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Spanische Realpolitik: ¿al final se rompe o no?

25 enero 2011

Al fin y al cabo, los conflictos políticos son tan sólo luchas ideologizadas de intereses económicos. Es naïve e inútil separar política y economía; el poder es esencialmente sólo eso, poder. Siempre evita rendir cuentas y busca meter mano allá donde puede, se alía y se opone con otros núcleos en función de sus intereses. Disculpen esta visión tan negativa, pero no hay más: cuando los desheredados reivindican sus derechos, exigen un mínimo poder para blindarse contra los excesos de los poderosos y controlarlos. En este mundo todo va de una batalla del derecho (right) contra el poder (might), decía Gandhi, vaya, que este mundo va únicamente sobre la batalla a toda costa para evitar el poder absoluto de alguna de las partes en juego, estableciendo mecanismos efectivos que mantengan los delicados equilibrios de las múltiples balanzas de poder que conforman la sociedad. Esto es el fundamento de la democracia. Y en España se está rompiendo.

En nuestro caso España es un constructo político que responde a los intereses castellanos, con centro de poder en Madrid y la alianza de Valencia y los centros industriales históricos, más o menos independientes, de Catalunya y País Vasco, y el resto de mero espectador. Cuando Madrid impulsa políticas de infraestructuras desde un modelo hipercentralista y sin ningún tipo de sentido económico, pensado específicamente para dar dinero público a las constructoras, o privatiza las cajas sin ningún tipo de sentido económico en un proceso teledirigido por los bancos y especialmente pensado para regalarles dinero público once again, es lógico que se genere desafección en los despreciados centros autonómicos, fuerzas centrífugas que hacen que los ciudadanos ya no quieran participar de la corrupta cosa pública, mientras que los beneficiados sonríen de oreja a oreja, sean empresarios peperos alérgicos a las inspecciones fiscales, fetichistas del ladrillo o tiburones de las finanzas amigos del cole de presidentes del Gobierno.

Las estructuras políticas nacen de la conjunción de intereses más cierto barniz ideológico: la UE nació porque Alemania quería exportar fácilmente y los ahora PIGS querían modernizarse. Si esta estructura política deja de responder a los intereses de las partes y por correlación de fuerzas una de ellas se intenta imponer a las otras (sea la actual UE, el Estado capitalista o España) la estructura tiene que reformarse o disolverse. Sin ir más lejos, en un contexto de crisis económica, los Estados más ricos de Alemania ya han exigido que se replantee el fondo de compensación regional del Bund, donde también se habla de continuar el euro o no.

De este modo, el centralismo responde a los intereses de un grupillo de selecta gente sito en Madrid, como el nacionalismo periférico responde a los intereses del gran empresariado vasco y catalán (vaya, es que esto es el nacionalismo), que busca aliarse con el ciudadano de a pie en contra de Madrid/España. El centralismo está basado en un modelo de una España esencialmente castellana y dirigida por la capital, con el PPSOE como partido único gobernando a base de decretos-ley prescindiendo ya directamente del Parlamento (el nacionalismo periférico haría lo mismo pero ejerciendo esta vez de Madrid, como se ve con CiU, que según La Vanguardia no ha votado la totalitaria ley Sinde). Aunque el déficit del Gobierno Central es cinco veces el de las CCAA (y aun con el superávit de la Seguridad Social más el “expolio fiscal”), son las CCAA las que tienen que “adelgazarse” (¡y todo eso después del paripé del Estatut!) y no un Gobierno Central al servicio de las oligarquías financieras. No se puede insistir en este modelo en detrimento de un paradigma multipolar de corte federalista, inspirado en el principio teórico de la red de balanzas de poder, y que desarrolle efectivamente y de un modo realmente independiente el poder legislativo (dando auténtico poder a Parlamento y Senado) y el judicial (despolitizándolo). El enorme desequilibrio del territorio español a nivel poblacional y económico no ayuda nada, sino que perpetúa una realidad política estéril. Precisamente, el federalismo no es más que el reflejo político de un territorio equilibrado – Alemania.

La política se basa en la gestión de lo público, de la superación del mero quéhaydelomío, de la conjunción, a veces conflictiva, a veces cooperativa, de intereses privados: trata esencialmente de abstraerse de los juegos de poder e ir más allá, creando un marco de convivencia donde la mayoría salga beneficiada y no haya explotados. Al fin y al cabo, los japoneses honran a criminales de guerra cada año en el santuario de Yasukuni (como si Merkel lo hiciera con Hitler, vaya) porque nadie les puede imponer no hacerlo, los franceses no han pagado por las barbaridades cometidas en Indochina porque nadie se lo puede imponer y Kissinger, Nixon, Truman u Obama no tuvieron sus juicios de Nuremberg por Vietnam, Irak/Afganistán o la bomba atómica porque son hiperpotencia mundial y no los vencidos de la Segunda Guerra Mundial. Es precisamente esa dialéctica de vencedores o vencidos lo que la política plantea superar y lo que España tiene que superar – el right against el might.

4 comentarios

  1. El 27 Vaga General…


  2. Es cierto que cuando se habla de independencia, al final de todo, siempre acaba saliendo “es que desde madrid se nos expolia”. Demostrado está que es cierto y que pasa en todos lados, más duro es que algunos Länder alemanes, que ya son federales, hayan decidido intentar cortar el grifo. Esto nos debería hacer pensar que quizá el paso intermedio hacia la independencia, pintado como un federalismo falsamente alegre, nos lo podemos saltar sin problemas.

    El might se acaba cuando hay algo que une al personal, léase Túnez, Egipto o la propia Omán de los últimos días. Si no nos movemos, será porque ya nos va bien que nos roben… ¿no?


  3. Cierto, para mí lo “federal” es tan sólo el principio político de que las estructuras tienen que nacer de y sostenerse sobre un pacto libre y consensuado. Si una de las partes lo quiere romper está en su derecho.

    Plantear la cuestión de la “solidaridad”, aunque es legítimo, no me parece conveniente. Las estructuras políticas no enriquecen a los más pobres empobreciendo a los más ricos, sino que benefician a todos. Es por eso que la principal interesada en la UE, por ejemplo, con sus fondos de cohesión, era Alemania y no Grecia, porque así le era mucho más fácil vender sus productos

    como bien planteas, el problema está en que en la sociedad existen unas jerarquías y mientras que la oligarquía es poca y bien organizada, los trabajadores tienen sólo a las mismas estructuras creadas por la oligarquía para organizarse y rebelarse… autogestión…


  4. Muy buena reflexión…gracias!!
    Efectivamente, el complejo normativo que regula este país e interconecta a sus sociedades plurales, no coincide ni refleja las últimas.La textura federal de la ciudadanía que conforma el Estado español, la singularidad y belleza de sus diferencias, la riqueza cultural e idiosincrática…no se plasma en la arquitectura institucional del país.
    ¿Y a esto le llamamos democracia?
    Como bien remarcas en tu análisis, el proyecto ideológico del nacionalismo español, caracterizado por algunos como proyecto “contranatura” (metido en una sociedad a presión), ha tenido que forzarse a base de mano dura en diversas etapas de la historia, dinamizando un genocidio en contra de las culturas minoritarias (Decreto de Nueva Planta de Felipe V, Primo de Rivera, la represión franquista…).

    Actualmente, este proyecto nacionalista, llamémoslo ANTI, personifica la antidemocracia y el “antipoder que recae en el pueblo!”. Simboliza la estructura piramidal, la herencia retrógada fascista, la oligarquía perpetua de los mismos, el anti bottom-up , la anti-participación en igualdad, la “anti equidad” social, el anti progreso económico (aunque soy escéptica en este último punto, respeto el tipo de desarrollo económico que debemos apoyar)…

    Pero yo me pregunto: porque la sociedad civil, el tejido asociativo, la ciudadanía activa… principales responsables de canalizar demandas de cambio, de persuadir, de activar mini revoluciones que nos permitan avanzar… no se despierta en este caso a favor de la democracia? Más allá de las estructuras obsoletas de partidos que parecen ombligos andantes…y en los que actualmente, ya casi no se puede confiar.

    La respuesta es: porque la hegemonía cultural de este país está completamente dominada, contaminada, monopolizada por este nacionalismo español.
    Entonces, ¿esto va así? ¿”You have the money, you have the power”?

    Me niego a pensar que después de 33 años de democracia, no sintamos la necesidad de vivir una primavera democrática, un empoderamiento popular de la res pública más próxima y asequible, una liberación de cadenas y manipulaciones. Debemos distanciarnos de las mentiras compulsivas que nos hace tragar el sistema, que nos empequeñecen, nos desarman y estupidizan…y nos hacen olvidar hechos que parecen pequeñeces pero que van calando en nuestro imaginario colectivo, como el tener hasta ayer, una estatua fascista, que simboliza la violencia, la submisión y la sangre en el principio de uno de los paseos más importantes de Barcelona, como es Passeig de Gràcia.
    http://www.facebook.com/pages/Recuperem-letica-civil-republicana-a-lespai-Diagonal-Passeig-de-Gracia/147277298662084

    Esto son realidades que van configurando la mentalidad y por tanto, la toma de decisiones de la ciudadanía.
    De estos ejemplos, miles, y encima ahora tienen la desfachatez de quitar el memorial democrático…bajo el paraguas de la crisis, que también justifica la recentralización del estado y por tanto, la pérdida de la poca autonomía, confianza, democracia, lealtad, equidad…que sostenía el débil sistema.

    Mirando hacia el Sud, tierra caracterizada por nosotros, los “civilizadores!” como el “Kaos”, “lo primitivo” y “lo antimoderno”, veo sociedades valientes, DESPIERTAS, sin miedo… con valores a ensalzar. Cuando miro la sociedad en la que vivo, veo una sociedad sumisa y profundamente adormecida en un largo letargo del cual no sé si despertará…



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