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España, en la picota

18 diciembre 2009

Efectivamente, amigos: España está siendo destruida.

Para afirmar tal verdad, y lo que es más difícil, argumentarla de aquella manera que sólo alguien con deneí español es capaz, L’Escalè de la Discòrdia, haciendo gala de pluralidad de opiniones y libertad de expresión, ha fichado a un servidor, convencido partidario del rojounionismo más radical (como diría el compañero Hernando, ex presidente del CGPJ). Pero no os asustéis, por favor, que esto no siempre será así: la pequeña dosis de protagonismo que me dejará estar a la sombra de la inmensa popularidad de la que gozan en la Red los que escriben allí no sólo me será para lanzar diatribas a los saboteadores de España, esa eterna unidad de destino en lo universal, sino también para seguir preservando esencias y apariencias de otros elementos clave, tales como: la Crisis de la Izquierda política. La Universidad. Democracia e Información. Ciencia y Revolución. Arte y literatura. Fiesta en general.

Rodion Raskolnikov en Valencia

Pero no os dejéis llevar por la euforia y a mí con vosotros. Volvamos al inicio: España, en la picota. Hoy en día, muerto y enterrado Paquito el Chocolatero, ya nadie vela por la unidad de España. Y es que muchas veces nos olvidamos que son precisamente Madrid y Levante las autonomías que se pasan más por el forro las leyes votadas en el Congreso de todos los españoles, autonomías gobernadas por el PP, que sociológicamente representa esta figura tan española del empresario, que en Copenhague quiere decir algo pero aquí es alguien dedicado al negocio de saquear el turismo o construir construir construir hasta que no se vea el sol, un empresario creador de empleo español español. Un empresario que según Hacienda vive como un mileurista, el pobre. Casi como Jaume Matas, que se pasó tres años sin sacar pasta del banco. O es esto o es que defrauda a Hacienda. Pero bueno, no íbamos a ser tan deshonestos de creer eso de alguien que afirma que está construyendo el país y reacciona airado cuando se le cuestiona eso. No. Aunque Hacienda afirme que un 20% del PIB es negro. No. Porque precisamente estos sacrificados empresarios-mileuristas forman parte de la sociología del PP, un PP que afirma defender a España, y ninguno de estos defraudaría en España, claro.Pero es que al otro lado del ring, tenemos al Partido Español. En la prensa sale con dos letras más, SO, que un servidor sabe de informática que quieren decir Sistema Operativo, pero eso no tiene mucho sentido en política y menos en España. En todo caso, el PSOE es un partido de organización federal que inexplicablemente no apoya el mismo como organización del país. Tampoco es que apoye ninguna otra cosa y es que precisamente no tiene proyecto político para España: un partido que dice defender los derechos de los trabajadores y sube los impuestos indirectos, manteniendo el 1% para las SICAV, que habla de apoyar la sostenibilidad económica y te planta la censura de la Web; que habla de introducir un nuevo modelo de crecimiento y te sale con el Plan E, reduciendo un 15% el gasto en investigación científica, que se dice de izquierdas y pacta la política económica, judicial y territorial con la derecha. Bueno, y es que es natural: en toda Europa, la Izquierda carece de un proyecto político coherente y con sentido histórico y una vez la derecha política ha asumido en mayor o menor grado las premisas de la socialdemocracia del Bienestar, el eje histórico en el que había dirigido su lucha deja de tener sentido, como la S y la O del Partido Español, Izquierda Unida o Iniciativa per Catalunya. Sólo queda una ideología vaga y difusa que es la mentalidad progre, el buenismo. Igualmente, España, en la picota.

Por la misma naturaleza sociológica del país, fan del juego ‘eres de KAS naranja o KAS limón?’, O estás conmigo o contra mí, España es un país esencialmente bipolar: aún así, la anomalía histórica en la construcción de la Estado liberal español ha sido delimitar un territorio que es (de manera empírica) plurinacional. Pero, claro, las nacionalidades periféricas no iban a renunciar al juego quintaesencial español y practicarlo a su manera. Igualmente que el PP sabotea España para propio interés, el PSOE parece hacerlo sin ningún motivo en particular (sic), los terceros en discordia quieren hacerlo pero en su taifa particular. Si hablas español, eres la lideresa de Madrid. Si hablas otra lengua, quieres una taifa independiente en la que tejer tus propias redes clientelares. Sí, amigos, hablamos de los terceros grandes beneficiados por la Ley Electoral española, los partidos nacionalistas. Opciones políticas que apoyan igualmente la idea política y decimonónica del Estado-nación, pero no el Estado-nación español, presentando la problemática como una confrontación entre el centro de poder de turno (Barcelona, País Vasco) y Madrid (el resto de España, inexistente). La dinámica consistiría en ir restando poder al segundo para darle al primero: el pescado al cesto, el peix al cove. Sin embargo, no parece que el motor de esto sea muy legítimo principio de subsidiariedad, sino simplemente una avariciosa lucha entre dos centros de poder. De alguna manera y utilizando demagógicamente uno de los lemas de la Transición, aquí no se quieren bisbes catalans, sino “Queremos caciques catalanes”. En este caso, una vez más: España, en la picota.

Y es que, en el fondo, la eterna unidad de destino en lo universal que es España no deja de ser más que un barco en el que estamos todos juntos, cincuenta millones de personas entre los Pirineos y las columnas de Hércules, una comunidad política que, al margen de discursos mesianistas de la hipócrita derecha cavernícola, efectivamente está en crisis. Aquí el independentismo es más el sentido práctico de pillar un bote salvavidas por su cuenta y lanzarlo al agua que “un proyecto de construcción nacional”. A pesar de egoísta, me parece incluso más legítima la primera opción. En todo caso, sea o no Catalunya independiente, los catalanes nos toparemos siempre con que la cuestión sobre el modelo de comunidad política sigue vigente, ya que históricamente el modelo de la democracia liberal parece agotado. Por tanto, queda pendiente para otro post presentar un nuevo modelo de organización política que saque a España de esta picota que es la Historia.

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