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Metodología bolivariana: revolución y teoría de juegos

20 febrero 2010

Como decíamos, hay que acometer reformas estructurales imprescindibles para evitar el colapso de nuestro sistema en una sociedad distópica, sin garantías democráticas, desigual, deshumanizadora y gobernada desde corporaciones multinacionales sin transparencia democrática. En la última década, hemos visto tres intentos reformistas de distinto calibre (Obama, Zapatero, Maragall), todos ellos saboteados por un entorno pétreo al que las concesiones nunca se le pueden negar. Ahora encontramos a Maragall con Alzheimer, Zapatero recortando derechos democráticos y guiado por los lobbies capitalistas (SGAE, Telefónica, City londinense) y Obama pronuclear y comandante en jefe en Afganistán. Como estructura evolutiva, nuestra sociedad liberal tiene sus procedimientos internos para reformarla desde dentro (cambiando leyes y ejerciendo el gobierno democrático), procedimientos que ahora fracasan inevitablemente por su parálisis y conservadurismo. La estructura social actual ya no necesita de una reforma dentro de los cauces legales, sino un cambio extensivo en toda regla que sólo se puede acometer desde abajo y ya no desde arriba.

http://www.umpa.ens-lyon.fr/~cvillani/Images/Heroes/nash.jpeg

John Nash: esquizofrénico y enfermo de matemáticas

En este contexto, imaginemos que vivir en sociedad es un continuo juego, en el que hay dos estrategias básicas: cooperación (C) y defección (D). Lo divertido del juego es que el beneficio que obtengas no depende sólo de tu estrategia, sino del otro jugador con quién juegas; ésta, de hecho, es la principal innovación de la teoría de juegos respecto la teoría económica clásica. Por tanto, hay cuatro posibles resultados de estrategias (mía, tuya): (C,C), (C,D), (D,C) y (D,D), que se definen por una payoff matrix, una de las más interesantes de las cuáles es el dilema del prisionero. Allí, M(C,C) < M(D,C), pero M(D,D) < M(C,C). Oséase, la cooperación mutua es bonita, pero explotar (D) al otro (C) es lo más. Así, los dos jugadores racionales saltarán a D, pero la defección mutua es algo bastante menos beneficioso que los dos cooperen juntos (obviamente). En todo caso, lo chocante aquí es que paradójicamente y en un contexto de agentes racionales, C, más beneficiosa, es una estrategia vulnerable a D. Esto ya lo dijo Rousseau:

El primer hombre que, después de haber encerrado un pedazo de tierra, dio la idea de decir esto es mío y encontró personas lo bastante ingenuas para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. De cuantos crímenes, guerras y asesinatos, de cuantos horrores y desgracias se podría haber salvado la humanidad sacando las estacas o rellenando la zanja, y gritando a sus semejantes: Guardaos de escuchar a este impostor; estamos perdidos si una vez olvidamos que los frutos de la tierra pertenecen a todos nosotros, y la misma tierra a nadie.

Exacto, Jean-Jacques, ese primer hombre pasó a defecar (D) en una sociedad de cooperadores ingenuos y la dichosa estrategia, más estable, se expandió en toda la sociedad, hasta mantenerse hoy en día. No deja de ser curioso que mucha gente, buenos cristianos temerosos de Dios (potenciales practicantes de C sin ningún problema), aún justifica la existencia de un poder represivo y de unas normas sociales basadas en la defecación sólo basándose en la hipotética posibilidad de que este primer hombre de Rousseau vuelva a saltar a D y ellos vuelvan a quedar como los tontos de la historia. Es decir: aunque podríamos saltar colectivamente a C, no lo hacemos porque alguien (al que no conocemos ni sabemos quién es) podría sabotear esta sociedad. Esta idea es fantásticamente eficiente para mantener una sociedad encarcelada en su propio conservadurismo y muchas veces proviene de la misma propaganda capitalista, que insiste en que existe una determinada naturaleza humana, egoísta y malcarada y blablablá, sin ninguna prueba psicológica de que eso sea así. Al contrario, miren el peso del ambiente en el experimento de la cárcel de Stanford o que irónicamente el único animal que no se comporta de modo estrictamente egoísta cuando jugando esos dichosos juegos es (sí, lo han adivinado) el hombre (estudios sobre la cooperación de Gintis y cía.).

Como bien decía aquel hipocondríaco insoportable que era Jean-Jacques, la cuestión esencial es construir una estrategia de cooperación lúcida y robusta a los ataques de defecadores, acumulando distintos recursos psicológicos para poder desactivar los eventuales intentos de explotación por parte de uno mismo y del otro. No sólo en un contexto colectivo, sino también a nivel individual en relaciones amorosas o laborales, donde siempre es tentador saltar a defección cuando el otro coopera, cargándose lo bonito (y beneficioso) de la relación humana. Aquí un servidor que es fan number one de la cooperación lúcida.

Expandamos el tema. Al jugar más de una ronda con el mismo jugador, D ya no sirve (gana habitualmente el Tit-for-Tat) y sólo las estrategias que inician cooperando son las más robustas. Es decir, los contactos sociales continuados son más beneficiosos (que sólo se pueden dar en un contexto local). Igualmente, si pasamos a un tablero de ajedrez en el cual cada casilla es un jugador que juega con sus vecinos, los grupos de cooperadores son totalmente robustos a los ataques de un defector y no digamos ya a los grupos de defectores. La selección elegirá siempre los grupos que cooperan.

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A él también le gusta cooperar

Dicho esto, tiene sentido ser más ambiciosos y ya no sólo defender la robustez de la estrategia de cooperación, sino su potencial expansión a toda la sociedad, como si de un fenómeno de nucleación o una mancha de aceite se tratara. Identificando C como esencialmente lúcida y revolucionaria y D como la estrategia-masa y estudiando la organización topológica de nuestra sociedad (su distribución en redes, los seis grados de separación, etcétera), es posible encontrar una metodología bolivariana para propagar rápidamente a C por todo el colectivo, generando un escenario globalmente más beneficioso para todo el mundo.

Es más: el salto de cada uno de los individuos a C es resultado de sus interacciones locales. Si alguien en su derecho muta por sorpresa a D, los lúcidos y no ingenuos recursos psicológicos de sus vecinos le probarían que D es inútil e ineficiente y así volver a C. El anterior paradigma socialista necesitaba de un KGB que controlara férreamente la sociedad de forma global, evitando con el terror de que alguien volviera a D. Esto ya no es necesario. La máxima aquí es actúa localmente, piensa globalmente. Predique con el ejemplo. Escuche a Kant:

“Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal.”

One comment

  1. […] …més a Apunts sobre l’abisme… […]



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