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¡A su izquierda, el mythos! ¡A su derecha, el logos! [First round]

7 enero 2011

En el cole, la primera lección de filosofía iba con el título: el paso del mito al logos. Y te explicaban cómo la Ilustración griega (Heráclito, Sócrates) había conseguido, muy felizmente, sustituir el concepto central del pensamiento griego hasta entonces, el mito, relato tradicional de acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes o monstruos (Wikipedia), elemento básico de la narrativa de un sistema religioso, por el de logos, pensamiento racional, crítico y ordenado. El paso del mito al logos sería, así, una beneficiosa transición del conocimiento análoga a la del Renacimiento, donde el espíritu científico se impuso a una visión religiosa, “oscurantista y supersticiosa”. Ahora, una de las acepciones de mito es la de creencia popular extendida pero falsa.

Si Stavroguin cree, no cree que cree. Si Stavroguin no cree, no cree que no cree. Dostojevsky, Los demonios

El logos dio paso al pensamiento lógico, secuencial, binario sí/no, blanco/negro, sobre el cual se ha cimentado la civilización occidental y la Ilustración griegofrancesa que la ha engendrado. Se plantea como esencialmente superior al mito, clara, potente, una apisonadora cerebral y lingüística. Y todo lo que está fuera del lenguaje no existe. Pero entonces, el trágico personaje de Stavroguin, mentalmente encarcelado en su definición de su fe religiosa, si cree o si no cree, es que no es sólo eso, creo y a la vez no creo, sí y no y además todo lo contrario, ¿cómo puedo escapar de una simplista dialéctica ateísmo/creencia que es abiertamente insuficiente para mi espíritu? Mi misticismo va mucho más allá de definiciones verbales excluyentes. El pensamiento lógico, en su simpleza, lo reduce todo a oposiciones binarias que muchas veces son insuficientes para describir con toda potencia la realidad interna y externa en la que estamos sumergidos. ¡Todos somos Stavroguin!, aprisionados en peculiares sistemas de dos cajas o-estás-en-una-o-estás-en-la-otra. Fuera, está el océano simbólico.

El pensamiento simbólico no funciona para edificar formidables sistemas científicos de función descriptiva-predictiva, pero entraña la idea, esencial, de que la traducción de la realidad pura e infinita a cualquier lenguaje siempre conllevará pérdida de información. El lenguaje simbólico, por lo tanto, juega constantemente con aquello que no puede ser descrito verbalmente, que quizá conocemos pero que escapa de nuestra comprensión. El pensamiento simbólico, por lo tanto, se basa en aquello que aún no ha sido verbalizado y describe el amorfo vapor de ideas aún borrosas que todavía no se ha condensado en conceptos claros y bien definidos. Lo simbólico es juguetón, oscuro, evasivo, dinámico. Existe una profunda sabiduría sobre la naturaleza humana, insertada en los milenarios mitos y que nunca caducará: los mitos no son producto de mentes infantiloides incapaces de razonar. Sólo lo parecen cuando la mente que los juzga no sabe cómo interpretar el pensamiento simbólico.

Vaya, que es otra vez la nietzschiana lucha de Apolo contra Dioniso. Y tenemos a la civilización occidental fundamentada sobre valores apolíneos, que si bien molan, son totalmente insuficientes porque entrañan carencias esenciales del espíritu que aspira a la completitud. Es Ícaro que cae sobre el mar cuando se le funden las alas de cera quemadas por el Sol. Lo occidental es por lo tanto fundamentalmente cojo, y de esta cojera le ha venido su principal virtud, el insoportable carácter putero que le ha llevado a sodomizar culturas enteras, pero es que no sólo a culturas enteras, sino a elementos de nuestro propio espíritu. Las patológicas obsesiones por el crecimiento, el progreso y la técnica en general son sus consecuencias naturales. Asumir una asimetría entre logos y mythos fue nuestra particular expulsión del harmónico Paraíso, sí, qué cabronada, empecemos ya esta travesía del desierto, para después volver y esclavizar a los felices que quedaban desnudos correteando, maravillados por la belleza del mundo. La civilización occidental no tiene que experimentar tan sólo una reconversión energética, política y económica, sino también espiritual. Todo va en el pack.

2 comentarios

  1. Llavors qui ha d’escollir els mythos per al demos?


  2. bona pregunta… i mira… nosaltres… si no ho fem nosaltres no ho farà ningú…



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