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El bumerán de la complacencia

7 octubre 2011

I tweeted that the protest reminded me a bit of Tahrir Square in Cairo, and that raised eyebrows. True, no bullets are whizzing around, and the movement won’t unseat any dictators. But there is the same cohort of alienated young people, and the same savvy use of Twitter and other social media to recruit more participants. Most of all, there’s a similar tide of youthful frustration with a political and economic system that protesters regard as broken, corrupt, unresponsive and unaccountable.

Nick Kristof

“Pero esto es una democracia, no una dictadura!” – levantan las cejas algunos. Efectivamente, en España hay democracia: por eso se impone la reforma laboral a golpe de decretazo, se aniquila el Estado de bienestar sin referéndum mediante, la sagradísima Constitución se reforma ipso facto en pleno mes de agosto y por imposición del Banco Central Europeo, se presta unilateralmente territorio propio para el ejército imperial bajo negociaciones secretas, tenemos a presos políticos en las cárceles, se impone la ley Sinde por injerencia externa y, claro, se reprime muy franquistamente a manifestantes pacíficos haciendo uso de su muy constitucional libertad de expresión.

La democracia no es un sistema político – es tan sólo un conjunto de valores morales a los que un determinado sistema puede aspirar. Es un espectro continuo – hay países que respetan más la representatividad del poder político, las garantías constitucionales y las libertades cívicas y hay países que menos. Es obvio que China, Egipto o Brasil son menos democráticos que Alemania, Grecia o España. Pero es que en aquellos países o bien la legislación laboral mejora ostensiblemente para el trabajador, o se echa al presidente del país (porque Mubarak no se llamaba a sí mismo dictador, que yo sepa), o la clase media ya supera el 50% de su población. Unos suben, otros bajan.

Con el argumento de que vivimos en una democracia, se impone el estancamiento social. Pero una democracia no es sólo votar cada cuatro años – también se votaba en la República Romana, ya puestos- es también que la ciudadanía elija los temas en la agenda política, libertad de información y de manifestación, representatividad política. Dónde se ha elegido que la legislación laboral sea prioridad política y no que el gasto español en educación sea de los más bajos de la UE? Dónde se ha visto que un hombre controle todos los medios de comunicación de un país como Italia? Dónde se tienen medios de comunicación totalmente sumisos al poder político? Dónde no se ha impuesto la dimisión de un político corrupto y fascista como Felip Puig? Dónde se interpretan decisiones judiciales como imposiciones a la mayoría social? Dónde se pone la policía al servicio del gran capital a reprimir ciudadanos de a pie? Dónde se persigue a profesores y médicos como si fueran delincuentes y a los delincuentes se les regala dinero público a espuertas?

Sí, amigos, en nuestra querida democracia perfecta.

Lo que estamos viendo ahora es, quizá, el final de la historia como tal: eso es, el punto final de la evolución ideológica del ser humano y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno humano.

Francis Fukuyama, tonto útil

Creer en la ilusión de un sistema político perfecto es terroríficamente complaciente y verduleramente contraproducente. Lo que tenemos aquí es tan sólo un mercado político de masas y la verdad es que cada vez vamos más hacia atrás en nuestro largo camino hacia la democracia. Sentarse en el cómodo sillón conceptual del final de la historia no es más que abdicar de nuestra responsabilidad cívica de exigir que se rindan cuentas: ser ciudadanos, no idiotas. Quizá nunca debimos delegar el monopolio de la violencia legítima a un Estado que a la mínima nos vende. Esta estúpida diferenciación entre China como dictadura y España como democracia es un terrible bumerán que, una vez lanzado, se nos devuelve a vertiginosa velocidad, nos golpea al estómago duramente y, sólo entonces, vomitamos un poco de bilis a ver si, horrorizados al verla, despertamos de una vez.

2 comentarios

  1. Muy bueno tu último párrafo. Recurrir a la bilis: un buen recurso.


  2. Vaya, no hablo de “recurrir a la bilis” como método (crispación, etcétera), sino se trata simplemente que al darnos en el estómago este bumerán metafórico y echar un poco de bilis, nos demos cuenta de que algo va mal.



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