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“Ya sólo vale el abandono de las armas para siempre” “Pues va a ser que no”

12 enero 2011

Mientras este asqueroso ser amorfo que es el Estado plus el Mercado nos sodomiza mediante reforma laboral, recortes sociales, retraso de la edad de jubilación y empobrecimiento general, nosotros nos vamos de rebajas para comprar entre muchas cosas la vaselina con la que nos la endiñarán, pero no, los que tienen que “dejar las armas” y “someterse al Estado (y al Mercado, claro)” son los cuatro chalados de ETA, que generan menos muertes al año que por accidente laboral. ¿Disculpa? ¿Someterme al Estado? ¿Desde cuándo? ¡Pero si aún estamos en estado de alarma!

Es realmente preocupante la docilidad con la que muchos asienten a la o bien hipócrita o bien idiota dialéctica de Zapatero sobre dejar las armas, negociar para la paz, etcétera. Pero la paz no puede existir con una ciudadanía sometida enteramente al Estado-Mercado, porque su misma existencia ya conlleva violencia, ya que el Estado consiste en el monopolio de la violencia legítima (Weber). Legítima, pero violencia. Y en el mismo momento en que la ciudadanía abdica de su responsabilidad de ejercer de contrapoder, justo como pasa ahora, la violencia legítima se convierte rápidamente en abuso de poder y el abuso de poder sistemático en tiranía. Para eso, la Constitución Americana reconoce el legítimo derecho a la rebelión contra un gobierno tirano y a la misma toma de armas contra él. Por eso la Segunda Enmienda. Quizá muchos americanos son unos fanáticos locos de las armas, pero también muchos europeos somos dóciles ovejas que delante los abusos de un poder tirano sólo se nos ocurrirá decir tímidamente “Sí, bwana”.

Desde el sofá

Con la caída del Telón de Acero y la industrialización de los países asiáticos, es decir, en el escenario post guerra fría de la globalización, se ha originado un profundo desequilibrio de poder entre trabajo y capital a favor de este último. El capital, ahora exento de cualquier mecanismo de control democrático, ha respondido rápido, dedicándose presto a desmantelar el sistema a la Robin Hood que teníamos montado hasta ahora y que correspondía al anterior delicado equilibrio de poder. Pero es que van a por nosotros. Y no sólo eso, sino que se ignoran sistemáticamente las verdaderas amenazas sobre la sociedad (crisis energética, cambio climático). A eso, ¿cómo responde el ciudadano medio? Yendo al Zara de rebajas. No sólo el consumismo, fundamento del turbocapitalismo que produce por producir y quema por quemar, ha cambiado nuestros hábitos, sino que también ha contagiado nuestras mentes. Hemos abandonado las armas.

El (feliz y esperado) final de ETA es, de hecho, precisamente sintomático de este abandono general del deber social de ejercer de contrapoder. Los terroristas se han radicalizado en idiotas posturas que de paso ayudan a consolidar un Estado-Mercado monolítico e implacable, sí, pero la radicalización ha venido porque la mayoría de la sociedad ya los había abandonado, como había abandonado al comunismo o ya cualquier propuesta de reforma social. Preferimos comprar, tirar, comprar.

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