de un Estado policial, una ciudad militarizada, cuatro o más helicópteros sobrevolándonos, miles de policías, muchos de ellos ya con el disfraz antidisturbios y las manillas de plástico preparadas, todas las calles valladas dificultando el libre ejercicio del derecho a manifestación, desfilando líneas de autobuses llenos de manifestantes detenidos que iban siendo aplaudidos por los que aún estaban fuera. Que el derecho a la libre expresión era una mentira se manifiesta meridianamente como evidencia empírica: muchos carteles hablando de Estado policial. Uno, señalando lo obvio: “libertad es poder decir que no al poder“, que es lo que ahora se pone en duda. A la hora de la verdad, a todo sistema político le llega el momento en qué sus propias contradicciones se ponen de manifiesto: 1989, para la URSS. 2011, para Occidente. Todo es relato: desde Occidente, cada acto de represión popular del poder soviético, cada vulneración de los derechos civiles, se presentaba como una pieza más de un engranaje sistemático de terror y coerción, pero Guantánamo, Abu Ghraib o la brutalidad policial de estos días se presentan casos aislados de jóvenes poco disciplinados o policías un poco pasados de rosca, y circulen que aquí no ha pasado nada. Pero las cosas no son tan simples. Democracia no es un sistema, sino un conjunto de valores que un determinado país puede respetar más o menos en una escala continua. Y preocupantemente Occidente está pasando del más al menos.

The system has lost its self-evidence, its automatic legitimacy, and now the field is open. Slavoj Zizek

 Whose street? Our Street! Por eso el movimiento Occupy debería ser visualizado como el Solidarnosc americano y ejercer como tal. En la plaza de la Libertad se han visto los habituales grupos de trabajo de las asambleas, inyecciones contra la gripe gratis por parte de Physicians for a National Health Program, hasta una boda entre activistas que se habían conocido ahí. También los Yes Men, disfrazados de hombres de negocios con carteles: “Brokers and Police FOR the Occupation“. Y muchos artistas, como Shephard Fairey (el del cartel de Obey… y el de Obama), Tim Robbins o Mark Ruffalo. Lost a job – found an occupation. También un capitán retirado de la policía de Filadelfia y totalmente solidarizado con OWS, y ayer pasado por encima por el inexorable rodillo del Estado de derecho.

All Day! All Week! Occupy Wall Street! En la manifestación de ayer por la tarde (30.000 personas), se vieron a bandas de gypsy jazz con algún que otro venerable barbudo judío, los raperos de Occupy the Hood, un par de profesoras de edad con un cartel con las palabras de Schopenhauer –All truth passes through three stages. First, it is ridiculed. Second, it is violently opposed. Third, it is accepted as being self-evident.- al lado de dos pre-adolescentes con carteles de We are the 99%, abogados de los colectivos que viven en vivienda pública, los chicos de Occupy Cinema con una proyección casera sobre una pancarta de la película La Revolution Cómmence de Pierre Clementi sobre el 1968 parisino, familias, hippies jóvenes y mayores, hasta propios concejales de la ciudad que habían marchado desde el barrio dominicano de Washington Heights, en uptown, para traer las minorías al movimiento (sobre los cuales también pasó el inexorable rodillo del Estado de derecho). Y un grupo de niños que muy sabiamente gritaron en los micrófonos: You can’t stop us… – because we are kids!

Pero hay muy pocos trabajadores.  El perfil medio del manifestante es joven, bien educado, blanco – sólo la mitad está empleada a jornada completa. Tahrir fue un símbolo de la protesta, también la intentaron desalojar -aquella vez sin éxito, a diferencia de Zuccotti Park-, pero lo que derribó la dictadura fue extensivas huelgas en transportes, el canal de Suez y petrolíferas, que habían paralizado la economía del país. La revolución que sólo sea tuiteada fracasará; como dijo la activista Salma Said, defendieron Tahrir con sus vidas, no con el facebook:

“La revolución fue no-violenta tan sólo después de quemar el 90% de las comisarías de policía, después actuamos como hippies”. Salma Said

Pero las nuevas tecnologías permiten divulgar rápidamente lo que realmente significa el inexorable rodillo del Estado de derecho. Es aquí donde el autoengaño del relato se concibe como síndrome de Estocolmo. Un 72% de los neoyorquinos apoyan a OWS -un 55% entre los republicanos- pero sólo un tercio de todos los americanos (debido al desconocimiento mutuo entre las diversas regiones del país, como pasó con la demonización de los hippies). En las imágenes con las que empezábamos, aún hay muchos que ven “fuerzas del orden restableciendo la normalidad”, donde tan sólo hay matones que pegan precisamente a la gente, pacífica, que les paga el sueldo. Aún hay muchos que se creen que no hay alternativa a los recortes sociales. Pero el relato se está cayendo a trozos. En nuestra analogía, la policía son los “partidarios de Mubarak” y los manifestantes de Occupy son los “detractores de Mubarak”. Cuando los primeros intentaron expulsar a los segundos de Tahrir, no hubo tan sólo una confrontación física, sino también de relatos: la desobediencia de los manifestantes minaba en sí el mismo fundamento de legitimidad del régimen. Por eso OWS debe volver a Zuccotti.

Ahora bien, a OWS, al 15M, les puede pasar lo mismo que al 1968 parisino, el autoengaño de creerse un gran movimiento, de carácter muy estudiantil, que iba a cambiar las cosas pero que se quedó en nada -como mucho, con una victoria aplastante de Charles de Gaulle en las elecciones (les suena?). No podemos simplemente decir que no a los recortes sociales y conformarnos con las migajas que nos van dando.

We don’t want just one cake,… We want the whole bakery.
Internet: qué fácil es desmantelar el relato.

La Fiesta de la Democracia, visión subjetiva

La primera nación del mundo libre, visión objetiva

La policía también es el 99%, visión subjetiva

El inexorable rodillo del Estado de derecho, visión objetiva

La generosidad de la Primera Enmienda, visión subjetiva

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Occupy Wall Street: toma de contacto

16 noviembre 2011

Sé que llamar OWS: toma de contacto a la primera crónica de una serie el día después de su desalojo desacreditaría a cualquier vago intento de llamar periodismo a esta cosa, pero es lo que tiene sufrir de productividad española enfrente a la vertiginosa sucesión de hechos que cualquier movimiento indignado desencadena. Como corresponsal Pobrelberg en Nueva York, me han preguntado varias veces por una crónica sobre OWS. Uno compara, uno contrasta, todo para poder decir qué es lo que caracteriza #OWS a diferencia del resto, pero le resulta que tanto #OWS como el #15M son movimientos esencialmente idénticos, tanto en la forma como el contenido, y siguen procesos esencialmente paralelos. La misma dinámica de cooperación y autogestión, el mismo carácter pacífico de las protestas, la misma brutalidad policial de un sistema que teóricamente acredita la libertad de expresión, las mismas justificaciones por salubridad e higiene, los mismos intentos de ridiculizarlos y desprestigiarlos, las mismas etiquetas ideológicas de tiempos pasados.

En todas partes el establishment politicomediático se pregunta, confusobut what do they want? Intenta clasificarnos en el tradicional eje izquierda-derecha, pero en vano: #OWS lo supera ampliamente. El presidente del país habla de simpatía con el movimiento, al mismo tiempo que aplica claras políticas en contra de él: ¿es que es idiota? Quizá. ¿es que acaso tiene las manos atadas y no puede hacer nada al respecto? También. Zapatero, Obama, Soros o Botín ven con buenos ojos un movimiento que irónicamente les señala a ellos mismos como culpables. Pero ellos no son malvados uruk-hai de Mórdor, sino es el sistema que intrínsecamente nos enfrenta a nosotros contra ellos. Es la misma estructura que, contra su voluntad, nos los presenta como enemigos. Y ellos, los que teóricamente tienen la sartén por el mango, no tienen ni idea de cómo cambiar algo que ya intuyen que no funciona. La verdad es que están igual de atrapados que nosotros, o más.

Pero para estar atrapados, viven muy bien los jodidos. Su problema es que tienen mucho que perder.

They tell you we are dreamers. The true dreamers are those who think things can go on indefinitely the way they are. (…) We are not destroying anything. We are only witnessing how the system is destroying itself. Slavoj Zizek

Si Occupy Wall Street tiene alguna particularidad, es su privilegiadísima posición des de la cual presencia el mismo colapso del sistema: Zuccotti Park es el mismo núcleo del reactor en plena fusión, el epicentro del terremoto del turbocapital, la zona cero del modelo anglosajón de neoliberalismo. Es en Wall Street donde se ordenó el desguace de la Glass-Steagall Act bajo la Administración Clinton que desató esta crisis. Es en Wall Street donde delincuentes multireincidentes con un alto plus de peligrosidad social conviven alegremente con los mismos a las que las víctimas de los primeros pagan para protegerse. Es en Wall Street donde los mafiosos culminan el sueño de Tony Montana, top of the world, entre cocaína, prostitutas de lujo y todos tus ahorros. Es en Wall Street donde están los pérfidos especuladores que juegan con la deuda soberana de Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España: es ahí dónde se aprieta el botón que desencadena una larguísima cadena de decisiones que termina con la muerte de pacientes catalanes que merodean por los hospitales buscando quién les asista. Si “los mercados” a los que Zapatero intenta calmar con sus millones de medidas antisociales tienen un hábitat natural, ése es Wall Street.

They also carry out these ugly activities with almost complete impunity — not only too big to fail, but also “too big to jail.” Noam Chomsky

Hay motivo. En OWS se tiene la seguridad de estar en lo cierto: we are the 99%, en un país donde el 10% de la población tiene el 71% de la riqueza: la gente está en la calle indignada por la absoluta impunidad de los que generaron esta crisis, que son el 1%. Sólo Madoff está en la cárcel y porque defraudó a los de su misma especie. No es un problema en absoluto coyuntural, como algunos quieren hacer ver. El sistema entero se halla fundado sobre un principio teórico que la misma historia ha desmentido empíricamente: el mercado podía ser un mecanismo de redistribución de riqueza. Si Estados Unidos es el modelo neoliberal por antonomasia, es algo muy chungo; sus fundamentos van siendo gradualmente minados por sus propias contradicciones: tiene, con diferencia, el porcentaje de PIB en gasto en sanidad más alto de la OCDE (casi el triple que España), pero ofrece un servicio social pésimo. Otro disparo en el pie, consecuencia de la misma lógica: la burbuja de los student loans está produciendo una generación de profesionales hipercualificados pero con nula capacidad emprendedora debido a su enorme endeudamiento. Otro disparo en el pie: El índice de desigualdad económica coloca al país a niveles africanos (entre Camerún y Jamaica). El país ya no es una democracia, sino una plutocracia: sólo los ricos pueden permitirse costearse una campaña electoral, con los resultados que tiene. Otro disparo en el pie: el grueso de los impuestos va a financiar el complejo militar del imperio, con Irak y Afganistán como si fueran “la AIG bélica”. Puro keynesiasismo militarista, la deuda del cual se financia… en Wall Street.

Por OWS han pasado para instalarse desde intelectuales de primer orden (Slavoj Zizek, Noam Chomsky, Flores d’Arcais, Judith Butler…) hasta cubanas octogenarias –la inigualdad nos enferma (sic)-, miembras del movimiento transversal Occupy the Hood/Occupy el Barrio, que aspira a integrar (con éxito) los no-blancos en el movimiento, los grandes perjudicados por el racismo inherente del sistema. Igual que el #15M, el movimiento empezó con unas pocas tiendas en una plaza y ahora se extiende, confiado de tener razón, por todo el país y por cada rincón de las ciudades. También aquí hay iniciativas de guerrilla gardening

Zuccotti Park (propiedad de una empresa: privatización del espacio público), rebautizado con su nombre original, Liberty Plaza, representa la misma praxis de la Primera Enmienda: la libertad de expresión, algo que la policía demuestra día sí día también que le cuesta tolerar, continuamente vallando las protestas, democráticamente exigiendo permiso para reuniones de más de veinte personas, confiscando los equipos electrógenos argumentando que podían causar fuego (!) y prohibiendo los mecanismos de amplificación de sonido, a lo que los manifestantes han respondido adoptando el sencillo método del human mic, ir repitiendo las palabras del orador, que siempre empieza con un melódico y positivo I propose, a modo de eco en una, dos, tres, hasta cuatro oleadas, algo que quizá sólo la esquemática gramática del inglés puede permitir. Ante el libre ejercicio de la Primera Enmienda, hoy una juez ha permitido una versión descafeinada y tutelada del derecho de manifestación – qué gran generosidad la del sistema de ofrecernos estos enclaustrados métodos de protesta! Por si lo olvidaban, el derecho a llevar armas (Segunda Enmienda) no fue obra de los locos de la Asociación del Rifle, sino de los líderes revolucionarios que reconocieron al pueblo el legítimo derecho a rebelarse contra un gobierno injusto. Ésta es la semilla de libertad en OWS tan intolerable para los poderes y que quieren restringir a toda costa.

La primera señal de fuerza fue en Times Square, donde decenas de miles se congregaron en la catedral del consumismo, para decir basta a ese gigante bukkake publicitario que es la apoteosis del turbocapitalismo. Gritos que sonaban: This is what democracy looks like! o No more war, por favor! Tan sólo por existir, el movimiento es especialmente molesto para los de arriba, porque con su natural espíritu cooperativo se pone en duda el acérrimo individualismo punto de partida de todo; en las plazas ocupadas éste se suspende momentáneamente y se readmite el trueque, la reciprocidad y el altruismo como formas básicas de relación económica. Es especialmente molesto, porque con su natural espíritu de auto-gestión lanza un directo mensaje al poder: no os necesitamosEn ese sentido, al igual que todas las protestas de indignados, el movimiento representa en sí una toma de conciencia de un nuevo espíritu, el germen de una sociedad más libre y justa: una semilla que está siendo plantada.

Próximas entregas: la rebelión de las cuentas bancarias; entrevista a un activista de OWS; entrevistas a profesores de Columbia.

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Es Felip Puig ETA?

18 octubre 2011

Ayer vi el documental de Évole sobre ETA. Llamadme de piel fina, fina, que es trenqui, pero cada vez que uno del PP o del PSOE decían que los abertzales “tenían que condenar a la violencia”, así en genérico, se me ocurría automáticamente, “también deben entonces condenar a Felip Puig?” Es que las salvajes palizas de los mossos no son violencia? Pero ya hilando fino (más allá de que a Otegi le hayan caído doce años por dos cartas más las torturas que ve el TEDH en España), es que las cárceles no son secuestros legales, los impuestos extorsiones legales, la policía unos matones legales? El Estado es tan sólo Estado porque ostenta el monopolio de la violencia legítima (Weber) y la clave está en la legitimidad que la da la gente, porque precisamente les hace olvidarse que aquello también es violencia.

La legitimación viene por una mescolanza difusa entre ideología y utilidad, ésta a la vez, positiva (los beneficios de pertenecer a la estructura) y negativa (coerción y falta de alternativas a pertenecer a la estructura). Cuando se van a pedir favores a la mafia, cuando se acude a la policía a poner una denuncia, cuando se apoya a “la lucha armada”, se legitima la violencia que ellos ejercen, eso sí, de un modo coherente. Esta coherencia al fin y al cabo es la que da seguridad jurídica (porque uno sabe ya a qué atenerse). ETA y Felip Puig son, por lo tanto, dos caras de la misma moneda y dos absolutos mafiosos sin escrúpulos.

Claro que cada estructura política tiene un respeto mayor o menor por las garantías democráticas, los DDHH y las libertades individuales. Y también está muy claro con qué me quedo, yo, entre ETA, la mafia y el Estado. Me quedo con el Estado islandés, sin Ejército y que mete a los banqueros en la cárcel, porque del español nada, ya que gracias a la buena obra de Puig se ha dado un pasito más para ya no poder distinguir qué es la mafia y qué es España.

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España son cenizas

11 octubre 2011

Ya me podéis decir qué tipo de democracia va a haber en este erial intelectual que llamamos España cuando todos los sondeos auguran una victoria aplastante de un partido endémicamente corrupto que ni tan siquiera presenta un programa político para tal efecto. Que sí, que ahora la gente no vota según el programa y se guía según la tribu a la que pertenece o la trademark de partido, pero al menos podríamos disimular que tampoco es tan difícil. Es que hasta su prensa adicta se dedica a publicar sondeos totalmente inventados. En cambio, la buena noticia está en el totalmente merecido histórico retroceso del PSOE, cosa que honra a sus ex-votantes e impide que podamos confirmar al cien por cien el hecho de que la gran masa de electores españoles esté compuesta por monos amaestrados de circo.

Esta dinámica es idéntica a la de las recientes elecciones catalanas (victoria aplastante de CiU) y sólo parece tener una lectura posible: la socialdemocracia carece de fuerza real para implementar su ideario político de modo que, al gobernar, se dedica a imitar el programa neoconservador, con consecuencias nefastas para su popularidad. Esta falta de fuerza es, a nivel económico, efecto directo del desequilibrio entre trabajo y capital producido por la globalización a partir de los setenta y, a nivel ideológico, de la asunción intelectual -errónea- de que no hay alternativa al modelo actual de capitalismo. De alternativas, haberlas, haylas. Pero no hay ni intención (por quién tiene el poder) ni valentía (por quién a veces lo tiene) para implementarlas.

El débil espíritu de la izquierda es flagrante en el actual patetismo de Izquierda Unida: en un panorama totalmente idóneo para un enorme crecimiento, con continuas protestas  en la calle, un empobrecimiento generalizado de la clase media en favor de la clase alta y el descrédito total de la “izquierda oficial”, tan sólo consiguen 4 diputados, lejísimos de los 21 a los que llegó Anguita el 1996 con la misma ley electoral. Por culpa de un sectarismo endogámico y acrítico, no existe voluntad de renovarse adaptándose a los nuevos canales de información, ni de servir de canal abierto y amplificador para las protestas del 15M, occupywallstreet y etcétera. En vez de eso, estos movimientos se declaran huérfanos políticos porque son esencialmente de carácter anarquista, a diferencia del infame socialestatismo actual, ahora en proceso de desmantelación total.