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La socialdemocracia como despotismo ilustrado: papá Estado

8 abril 2011

Cuando hablamos de universidad pública (y de calidad, etcétera) como una meta a conseguir, eso implica que pretendemos que el Estado, o sea, el ministro de turno, muy probablemente del PPSOE, sí, el mismo PPSOE, sea el que decida cómo financiar la investigación y no alguien con visión preclara, ponderada y democrática. Es lo que tiene la realidad, que no es ideal. Cuando hablamos de medidas como la renta básica, damos por supuesto que será el Estado el que se encargará de esta redistribución de la renta, es decir, otra vez otro ministro del PPSOE. Pero resulta que a medida que ascendemos por los escalones del poder, los lobbies ganan influencia sobre los gobiernos y los ciudadanos de a pie, con menos capacidad de autoorganización, la pierden: la idea de un gobierno mundial unitario es tremendamente bonita, sí, pero un voto entre seis mil millones es una gota en el océano y General Motors o Shell un tsunami que se lo llevan todo. Sólo hay que ver quién es defendido por la UE. No sé hasta qué punto es inteligente es delegar nuestras responsabilidades al Estado cuando en el nivel más alto es tan fácilmente manipulable por las oligarquías. ¿Tiene sentido confiar en un papá Estado que continuamente decide prostituirse?

Dimos al Estado la función de velar por nuestros derechos y entonces el Mercado compró al Estado. La jugada fue perfecta. Un Estado que los socialdemócratas asumen deficitario per se (¡porque la sanidad, la educación, el transporte público no son un negocio!) pero entonces, en esta situación, hay que buscar ese dinero en algún sitio: mediante emisión de deuda (dando el poder incontestable que tienen los mercados financieros) o bien mediante impuestos a los más ricos (la solución tradicional de la izquierda, ¿pero ellos quieren? ¿es democrática tal imposición?). Pero los ricos intentan escaquearse, y con éxito: con Eisenhower de presidente americano, el tramo más alto del impuesto sobre la renda era del 93%. Entonces el dinero huyó hacia las rendas del capital, incontrolables y tan fluidas a nivel global que son imposibles de fiscalizar por los Estados nacionales (que tampoco quieren, porque comparten intereses), y el poder se concentró en los mercados financieros. Mientras que después de la Segunda Guerra Mundial, la recaudación de impuestos recaía principalmente sobre la clase alta y los trabajadores, demasiado pobres, no pagaban, ahora la recaudación viene mayoritariamente de la clase media, trabajadores que se han convertido en propietarios -aburguesándose-, pero aburguesarse no sólo quiere decir quedarse anestesiado en el sofá, sino también poseer lavadora, nevera e Internet, cosas teóricamente deseables porque aumentan el bienestar de la gente. Al mismo tiempo, se han ido eliminando gradualmente todos los impuestos sobre la clase alta, que de paso se ha refugiado en los mercados que ahora nos joden vivos.

La cuestión es clara: un Estado, sufragado por la clase media, pero que se vende a la mínima (porque necesita más dinero) a la clase alta mediante emisión de deuda, ¿tiene sentido? ¿Es inteligente? Una de las posibilidades es evitar la necesidad de prostituirse, sólo depender de nosotros mismos, pero esto equivale a recortar el déficit, con todo el pack incluido. Quizá se asumirían mucho mejor los recortes como un necesario modo de ganar en independencia si al mismo tiempo se desmantelaran todos los intereses oligárquicos que vampirizan este país, en forma de AVE, subidas de tarifas eléctricas del 10% (totalmente innecesarias sin oligarquías), medios de comunicación, bancarización de las cajas, etcétera. Pero cómo nos íbamos a creer a Artur Mastijeras, el partido del cual votó a favor de salvar con ingente dinero público a las concesionarias de autopistas de Madrid “porque no habían previsto tener esas pérdidas por la disminución del tráfico“, que equivale a los tremendos agujeros causados por la irresponsabilidad de los bancos y que hemos tenido que pagar entre todos. El peso de la oligarquía es tremendamente pesado.

Sería lo mismo que yo fuera a papá Estado y le dijera: “Estado, la he liado parda, el finde pasado salí de fiesta a muerte y se me fue totalmente de las manos. ¿Me regalas mil millones de euros?” Así de chulo. ¿Por qué a los bancos se les permite esta caradurez? Porque les dimos demasiado poder y muchos ahora se dan cuenta, pero es tarde. Con la connivencia socialdemócrata, nos metieron un doberman en casa, atado con una correa que los neoliberales exigían que cada vez fuera más delgada y frágil, hasta que llegó 2008 y el doberman se nos comió al niño. Pero fuimos nosotros quién dejamos entrar el doberman en casa. Al margen de asuntos económicos, la enfermedad de nuestro tiempo es la continua delegación de responsabilidades propias en otros. Es lo que en la antigua Grecia se llamaría ser un idiota, que sólo se preocupa por asuntos particulares: los sindicatos UGT y CCOO se convirtieron en verticales cuando los trabajadores delegaron en sus representantes sindicales el litigar sobre sus asuntos laborales. Las actitudes morales se diluyen cuando dejamos todas las decisiones de ese calado para el juez, que sólo decide sobre lo penal. No hay preocupación por educarse cuando esto se circunscribe en la escuela y sólo tiene que hacerlo el maestro. Los políticos devienen corruptos cuando nadie se preocupa por lo que hacen. ¿Hasta qué punto esto ha pasado por la sobreprotección de un Estado paternalista, que cumple responsabilidades por los ciudadanos, asumiéndolos irresponsables (tienen que ser educados para…) y al final practicando políticas que terminan sumiéndolos en este estado? Es lo bonito del libertarianismo, que asume implícita la autonomía de los individuos y obra en consecuencia: la emancipación en un mundo libertario es una necesidad, una condición, y no un fin ideal en la mente de un maestro socialdemócrata demasiado aficionado a la psicopedagogía.

3 comentarios

  1. ¿Por qué llamarlo Estado pudiendo llamarle socialdemocracia?


  2. Habida cuenta de lo que nos cuesta y la diligencia con la que afronta sus obligaciones, yo estoy por secundar que dejemos de hablar de papá estado y empecemos a hablar de hijo tonto estado…


  3. Oh! Això del “libertarianismo” ha sigut meravellòs. No m’esperava que acabessis tant optimista un post que començava un mica desafortunat, amb les fal·làcies pessimistes clàssiques (discurs oficial de “¡porque la sanidad, la educación, el transporte público no son un negocio!”).

    Ara, crec que hauries de preocupar-te, perquè el tufillo libertari comença a ser preocupant (“Al margen de asuntos económicos, la enfermedad de nuestro tiempo es la continua delegación de responsabilidades propias en otros. Es lo que en la antigua Grecia se llamaría ser un idiota”). Es comença així i s’acaba o bé l’Edèn de les bones persones, y dejadme a mi, que lo remato (paternalisme) o se n’és expulsat, i acabes acusat de sociòpata.

    La part positiva és que aquesta idiotització ja comença als grecs, i (descobreixo) que la necessitat de salvar-los és hasta més antiga que el Cristianisme, que ja és dir!

    ps: El dissabte no hi va haver martini (ni resposta!). Perdona. El poble acostuma a “fer dissabte”, anant a plaça, cuinant i endreçant el zulo-piset. És el que té no gaudir del dret a tenir la casa neta i el dinar parat a taula. Tens el telefòn de la Bibiana a mà?

    ps2: L’any passat va morir en Malcolm McLaren, tiu. Que se’l va menjar el mercat??



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