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Katalanische Realpolitik (2): aspiraciones nacionales

26 noviembre 2010

Pero usted está dispuesto a hacer un referéndum para perderlo? Artur Mas

Es que es una obviedad: el independentismo no es mayoritario en Catalunya. Cuando era pequeño y miraba un mapa de los Països Catalans que había en el bar de mi pueblo, siempre pensaba: Muy bien, nos independizamos. Fenomenal. Pero seguro que hay gente que prefiere permanecer en España. Están en su mismo derecho. Al final, tanto si Catalunya se independiza como si no, hay una idea nacional imponiéndose a otra. ¿Cómo escoger cuál será la privilegiada?

Se puede esperar a que la mayoría de la gente llegue simultáneamente a la opinión de que una nación le conviene más que la otra. Ésta es la esperanza actual, muy democrática, del independentismo, de hecho, bien alimentada por una habitual gestión pésima del Estado español. Pero otra opción es admitir que una sociedad nunca podrá llegar a ser  homogéneamente “nacionalista” en un u otro sentido. Quizá tenemos que reconocer que en el fondo todas las sociedades son plurinacionales, mezcla de muchas identidades que se solapan, y las estructuras políticas tendrían que construirse en base a esto, y no sobre pretendidas mononaciones que de hecho nunca han existido. Lo dijo Carod-Rovira el otro día. Es otra obviedad: en este tipo de referéndums, siempre hay quién pierde. El Estado-nación, por lo tanto, sólo puede reflejar la identidad de una parte de la población que se impone sobre otra.

CiU es consciente de ello y obra con pragmatismo. Pero lo que tenemos que tener bien claro los catalanes es que su política de peix al cove de relación con el Estado ha generado un enorme rechazo en el resto de España y nos ha etiquetado de victimistas y quejicas. Ir comerciando transferencias de competencias a cambio de pactos para dar estabilidad a los gobiernos de PP o PSOE es una estrategia muy impopular y esto a la larga no es bueno, como se vio con el tema del Estatut, donde no teníamos aliados a nivel estatal, pero nos copiaron literalmente el documento en otras autonomías. La estrategia puede ser útil, pero en este sentido el PNV ha sido siempre una formación mucho más inteligente a nivel político que CiU, que ha mercadeado como la que más y no ha conseguido ni tan sólo el concierto económico. Con el tema del Estatut, CiU, que no hizo nada en veintitrés años al respecto, tuvo que ser incluida (por sentido democrático) en las negociaciones para la reforma del autogobierno: no dudó en imponer una retórica nacionalista que sabía que arrastraría a ERC (para contentar a sus votantes) y que serviría para que el Estatut fuera más difícil de pactar en Madrid, pero también sabía que esto sólo perjudicaría la unidad del tripartito y beneficiaría su propia dialéctica -victimista- de que en Madrid no nos quieren. Pero es que además fue precisamente Artur Mas, el próximo presidente de la Generalitat, el que pactó recortar el Estatut con Zapatero y sólo a cambio del apoyo del PSC a un gobierno de CiU (que no se dio), rompiendo la unidad de partidos catalanes y traicionando no sólo a estos, sino a Catalunya. Es lo que tiene tener como aliado a CiU. ¿Además, es éste el tipo de política que quieren los electores de CiU?

Ahora proponen el concierto económico, aun sabiendo que lo tumbarán en el TC. Después del Estatut, proponer el concierto económico o bien es estúpido o bien deshonesto. Hace falta una hoja de ruta después del 10 de julio. El independentismo tiene que escoger:

  • buscar la declaración unilateral de independencia una vez las formaciones independentistas (al margen de su ideología) sean mayoría en el Parlament es la propuesta de Solidaritat, pero será muy impopular en el resto del Estado español, localista, cortando puentes, y además amenazará de reproducir las mismas enfermedades del Estado-nación español, pero cambiándolo todo por catalán. ERC + RCat + SCI ( + CiU?)
  • vincular la independencia a un programa de reforma total del Estado-nación es la construcción de una heterogénea Europa de los pueblos y esencialmente federal (que no autonomista). El federalismo plantea una democracia radical, directa, transparente y cercana a los ciudadanos y por lo tanto legítima, que se vaya construyendo desde abajo hacia arriba. A diferencia de la opción anterior, tiene un carácter universalista y, por lo tanto, integrador. Este tipo de independentismo, progresista, puede encontrar aliados en ICV (es fundamental), PSC y en el resto, no sólo de España, sino también de Europa. De hecho, este tipo de independentismo se integra directamente en la voluntad democrática regeneradora de la mayoría de ciudadanos del continente, muy decepcionados por lo que hay ahora.

Este carácter universalista e integrador, de cambio de paradigma -el “federalismo asimétrico”, es el que quiso imprimir Maragall en su Estatut, pero la retrógrada retórica nacionalista se impuso a ambos lados del Ebro. Yo soy federalista, pero no idiota. El Tribunal Constitucional lo dejó muy claro: el Estado-nación, con sus contras, es intocable. Entonces, a mí me han hecho independentista, pero eso no pasa por renunciar a regenerar la política y hacerla más democrática, justa y eficiente.

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