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Masa e individualismo y dictadura

20 noviembre 2010

La democracia liberal ha sido mal planteada, porque sus estructuras son esencialmente incapaces de sacar lo mejor de sus ciudadanos -el espíritu cooperativo, creativo y emprendedor-, que se convierten en egoístas asociales.

Con vuestro permiso, démosle hoy un poco más duro.

¿Por qué el hombre-masa es esencialmente individualista? En su estado natural, al individuo se le supone, en general, el ser un agente racional (!) que trata de maximizar sus beneficios, es decir, un tipo egoísta (!). Ahora bien, esta suposición no deja de ser un poco idiota, porque siguiendo esta definición de racionalidad económica, según todos los estudios los chimpanzés son bastante más racionales que nosotros los humanos, porque ellos prefieren una banana a ninguna banana, y nosotros no podemos evitar dejar de tener cierto sentido de la equidad y si al compañero le dan diez bananas y a nosotros una, pues nos quejamos, mientras que el chimpanzé come feliz.

¿De dónde viene esta actitud de la cooperación, opuesta al esperado free-riding de tontoelúltimo o estoparaelprimeroquelocoja? Digamos que nace en el mismo instante de la socialización, en el vivir en comunidad, cuando aparece la necesidad de gestionar los recursos públicos que un conjunto de espíritus free-rider, vaya, individualistas, se dedicarían a agotar hasta el final (generando así la conocida tragedia de los comunes). Una sociedad con estructuras sociales fuertes y eficientes canaliza efectivamente la acción colectiva y cooperativa de todos los individuos, mientras que las estructuras sociales débiles, rígidas y viejas se perciben como una carga sobre los hombros de individuos y cada uno va a lo suyo.

En el paper Evolution of Complex Hierarchical Societies, Turchin y Gavrilets comentan la incapacidad del cerebro social de dar abasto en una sociedad con mucha gente y hablan de dos mecanismos para seguir manteniendo fuerte el tejido social:

  • elementos simbólicos, como la religión, la lengua, los toros o el pa amb tomàquet, etiquetan al grupo, configurando su identidad social, facilitando el trabajo al cerebro. La regla deviene: “sé simpático con los tuyos [aquellos que comparten etiquetas simbólicas contigo, por ejemplo, que van con barretina] y hostil con los otros”. Esto se conoce como altruismo parroquial y se cree un mecanismo básico en la cimentación de la cooperación social. Al mismo tiempo, me parece que explica a la perfección el comportamiento tribalista y atávico del grueso de la sociedad española, eufóricamente empeñada en mantener hostilidades virtuales entre españoles y semejantes.
  • creación de niveles de organización jerárquica, con una estructura similar a las raíces de un árbol. La coordinación del trabajo colectivo es entonces mucho más fácil. Aparecen líderes y seguidores. La acracia y la acefalia terminaron.

En el Estado-nación clásico (sin Internet ni teléfono móvil), una buena voluntad democratizadora aspiró a erradicar estas distinciones aristocráticas:

El hombre que es rey de sí mismo no necesita ser el rey de otros.

Inscripción en una corona dorada de papel en medio de la bellísima y lisérgica confusión berlinesa

Los representantes del pueblo llano, sin distinciones, se sentarían en el Parlamento soberano y éste conferiría soberanía a los escalones más bajos de la jerarquía. Pero el pueblo llano a quién trata directamente es precisamente a estos escalones más bajos, legitimados por lejana gente a quién no conoce o conoce sólo por una televisión manipulada. Aparece entonces un problema de legitimidad. El flujo de información entre coordinadores legítimos y trabajadores se rompe y embrutece. El tejido social se desvanece. Es la democracia de las masas, de hecho terrible contradicción: al fin y al cabo, la dictadura de las masas, el destino inexorable de la democracia turbocapitalista.

De este modo, podemos decir que la democracia liberal ha sido mal planteada, porque sus estructuras son esencialmente incapaces de sacar lo mejor -el espíritu cooperativo y emprendedor- de sus ciudadanos, que se convierten en egoístas asociales. Es necesario reconstruir estas estructuras, reconstruir el tejido social básico para una democracia, pero pensando en que nosotros somos las raíces de un árbol dinámico y, esta vez, la savia nueva va de abajo hacia arriba. Democracia directa ya. Participación democrática ya. Un tejido social fuerte ya.

One comment

  1. tuuurbocapital! M’agrada!

    salut y a por el caos dialéctico!



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