h1

Dos saltos atrás en el tiempo, del brazo de Angela Merkel: “La sociedad multicultural ha fracasado”

21 octubre 2010

Quienes se llenan más la boca hablando sobre los valores occidentales no tienen ni puta idea de ellos.

Ya tiene coña que fuera la canciller alemana la que hablara de raíces judeocristianas de Occidente, olvidando el flagrante antisemitismo que ha caracterizado durante demasiado tiempo a Europa. Más coña es que se recuerden estas raíces (de carácter universal) para oponerlas al Islam, que durante la Edad Media fue el único canal cultural por el que se pudo conservar toda la sabiduría clásica que después generó el Renacimiento. Es de risa ya que la tía utilice políticamente a la vez la islamofobia y el hacerse fotos con el líder de la selección alemana de fútbol, el rubito Mesut Özil.

Son ridículas las acusaciones al Islam, que provienen de una extrema derecha en ascenso, de violento, retrógrado, etcétera. Son ridículas en primer lugar porque a una religión que practican mil quinientos millones de personas se le tiene que asumir una mínima complejidad y diversidad. Y en segundo lugar porque lo que se le critica furibundamente (su desprecio a la mujer, por ejemplo) son cosas también comunes en Occidente, ahora y hace cincuenta años. Sólo hay que mirar Mad Men o recordar que hace sólo treinta años una mujer española no podía abrir una cuenta bancaria sin el permiso de su marido. En España se ilegalizan partidos como en Irán. En EEUU la tortura fue legalizada durante el gobierno Bush (¡Guantánamo! ¡Abu Ghraib! ¿acaso eso son valores?). En Francia se persigue a los gitanos por su color de piel. Alemania ocupa un país, Afganistán, por sus recursos naturales. Toma ya valores occidentales.

Es ridícula la apelación a los valores occidentales por parte de los principales ideólogos de la islamofobia: tendrían que saber (como no sabía la ultra cristiana del Tea Party O’Donnell) que uno de los principales fundamentos de la civilización occidental es el respeto de la libertad religiosa y que privilegiar al cristianismo nunca ha sido fundamental, sino un controvertido motivo de debate en nuestra sociedad. Es ridículo que se le acuse de violenta a una religión cuyo extremismo se ha cargado (sólo) a tres mil ciudadanos occidentales, mientras que, sin ir más lejos, el extremismo cristiano implica las guerras de invasión de Irak y Afganistán a cargo de un ultra como Bush, la ocupación de Palestina, etcétera. Es ridículo que se acuse de terrorista a la religión que practican los países víctimas del neocolonialismo imperialista y agresivo occidental. De hecho el terrorismo islámico es fruto más bien de una reacción contra este imperialismo. Es ridículo que el discurso islamófobo que habla de la superioridad de los valores occidentales provenga muchas veces de ultras cristianos que no son capaces ni tan sólo de asumir de la teoría de la evolución. Porque la verdad es que quienes se llenan más la boca hablando sobre los valores occidentales no tienen ni puta idea de ellos. Sólo hay que ver quién arremete contra la libertad de expresión en España, las Enmiendas Primera y Octava en los Estados Unidos y la igualdad en Francia.

Pero, yendo a lo interesante y no a lo ridículo (los dos saltos atrás en el tiempo):

  • la intensa islamofobia que asuela Occidente nos traslada directamente a 1933, pero esta vez con los judíos como cabeza de turco. También había crisis económica y la cuestión judía se debatía también entre asimilación/integración o reivindicación de la propia identidad. En los ataques de odio típicos de la sociedad de masas, se perdía y pierde todo respeto por las garantías democráticas y los derechos básicos, como pasó en aquel momento y está pasando ahora. En el proceso de acusar al extranjero de no integrarse en la propia sociedad, se olvidan los fundamentos mismos de esta sociedad.
  • por eso esta dinámica me recuerda a los fuertes flujos de migración que tuvieron lugar en la Europa del Dominado Romano, la decadencia imperial: una sociedad en crisis demográfica, que percibía al Estado romano más como una carga que como un beneficio, y que recibía inmigraciones masivas de las regiones invadidas.

Parece que los occidentales somos incapaces de asumir que nuestras estructuras sociales están actualmente en decadencia por nuestra propia dejadez y falta de participación política; por eso reaccionamos con esta virulencia contra el extranjero que lo pone de relieve con su mera presencia. No niego la sangrante realidad de los crímenes de honor turcos en Alemania o ciertos índices de delincuencia. Pero éstos son dos fracasos más de una sociedad que se niega a cambiar sus fundamentos y, estática, presencia su caída. Nos agarramos desesperados a espejismos para no ver el abismo sobre el que nos precipitamos pero así vamos cayendo lentamente… en vez de saltar sin miedo y empezar a bailar sobre el abismo con media sonrisa en los labios, como hacen los espíritus libres.

Quien nunca cambia de opinión es como agua estancada y engendra reptiles de la mente

William Blake

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: