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Nuestros sueños no caben en vuestras urnas [#15M]

17 mayo 2011

Y es que las urnas son muy pequeñas, es que es obvio: uno tiene mil dudas acerca de si votar a éstos, o a aquellos, o no votar, y debate y piensa y reflexiona. Al final, mete el voto en la urna y ya está, un papelito más para el partido tal. ¿Pero dónde van a parar todos estos argumentos, todas estas reflexiones previas? ¿En la urna? No, en la basura. Porque se elige a un determinado partido y, con él, se pierde cualquier matiz: el voto del groupie de Rajoy o Zapatero de turno y el mío avalarán al fin y al cabo exactamente el mismo programa electoral. Es por eso que vivimos en un mercado político de masas – los partidos son empresas que venden un producto (antes un programa electoral, ahora simplemente una marca) a los consumidores/votantes. Y este producto está bien definido por las reglas del márketing – apela mucho más a los símbolos de las diferentes tribus urbanas (éstos son de los míos) que a propuestas particulares.

Y la gente se presta a este juego de tribus sociales como si se tratara de un barçamadrid; en parte, eso es comprensible debido a la gran complejidad de la sociedad actual, que requiere propuestas igual de complejas y difíciles de interpretar y juzgar; el ciudadano medio no tiene tiempo para estas cosas y entonces delega este rol en los políticos que identifica como más próximos a su grupo social a nivel de valores ideológicos – como son de los míos ellos ya sabrán lo que es bueno. Es precisamente en esta delegación de la responsabilidad política que la democracia se traiciona a sí misma, no por maldad, sino por sentido práctico – gestionar los conflictos en sociedades tan grandes y complejas es muy difícil; las cosas a hacer devienen más complejas (y necesitan especialistas), pero los votantes no tienen tiempo para avalarlas (y los programas políticos se simplifican). La profesionalización de la política, fenómeno emergente de la sociedad, genera una casta alejada de la realidad, pero que al lado del gran capital son unos mindundis a su servicio – es la creación del híbrido Estado-Mercado.

Toma tesis: ahora asistimos a la muerte del Estado socialdemócrata y su eventual sustitución por el neofeudalismo del turbocapital. Pero igual que en 1918, después de la Gran Guerra, no había marcha atrás hacia el régimen liberal-burgués basado en el libremercado, la estabilidad presupuestaria y monetaria y el sufragio censitario, ahora ya no hay marcha atrás hacia un Estado benefactor basado en la progresividad fiscal, deuda pública, inflación y sufragio universal. En 1914-1918 los partidos socialistas cobraron un gran protagonismo por su participación en las maquinarias bélicas y como mal menor delante la revolución bolchevique. Entonces tenían el poder para introducir políticas sociales, pensiones y subsidios de paro y todo esto costeado gracias a la progresividad fiscal y la deuda pública. Ya no.

Ya no porque el equilibrio entre capital y trabajo que regía el régimen socialdemócrata se ha roto debido a la globalización del modelo americano: ya no hay telón de acero, Oriente aporta una gran fuerza de trabajadores a bajo coste con los que los occidentales no pueden competir y el capital se ha unificado y domina grandes oligopolios que ahora aspiran a sustituir al Estado de bienestar creando uno de capital privado y no público. La socialdemocracia venció, porque creó una numerosa clase media con derechos políticos, sociales y laborales. Pero ahora, los sucesores de los partidos socialistas de entonces están liquidando su propio modelo y sustituirlo por un régimen neofeudal: una élite política y económica sobre una gran masa de trabajadores precarios sin derechos. Y lo hacen porque pueden. Porque nosotros lo permitimos, ya que nos creímos su cuento chino.

¿Queríais democracia? Toma democracia.

El #15M tendría que ser, por lo tanto, la ruptura con esta narrativa terrorista; no sólo eso, sino también un cambio de rumbo que nos aleje de ese futuro orwelliano y distópico que es el neofeudalismo del turbocapital, acentuado por la crisis energética y ambiental. Nos tenemos que dar cuenta de que son ellos, la élite, los que necesitan nuestra fuerza productiva sobre la que fundamentan sus estructuras de poder, y no al revés. No los necesitamos en absoluto. En este contexto, el problema de escala de la interconectada sociedad actual (demasiado grande y compleja) hace que la democracia representativa ya no tenga sentido: esto se solventa reconstruyendo el tejido social local, volver a los barrios, hacerlos autosuficientes energética y alimentariamente pero también en red interconectada y plantearlos como polos opuestos al poder globalizado del capital, restaurando su soberanía local y directa. La sociedad es una balanza de poderes y tenemos que reivindicar, reconstruir y acampar en nuestro sitio.

Por lo que respecta al voto, es tan sólo un papelito que obvia todo lo descrito. Por eso, lo más recomendable no es quedarse en casa mientras uno reniega de todo, sino trabajar en la dirección descrita, pero con el pequeño extra cada cuatro años de meter el dichoso papel en la urna, un papel que avale el programa de quién sintoniza con esta dirección, aunque no tenga el poder fáctico para aplicarla: en Barcelona, CUP – Alternativa per Barcelona (Des de baix) o, al menos, ICV. Que son los únicos que tienen un modelo de ciudad europeo y avanzado en mente. Pero el esfuerzo tiene que residir en reivindicar la soberanía de lo local y desplazar, espontáneamente, los que se arrogan el rol de representantes.

3 comentarios

  1. Utilitzes malament el concepte delegar, delegar implica un control conscient sobre l’objecte delegat(la representació en aquest cas).

    L’estat socialdemocrata va existir perque es va deixar que existis, pero no hi ha una voluntat d’usurpar el poder de l’estat aquest ja l’ha perdut en una economia de mercat on tots els factors són monetaritzables.

    L’estat senzillament no té el poder, que resta en mans d’unes élits no escollides i fora de tot control, unes élits que citan a Naredo: “recomiendan hacer sacrificios humanos para aplacar la ira de los dioses del mercado.”

    La crisi és multi-dimensional, centrar-ho en aspectes econòmics i considerar-nos força productiva ens porta a no qüestionar l’usurpació de la autonomia personal i col·lectiva per molt que estigui descentralitzada localment.

    I com bé dius cal la sobirania local, però en democràcia directa, no en la representativa.


  2. Strass, sí, m’ha faltat mencionar democràcia representativa però ja estava bastant clar. En tot cas, en absolut ho redueixo tot a termes econòmics – bé, és que tot és economia – simplement plantejo que la societat és una balança de poders, els treballadors n’han perdut molt i per això ara els plutòcrates van crescuts.


  3. “Nos tenemos que dar cuenta de que son ellos, la élite, los que necesitan nuestra fuerza productiva sobre la que fundamentan sus estructuras de poder, y no al revés. No los necesitamos en absoluto.”

    És un punt clau, hi ha massa gent que encara pensa el contrari. Mentre llegia aquestes frases m’ha vingut al cap una escena d’una pel·lícula que vaig veure fa anys, Antz, en que el missatge és prou semblant:

    Enhorabona pel blog!



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