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Neoliberalismo: la fina diferencia entre teoría y práctica

9 mayo 2011

No deja de ser curioso -e irónico- que la receta para salir de la crisis que proponen los economistas neoliberales como Juan Ramón Rallo (jefe de opinión de la Libertad Digital de Jiménez Losantos) sea exactamente la misma que la propuesta por los intelectuales de izquierdas como Noam Chomsky o Ken Loach – reestructurar la deuda, hacer un default. El Estado se endeudó demasiado y le pidió prestado el dinero a los mercados financieros – ahora se trata de renegociar esta gigantesca deuda, contraída con gente que ya sabíamos mafiosos. Pero es lo que tiene pedir favores a los poderosos Corleone, que te pillan por los huevos y no te dejan fácilmente.

En el fondo, lo que la izquierda etiqueta como neoliberalismo – la ideología de Bush, Aznar, Sarkozy, Cameron, Blair, Zapatero y cía- es a la teoría original (escuelas austríaca y de Chicago) lo que las purgas estalinistas de la URSS al marxismo o la Santa Inquisición al cristianismo: ideologías al servicio de unos pocos poderosos que se escudan, pervirtiéndolas, en vaguedades derivadas de un bonito mensaje original. Es más: tanto la teoría neoliberal como el marxismo detestan el mismo acaparamiento de poder por parte de la oligarquía, sea ésa la que domina las instituciones políticas que controlan al mercado (y con ello la libertad económica) o sea ésa la que domina el mercado que controla las instituciones políticas (y con ello la alienación psicológica de los trabajadores). En suma, que cada una insiste en sus matices, pero los valores morales son compartidos en mayor o menor grado – no se trata de un conflicto entre teorías, sino entre grupos sociales con intereses enfrentados que se escudan en ellas. Son más dinámicas tribales de grupo, a los que sucumbe una sociedad de masas sin referentes comunitarios locales, que otra cosa: el famoso parroquialismo altruista, fundamento de las sociedades complejas a gran escala.

Al fin y al cabo, el neofeudalismo del turbocapital que predican Bush y etcétera tiene poco de neoliberal, porque encumbra a la élite, al oligopolio económico, y merma así la libertad individual: la deregulación financiera de Clinton y Bush, que provocó la crisis financiera y tan bien descrita por Inside Job, consistía en la abolición de la Glass-Steagall Act mediante la Gramm-Leach-Bliley Act y demás favoritismos legales para los todopoderosos bancos. Se eliminaba la separación entre bancos comerciales (depósitos) y de inversión (capitales), obligatoria desde la Gran Depresión en 1933 para deshinchar a la especulación (de un modo bastante adecuado, como se puede ver retrospectivamente). La abolición de la Glass-Steagall obedecía a la narrativa justificatoria de un vago neoliberalismo, pero era -como la Guerra de Irak era contra las armas de destrucción masiva- un cuento chino: nada más que el objetivo de los grandes bancos desde los años ochenta con la intención de consolidar su poder oligopolístico, como aquí ha sido la bancarización-privatización de las cajas. Pero es que la misma existencia de estos grandes bancos es denostada por la Escuela Austríaca, que considera -bastante apropiadamente- que es totalmente excesivo y aberrante el poder, otorgado por el gobierno, de imprimir dinero en función de los tipos de interés fijados por el Banco Central. Pero, para ellos, esto es socialismo.

Igual que los intelectuales franceses de la posguerra, delante de las tremendas contradicciones con la teoría que ofrecían las revueltas del 17 de Junio en Alemania Oriental, Hungría en 1956 o Praga en 1968,  distinguían entre socialismo real -el soviético, el de las purgas de Moscú y de los gulags siberianos- y socialismo ideal -el utópico en los librillos-, la escuela neoliberal también se enfrenta a la fina línea que diferencia teoría y práctica: que la teoría -una sociedad de individuos libres interactuando entre sí mediante el mercado- es muy bonita, pero inaplicable con las actuales condiciones donde las oligarquías imperan y la manipulan con mala fe para justificar reformas políticas únicamente dedicadas a consolidar su poder criminal.

One comment

  1. Interessant reflexió, afegiria un apunt, mentre existia la URSS i el bloc comunista, (i no defensaré les mancances i contradiccions d’aquell sistema de govern), la situació al món d’una visió molt simplificada, era de dos blocs, per una banda l’establisment capitalista actual, i per altra banda la nomenklatura dirigent de la URSS. No existia la globalització, no tal com la entenem ara. La aplicació de les polítiques neoliberals als paisos desenvolupats va coincidir amb el colapsament economic de la URSS, a la dècada dels anys 80 i que va finalitzar amb la dissolució d’aquesta i el camí cap a la globalització mundial. El resultat es que ara la classe dominant, la oligarquia, es una sola, i els enemics són només fantasmes.



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