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Las casualidades sí existen

10 marzo 2011

Si bien la “física cuántica”, “la teoría del caos”, el “efecto mariposa” y “la teoría de la sincronicidad” son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo.

Borja Vilaseca, Las casualidades no existen, las “comillas” son suyas

Leo en El País un “reportaje de psicología” de Borja Vilaseca donde se utilizan conceptos científicos para “probar” tesis entre lo teológico y lo directamente supersticioso. No hace falta tener una licenciatura en física para saber que la ecuación de Schrödinger (la análoga a la segunda ley de Newton como ecuación cuántica del movimiento) o el atractor de Lorenz, que él mismo se encargó de popularizar -erróneamente- con el concepto de efecto mariposa, que no es más que una visión poética y libre del determinismo caótico, sí fueron radicalmente nuevos y no tienen nada que ver con el karma budista. La sincronicidad de Jung, que la verdad desconozco si la hemos tratado en este blog pero es muy probable que hayamos tonteado con ella, no es un descubrimiento científico.

Es de hecho vergonzoso que haya gente que no dude en manipular conceptos científicos (que seguramente además desconoce) para forzar la validación de opiniones personales. Precisamente, la honestidad intelectual para uno mismo es esencial: deformar razonamientos para conseguir fines exógenos no es ni sano ni bueno. De hecho, es un tipo de maldad incipiente.

A mí no me molan demasiado los círculos escépticos de ateos y librepensadores que hablan de monstruos voladores de espaguetis, porque rechazan entrar en contacto e intentar explicar una realidad espiritual y mística que va más allá de los conceptos cotidianos de lo doméstico. Cuando leo sus textos sobre Dios, me viene a la cabeza alguien hablando del amor sin nunca haberse enamorado o del LSD sin nunca haberse tomado un ácido. Es triste ver a alguien hablando de una experiencia que no ha tenido, sobre todo si intenta rechazarla. Pero la alternativa no puede ser creer que la teoría del diseño inteligente es válida desde un punto de vista científico o utilizar a conceptos científicos para explicar teorías new age. Porque esta gente es alguien que, como Borja Vilaseca, habla de la física cuántica sin nunca haberse leído el Quantum Mechanics de Franz Mandl.

A lo que íbamos, ¿las casualidades, existen? Estrictamente, el Sol no sale todas las mañanas, porque cada salida ocurre en una posición y un instante totalmente específicos (además de condiciones de humedad, luz artificial, etcétera) y que mañana serán diferentes… Estrictamente, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río. Las leyes científicas, las regularidades de la realidad, ocurren porque decidimos simplificar, poner el zoom a un determinado nivel, y olvidarnos de una cantidad de detalles espectacular para hablar del mismo río o de la salida del Sol por la mañana. Le pasa lo mismo al azar: no es más que la imposibilidad humana práctica de encontrar relaciones de causa-efecto en problemas de inmensa complejidad. Una moneda se mueve de un modo totalmente determinista según las leyes clásicas del movimiento, está estudiadísimo: pero cuando la echamos a girar, hay tantas variables a tener en cuenta que decidimos hablar de azar, de la imposibilidad de determinar su resultado, y la utilizamos para echar a suertes quién empieza con la pelota en un partido de fútbol.

No nos engañemos; que la imposibilidad sea práctica no quiere decir que el azar no exista. Si es imposible experimentar algo, no existe (Berkeley). Si no podemos hablar de algo, mejor callarse (Wittgenstein). No hay una ley sencilla que prediga el resultado de un tiro de moneda, luego hablamos de azar. Las leyes científicas dependen, estrictamente, de la sagacidad de uno mismo para inventarlas, poniendo un determinado nivel de zoom sobre la realidad. Estrictamente, el hombre está desnudo delante de la inmensidad del cosmos: todo es enorme, milagrosamente detallado, maravillosamente único, habitando breves instantes eternos. Después utilizamos la imperfección del lenguaje verbal (demasiado ambiguo) y matemático (demasiado poco ambiguo) para describir y encontrar (mejor dicho, crear) patrones de regularidad en una realidad la belleza de la cual en el fondo nos supera.

En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano.
Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma.

Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero.

Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 67

¡Pero es que precisamente no hay nada a tolerar! El Sol sale cada día distinto si apreciamos lo particular de cada instante. Un físico no se asustaría si las duras constelaciones se dispersaran, simplemente indicaría que la ley de la gravitación universal tiene que ser cambiada. Hay, precisamente, un miedo a aceptar la grandeza de esta realidad en el fondo inabarcable y siempre misteriosa, que siempre nos puede sorprender. Hay miedo humano, tan humano, a que ésta nos sorprenda, a que el universo sea en efecto plástico y pueda cambiar (¡que lo hace siempre!). Hay gente que prefiere creer en un orden inteligente detrás de todo antes de aceptar lo absurda y maravillosamente azaroso que es todo. Entonces es cuando se mete en la Iglesia, elabora teorías de la conspiración o redacta “reportajes de psicología” donde manipula conceptos científicos para afirmar que las casualidades no existen.

3 comentarios

  1. O els parametres són seleccionats com a vàlids i per tant són percebuts com a tals per a la societat (sigui quina sigui) i formen part del sistema o no existeixen i si existeixen la seva existencia no és rellevant, el que està fora del sistema (entorn) desborda la comunicació i és inaccessible per al coneixement en tant algú no els insereixi al sistema mitjançant hipotesis abstractes i els comuniqui….

    I aqui cal sumar-li l’entropia que junt a l’anomenat entorn (presuposant que les hipotesis fossin vàlides) conforma tot plegat l’altrament dit atzar…. i ens agrada

    Molt bon artícle, avuí si.


  2. sí, de fet tot això ja ho va dir Kant però diguem que no així “líricament”…

    de totes maneres, què insinues amb aquest final “avui sí”??? eh?!


  3. Descartes ya intentó demostrar la existéncia de Diós mediante sintagmas lógicos. Peró mientras no se demustre empírica y materialmente, no hay lógica que valga! La realidad no responde a una perfección ideal o divina, sujeta a una racionalidad matemàtica!



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